Es recurrente la pregunta que se le suele hacer al estudiante de Criminología o ya criminólogo titulado o ejerciente de qué tendrá que ver su oficio con la reinserción de personas condenadas. Porque, por falta de conocimiento, la mayoría piensa que un criminólogo es aquel profesional que, como vemos en las series de televisión o en el cine, tiene como principal misión la recreación de un acto criminal y su posible resolución.
Sí, esa es una de las responsabilidades de un criminólogo, pero esta carrera, este oficio tiene multitud de salidas profesionales, no del todo conocidas por la sociedad, como tampoco reconocidas por las administraciones, aunque se está abriendo camino, empezando por las comunidades autónomas más que por el Gobierno central.
La criminología, con carácter general, es una disciplina que estudia el delito, las causas que lo generan y las formas de prevenirlo. Y en este marco, uno de los aspectos fundamentales de esta ciencia es la reinserción de los condenados en la sociedad, una tarea en la que los criminólogos desempeñan un papel esencial. Su labor no solo consiste en analizar el comportamiento delictivo, sino también en diseñar estrategias que permitan a los exconvictos reintegrarse de manera efectiva a la vida social y laboral, reduciendo así las tasas de reincidencia.
¿Cuál es el rol del criminólogo en la rehabilitación y reinserción? Los criminólogos trabajan en distintos niveles para facilitar la reinserción social de los condenados. Sus funciones abarcan desde la evaluación de riesgos hasta el diseño de programas de rehabilitación adaptados a cada individuo. Entre las tareas que desempeñan destacan la evaluación del riesgo de reincidencia: Mediante entrevistas, análisis de antecedentes y estudios psicológicos, los criminólogos determinan la probabilidad de que una persona vuelva a delinquir.
También está entre sus tareas el diseño de planes de tratamiento, por medio de la creación de programas personalizados para abordar las causas del comportamiento delictivo, como la drogadicción, la violencia o la exclusión social.
Se produce también una intervención psicológica y social. El criminólogo no es psicólogo, claro está, aunque recibe nociones sobre esta materia durante su formación universitaria, pero, por esa misma razón, trabaja en conjunto con psicólogos y trabajadores sociales para mejorar la salud mental y la estabilidad emocional de los reclusos y exconvictos.
En el ámbito de la mediación con familias y comunidades el rol del criminólogo es crecientemente más relevante. De eso se están dando cuenta las universidades, que cada vez más aceptan en sus másteres de especialización a estos graduados por encajar como un guante su perfil académico. Ni qué decir tiene que las administraciones y, en algunos contextos también las empresas, ya tienen puesta la lupa sobre ellos, pues facilitan el proceso de reinserción a través del fortalecimiento de los lazos familiares y el apoyo comunitario.
Además, el criminólogo está capacitado para diseñar programas educativos y de capacitación laboral que permiten a los exconvictos acceder a empleos y reducir su vulnerabilidad social. Una vez que los exconvictos salen de prisión, los criminólogos pueden realizar un seguimiento para evaluar su adaptación y prevenir posibles recaídas en conductas delictivas.
Programas de reinserción y su eficacia
Existen diversos programas de reinserción social dirigidos por criminólogos en diferentes países. Algunos ejemplos incluyen la llamada Justicia Restaurativa, que es un enfoque que busca la reconciliación entre la víctima y el agresor, promoviendo la reparación del daño causado y la toma de responsabilidad por parte del delincuente.
Por otra parte, organizaciones públicas y privadas colaboran en la inserción laboral de exconvictos, disminuyendo así su probabilidad de reincidencia. Existen también tratamientos psicológicos y terapias conductuales, dirigidos especialmente para aquellos que han cometido delitos relacionados con la violencia o las adicciones.
Los estudios han demostrado que los programas de rehabilitación y reinserción bien estructurados pueden reducir significativamente la reincidencia delictiva. En países como Noruega, donde el sistema penitenciario está enfocado en la rehabilitación más que en el castigo, las tasas de reincidencia son considerablemente bajas en comparación con otros países donde el sistema penal es más punitivo.
A pesar de la importancia de la reinserción, existen múltiples desafíos que dificultan este proceso, empezando por la estigmatización social, ya que muchos exconvictos enfrentan rechazo por parte de la sociedad, lo que dificulta su integración laboral y social. A ello se suma que en algunos países, los programas de reinserción no cuentan con financiación suficiente. También, la falta de oportunidades laborales hace que algunos exconvictos vuelvan a delinquir como forma de supervivencia.
Sara Belda Gómez, estudiante de último curso del Grado en Criminología y facilitadora en el CIS Centro de Inserción Social Victoria Kent, recuerda que “en nuestro trabajo, como criminólogos, no solo nos enfocamos en reducir la reincidencia, sino que también queremos contribuir a construir una sociedad más justa y segura”.
En este sentido, pone en valor la importancia de ofrecer “caminos reales hacia la rehabilitación y la integración social”. “La reinserción de una persona”, aclara, “no es solo un desafío individual; es un proceso que involucra a toda la comunidad”.
Llegado a este punto, subraya, “cuando alguien logra reinsertarse, todos nos beneficiamos, ya que se fortalece la seguridad de nuestro entorno y se rompe el ciclo de la delincuencia. Facilitar estos procesos”, asevera, “es una responsabilidad que compartimos, y los criminólogos desempeñamos un papel fundamental al conectar a las instituciones con las personas que buscan una segunda oportunidad”. “Nuestro objetivo es asegurarnos de que existan las condiciones adecuadas para que cada individuo pueda integrarse de manera efectiva”, concluye.
En efecto, los criminólogos desempeñan un papel crucial en la reinserción de los condenados, ya que su labor contribuye a la reducción de la reincidencia y a la construcción de una sociedad más segura e inclusiva. A través del diseño de programas de rehabilitación, la intervención psicológica y la mediación social, estos profesionales ayudan a transformar la vida de quienes han cometido delitos, brindándoles una segunda oportunidad para reintegrarse de manera productiva en la comunidad. Sin embargo, para que estos esfuerzos sean efectivos, es necesario un mayor apoyo gubernamental y social que fomente una verdadera cultura de reinserción y no solo de castigo.



