“Rompiendo mitos”
Una serie editorial de Carlos Enrique Pérez Barrios
El pirata necesita que todos dependan de él. El profesional construye un equipo capaz de responder incluso cuando él no está
Si mañana usted no va a trabajar y nadie sabe qué hacer, tengo una mala noticia: usted no construyó un equipo. Construyó una dependencia.
Durante mucho tiempo se ha confundido esa dependencia con liderazgo. Se admira al gerente que decide todo, al supervisor al que todos deben consultar y al especialista que parece tener siempre la respuesta.
“Pregúntale a él.”
“Eso solo lo sabe él.”
“Sin él no podemos decidir.”
Y quien escucha esas frases puede incluso sentirse orgulloso.
Pero debería preocuparse.
Porque una organización que depende excesivamente de una sola persona no es más fuerte. Es más vulnerable.
El pirata necesita ser indispensable
El pirata disfruta siendo el centro de todo.
Concentra información, controla las decisiones, evita delegar y procura que los demás dependan de su conocimiento. Mientras menos sepan otros, más importante cree ser él.
Su lógica es sencilla: si nadie puede hacer lo que yo hago, nadie puede sustituirme.
Por eso administra la información como poder.
Cada decisión debe pasar por sus manos. Cada problema termina en su escritorio. Cada respuesta parece necesitar su aprobación.
Y cuando alguien propone una idea, demuestra iniciativa o comienza a desarrollar autonomía, puede verlo incluso como una amenaza.
El resultado aparece poco a poco.
Las personas dejan de decidir. Dejan de proponer. Dejan de asumir responsabilidades.
Aprenden algo mucho más sencillo: esperar instrucciones.

Y entonces ocurre la paradoja.
El pirata contempla una organización que no puede funcionar sin él y piensa que ha demostrado su enorme capacidad.
En realidad, acaba de demostrar su fracaso como líder.
El profesional quiere exactamente lo contrario
El profesional no teme compartir lo que sabe.
Entiende que su conocimiento adquiere mayor valor cuando ayuda a desarrollar el conocimiento de los demás.
Por eso comunica, enseña, delega, escucha y permite que otros asuman responsabilidades.
No porque quiera perder autoridad, sino porque sabe ejercerla.
Delegar no significa abandonar.
Significa preparar a alguien para decidir correctamente, darle herramientas, acompañarlo mientras aprende y permitirle asumir responsabilidades cada vez mayores.
El verdadero líder no busca convertirse en la única persona que tiene respuestas.
Busca construir un equipo capaz de encontrarlas.
Por eso existe una diferencia enorme entre ambos modelos:
El pirata fabrica seguidores dependientes.
El profesional desarrolla personas capaces.
Uno concentra capacidades.
El otro las multiplica.

¿Qué pasa cuando el jefe no está?
Quizás esa sea una de las mejores pruebas de liderazgo.
No lo que ocurre cuando el gerente entra a la oficina.
Sino lo que ocurre cuando sale.
¿Las personas continúan tomando buenas decisiones?
¿La información circula?
¿Los problemas encuentran respuesta?
¿Cada integrante conoce su responsabilidad?
¿El equipo puede seguir funcionando?
Si todo se paraliza esperando que regrese el jefe, existe dependencia.
Si el equipo continúa trabajando con criterio, coordinación y responsabilidad, existe liderazgo.
Porque el verdadero liderazgo no se mide por la cantidad de personas que necesitan al jefe para actuar.
Se mide también por la cantidad de personas que aprendieron a actuar correctamente gracias a él.
El conocimiento que no se comparte termina debilitando
En seguridad, esta diferencia puede ser especialmente importante.
Una operación nunca depende únicamente del gerente, del supervisor o del vigilante que ocupa un puesto.
Detrás de cada resultado existen personas que observan, comunican, coordinan, deciden y actúan.
Cuando la información queda encerrada en una sola persona, también queda encerrada buena parte de la capacidad de respuesta de la organización.
En cambio, cuando el conocimiento circula, las experiencias se comparten y las personas comprenden no solo qué deben hacer sino también por qué deben hacerlo, comienza a aparecer algo mucho más poderoso que un individuo brillante: un equipo preparado.
Y un equipo preparado puede responder incluso frente a situaciones que su líder nunca llegó a prever.
El líder no tiene que ser la estrella
Aquí aparece otra diferencia entre el pirata y el profesional.
El pirata necesita sobresalir.
Quiere ser quien sabe, quien decide, quien resuelve y, preferiblemente, quien recibe los aplausos.
El profesional entiende algo diferente: el crecimiento de las personas que dirige no disminuye su importancia.
La demuestra.
Por eso no teme rodearse de personas capaces.
Las busca.
Las escucha.
Las prepara.
Y cuando alguna comienza a destacarse, no siente que está perdiendo espacio. Entiende que está haciendo bien su trabajo.
Un buen líder no necesita demostrar permanentemente que es la persona más importante de la sala.
Su verdadero resultado está en las capacidades que deja dentro de ella.
El día que usted no esté
Todo profesional debería hacerse alguna vez una pregunta incómoda:
¿Qué pasaría aquí si mañana yo no estuviera?
No durante una hora.
No durante una reunión.
Durante varios días.
Si las decisiones se paralizan, la información desaparece y nadie sabe cómo continuar, quizás usted logró convertirse en indispensable.
Pero no necesariamente logró convertirse en líder.
El liderazgo deja algo detrás.
Deja conocimiento.
Deja criterio.
Deja confianza.
Deja personas preparadas para asumir responsabilidades.
Y, sobre todo, deja una organización capaz de continuar.
Ese quizás sea uno de los mayores legados de cualquier profesional.
El pirata necesita ser indispensable para sentirse importante.
El profesional trabaja para que indispensable sea el equipo.
Porque los grandes resultados rara vez pertenecen a una sola persona. Son el resultado de personas que aprendieron a confiar, compartir conocimiento, asumir responsabilidades y trabajar con un propósito común.
Este es el mito que hoy queremos romper: creer que ser indispensable te convierte en un buen líder.
Carlos Enrique Pérez Barrios es Magíster en Seguridad y Defensa Nacional, Consultor Internacional en Seguridad, Director General de Global Security Academy, conferencista y articulista, y autor de las obras: ‘Control de Riesgos – Manual para Estudios de Seguridad‘; ‘El Factor M‘ y ‘Venezuela: Reconstrucción desde las Cenizas‘




