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miércoles, julio 29, 2026

Un sensor permite detectar en pocos minutos la ‘burundanga’, droga que se emplea en la sumisión química

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Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia ha desarrollado un sensor capaz de detectar de forma rápida, sencilla y altamente sensible la presencia de escopolamina, una de las sustancias más utilizadas en delitos de sumisión química. El dispositivo, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Angewandte Chemie International Edition, permite identificar esta droga en menos de cinco minutos, lo que supone un avance significativo tanto en el ámbito de la prevención como en la investigación forense.

La escopolamina, también conocida popularmente como “burundanga”, ha sido objeto de creciente preocupación en los últimos años por su uso en agresiones, especialmente en contextos de ocio nocturno. Su capacidad para anular la voluntad de la víctima y provocar amnesia dificulta la denuncia y la posterior investigación de los hechos. A ello se suma que su detección mediante métodos convencionales resulta compleja, particularmente cuando la sustancia se disuelve en bebidas.

Ante este contexto, el equipo del Instituto Interuniversitario de Reconocimiento Molecular y Desarrollo Tecnológico (IDM) de la UPV, en colaboración con el Servicio Central de Instrumentación Científica de la Universitat Jaume I, ha centrado sus esfuerzos en diseñar una herramienta que permita identificar la droga de forma inmediata y sin necesidad de equipamiento sofisticado. Según explica el investigador Vicente Martí Centelles, el objetivo era desarrollar un sistema accesible que pudiera alertar de la presencia de escopolamina en situaciones cotidianas.

Un sistema basado en fluorescencia

El funcionamiento del sensor se basa en un mecanismo químico que genera una señal luminosa visible cuando detecta la presencia de la droga. En concreto, al entrar en contacto con la escopolamina, el sensor libera una sustancia fluorescente cuya intensidad es proporcional a la cantidad presente. Este fenómeno permite no solo confirmar la presencia de la sustancia, sino también estimar su concentración.

El director del IDM, Ramón Martínez Máñez, destaca que la principal ventaja del sistema es su simplicidad. A diferencia de los métodos tradicionales, que requieren equipos de laboratorio complejos y personal especializado, este sensor puede utilizarse de forma rápida y directa, lo que facilita su aplicación en entornos muy diversos, desde controles preventivos hasta investigaciones policiales o análisis clínicos.

El núcleo del avance reside en el diseño de una estructura química conocida como “caja molecular”, capaz de reconocer y atrapar selectivamente moléculas específicas. En este caso, los investigadores han logrado crear una configuración que interactúa de manera precisa con la escopolamina, incluso en concentraciones muy bajas.

La complejidad del diseño ha sido clave para alcanzar esta sensibilidad. Según Giovanni Montà-González, uno de los coautores del estudio, la disposición estructural de la caja molecular permite que el sensor funcione con gran precisión, lo que lo convierte en una herramienta especialmente útil para el análisis rápido de sustancias sospechosas.

El desarrollo ha contado también con el apoyo de técnicas avanzadas de espectrometría de masas, que han permitido comprender en detalle el mecanismo de reconocimiento y captura de la droga. Cristian Vicent, del Servicio Central de Instrumentación Científica de la Universitat Jaume I, subraya que este conocimiento ha sido fundamental para optimizar el rendimiento del sensor.

Aplicaciones prácticas y desarrollo futuro

Más allá del avance científico, el proyecto tiene claras implicaciones prácticas. El equipo trabaja actualmente en el desarrollo de un dispositivo portátil que integre este sensor y permita su uso en distintos contextos, como el análisis de bebidas, muestras biológicas (orina o saliva) o controles preventivos en espacios públicos.

Las investigadoras Eva Garrido y Estela Climent señalan que el objetivo es facilitar herramientas que puedan utilizar tanto las fuerzas de seguridad como el personal sanitario, e incluso potencialmente el público general, para detectar la presencia de la sustancia de forma inmediata.

En paralelo, los investigadores exploran la posibilidad de adaptar esta tecnología para la detección de otras drogas ilícitas, lo que ampliaría su impacto en la lucha contra distintos tipos de delitos y en la mejora de la seguridad pública.

El desarrollo de este sensor se enmarca en una preocupación creciente por los delitos de sumisión química, que han ganado visibilidad en los últimos años en España y otros países europeos. Aunque su incidencia real es difícil de cuantificar debido a la infradenuncia y a las dificultades de detección, diversas instituciones han alertado sobre la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y respuesta.

En este contexto, la rapidez en la detección se convierte en un factor clave. La posibilidad de identificar la presencia de escopolamina en cuestión de minutos puede facilitar la intervención temprana, la recogida de pruebas y la atención a las víctimas, elementos fundamentales para el esclarecimiento de los hechos.

El proyecto ha contado con la participación de diversas instituciones, entre ellas el CIBER de Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina (CIBER-BBN), así como varias unidades mixtas de investigación en nanomedicina y sensores. Esta colaboración multidisciplinar refleja la creciente convergencia entre la investigación científica y las necesidades sociales en materia de seguridad.

Los resultados obtenidos, además de su publicación científica, han sido patentados, lo que abre la puerta a su futura comercialización y aplicación práctica. Este paso resulta clave para trasladar el conocimiento generado en el laboratorio a soluciones reales que puedan utilizarse en el día a día.

Aunque aún se encuentra en fase de desarrollo hacia su implementación práctica, el sensor diseñado por la UPV representa un avance significativo en la detección de sustancias utilizadas en delitos de sumisión química. Su rapidez, sencillez y precisión lo sitúan como una herramienta con potencial para transformar tanto la prevención como la respuesta ante este tipo de delitos.

 

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