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miércoles, julio 29, 2026

Captagon, la droga que conquistó el Golfo

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Vicente Reig Basset
Vicente Reig Basset
Coronel de la Guardia Civil (Retirado)

De la farmacia alemana al narcoestado sirio: historia, redes y presente de la pastilla más consumida en el Mundo Árabe.

1. Origen: De medicamento alemán a droga prohibida

En 1961, los laboratorios de la empresa farmacéutica alemana Degussa Pharma Gruppe sintetizaron por primera vez la fenetilina, un compuesto psicoactivo que combinaba anfetamina y teofilina en una sola molécula. El producto se comercializó con el nombre registrado Captagon y, durante más de dos décadas, se prescribió legalmente en varios países de Europa occidental y en los propios Estados Unidos para tratar la narcolepsia, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y determinados trastornos de conducta infantil. Su mecanismo es sencillo pero poderoso: una vez ingerida, la fenetilina se metaboliza en el organismo liberando simultáneamente anfetamina y teofilina, estimulando el sistema nervioso central y produciendo en el usuario un estado de alerta sostenida, euforia moderada y desaparición temporal de la fatiga y el miedo.

La droga funcionaba, pero con el tiempo también quedó demostrado que funcionaba demasiado bien para ser inocua. Los estudios clínicos acumulados durante los años setenta señalaban riesgos crecientes: dependencia física y psicológica, insomnio severo, cardiopatías, estados de paranoia, alucinaciones visuales, episodios psicóticos y, en casos extremos, infarto de miocardio. En 1986, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) incluyó la fenetilina en la Lista IV del Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas, lo que equivaldría a su prohibición internacional efectiva. Los grandes laboratorios europeos detuvieron la producción y las existencias legales remanentes fueron destruidas o decomisadas.

Pero parte de ese stock farmacéutico original no llegó a destruirse y una proporción significativa escapó hacia el mercado negro, desplazándose hacia el Mediterráneo oriental. Desde finales de los años ochenta, los servicios aduaneros de Arabia Saudí comenzaron a interceptar tabletas con el logotipo original de Captagon, la doble C o doble luna inscrita en un círculo, que ya no contenían fenetilina auténtica sino mezclas de anfetamina, metanfetamina y cafeína fabricadas clandestinamente. El nombre había sobrevivido al compuesto y el mercado lo había adoptado como marca de confianza. A partir de ese momento, cualquier pastilla estimulante de manufactura ilícita comercializada en Oriente Próximo o la Península Arábiga llevaría ese logotipo, con independencia de su composición exacta.

Los primeros laboratorios clandestinos conocidos, durante los años noventa, se radicaron en los Balcanes (Bulgaria, norte de Grecia) y en Turquía, sobre todo aprovechando el vacío regulatorio que dejó el desmoronamiento del bloque soviético y la disponibilidad relativa de precursores químicos como la efedrina y la pseudoefedrina. Desde esos países, los cargamentos llegaban al Líbano, a través de redes de contrabando ya consolidadas en el Valle de la Bekaa, y de allí se distribuían hacia los mercados del Golfo Pérsico. El Captagon de los noventa era ya un producto completamente distinto al medicamento alemán original, pero conservaba su nombre, su logotipo y, sobre todo, su reputación entre una base de consumidores en crecimiento.

2. Siria como narcoestado: El ascenso bajo Bashar Al-Asad

El período 2012-2024 representa la etapa más oscura e industrialmente avanzada de la historia del Captagon. La guerra civil siria, iniciada en 2011 tras la brutal represión de las protestas populares, destruyó la economía formal del país, aisló al régimen de Damasco mediante sanciones internacionales y creó un vacío de gobernanza que los aparatos de seguridad del Estado supieron aprovechar con una eficiencia macabra. Lo que comenzó como producción oportunista de drogas para financiar milicias locales se convirtió, en el transcurso de muy pocos años, en la industria de exportación más importante de Siria.

El régimen de Bashar al-Asad no fue un actor pasivo que toleró el narcotráfico: fue su director operativo. El mecanismo de control se articuló principalmente a través de dos estructuras; la primera fue la Cuarta División Acorazada del Ejército Árabe Sirio, comandada directamente por Maher al-Asad, el hermano menor del presidente, y considerada la unidad más leal y temida de las fuerzas armadas sirias. Esta división supervisó la creación y el funcionamiento de un sistema de producción coordinado de Captagon a escala industrial, gestionando tanto la fabricación como la logística de exportación. La segunda fue la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, otra pieza clave del Estado profundo sirio, que aportó cobertura de seguridad, inteligencia sobre rutas de contrabando y protección activa de los cargamentos en tránsito.

Junto a estos actores institucionales operaron empresarios vinculados al régimen, los llamados narco-emprendedores, en la terminología de los analistas occidentales, que actuaron como fachada comercial del tráfico. Entre los más destacados figura Amer Khiti, socio de negocios de Maher al-Asad, cuya relación con una antigua fábrica de patatas fritas en Douma, a las afueras de Damasco, quedó expuesta cuando las fuerzas del HTS (Hayat Tahir Al-Sham – Organización para la Liberación del Levante) descubrieron en diciembre de 2024 uno de los mayores laboratorios de Captagon conocidos hasta la fecha. También Abdellatif Hamideh, fabricante de Alepo de rollos de papel industrial que utilizó su fábrica como fachada para expedir cargamentos de Captagon con destino a Europa con un valor declarado de más de 1.500 millones de dólares, ocultos en las propias bobinas de papel. En Latakia (Siria), una empresa de compraventa de coches propiedad de Munther al-Asad, primo del presidente, fue registrada por la población local tras la caída del régimen, hallando miles de pastillas diseminadas por el suelo.

El papel del Líbano fue inseparable del modelo sirio y Hezbollah, el partido-milicia chií financiado por Irán, aportó infraestructura territorial, rutas de contrabando establecidas y capital político en el Valle de la Bekaa y a lo largo de la frontera sirio-libanesa para la cadena de distribución del Captagon. La experta Caroline Rose, directora del Proyecto sobre el Comercio del Captagon del New Lines Institute, ha descrito la relación entre la Cuarta División y Hezbollah como una alianza estratégica: la primera aportaba producción y cobertura del Estado sirio; la segunda, puertos libaneses, laboratorios móviles en la cordillera del Qalamún, capaces de desplazarse a uno y otro lado de la frontera ante los operativos policiales, y redes financieras capaces de mover el dinero del narcotráfico a escala internacional. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó expresamente a individuos en esa intersección y en mayo de 2025, la OFAC sancionó a tres personas y cuatro empresas implicadas en la producción y el tráfico de Captagon que beneficiaba al régimen asadista y a Hezbollah, citando que el comercio ilícito se había convertido en “una empresa ilegal de miles de millones de dólares operada por miembros de alto rango del régimen sirio”.

Los laboratorios de producción se extendieron por todo el territorio bajo control del régimen, con especial densidad en las cercanías de Damasco, en la región costera de Latakia, en las áreas fronterizas con Líbano y en la provincia de Sweida, habitada mayoritariamente por la minoría drusa. La producción se disimulaba en instalaciones fabriles legales (plantas de alimentos, fábricas textiles, almacenes agroindustriales…), en instalaciones militares y en laboratorios subterráneos de difícil acceso. Los expertos y los propios miembros del HTS que participaron en los registros posteriores a la caída del régimen estiman que la cifra total de instalaciones activas podría contarse por centenares en todo el territorio sirio.

3. Las rutas del Captagon: Del laboratorio al consumidor

Las rutas clásicas (2015–2023)

Durante el período de máxima producción, el Captagon sirio alcanzaba los mercados de destino fundamentalmente a través de tres corredores principales:

  • El corredor sirio-jordano-árabe fue el eje vertebral del tráfico terrestre. Los cargamentos salían de las instalaciones productivas en el sur de Siria (Sweida, Daraa, la región fronteriza), cruzaban hacia Jordania a través del paso oficial de Nasib-Jaber o por las decenas de puntos de cruce clandestinos que jalonaban los 379 kilómetros de frontera entre ambos países, atravesaban el territorio jordano y continuaban hacia Arabia Saudí bien por tierra, bien mediante vuelos de carga o pequeñas embarcaciones en el mar Rojo. Jordania respondió con creciente agresividad y sus fuerzas armadas modificaron las reglas de enfrentamiento, permitiendo el uso de fuego a discreción contra los contrabandistas. Solo en enero de 2022, una operación en la frontera norte dejó 27 traficantes muertos, pero a pesar de ello, la porosidad del terreno desértico hacía imposible un sellado efectivo de la línea.

  • El corredor marítimo desde Latakia constituyó la vía de exportación de grandes volúmenes hacia el Golfo y hacia Europa. El puerto de Latakia, bajo control del régimen, fue durante años un punto de embarque clave. Los cargamentos se ocultaban en contenedores de mercancías legales: toneladas de pomelos libaneses disimulaban millones de pastillas en sus cavidades interiores; lotes de placas de hierro enviadas desde el Líbano a Arabia Saudí contenían Captagon en sus huecos; bobinas de papel industrial expedidas desde Alepo escondían pastillas entre sus capas. En 2021, las aduanas saudíes interceptaron más de 5,3 millones de pastillas ocultas en un cargamento de granadas de Líbano procedente del puerto de Beirut, un incidente que llevó a Riad a suspender temporalmente todas las importaciones de frutas y verduras libanesas.
  • El corredor sirio-libanés-mediterráneo completaba el triángulo productivo. Los laboratorios de la cordillera del Qalamún, accesibles desde ambos lados de la frontera, producían lotes destinados a transitar por puertos libaneses, especialmente Beirut. Hezbollah garantizaba la protección de estos embarques, aprovechando su control territorial en el sur del Líbano, el Valle de la Bekaa y amplios sectores del puerto beironita desde donde salían los cargamentos con destino europeo, usando empresas pantalla con licencias de exportación legítimas.

  • Un cuarto corredor, menos documentado pero creciente, discurría hacia el norte a través de Turquía, aprovechando la extensa frontera sirio-turca y las debilidades del control fronterizo en una zona marcada por el conflicto kurdo y los flujos masivos de refugiados. Turquía sirvió tanto de país de tránsito hacia Europa como de destino secundario para un mercado interno en crecimiento.

Adaptaciones tácticas (2022–2024)

A medida que las contramedidas de los países receptores se intensificaron, controles portuarios más estrictos, mayor coordinación de inteligencia, reglas de enfrentamiento más agresivas en Jordania, los traficantes vinculados al régimen sirio ejecutaron una adaptación táctica notable. El New Lines Institute documentó en 2022 un giro desde las grandes expediciones marítimas hacia el contrabando terrestre en lotes más pequeños, lo que reducía el riesgo de pérdidas catastróficas en un solo golpe policial. Simultáneamente, el régimen de Asad, bajo presión de sus vecinos árabes y necesitando el oxígeno político de la readmisión en la Liga Árabe, que se produjo en mayo de 2023, ejecutó una maniobra de relaciones públicas: realizó algunas detenciones simbólicas y comenzó a presentarse ante sus interlocutores como país de tránsito y no de producción, manteniendo intactos sus beneficios mientras ofrecía la narrativa de la cooperación.

El uso de drones pequeños para cruzar pastillas a través de la frontera jordano-siria en zonas difícilmente accesibles a los patrulleros se convirtió en una modalidad habitual. También se extendió el empleo de mulas humanas, a menudo miembros de tribus beduinas de ambos lados de la frontera, bajo coerción económica, para transportar lotes de cientos de miles de pastillas a través de terrenos desérticos en noches sin luna. La Unidad 840 del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica iraní y la Rama 4000 de la Organización de Inteligencia del CGRI (Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica) aprovecharon esas mismas rutas para el tráfico paralelo de armas hacia Cisjordania, convirtiendo las redes del narcotráfico en canales duales: drogas en un sentido, armamento en el otro.

4. Los actores: Estado, milicias y redes criminales

Comprender el fenómeno del Captagon exige distinguir las capas superpuestas de actores que han operado en su ecosistema. No se trata de una organización criminal convencional con una jerarquía centralizada al estilo de los cárteles latinoamericanos, sino de una constelación de intereses estatales, paraestatales, milicianos y puramente delictivos que convergieron en torno a un producto enormemente lucrativo.

El núcleo estatal sirio

En el centro de todo estaba Maher al-Asad y su Cuarta División Acorazada. Esta unidad de élite, dotada de artillería pesada, unidades de infantería mecanizada y servicios de inteligencia propios, ejerció un control monopólico sobre la mayor parte de la producción industrial de Captagon dentro de Siria, estableciendo un sistema de tributación sobre los laboratorios clandestinos de menor escala que operaban en su zona de influencia, y gestionando directamente los mayores centros de fabricación. Junto a la Cuarta División, la Inteligencia de la Fuerza Aérea aportaba vigilancia y protección de rutas. Informes del OCCRP (Proyecto de Reporte sobre Crimen Organizado y Corrupción) documentaron que Hezbollah y la Cuarta División “eran responsables de la escolta de los traficantes de drogas y del suministro de cargamentos de manera creciente” en los corredores de tráfico hacia Jordania y más allá.

Hezbollah e Irán

El partido-milicia libanés operó como socio estratégico del régimen sirio en la cadena de valor del Captagon. El Valle de la Bekaa, zona bajo influencia histórica de Hezbollah, fue durante décadas un lugar de producción de hachís y adormidera, con la transición hacia el Captagon se aprovechó esa misma infraestructura: laboratorios ya existentes, redes de distribución familiares, corrupción instalada en los puestos fronterizos y puertos. Caroline Rose sintetizó la relación con precisión: “El comercio del Captagon en Siria tiene raíces profundas en el Líbano, ya que la Cuarta División siria y los narcoempreasarios aliados del régimen han forjado alianzas profundas con Hezbollah, usando el Líbano como ruta de tránsito clave y lugar de producción”. La financiación generada fue definida por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, con todos los sesgos que ello implica, como “una de las fuentes de financiación más importantes de Hezbollah bajo la dirección de Irán”. Washington ha sancionado expresamente a individuos por su papel en la red de evasión de sanciones de Hezbollah a través del Captagon.

La clase de narco-empresarios sirios

Alrededor del núcleo estatal gravitaban docenas de empresarios privados que operaban como contratistas del tráfico, ofreciendo capacidad logística, tapas comerciales y capital a cambio de protección y acceso a los cargamentos. Figuras como Abdellatif Hamideh, el fabricante de papel de Alepo, o el propio Amer Khiti son ejemplos documentados de esta clase. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos identificó y sancionó en marzo de 2023 a seis individuos clave y dos entidades asociadas por su papel en la producción o exportación de Captagon. La Ley de Supresión del Tráfico Ilícito de Captagon, firmada por el presidente Biden en abril de 2024 como parte de un paquete de ayuda más amplio, amplió las herramientas de sanción disponibles contra estas redes.

Tribus y milicias fronterizas

En los márgenes del sistema operaban redes tribales transfronterizas, en la zona sirio-jordana, en la franja sirio-iraquí de la provincia de Anbar, que prestaban servicios de última milla: transporte físico de las pastillas a través de terrenos conocidos, almacenamiento temporal y distribución local. Estas redes no eran leales a ningún actor político concreto; su adhesión al tráfico era fundamentalmente económica, y su versatilidad les permitía sobrevivir a los cambios de régimen con relativa facilidad. Ese fenómeno explica en parte por qué, tras la caída de Asad en diciembre 2024, el comercio no se detuvo de golpe.

5. El consumo: Quién toma captagon y por qué 

Arabia Saudí es, con diferencia, el mayor mercado de consumo de Captagon en el mundo. Los datos de incautaciones son una proxy imperfecta del consumo real, pero indicativa: decenas de millones de pastillas son interceptadas cada año en el reino, lo que implica, como de todo es sabido, que los volúmenes que llegan efectivamente al consumidor son muy superiores. Los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait conforman los otros dos vértices del triángulo de consumo del GCC (Gulf Cooperation Council), siendo Jordania, Irak y Egipto mercados de tamaño intermedio, pero también en clara expansión.

El perfil del consumidor de Captagon en el Golfo es más complejo que la imagen del yihadista en el campo de batalla que popularizaron algunos medios occidentales a partir de 2015, cuando el Estado Islámico comenzó a distribuir la droga entre sus combatientes. Un usuario saudí describió el efecto de manera que se ha convertido en icónica: “Sentí que era el dueño del mundo, ya no había miedo después de tomar Captagon, con una sola pastilla podíamos bailar todo el fin de semana”. La farmacología lo explica: la anfetamina suprime el apetito y la fatiga, eleva el estado de ánimo, reduce la inhibición y eso es lo que la hace atractiva para usos muy distintos.

El Arab Center DC ha identificado al menos cuatro perfiles de consumo predominantes en el CCG: el trabajador migrante o local de bajos ingresos que utiliza el Captagon para aguantar dobles jornadas y pagar sus deudas más rápido; el estudiante universitario que lo emplea como sustituto cognitivo del Adderall, para los períodos de exámenes; el joven de clase alta que lo consume como droga recreativa en fiestas privadas (donde el alcohol, prohibido por el islam, está ausente); y el combatiente o ex combatiente que lo usa para manejar el trauma y el miedo. La legislación islámica prohíbe el alcohol y otras sustancias, pero muchos usuarios en el Golfo perciben el Captagon como un medicamento, no como una droga, lo que reduce el estigma subjetivo asociado a su consumo, pero los efectos secundarios a largo plazo son devastadores: depresión severa al cese del consumo, insomnio crónico, psicosis anfetamínica, daño cardíaco y desnutrición. Las personas con consumo crónico describen ciclos de dependencia difíciles de romper sin intervención médica especializada.

El precio de venta al público en Arabia Saudí ronda los 5 a 20 dólares por pastilla, cuando su costo de producción es de varios centavos de dólar, lo que lo hace accesible para amplios segmentos de la población, muy por debajo de lo que costaría una dosis equivalente de cocaína. En Jordania y en los mercados de tránsito, el precio cae considerablemente, a veces a 1-2 dólares por pastilla.

El consumo no se limita a la Península Arábiga. En Turquía, que pasó de ser un mero país de tránsito a un destino parcial, los servicios de salud han documentado un aumento sostenido de ingresos por crisis anfetamínicas asociadas al Captagon. En Irak, las autoridades lo consideran ya la segunda droga más consumida del país, después del cannabis. En Egipto, veteranos traficantes de hachís reportan que la irrupción de las drogas sintéticas, Captagon y cannabinoides sintéticos, ha transformado los patrones de consumo y está generando nuevas formas de criminalidad asociada.

6. El negocio: La economía política del captagon 

Cuantificar con exactitud el valor del mercado del Captagon es metodológicamente difícil. Las únicas fuentes directas son los datos de incautaciones, que representan una fracción desconocida, si bien mucho menor, del flujo total y; los testimonios de traficantes e informantes. Pese a ello, el rango de estimaciones disponibles es lo suficientemente consistente como para afirmar que estamos ante uno de los mercados de drogas regionales más grandes del mundo, comparable en escala al del opio en Afganistán durante los años de máxima producción.

El economista político de este negocio tiene características únicas y a diferencia del modelo de cártel de México o Colombia, donde organizaciones verticales controlan todos los eslabones desde la producción hasta la venta al detalle, el Captagon funcionó bajo un modelo de franquicia estatal: el régimen sirio establecía las condiciones de producción y tráfico, garantizaba la seguridad de las rutas y recaudaba su parte del beneficio a través de la Cuarta División y los servicios de inteligencia. Los operadores intermedios, empresarios, jefes de tribu y redes milicianas gestionaban la logística a cambio de un porcentaje negociado. Los distribuidores en los países de destino operaban con una autonomía relativa, pagando por los cargamentos a precio mayorista y obteniendo sus márgenes en el mercado local.

 

Este modelo hacía al sistema extraordinariamente resiliente a las intervenciones policiales y la captura de un distribuidor en Riad o en Dubái no comprometía a los productores en Siria; la destrucción de un laboratorio en el Qalamún libanés no afectaba a los depósitos en Sweida (Siria). La diversidad de rutas garantizaba que el bloqueo de un corredor se compensara mediante la activación de otro y la protección estatal hacía prácticamente imposible la penetración a los niveles superiores de la jerarquía por parte de servicios policiales extranjeros.

7. El punto de inflexión: La caída de Asad (Diciembre de 2024)

 El 8 de diciembre de 2024, las fuerzas de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y otros grupos armados de la oposición siria entraron en Damasco tras una ofensiva relámpago que en poco más de una semana desmoronó cinco décadas de poder de la familia Asad. Bashar al-Asad huyó en avión a Moscú y así el narcoestado más productivo de la historia del Captagon se desintegró en cuestión de días.

Los hallazgos que hicieron las fuerzas del HTS y los propios ciudadanos sirios al registrar las instalaciones del antiguo régimen superaron todas las predicciones. En la fábrica de patatas fritas de Douma se encontró uno de los mayores laboratorios de Captagon jamás documentados, directamente vinculado a Maher al-Asad y Amer Khiti. En la empresa de coches de Munther al-Asad en Latakia, miles de pastillas aparecieron literalmente por las calles después de que los vecinos forzaran las instalaciones. Las fuerzas del nuevo gobierno descubrieron Captagon en instalaciones militares de toda Siria, disimulado junto a armamento y equipo del ejército. Abu Mohammed al-Jolani, el líder del HTS que tomó el nombre de Ahmad al-Sharaa como nuevo dirigente de la Siria de transición, declaró en su discurso de victoria en la Mezquita Omeya que Siria había sido convertida en una “fábrica de Captagon bajo Asad y que sería purificada”. Los nuevos gobernantes organizaron quemas públicas de las confiscaciones: en diciembre de 2024 destruyeron un millón de pastillas ante las cámaras de prensa como señal política inequívoca.

Entre diciembre de 2024 y finales de 2025, el gobierno de transición sirio desmanteló 15 laboratorios de escala industrial y 13 instalaciones de almacenamiento más pequeñas. Solo en los primeros cuatro meses de 2025 incautó más de 200 millones de pastillas, veinte veces la cantidad que las fuerzas de Asad confiscaron en todo un año. La UNODC verificó datos de al menos 177 millones de tabletas (equivalentes a 30 toneladas) interceptadas en toda la región árabe desde diciembre de 2024. El director de operaciones de la UNODC, Bo Mathiasen, declaró que los países “están colaborando, compartiendo inteligencia y llevando a cabo operaciones conjuntas, lo que ha llevado a incautaciones récord en 2025”.

Sin embargo, la UNODC fue igualmente explícita en sus advertencias: “los stockpiles generados durante el período Asad son tan vastos que podrían sostener el suministro durante un par de años, alimentando el tráfico en curso por toda la región si no son interceptados”. Y la producción fuera de Siria, observada antes de la caída del régimen en Turquía, Irak, Kuwait, Líbano y Egipto, con toda probabilidad continuó después del cambio político en Damasco.

8. El captagon post-asad: Fragmentación, adaptación y nuevos actores (2025-2026) 

Un año y medio después de la caída del régimen, el panorama del Captagon se ha transformado de manera significativa pero no ha desaparecido. La transición más importante es la que describió el Stimson Center con precisión: el paso de un “monopolio estatal sobre la producción y el tráfico» a un emprendimiento no estatal”. El modelo de franquicia estatal siria se rompió y en su lugar emergió una ecología más fragmentada, más descentralizada y en algunos aspectos más difícil de desarticular.

Siria: vacíos de poder y producción residual

El gobierno de transición del presidente Ahmad al-Sharaa controla Damasco y las principales ciudades, pero su autoridad sobre las zonas rurales del sur, especialmente la provincia de Sweida, históricamente productora, y sobre las áreas limítrofes con Líbano era todavía débil. En esos espacios, milicias locales, clanes tribales y redes que sirvieron al antiguo régimen continuaron operando con relativa impunidad. En febrero de 2025, el nuevo gobierno comenzó a desmantelar laboratorios en la zona fronteriza sirio-libanesa, pero la capacidad operativa del Estado en esas áreas era limitada. En la zona de Sweida, las rivalidades entre familias y facciones armadas, según el CTC West Point, generaron disputas violentas por el control de las rutas residuales de tráfico, complicando tanto la labor del gobierno de transición como la de sus vecinos.

 Líbano: nuevos laboratorios en el Hermón

En mayo de 2025, las autoridades libanesas desmantelaron un laboratorio clandestino de Captagon en la zona de Hermel, en el norte del Valle de la Bekaa, cerca de la frontera siria. La operación se produjo después de que en abril se interceptara un camión cargado con maquinaria de fabricación de pastillas que intentaba entrar al país. En lo que iba de 2025, los servicios libaneses llevaron a cabo tres operativos contra laboratorios, el mayor número desde 2022, lo que reflejaba tanto una mayor actividad productiva como una capacidad institucional fortalecida por los cambios en la dinámica de poder tras el debilitamiento de Hezbollah a raíz del conflicto de 2024 con Israel.

 Irak: de tránsito a producción

Irak lleva años siendo un corredor de tránsito fundamental del Captagon hacia el Golfo, pero en los últimos años ha dado el salto a la producción activa. La UNODC documentó en 2024 el desmantelamiento de un laboratorio de metanfetamina y Captagon en la provincia kurda de Sulaymaniyah y detectó intentos de establecer instalaciones en las provincias meridionales. En el primer trimestre de 2025, las autoridades iraquíes realizaron más de 3.000 detenciones relacionadas con el narcotráfico. La provincia de Anbar, que hace frontera con Siria, Jordania y Arabia Saudí, sigue siendo una arteria crítica del tráfico. En operaciones conjuntas de 2025, las autoridades iraquíes incautaron una tonelada de Captagon que había sido introducida desde Siria vía Turquía.

 Yemen y los Houthis

Uno de los desarrollos más preocupantes de 2025 ha sido la creciente implicación de los Houthis en el comercio del Captagon. El movimiento hutí, que controla la capital Sanaa y amplias zonas del norte de Yemen desde 2014, ha encontrado en la droga una fuente de financiación alternativa ante el bloqueo internacional y la guerra. Las autoridades del gobierno yemení reconocido internacionalmente anunciaron en julio de 2025 la captura de más de 1,5 millones de pastillas de Captagon procedentes de territorio controlado por los Houthis, destinadas a Arabia Saudí, el mercado vecino más rico y el objetivo obvio para quien busque ingresos rápidos. La base de datos del New Lines Institute registró doce operativos de interdicción en Yemen en los primeros nueve meses de 2025, superando ya el total de todo el año 2024. Las sospechas sobre una implicación directa de los Houthis en la producción actual en sustitución del Gobierno de Siria son crecientes, aunque todavía no están completamente verificadas.

África y la globalización del tráfico

El Captagon ha comenzado a aparecer en lugares geográficamente distantes de su zona histórica de operación. En Sierra Leona, una incautación de más de siete millones de pastillas fue vinculada a un individuo, Hussein Anter, que coordinaba con una red de contrabando de drogas y armas liderada por Hezbollah. En Sudán, se registraron en 2025 cuatro operativos de interdicción y el desmantelamiento de un laboratorio con equipamiento industrial sofisticado y material de embalaje que apuntaba a vínculos con actores con base en Siria. En Alemania, en 2023 se desmanteló el mayor laboratorio de Captagon conocido en Europa, en la ciudad de Ratisbona (Regensburg). Laboratorios también identificados en Países Bajos, Bulgaria y Grecia. En agosto de 2024, se detectó por primera vez Captagon fuera de Eurasia: 4.000 pastillas localizadas en Venezuela en poder de un ciudadano colombiano.

9. Interdicción, respuesta regional y escenarios a futuro

La respuesta de los Estados ante el Captagon atravesó durante años una paradoja frustrante: cuanto más se incautaba, más se producía, porque el encarecimiento marginal del producto quedaba absorbido por el abismo entre el costo de fabricación (fracciones de dólar por pastilla) y el precio final al consumidor.

Arabia Saudí invirtió masivamente en tecnología de detección portuaria, escáneres, unidades caninas especializadas y diplomacia coercitiva. El embargo a las importaciones libanesas en 2021, la presión sostenida sobre Beirut, las sanciones coordinadas con Washington: todo ello necesario, nada de ello suficiente, porque el patrocinador estatal del tráfico seguía operando con plena impunidad desde Damasco.

La caída de Asad en diciembre de 2024 abrió una ventana de oportunidad sin precedentes ya que, con el principal paraguas protector del narcoestado desaparecido, los países de la región actuaron con una coordinación inusitada. La UNODC registró incautaciones récord en 2025: 177 millones de tabletas interceptadas en toda la región árabe desde diciembre de 2024, operaciones conjuntas entre servicios de inteligencia de múltiples países, y señales incipientes de escasez en algunos mercados del Golfo. Jordania llegó a penetrar en territorio sirio para entregar cargamentos confiscados a las nuevas autoridades civiles. El gobierno de transición sirio desmanteló 15 laboratorios industriales y más de 200 millones de pastillas en sus primeros cuatro meses. Por primera vez en más de una década, la oferta y la demanda de cooperación antinarcótica coincidieron en el mismo momento.

Sin embargo, los analistas advierten contra el optimismo prematuro. Esa ventana tiene una vida útil incierta, y los factores que podrían cerrarla están ya identificados y activos. El futuro del Captagon se jugará en tres tableros simultáneos: el de la gobernanza siria, el de los actores alternativos que pugnan por heredar el mercado, y el de la demanda estructural en los países del Golfo que ninguna operación policial puede resolver por sí sola.

Escenario 1: Consolidación y contratación sostenida del mercado

Si el gobierno de Ahmad al-Sharaa logra extender su autoridad efectiva al sur de Siria, las provincias de Sweida y Daraa históricamente productoras, y a las zonas fronterizas con Líbano, y si mantiene el compromiso antinarcóticos como condición para la normalización con el GCC y la comunidad internacional, la producción industrial de Captagon en Siria no regresará a escala significativa. En ese escenario, el mercado sufrirá una contracción estructural real: los stockpiles heredados se agotarán en dos o tres años, los precios subirán lo suficiente para erosionar parte de la demanda, y los flujos remanentes procedentes de operadores descentralizados de menor escala serán más fáciles de contener que el narcoestado que los precedió. Este es el escenario que los gobiernos del Golfo y Washington están incentivando activamente mediante apoyo económico y normalización diplomática acelerada con Damasco. Es posible, pero exige que el Estado sirio en reconstrucción resista las tensiones que ya lo asedian: disputas entre facciones armadas, presiones de las minorías alauita, drusa y kurda, y la competencia de influencia entre Turquía, Arabia Saudí e Irán sobre el territorio sirio.

Escenario 2: Fragmentación siria y tráfico crónico de baja intensidad

El escenario que la mayoría de analistas independientes considera más probable a corto y medio plazo es uno de autoridad dual: el gobierno de Damasco controla las ciudades, pero la periferia, los corredores del sur hacia Jordania, el este hacia Irak y la frontera con Líbano permanecen en una zona gris donde el Estado no gobierna efectivamente. En ese espacio, redes tribales y milicias locales que sirvieron al antiguo régimen continúan operando sin cobertura estatal formal pero también sin quien les exija rendición de cuentas. El resultado es un flujo crónico de bajo volumen que no reproduce la escala del período Asad, pero tampoco desaparece, mantiene el mercado mínimamente abastecido, impide que los precios suban lo suficiente para destruir la demanda, y genera fricción permanente en las fronteras de Jordania e Iraq. Para el GCC, este escenario implica sostener el nivel de esfuerzo de interdicción de 2025 indefinidamente, sin la recompensa de una victoria decisiva.

Escenario 3: Un nuevo patrocinador asume el rol del narcoestado sirio

El escenario más preocupante desde el punto de vista estratégico es que un actor con capacidad estatal o paraestatal ocupe el vacío dejado por la Cuarta División siria. Los candidatos más visibles son los Houthis en Yemen que ya controlan territorio, requieren de incentivos financieros urgentes y han demostrado disposición a usar el tráfico de armas y drogas como fuente de ingresos alternativos al bloqueo internacional. De otro lado estarían las milicias proiraníes en Irak, que operan en los márgenes del Estado iraquí con una impunidad comparable a la que disfrutó el régimen sirio.

El corredor del Mar Rojo que los Houthis podrían activar hacia Arabia Saudí es especialmente difícil de cubrir con las arquitecturas de interdicción actuales, diseñadas principalmente para las fronteras terrestres del norte. Si uno de estos actores logra establecer capacidad productiva industrial, cosa que aún no han conseguido, el problema regresaría a escala comparable a la del período Asad, pero sin la palanca diplomática que existía con Damasco y con actores mucho más difíciles de presionar que un gobierno reconocido internacionalmente.

La variable que muchos escenarios ignoran: la demanda

Los tres escenarios anteriores se enfocan en la oferta, pero hay una variable que ninguno de ellos resuelve y muchas veces no se considera: la demanda en el GCC no ha cambiado. Arabia Saudí tiene más del 60% de su población por debajo de los 35 años, un mercado laboral que no genera empleo formal suficiente para esa masa demográfica pese a la Visión 2030 tan globalizada, restricciones culturales al alcohol sin alternativas de ocio equivalentes, y una presión académica y laboral creciente. Esas son las condiciones que producen consumidores de estimulantes, y ninguna operación policial las altera.

El riesgo real, ya era observable en Jordania en 2025, donde los expertos locales documentan desplazamiento del consumo hacia otras sustancias y es que la contracción del Captagon no ha reducido el consumo de drogas estimulantes en el Golfo, sino que lo ha migrado hacia metanfetamina de alta pureza o cannabinoides sintéticos de mayor toxicidad y peor perfil de daños, por lo que ganar la batalla contra el Captagon y perder la guerra contra las drogas sintéticas sería una victoria pírrica.

La única estrategia coherente con un horizonte de diez años combina las operaciones de interdicción, que son imprescindibles para evitar que el mercado se reconstituya a escala industrial, con una política de demanda seria: tratamiento de la adicción como problema sanitario, no moral; inversión en servicios de salud mental para las poblaciones con mayor riesgo de consumo y; un análisis honesto de los factores socioeconómicos que convierten a la juventud del Golfo en el mayor mercado de Captagon del mundo. Ese es el debate que los países del GCC todavía no han tenido en voz alta, y sin él, el siguiente narcoestado o el siguiente actor no estatal con ambiciones equivalentes encontrará un mercado esperándole.

Fuentes principales:

  • Informe UNODC 2025
  • New Lins Institute
  • OCCRP
  • Combating Terrorism Center al West Point
  • Stimson Center
  • S. Departamento f the Treasury (OFAC)
  • Arab Center DC
  • Foreing Policy
  • Royal United Service Institute (RUSI)

Vicente Reig Basset es Coronel de la Guardia Civil (Retirado), DSE. Fue Jefe de la Comandancias de Huesca y Las Palmas de Gran Canaria, Director de Seguridad de Mapfre en México, Jefe de los POMLT en Afganistán y Director Proyecto de la UE de Lucha al Narcotráfico en Bolivia.

Vicente Reig
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