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miércoles, julio 29, 2026

Papa Francisco: «Que callen las armas en la atormentada Ucrania»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, bajo el cielo romano y ante miles de fieles reunidos en la Plaza, el Papa Francisco, que falleció este lunes a los 88 años de edad, pronunció su tradicional mensaje Urbi et Orbi (“a la ciudad y al mundo”), el último de su pontificado, con una fuerza inusitada. El domingo de Pascua de 2025 no fue solo un día de celebración litúrgica para los católicos; fue, sobre todo, un clamor global por la paz, un grito desde Roma hacia cada rincón del planeta desgarrado por la violencia. Fue, también, el último aliento público compartido por el Papa.

En un tono sereno pero profundamente conmovido, el Pontífice dirigió su mensaje a la humanidad desde el corazón del Vaticano. Lejos de los discursos triunfalistas o meramente rituales, Francisco centró su alocución en los conflictos armados que marcan el presente, denunciando el sufrimiento de millones de personas víctimas de la guerra, la persecución, el hambre y la indiferencia.

“¡Que callen las armas en la atormentada Ucrania! Que haya audacia para abrir la puerta a negociaciones y gestos de diálogo y encuentro, para llegar a una paz justa y duradera”, exclamó con firmeza.

Pero Ucrania no fue el único escenario citado. El Papa enumeró, con dolor palpable, otros puntos del mapa que hoy son sinónimo de devastación: Gaza, donde pidió “un inmediato cese del fuego, la liberación de los rehenes y el acceso humanitario sin restricciones para socorrer a la población”.

También se refirió a Sudán, sumido en una guerra civil que ha dejado cientos de miles de desplazados; a Myanmar, escenario de una represión militar brutal desde el golpe de Estado de 2021; a Hispanoamérica, con referencias específicas a Nicaragua, Venezuela y Colombia, donde las tensiones políticas, sociales y económicas continúan deteriorando la paz y los derechos humanos.

La Pascua como símbolo de reconciliación

La Pascua, en el mensaje del Papa, no es una celebración desconectada del sufrimiento, sino una invitación urgente a la esperanza activa, al compromiso real con la justicia. Francisco lo dejó claro: “Cristo resucitado no es un símbolo abstracto. Es la vida que vence a la muerte. Y por eso, hoy más que nunca, debemos ser constructores de paz, sembradores de esperanza, artesanos del encuentro.”

Este enfoque conecta directamente con su visión del cristianismo como una fe encarnada, transformadora, y no meramente espiritualista. Su mensaje tiene una carga profundamente política, aunque no partidaria, al reclamar que los conflictos del mundo “no se resuelven con armas, sino con acuerdos, voluntad y verdad”.

Francisco apeló con firmeza a los líderes mundiales y organismos internacionales para que no caigan en la indiferencia o el cálculo geopolítico. Subrayó la urgencia de establecer caminos reales de diálogo, y condenó las lógicas económicas que se benefician de la guerra: “¡Cuántos intereses hay detrás de cada conflicto! ¡Cuánto se lucra con la muerte! El comercio de armas es hoy uno de los grandes escándalos éticos de nuestra época”.

Pidió que la diplomacia sea prioritaria y que se escuchen las voces de los pueblos que sufren, especialmente las de los refugiados, desplazados y huérfanos de guerra.

Lo más potente del Urbi et Orbi de 2025 fue su tono profundamente humano y cercano. No habló de estadísticas frías, sino de madres que buscan a sus hijos, niños que no pueden dormir por el sonido de las bombas, ancianos que mueren solos en campos de refugiados, jóvenes que pierden toda esperanza.

El Papa también dedicó palabras a las comunidades cristianas perseguidas y a todas las minorías religiosas víctimas del extremismo o del abandono estatal. “A todos los que sufren: no están solos. Cristo resucitado camina con ustedes. Y nosotros, como Iglesia y como humanidad, no podemos mirar hacia otro lado.”

El eco de un pontificado marcado por la paz

Este Urbi et Orbi se inscribe en una larga trayectoria de Francisco como voz ética frente a la violencia global. Desde su elección en 2013, ha denunciado la “tercera guerra mundial en partes” y ha mantenido una postura coherente de denuncia contra toda forma de violencia, militarismo o populismo armado.

En medio de un mundo cada vez más polarizado, su insistencia en la fraternidad, la cultura del cuidado y la no violencia lo posiciona como una figura moral global, más allá de los confines del catolicismo.

El mensaje Urbi et Orbi de 2025 coincidió con el inicio del Año Jubilar Extraordinario convocado por el Papa, bajo el lema “Peregrinos de esperanza”. En este contexto, su llamado cobra mayor fuerza: no se trata solo de rezar por la paz, sino de trabajar activamente por ella, desde las grandes decisiones políticas hasta los gestos cotidianos de reconciliación. “La paz no es utopía. Es fruto de la justicia, de la verdad y del perdón. Es tarea de todos, no solo de los poderosos”, afirmó.

En este marco, adquiere especial relevancia el profundo análisis de Antonio Miguel Sánchez, publicado el pasado 10 de marzo en este diario, sobre la figura del Sumo Pontífice y que puede leerse íntegramente clicando en este enlace.

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