Nota del editor: La Abadía de Montserrat, formada por siglos de historia y peregrinaje, acogió el 8 de noviembre una jornada dedicada a la protección del patrimonio histórico y cultural organizada por Protecturi. La ubicación no es casual: se celebra en el marco de los actos conmemorativos del Milenario del monasterio, y reunió a profesionales de la seguridad, de la gestión cultural, de las fuerzas de orden público y de las tecnologías emergentes con un objetivo común: debatir, preparar y reforzar los mecanismos que garanticen la salvaguarda de los bienes patrimoniales ante amenazas nuevas y antiguas.
El programa previsto contemplaba una combinación de ponencias, mesas redondas y bloques temáticos que abordaron desde la gestión y dirección de seguridad en museos, hasta actos delictivos que afectan al patrimonio, pasando por tendencias digitales, inteligencia artificial, certificaciones, tecnologías híbridas, y riesgos específicos como los incendios en bienes culturales. Este enfoque multidisciplinar refleja la complejidad de los retos actuales para la protección del patrimonio, donde lo físico se cruza con lo tecnológico y lo organizativo.
La cobertura periodística del evento por Delta13News se traduce en una serie de informaciones que resumen lo más relevante de sus conclusiones. La de hoy es la segunda de esta serie.

La labor de los cuerpos policiales especializados en la protección del patrimonio cultural e histórico suele desarrollarse lejos del foco mediático y del reconocimiento social. Son unidades que trabajan en silencio, rastreando obras robadas, investigando tramas internacionales de tráfico ilícito, inspeccionando yacimientos arqueológicos o controlando mercados digitales donde se comercia con piezas de incalculable valor. Sin embargo, pese a su dedicación y profesionalidad, su trabajo cotidiano rara vez protagoniza titulares o recibe la atención que sí se concede a otras áreas policiales más visibles. Esta falta de visibilidad contribuye a una percepción distorsionada de su importancia en la preservación del legado colectivo.
Este sentimiento de relativo desamparo o infravaloración se intensifica cuando los agentes constatan que, mientras ellos se enfrentan a redes criminales cada vez más sofisticadas, la sociedad apenas es consciente del riesgo real que corre nuestro patrimonio cultural. La ausencia de un reconocimiento mayor no es solo una cuestión emocional, sino también funcional: la escasa conciencia pública dificulta el apoyo institucional, la dotación de recursos y la sensibilización ciudadana, elementos fundamentales para prevenir delitos que a menudo provocan daños irreparables. Así, los profesionales que velan por la protección de obras de arte, documentos históricos y espacios patrimoniales se ven obligados a redoblar esfuerzos con una mezcla de responsabilidad y tristeza, sabiendo que su misión es esencial, aunque a menudo pase desapercibida.
En el transcurso de la Mesa Redonda ‘Actos delictivos relacionados con la seguridad del patrimonio histórico y cultural’, en la que intervinieron representantes de la Guardia Civil, Mossos d’Esquadra y Policía Nacional, y moderada por Ángel Martín Esteban, Facultativo del Cuerpo Nacional de Policía y miembro del Consejo Editorial de Delta13News, José Luis González, sargento jefe de la Unidad Central de Patrimonio Artístico de Mossos d’Esquadra, explicaba que, aunque “tenemos las ayudas que necesitamos dentro de nuestra área, notamos una falta de sensibilidad y de formación dentro de lo que sería, no sólo la estructura de nuestro cuerpo, sino una falta de sensibilidad a nivel social”.
González planteó, en este contexto, la oportunidad de “educar y de crear esas sensibilidades”, ya no solo en la sociedad en general, incluso en el ámbito en el que operan con fiscales o jueces, “que cuando presentamos alguna solicitud que vulnera derechos fundamentales somos atendidos”, si bien “no siempre se nos considera o se considera que nuestra causa merece o tiene el mismo valor que cualquier otro hecho delictivo que puede ser cometido contra las personas”.
“Cuando vas a un juzgado a hablar con un fiscal”, detalló, “observo que no quedas en un plano similar que, por ejemplo, cuando iba en unidades de atracos. Era mucho más fácil, era mucho más predecible saber cuándo te iban a autorizar algún tipo de orden o te iban a autorizar algún tipo de medida”.
Aparte de educar y crear sensibilidades, González reivindica la oportunidad que representa la creación de unidades especializadas en patrimonio cultural y la necesidad de que los agentes de policía conozcan en qué consisten los delitos que se pueden cometer contra el patrimonio y su persecución por la ley. A propósito de ello, González estima que los tipos penales actuales “deberían estar mucho más concretados y desarrollados para poder garantizar que el proceso llegue a su fin”. Con todo y, a pesar de todo, González muestra el vaso medio lleno y sentencia, no sin ocultar su orgullo, que “somos pocos, pero llegamos muy lejos”.
César García, Delegado Regional de Patrimonio Histórico de la Jefatura Superior de Cataluña de Policía Nacional, le sigue en el propósito deseable y compartido de que, por qué no, el Ministerio de Cultura promueva “una asignatura o algunas clases para que a los niños desde primaria se les inculque que el patrimonio histórico es de todos”. Puesto que, argumentó, “si a un niño le dices: ‘mira, esto estaba aquí, lo encontraste tú y lo tenemos que conservar y se debe conservar, y si le haces una pintada, nunca va a quedar igual, ya sea románico, gótico o del estilo que sea, nunca va a quedar igual”.
“Inculcar, por favor, que el patrimonio histórico es de todos” y que no hay que olvidar que, tras un ataque, aunque se proceda a una posterior restauración, “si se hace una pintada, nunca, nunca va a volver a estar en el estado que estaba previamente”.
Por su parte, el Capitán Juan José Águila, destinado en la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil en la Policía Judicial, admite que dentro del cuerpo al que pertenece y por comparación con otras unidades como la de homicidios, “nosotros somos una rara avis que nos dedicamos al patrimonio cultural”.
¿Qué coste personal se le pone a la seguridad?
En el contexto específico de cómo mejorar la seguridad en este tipo de espacios, el Capitán Águila aludió a lo expresado en una mesa anterior por parte de responsables de seguridad de algunos de los principales museos de España, en el sentido de que de lo que se trata es de favorecer la presencia y la afluencia de personas”, lo que, reconoció, “supone una tarea compleja (…) el combinar ambas cosas, la visita pública y la seguridad”.
En este punto, se descolgó con esta reflexión: “No sé si vamos a tener que plantearnos hacer un ‘neoprado’, igual que existe una neocueva en Altamira”, para garantizar la preservación y seguridad de las instalaciones originales. Si bien, poco tardó en contestarse a sí mismo: “Al final, lo que yo quiero es ver la cueva de Altamira, no la ‘neocueva’, que será preciosa, pero…”. Porque sí, no es fácil alcanzar el riesgo cero en una instalación que es visita por millones de personas al año: “¿Qué hacemos? ¿Entramos semidesnudos a los museos para no atacar los bienes que allí se admiran? ¡Qué difícil!, espetó.
González, representante de los Mossos, reconoce que, si bien es necesaria la prevención para anticiparse al delito, lo cierto es que la policía, “normalmente, actuamos cuando ya se ha cometido el hecho delictivo”, momento a partir del cual el objetivo principal es “intentar recuperar la pieza, que es casi una de nuestras prioridades, si no la primera, y después buscar a sus responsables”
Un ‘modus operandi’ se podría decir que similar al del resto de unidades policiales del país, donde “los delitos (más comunes) que hay son robos, hurtos, delitos contra la propiedad intelectual, contrabando y de ese tipo”, explica César García, de la Policía Nacional, quien incide en que “la prevención hay que enfocarla en los contactos, y aunque parece que a veces no, siempre alguien te puede decir algo, lo que sea. Unos contactos sobre la confianza que se puede establecer con directores de museos, jefes de seguridad y con todo agente implicado”.
García representa, de entre las unidades especialidades en esta materia, la de mayor antigüedad. No en vano, la Policía Nacional creó en 1977 el Grupo de Obras de Arte. Después de eso, en 1985 se publicó la Ley de Patrimonio Histórico, que se desarrolló en contra del Decreto 111 de 1986, y a raíz de ello se creó la actual Brigada de Patrimonio Histórico en Policía Nacional.
Y, cómo no, concluye el sargento jefe de los Mossos, José Luis González, la clave del éxito, al final, es la colaboración entre cuerpos policiales, museos y administraciones. Eso impide males mayores. De hecho, lo ejemplifica en lo que es su competencia territorial: “En Cataluña, los hechos delictivos cometidos contra patrimonio cultural dentro de los museos son anecdóticos, son inexistentes y consisten en pequeños sustos, pequeños problemas con alguna pieza que se ha deslocalizado”. Por supuesto, remata César García, la colaboración e intercambio de información con otros países.



