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miércoles, julio 29, 2026

Xavier Urbaneja (SICPA): «Una de las tendencias más preocupantes es que la calidad de las falsificaciones ha mejorado notablemente»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

En un contexto global marcado por el aumento del comercio ilícito, la falsificación de productos y las amenazas crecientes a las cadenas de suministro, la protección de marcas y la lucha contra el fraude se han convertido en desafíos estratégicos tanto para empresas como para gobiernos. Desde bienes de consumo y productos farmacéuticos hasta documentos de identidad y productos sujetos a impuestos especiales, el impacto económico y social de estas prácticas ilícitas afecta directamente a la seguridad, la salud pública y la confianza de los ciudadanos.

En este escenario, SICPA se ha consolidado como una de las compañías referentes en el desarrollo de soluciones antifraude y antifalsificación, combinando tecnologías físicas altamente seguras con herramientas digitales avanzadas de trazabilidad, autenticación y análisis de datos. Presente en decenas de países y colaborando estrechamente con administraciones públicas y grandes corporaciones, la compañía suiza desempeña un papel clave en la protección de marcas, la recaudación fiscal y la integridad de los mercados globales.

Para profundizar en estos retos y en el papel que desempeña la innovación tecnológica frente al fraude, conversamos con Xavier Urbaneja, Head of Brand Protection Market en SICPA. Con una amplia experiencia en soluciones de seguridad aplicadas a la protección de marcas, Urbaneja analiza en esta entrevista la evolución de las amenazas, el valor de la combinación entre tecnologías físicas y digitales y las tendencias que marcarán el futuro de la lucha contra la falsificación a escala global.

Xavier, ¿cómo proteger la autenticidad de los productos de marca frente a la avalancha de falsificaciones online?

Como consumidores, lo más recomendable es comprar siempre en sitios o plataformas de confianza, desconfiar de precios excesivamente bajos e informarse bien a través de las páginas oficiales de las marcas. Muchas marcas proporcionan guías, sistemas de verificación o elementos visibles del producto que ayudan a comprobar su autenticidad.

Desde la perspectiva del fabricante, es fundamental introducir medidas de protección sólidas. Pero antes de implementar soluciones, es imprescindible comprender bien cuál es el problema específico al que se enfrenta la marca y elegir la herramienta o estrategia más adecuada para resolverlo.

¿Qué otros riesgos existen más allá de la falsificación tradicional?

A menudo utilizamos el término falsificación para englobar múltiples problemas, pero en realidad existen diferentes categorías. La falsificación estricta es la imitación exacta de un producto. Sin embargo, hay otras amenazas, como la adulteración: casos en los que el packaging puede ser genuino, pero el contenido es falso o ha sido manipulado parcialmente.

También existen los fraudes en devoluciones, en los que el consumidor compra un producto original, pero devuelve otro falso o alterado. Y, por último, los mercados paralelos o grey market, donde se venden productos genuinos, pero a través de canales no autorizados. Cada una de estas problemáticas requiere un tipo de solución distinto.

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías para que el consumidor verifique la autenticidad desde su móvil?

Las nuevas tecnologías son herramientas muy interesantes y pueden resultar extremadamente útiles. No obstante, a día de hoy no existe una tecnología única que resuelva todos los problemas: cada una tiene sus ventajas, limitaciones y campos de aplicación específicos.

El smartphone se ha convertido en un aliado clave. Su uso está ampliamente extendido y permite a las marcas integrar sistemas accesibles, como códigos QR u otros métodos de verificación digital. Estos sistemas no solo ayudan al consumidor, sino que también facilitan que las marcas se comuniquen directamente con sus clientes, los conozcan mejor y trabajen en su fidelización.

Sin embargo, dependiendo del caso, el smartphone puede ser la herramienta ideal o, por el contrario, generar confusiones. Por ello, siempre es necesario analizar el tipo de fraude para escoger la solución tecnológica adecuada.

¿Cómo pueden las marcas responder a los retos del e-commerce a gran escala?

Las marcas deben asumir que el comercio electrónico exige un cambio de modelo. Aunque pueda resultar injusto —ya que los fabricantes invierten en innovación y calidad para competir en el mercado—, el entorno digital obliga a adaptarse.

La respuesta pasa por reforzar los sistemas de control, monitorizar los canales de venta online, optimizar las herramientas de detección y tomar decisiones estratégicas basadas en datos. Solo entendiendo este nuevo ecosistema y ajustando su manera de operar podrán proteger sus productos y mantener la confianza del consumidor.

Lo primero es entender que es necesario pasar de un modelo reactivo —»tengo un problema, me están falsificando, implemento una solución»— a un modelo proactivo. Es decir: cuando una marca lanza un buen producto al mercado, debe asumir que será un objetivo para los falsificadores y anticiparse implementando medidas de protección desde el inicio.

A partir de aquí, existen dos grandes enfoques. El primero consiste en soluciones orientadas al consumidor, en las que es él quien verifica la autenticidad del producto. El segundo se basa en estrategias centradas en inspecciones de campo: se confía la detección a equipos especializados que verifican que los productos presentes en el mercado —en estanterías, tiendas o distribuidores— sean auténticos.

Además, es esencial que las marcas comuniquen de forma activa sus esfuerzos por proteger al consumidor. No se trata solo de pérdidas económicas: la verdadera amenaza a largo plazo es la pérdida de confianza. Como se suele decir, la confianza puede tardar años en construirse y segundos en perderse. Finalmente, la colaboración estrecha con aduanas y autoridades es crucial para frenar el tráfico ilícito en origen.

¿Cómo describiría el estado actual del mercado global de falsificaciones?

La tendencia es clara: el número de malas prácticas está creciendo y expandiéndose tanto por industrias como por regiones. Hace 20 años, solo dos o tres sectores eran objetivo prioritario para los falsificadores. Hoy prácticamente cualquier industria puede verse afectada.

El fenómeno también se está extendiendo geográficamente. En el pasado, Estados Unidos, Europa y China eran los mercados más activos en la lucha contra la falsificación. Hoy observamos que muchas otras regiones se encuentran en una situación que exige medidas urgentes y coordinadas.

Desde su posición en SICPA, ¿cuáles son las tendencias más preocupantes que están observando en la falsificación de productos?

Una de las tendencias más preocupantes es que la calidad de las falsificaciones ha mejorado notablemente. Tecnologías que durante años fueron muy efectivas para combatir el fraude ya han sido dominadas por los falsificadores, y han dejado de suponer un obstáculo real. Por este motivo, es fundamental que las soluciones de protección evolucionen constantemente y siempre vayan un paso por delante. Además, varios factores están agravando la situación, como el crecimiento de los canales de venta digitales; las cadenas de suministro cada vez más amplias y complejas, lo que facilita introducir falsificaciones; más industrias afectadas; y más regiones obligadas a actuar ante una amenaza creciente. La combinación de todos estos elementos incrementa el riesgo y refuerza la necesidad de estrategias de protección avanzadas.

¿Qué sectores están experimentando un mayor impacto de la piratería y por qué?

Prácticamente todos los sectores están registrando un aumento significativo. Tradicionalmente, industrias como la farmacéutica o los productos de lujo ya estaban muy expuestas, pero ahora se suman bebidas alcohólicas, cosmética, productos industriales y muchos más.

Detrás de esta expansión se encuentran redes criminales organizadas que operan con mentalidad empresarial: se centran en actividades delictivas que garantizan un retorno económico. Si un sector resulta rentable, lo atacan; si deja de serlo, simplemente se desplazan a otro.

¿Cómo afectan estas actividades ilícitas a la competencia leal, la innovación y la inversión empresarial?

El impacto es directo: las falsificaciones generan pérdida de ventas reales y, por tanto, reducen los márgenes de beneficio de las empresas. Cuando los márgenes se estrechan, muchas compañías se ven obligadas a disminuir su inversión en I+D, lo que ralentiza la innovación.

En términos de competencia, estas prácticas distorsionan el mercado y erosionan la confianza del consumidor. Aunque es difícil medirla, la pérdida de confianza puede tener consecuencias profundas y duraderas. Además, un menor retorno de la inversión desincentiva nuevas iniciativas empresariales.

¿Qué implicaciones tiene para los consumidores en términos de salud, seguridad y confianza?

Las implicaciones pueden ser graves, especialmente en categorías de riesgo como alimentos y bebidas, medicamentos o productos electrónicos. Un simple ejemplo: los cargadores de móviles falsificados son significativamente más propensos a provocar incendios. A nivel de experiencia de consumo, comprar un producto creyendo que es genuino y descubrir que es falso genera frustración y pérdida de confianza. Cuando la confianza se deteriora, los consumidores suelen dejar de comprar esa marca o incluso abandonar la categoría.

¿Cómo están utilizando las redes criminales tecnologías avanzadas —como impresión digital, inteligencia artificial o comercio electrónico— para perfeccionar la falsificación?

Las nuevas tecnologías aportan grandes oportunidades para innovar y proteger los productos, pero los falsificadores también las utilizan en su beneficio. La inteligencia artificial permite falsificar documentación con una calidad extraordinaria; las redes criminales recurren a impresión digital avanzada; y los deepfakes les ayudan a evadir sistemas de autenticación. En definitiva, son tecnologías poderosas y útiles, pero con riesgos significativos cuando caen en manos equivocadas.

¿La venta en plataformas online ha modificado el tipo de productos falsificados y la forma de distribuirlos?

Más que cambiar los tipos de productos falsificados, los falsificadores se adaptan a aquello que está de moda o tiene alta demanda. Si una categoría crece, se convierte en objetivo. Donde sí ha habido un cambio profundo es en la forma de distribución. Ahora predominan los envíos pequeños e individuales, lo que dificulta enormemente la labor de aduanas. Antes los cargamentos eran grandes y más fáciles de interceptar; ahora llegan en miles de paquetes pequeños que multiplican el trabajo y reducen la capacidad de incautación.

Además, está surgiendo un fenómeno crítico: el fraude de devoluciones. El consumidor compra un producto genuino, pero devuelve uno falso o parcialmente falso, generando pérdidas y riesgos para las marcas.

¿Qué desafíos plantea el dropshipping y los envíos individuales en la lucha contra el fraude?

El dropshipping permite vender sin inventario, pero eso mismo lo convierte en terreno fértil para abusos. El vendedor actúa como mero intermediario: el producto va directamente del proveedor al consumidor, sin que el comerciante lo vea ni lo verifique. Esto complica la trazabilidad, dificulta la identificación del origen real del producto y aumenta el riesgo de falsificaciones al trabajar con proveedores desconocidos. Además, la responsabilidad queda difusa: es complejo determinar quién responde si el producto es falso o no cumple estándares de seguridad.

¿Son suficientes las regulaciones actuales para combatir la falsificación o hace falta una armonización internacional más estrecha?

La lucha contra la falsificación es demasiado compleja para abordarla desde un único frente. Las marcas deben asumir un papel activo en proteger a sus consumidores; los propios consumidores deben aprender a desconfiar y verificar; y las autoridades —aduanas, reguladores y legisladores— desempeñan un rol fundamental.

Un ejemplo positivo es la iniciativa del Digital Product Passport, que busca asociar un pasaporte digital a cada producto para mejorar la trazabilidad y apoyar también objetivos de sostenibilidad. No resolverá todos los problemas, pero es una dirección muy prometedora y una muestra de cómo los gobiernos pueden ayudar a reforzar la protección del consumidor.

¿Cómo valora la cooperación entre empresas, aduanas, fuerzas de seguridad y plataformas digitales?

Es absolutamente esencial. Ninguna parte puede resolver el problema sola: se requiere colaboración constante y coordinada entre todos los actores implicados. Las marcas, las autoridades, las plataformas digitales e incluso los consumidores deben aportar su parte para avanzar en la lucha contra la falsificación.

¿La inteligencia artificial generativa representa un riesgo adicional o también una oportunidad para mejorar la detección? ¿Qué tecnologías emergentes marcarán la próxima gran revolución en trazabilidad y autenticidad?

La inteligencia artificial generativa es ambas cosas: un riesgo y una oportunidad. Los falsificadores pueden utilizarla para crear documentación falsa, generar deepfakes o evadir sistemas de reconocimiento. Pero también ofrece herramientas muy poderosas para identificar patrones de fraude, detectar anomalías en textos, mejorar el análisis de imágenes o reconocer productos falsos.

Ninguna tecnología resolverá por sí sola todos los problemas. Por eso, las soluciones más eficaces se basan en enfoques multicapa (multilayer): combinar elementos de seguridad visuales y no visibles con blockchain, IoT, inteligencia artificial, chips de autenticación y otras tecnologías avanzadas. Cada capa aporta protección en un punto distinto del proceso.

¿Qué señales deben aprender a identificar los consumidores para evitar productos falsos?

Hay varias señales claras de alerta: Precios demasiado bajos, que no encajan con el valor habitual del producto; tiendas o webs desconocidas, sin reputación verificable; descripciones pobres, con errores, imprecisiones u ortografía deficiente; falta de elementos de autenticación que la marca debería incluir; y valoraciones muy polarizadas, con comentarios extremadamente positivos y extremadamente negativos, que suelen indicar mezcla de productos genuinos y falsos en el mismo canal. Con estas pautas básicas, muchos riesgos pueden evitarse simplemente revisando bien la información antes de comprar.

 

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