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miércoles, agosto 19, 2026

Trump proclama el control de Ormuz, que considera ya territorio propio, y descarta negociar con Irán

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha elevado este martes la tensión con Irán al afirmar que no existen conversaciones ni negociaciones en curso —ni previstas— con la República Islámica, mientras mantiene vigente el bloqueo naval estadounidense. En un mensaje difundido en Truth Social, Trump aseguró además que el estrecho de Ormuz “está abierto y operativo” y que las minas acuáticas instaladas en la vía marítima han sido retiradas o detonadas.

El anuncio llega acompañado de una declaración política de mayor alcance. Trump publicó en su red social una imagen que identifica el estrecho como “nuevo territorio de Estados Unidos”, después de sostener en los últimos días que Washington tendría “control total” sobre este paso estratégico. La Administración estadounidense vincula esa capacidad de control al bloqueo naval aplicado contra Irán y a la presencia militar desplegada en la zona.

El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles de la seguridad internacional por su papel como corredor marítimo entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán. La afirmación de que está plenamente abierto contrasta, sin embargo, con la posición expresada desde Teherán.

El presidente del Parlamento iraní y negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha sostenido que el paso no se reabrirá hasta que Estados Unidos cumpla las condiciones que Irán atribuye al memorando de entendimiento entre ambas partes, entre ellas la retirada del bloqueo naval, el levantamiento de sanciones petroleras y la liberación de activos iraníes congelados.

La declaración de Trump supone, por tanto, el cierre público de la vía negociadora tras expirar el plazo de 60 días previsto para encauzar un acuerdo más amplio. Según las informaciones disponibles, ese periodo no logró traducirse en un entendimiento definitivo sobre la navegación por Ormuz ni sobre el programa nuclear iraní, y Washington ha descartado prolongarlo.

La formulación utilizada por el presidente estadounidense añade un componente especialmente delicado a la crisis. La pretensión de describir el estrecho como territorio norteamericano no implica por sí misma un cambio reconocido en el estatus jurídico internacional de la zona, pero sí refuerza un mensaje de dominio militar y disuasión frente a Teherán. Irán ya ha rechazado esa reivindicación y mantiene que el estrecho “ha sido, es y seguirá siendo iraní”, en una disputa que combina presión económica, control de rutas marítimas y amenaza de escalada militar.

Trump sostiene que la retirada o detonación de las minas permitiría recuperar la circulación marítima con normalidad. No obstante, la contradicción entre la versión estadounidense, que declara el paso operativo, y la iraní, que condiciona su apertura a concesiones de Washington, mantiene la incertidumbre sobre la seguridad efectiva de la navegación comercial en una de las rutas energéticas más relevantes del mundo.

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