Jordi Sandalinas: «Con los drones ya no hace falta ser una potencia mundial que invierta millones en misiles crucero o bombarderos estratégicos»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

La guerra de Ucrania está acelerando una transformación profunda de la forma de combatir. Los drones han dejado de ser una herramienta complementaria para convertirse en uno de los elementos centrales de las operaciones militares, hasta el punto de modificar la relación tradicional entre coste, tecnología, precisión y capacidad de ataque.

Así lo explica Jordi Sandalinas, profesor de Derecho de Drones y analista de Delta13News, en unas declaraciones realizadas a Radio Nacional de España (RNE), en el programa ‘Cinco Continentes‘, en las que analiza la evolución de los sistemas no tripulados, su empleo por Rusia y Ucrania, la incorporación de inteligencia artificial y los nuevos desafíos que plantea la autonomía de las armas.

Para Sandalinas, el cambio es especialmente profundo porque el protagonismo comienza a desplazarse desde las plataformas tripuladas hacia sistemas capaces de ejecutar determinadas misiones con una intervención humana cada vez menor. «Ha cambiado radicalmente el concepto que teníamos tradicionalmente», señala el experto, que considera que la aparición de estos sistemas ha modificado la propia concepción del campo de batalla.

Uno de los principales efectos de esta transformación es la democratización de la capacidad ofensiva. Las operaciones de precisión y en profundidad ya no requieren necesariamente disponer de bombarderos estratégicos o misiles de crucero cuyo coste solo podían asumir las grandes potencias.

«Ha democratizado también el ataque de precisión y en profundidad», explica Sandalinas. En su opinión, actualmente «ya no hace falta ser una potencia mundial que invierta millones de dólares o de euros en misiles crucero o bombarderos estratégicos«, ya que determinados drones permiten realizar ataques contra objetivos concretos con inversiones mucho menores.

El resultado es una reducción significativa de la barrera económica necesaria para disponer de determinadas capacidades militares. «Con pocos miles de euros se puede afrontar una campaña militar concreta e ir a objetivos concretos», apunta el profesor de Derecho de Drones.

Ucrania, el gran laboratorio de la guerra con drones

La guerra de Ucrania se ha convertido en el principal escenario de experimentación y empleo masivo de estas tecnologías. Rusia utiliza grandes oleadas de drones contra objetivos situados en territorio ucraniano, mientras que Ucrania ha desarrollado una industria propia de sistemas no tripulados que ha experimentado un crecimiento extraordinario.

«Está siendo un elemento de los más importantes», explica Sandalinas al referirse al papel de los drones en la guerra de Ucrania. A su juicio, estos sistemas han «transformado el conflicto», pero también han contribuido a incrementar las víctimas y a mantener una presión constante sobre la población.

El experto señala que Rusia realiza ataques prácticamente todas las noches y recuerda que se han producido jornadas con oleadas de cientos de aparatos. En este contexto, el empleo masivo de drones se convierte no solo en una herramienta para atacar objetivos militares, sino también en un mecanismo de desgaste.

«Los ataques son continuos porque el uso de esta aviación no tripulada consiste también en causar un desgaste en la población», explica.

La dimensión de estas operaciones muestra hasta qué punto la guerra de drones ha adquirido una escala industrial. El lanzamiento simultáneo de grandes cantidades de aparatos obliga a las defensas aéreas a enfrentarse a un problema que combina tecnología, saturación y economía.

Ucrania pasa de siete fabricantes a cientos

Frente a la capacidad rusa, Ucrania ha desarrollado rápidamente su propio ecosistema industrial. Sandalinas destaca el crecimiento de los fabricantes nacionales de drones como uno de los fenómenos más significativos de la guerra. «Antes había, por ejemplo, siete fabricantes y ahora estamos hablando de 500 fabricantes ucranianos», explica.

El dato refleja una movilización industrial extraordinaria alrededor de los sistemas no tripulados. Ucrania ha convertido el desarrollo y fabricación de drones en una prioridad nacional, con empresas especializadas en diferentes modelos, componentes y tecnologías.

Sandalinas apunta incluso a los proyectos destinados a incrementar radicalmente la producción, con iniciativas industriales orientadas a alcanzar varios millones de drones. Esta evolución permite entender otra característica de la guerra contemporánea: la capacidad de producción puede ser tan determinante como la sofisticación individual de cada sistema.

El desarrollo de drones de largo alcance ha permitido a Ucrania ampliar considerablemente la profundidad de sus operaciones. Los ataques contra objetivos situados lejos del frente han demostrado que la distancia ya no constituye necesariamente una barrera infranqueable.

El propio Sandalinas destaca que Ucrania ha conseguido alcanzar objetivos en territorio ruso, incluido Moscú, dentro de una estrategia de ataques en profundidad. La consecuencia es una ampliación del espacio geográfico del conflicto. La guerra deja de estar concentrada exclusivamente en las líneas del frente y alcanza infraestructuras, instalaciones militares y objetivos situados a cientos de kilómetros.

La inteligencia artificial elimina una de las principales limitaciones

Uno de los grandes saltos tecnológicos se encuentra en la incorporación de inteligencia artificial a los sistemas no tripulados.

Los primeros drones utilizados de forma masiva dependían en buena medida de un operador humano que controlaba el aparato mediante un enlace de comunicaciones. La interferencia electrónica podía romper esa conexión y dejar al sistema sin capacidad para completar su misión.

La inteligencia artificial y los sistemas de navegación autónoma están modificando esta limitación. «Uno de los grandes retos que tenemos es la inteligencia artificial para el uso y el targeting autónomo», explica Sandalinas. El sistema puede recibir previamente determinados parámetros de misión y utilizar algoritmos de navegación para continuar operando aunque pierda el contacto con el operador.

«Con la integración del algoritmo de inteligencia artificial y la navegación por referencia al terreno permite que el dron opere de una forma independiente incluso cuando no hay comunicaciones directas», señala.

El cambio es relevante porque introduce un nuevo concepto de operación. El dron ya no tiene que permanecer necesariamente conectado de forma permanente con quien lo dirige.

El operador humano pierde protagonismo

Esta autonomía plantea uno de los principales debates tecnológicos y jurídicos de la nueva guerra. Según Sandalinas, está emergiendo un modelo en el que el mando humano establece objetivos y reglas de enfrentamiento mientras la inteligencia artificial puede asumir determinadas funciones de planificación y asignación de recursos.

«Un mando fijaría objetivos y reglas de enfrentamiento y la inteligencia artificial planifica y asigna recursos», explica. Sin embargo, el grado de autonomía en la toma de decisiones sigue siendo uno de los principales límites. La cuestión no es exclusivamente tecnológica. También afecta al derecho internacional humanitario y a la responsabilidad sobre las decisiones adoptadas por sistemas autónomos.

El dilema es especialmente complejo cuando una máquina puede detectar, identificar y eventualmente seleccionar un objetivo sin mantener una comunicación directa con un operador humano. La proliferación de drones también está impulsando una carrera tecnológica en torno a la guerra electrónica.

Los sistemas de interferencia pueden intentar bloquear las comunicaciones entre el dron y su operador, alterar las señales de navegación o incluso provocar la pérdida de control del aparato. Pero los propios drones están evolucionando para resistir estas técnicas.

Sandalinas apunta que la guerra electrónica ya no se limita a la inhibición de señales, sino que también incluye técnicas relacionadas con el «secuestro de señal», la interferencia y la toma de control de sistemas. El resultado es una competición tecnológica permanente entre los sistemas de ataque y los sistemas de defensa.

Los drones rusos Geran evolucionan hacia mayores velocidades

Otro de los fenómenos analizados por Sandalinas es la evolución de los drones rusos de la familia Geran, vinculados al diseño de los Shahed de origen iraní.

Los primeros modelos utilizaban motores de pistón y presentaban velocidades relativamente moderadas. La incorporación de propulsión a reacción ha permitido incrementar notablemente sus prestaciones.

«El Geran-5 ha pasado del motor de pistón a velocidades de hasta 600 kilómetros por hora», señala Sandalinas. La evolución hacia drones más rápidos supone un nuevo desafío para las defensas aéreas. Cuanto mayor es la velocidad del aparato, menor es el tiempo disponible para detectarlo, identificarlo y neutralizarlo.

Los informes recientes sobre nuevos modelos rusos también apuntan a una evolución de los sistemas de navegación y resistencia a las interferencias. No obstante, algunas características técnicas difundidas durante el conflicto proceden de fuentes vinculadas a las partes enfrentadas y deben ser interpretadas con cautela.

La paradoja económica de la defensa antidron

La evolución tecnológica está generando además una paradoja económica. El atacante puede utilizar drones relativamente baratos para obligar al defensor a emplear sistemas mucho más costosos. Esta diferencia resulta especialmente problemática cuando se producen ataques masivos.

Sandalinas resume el problema mediante una comparación entre el coste del dron y el del interceptor. Un aparato que puede costar alrededor de 10.000 o 20.000 euros puede obligar a utilizar un misil cuyo coste puede multiplicar varias veces esa cantidad.

El problema se agrava cuando el atacante utiliza enjambres. «Es un desgaste económicamente» importante para el país que gestiona la defensa, señala el experto. Por ello, la respuesta a los drones no puede depender exclusivamente de misiles convencionales. La defensa del futuro deberá combinar radares, sensores electroópticos, guerra electrónica, inhibidores, sistemas cinéticos y otras tecnologías capaces de mantener una relación coste-eficacia sostenible.

De la guerra aérea a una guerra multidominio

Otra de las transformaciones destacadas por Sandalinas es la expansión de los sistemas no tripulados fuera del espacio aéreo. «Ya no hay solamente drones aéreos, sino también terrestres y marítimos», señala. Esta evolución está dando lugar a una guerra multidominio en la que los sistemas autónomos pueden operar simultáneamente en tierra, mar y aire.

Los drones terrestres pueden utilizarse para reconocimiento, transporte o apoyo logístico, mientras que los sistemas navales no tripulados amplían las capacidades de vigilancia y ataque en el ámbito marítimo. La combinación de estas tecnologías modifica la estructura tradicional de las fuerzas armadas y obliga a replantear también las doctrinas de empleo.

África, otro escenario de experimentación

El fenómeno no se limita a Ucrania y Rusia. Sandalinas señala que la competición tecnológica alrededor de los drones se está extendiendo a otros escenarios. África aparece como uno de los espacios donde diferentes actores están utilizando y probando tecnologías relacionadas con el conflicto ucraniano.

La consecuencia es una aceleración de la difusión tecnológica. Las capacidades desarrolladas inicialmente para un teatro de operaciones pueden terminar siendo utilizadas en otros conflictos y por actores diferentes.

Para Sandalinas, Europa necesita prepararse ante esta nueva realidad. La proliferación de drones, la reducción de sus costes y el aumento de su autonomía hacen necesario desarrollar sistemas capaces de proteger el espacio aéreo europeo frente a incursiones accidentales o deliberadas. El experto plantea la necesidad de avanzar hacia una arquitectura europea de defensa antidron que combine detección, identificación, seguimiento, guerra electrónica e interceptación.

La referencia a Israel resulta inevitable por la experiencia acumulada en defensa aérea, aunque el modelo europeo tendría que adaptarse a sus propias características geográficas, políticas y militares. La experiencia de los países del flanco oriental de la OTAN constituye en este sentido una advertencia sobre los riesgos de que los sistemas no tripulados utilizados en la guerra puedan alcanzar espacios aéreos de países aliados. Sandalinas ya ha reclamado públicamente un refuerzo de las capacidades europeas de defensa antidrones tras incidentes registrados en Rumanía.

El reto jurídico de la autonomía

El desarrollo de armas autónomas abre finalmente un desafío jurídico que, según Sandalinas, Europa y la comunidad internacional deberán abordar con mayor rapidez. «Estamos entrando en un terreno completamente nuevo que tiene que regularse», ha señalado el experto en anteriores declaraciones sobre el empleo militar de sistemas autónomos.

La cuestión afecta a la responsabilidad de las decisiones, la intervención humana, las reglas de enfrentamiento y el cumplimiento del derecho internacional humanitario. El desafío consiste en establecer hasta dónde puede llegar la autonomía de una máquina en una operación militar y qué decisiones deben permanecer necesariamente bajo control humano.

El análisis de Jordi Sandalinas muestra que la revolución de los drones no consiste únicamente en sustituir aviones tripulados por aeronaves no tripuladas. La transformación afecta al conjunto del modelo militar: producción industrial, inteligencia artificial, guerra electrónica, defensa aérea, navegación, mando y control, logística, economía de la guerra y derecho internacional.

«La aviación no tripulada y la existencia de artefactos no tripulados han convertido la guerra en otro tipo de evento y de concepto», resume el profesor.

Ucrania constituye actualmente el principal laboratorio de esta transformación. Rusia y Ucrania producen y emplean grandes cantidades de sistemas no tripulados, mientras desarrollan simultáneamente nuevas tecnologías destinadas a mejorar su autonomía, velocidad, precisión y resistencia frente a las defensas enemigas.

El resultado es un escenario en el que la superioridad militar ya no depende exclusivamente de disponer de las plataformas más avanzadas. También depende de la capacidad para producir miles de sistemas, adaptarlos rápidamente y desarrollar defensas capaces de neutralizarlos sin asumir un coste económico insostenible.

La revolución de los drones está, por tanto, cambiando una de las reglas tradicionales del poder militar. La capacidad de atacar a distancia, antes reservada en gran medida a los Estados con enormes presupuestos de defensa, se encuentra ahora al alcance de un número mucho mayor de actores.

Para Europa, el desafío consiste en anticiparse a esta transformación. Como concluye Sandalinas, será necesario combinar inversión tecnológica, industria, defensa aérea, regulación y cooperación internacional para afrontar un escenario en el que las máquinas tendrán cada vez mayor autonomía y protagonismo.

La entrevista íntegra se puede escuchar desde el minuto 29 en este enlace

 

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