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miércoles, julio 29, 2026

Carrero (II). Una semblanza a 50 años del magnicidio que acabó con su vida

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Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

El hecho de que los nombramientos lo posicionaran en una cartera aparentemente de asesoría y levantamiento de actas, así como de coordinación del gobierno, unido a la personalidad de Carrero, que se manifestaba siempre en un perfil muy bajo de cara a los medios y al público, hizo que pudiera pasar desapercibido para el resto de ministros y personas relevantes del Ejército o de otras magistraturas, miembros importantes del Movimiento Nacional (Falange) o de las Cortes franquistas, creadas por Ley de 17 de Julio de 1942. Carrero no pertenecía ni al círculo íntimo ni al cercano a Franco, pocas veces aparecía en cacerías y rara vez coincidió con S.E. el Jefe del Estado en vacaciones. Era una persona familiar, religiosa (con la fe del carbonero, aquella que cree y practica según el catecismo y los mandamientos de la Santa Madre Iglesia, que incluye misa los domingos y fiestas de guardar y en el caso de Carrero, misa diaria), muy leal a Franco, a su victoria y a su obra y extraordinariamente dedicado al despacho y a los expedientes en curso. Anticomunista acérrimo y anti liberal. El trato con S.E. fue siempre profesional, si bien de suma relevancia, pues se reunían dos o tres veces por semana. Franco “fichó” a su principal consejero y asesor a la edad de 37 años, cuando S.E. iba a cumplir 49 (se llevaban 12 años) y lo introdujo en el gobierno de forma paulatina, un extraordinario modo de preservar su independencia y operatividad de cara al resto de pesos pesados del régimen, muchos de los cuales despachaban directamente con Franco, incluso sin “cita previa”. De este modo Carrero siguió con mando de armas y su cargo de profesor de la Escuela Naval además de sus funciones como subsecretario y secretario del Consejo de Ministros. Después, en 1945 fue relevado de sus obligaciones militares propiamente dichas y se dedicó de pleno a las tareas encomendadas en el gobierno. Su papel, además de consejero y asesor, era coordinar las reuniones del Consejo, preparar el orden del día, levantar actas e impulsar la implementación de las resoluciones aprobadas y publicadas en el B.O.E. Una tarea amplia y de extraordinario esfuerzo, con contenido, lo que le convertía, de facto, en el número 2 del régimen…pero sin que se notara. De este modo, aunque la última palabra la tenía siempre Franco, el sistema funcionaba de facto con doble control, el del Caudillo y el del subsecretario. Pero es algo que pasó bastante desapercibido para los grandes del régimen y del público en general. No existe duda de la eficacia del sistema, que permitía a Franco descargar mucho trabajo de despacho en Carrero, al tiempo que se mantenía la apariencia de que el dicho era solamente un secretario cualificado. Carrero por su parte jamás transmitió a nadie su relevancia, dada su personalidad y su dedicación al trabajo y a su familia. Cuando en 1951, sin cambiar de funciones, fue nombrado Ministro de la Presidencia en el 6º gobierno de Franco, Carrero ya tenía 47 años y 10 años de experiencia y antigüedad, y las nuevas incorporaciones de personas más jóvenes hacían que el Secretario del Consejo hubiera adquirido relevancia en el gobierno sin esfuerzo y sin estrés para el régimen.

De hecho, el modelo de reuniones, levantamiento de actas y toma de decisiones del Consejo de Ministros, fue creado por el Almirante, y en lo que quedaba de siglo XX y lo que va de XXI, muy pocas cosas han cambiado en su operativa. Las cosas, desde que se incorporó Carrero, más o menos funcionaron del siguiente modo: el Subsecretario de la Presidencia coordinaba a la totalidad de ministerios para confeccionar el orden del día del Consejo, que se reunía una vez a la semana, por lo que todos los expedientes de propuestas pasaban por su despacho y él determinaba el orden del día, adelantando unos expedientes o posponiendo otros y confeccionando informes para su toma en consideración. Por su parte, el Jefe del Estado le pasaba expedientes para su consideración e informe (todos los asuntos que veía Franco o entraban en orden del día del Consejo de Ministros se acompañaban de informe del Ministerio de la Presidencia) y otros, de cosecha propia del Ministerio, eran enviados al Despacho de S. E. con el correspondiente informe para que S.E. tuviera a bien considerar o descartar el asunto. Por lo general, por pura estadística, se puede afirmar que cualquier propuesta de Franco, enviada para ser informada por el Subsecretario, o iniciativa del mismo, u otras recibidas de los ministerios y que pasaban por su despacho, se disponían con su correspondiente informe para la toma en consideración, y una vez aceptadas, eran implementadas y puestas en práctica en un período comprendido entre los 18 y los 30 meses desde que la propuesta fue informada y conseguía ser aprobada. Franco era una persona muy pausada en la toma de decisiones, el Almirante aprendió la manera de actuar de su jefe, y salvo excepciones de urgencia, real o percibida por el fiel Ministro, las cosas se hicieron así hasta su nombramiento como Presidente del Gobierno.

Desde el momento de la victoria el 1º de Abril de 1939 e incluso desde antes en la zona nacional, la tarea del Nuevo Estado consistía en pacificar el territorio y sus gentes, y ponerse manos a la obra para devolver todo a la normalidad: Se creó el Servicio de Regiones Devastadas y Reparaciones, dependiente del Ministerio de Gobernación con fecha de 25 marzo 1938 y adquirió el rango de Dirección General en Agosto de 1939 hasta el 25 de Febrero de 1957, fecha en que se dio por reconstruida la destrucción de la guerra. Este organismo se encargaba sobre todo de grandes infraestructuras dañadas o que había que mejorar, construir o ampliar, tales como caminos, carreteras, puentes, canales, puertos, aeropuertos y vías ferroviarias, o en su caso presas o pantanos destruidos por la acción bélica u otros de nueva construcción.

La ONCE fue creada muy al comienzo del Nuevo Estado, en los tiempos de mayor relevancia del “cuñadísimo” Serrano Suñer, a 13 de Diciembre de 1938. El organismo de loterías populares ha venido funcionando desde entonces, hasta convertirse en la magnífica entidad que conocemos hoy.

Por Ley del 25 de Septiembre de 1941 se crea el Instituto Nacional de Industria (conocido como INI) que tenía como encargo la creación de nuevas industrias, de las que la nación se encontraba muy necesitada. En estos primeros tiempos del régimen, con el mundo en guerra, con escasez de bienes y servicios, y con todo en reconstrucción y en precario, el gobierno de Franco optó por un modelo que se llamó “autarquía”, consistente en arreglarse con lo que había dentro del país, sin pedir ayuda ni financiación, más allá de lo estrictamente necesario. Juan Antonio Suances, militar de la Armada, que fue responsable del Ministerio de Industria y Comercio en dos períodos distintos, 1938-1939 y 1945-1951 quedó a cargo del INI como Presidente durante 20 años, de 1941 a 1961. Si bien puso importantes infraestructuras y empresas en funcionamiento, en general impidió el rápido progreso de actividades en régimen de competencia, pues prácticamente la industria pesada y de transportes quedó supeditada al monopolio del organismo. Del INI surgieron ENASA (Empresa Nacional de Autocamiones, fabricante del conocido Pegaso), SEAT (bajo licencia y asociación con FIAT fabricaba los conocidos modelos 1400-A y B, el SEAT 600 que motorizó a España a finales de los 50s y durante los 60s, y el famoso 1400-C, luego llamado 1500), ENDESA (Hidroeléctrica), ENSIDESA (Siderúrgica), REPESA (Refinería de Petróleos de Escombreras), ENCASO (Empresa Nacional Calvo Sotelo de Combustibles Líquidos y Lubricantes) y muchísimas más. Dada la mentalidad oficial del franquismo, este primer período del régimen, que va desde su comienzo al aperturismo económico de los años 50 sirvió para acometer las labores más urgentes de reconstrucción y puesta en funcionamiento del país, pero a medida que el mundo se recuperaba del trauma de la Segunda Guerra Mundial el sistema económico español, que era cerrado, antiliberal y anti capitalista, quedó obsoleto. El propio Carrero, mano derecha de Franco, tuvo que rectificar sus fobias y recomendar importantes cambios. Que, naturalmente, fueron implementados en su momento. Gracias a los cambios, los flujos de capital, el crédito internacional, y otras empresas privadas pudieron entrar en el mercado, con la competencia como principio. Así nació Barreiros a finales de los 50 con su MOSA (El Motor Nacional) que fabricó los camiones Barreiros, y posteriormente los Simca, Dodge y Chrysler, por asociación con esta última en los años 60 del pasado siglo. Otras empresas de automoción acudieron al país, como Renault a Valladolid o Citröen a Vigo. Authi que fabricaba los Austin y Morris vino en 1966 a Pamplona.

La autarquía produjo muchos trastornos al país, en un entorno en el que por causa de la guerra mundial, era política obligada, al margen de las fobias del régimen. De hecho hubo escasez de combustibles en algunos períodos y se vieron vehículos a gasógeno, una especia de remolque con una caldera que quemaba todo tipo de materiales (maderas, desperdicios, etc) y proporcionaba gas. También la escasez de comida exigió la cartilla de racionamiento para las familias, no suprimida hasta 1º de Abril de 1952. Si bien el resto de países destruidos por la conflagración mundial también la tenía. El Reino Unido no la suprimió, por poner un ejemplo, hasta 1954. El embajador Carlton Hayes, felicitado por el Presidente USA en 1945 por su logro de mantener a España neutral durante su mandato 1942-1945, dijo que España, después de 1942, había mejorado notablemente su capacidad de subsistencia.

La vivienda fue otro capítulo importante: por destrucciones, por crecimiento de población y por falta de medios de los particulares, se convirtió en otro de los grandes problemas, al margen de los de política exterior de gran calado, o las conspiraciones internas y externas, ya monárquicas, ya frente populistas o armadas (maquis, muy activo de 1944 a 1947, promovidos por el PCE que propugnaba la revuelta interior y la caída del franquismo).

El Régimen, con su política de viviendas sociales ya desde el final de la contienda en 1939, creó el Instituto Nacional de la Vivienda y puso en marcha un plan de viviendas protegidas, otras viviendas bonificables y algunas viviendas de renta limitada. En 1950 fue creado el Ministerio de la Vivienda, para hacer frente a la escasez y condiciones de compra o arrendamiento. En el período 1961-1975 se construyeron, por iniciativa estatal, 4.080.000 viviendas. Las casas se pagaban a plazos en 8 ó 10 años, a pesar de la carestía del interés, próximo al 10 %, pero con la política de precios baratos, casi el 80% de familias se convirtieron en propietarias. El número de viviendas según datos estadísticos pasó de 7,7 millones en 1960 a 10,6 en 1970 y 14,7 al comienzo de los 80. Paradójicamente, las leyes socialistas (franquistas) de contención de precios de los alquileres cayeron con el PSOE de Felipe González, que mediante la Ley Boyer de 2/85 de 30 de Abril, liberalizó el mercado de alquileres.

Otro hito de la reconstrucción fue el esfuerzo realizado en Renfe. Además del acondicionamiento de vías destruidas o en mal estado, Alejandro Goicoechea Omar, ingeniero, ideó un nuevo modelo de tren, el Talgo, financiado por el industrial Jose Luis Oriol Urigüen. En 1942 crean patentes Talgo (Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol) y el proyecto comienza con la versión 0, un boceto técnico de lo que con el desarrollo se convirtió en Talgo I, antes de 1944, que todavía no fue un tren comercial y finalmente Talgo II, la versión definitiva a partir de 1949, con puesta en servicio. Desde entonces Talgo ha ido cumpliendo objetivos de velocidad y eficacia, alcanzando 130 km por hora en las primeras versiones, y superando los 165 en los años 60s del siglo XX. En la actualidad la compañía exporta trenes de alta velocidad a los países operadores más importantes del mundo, casos de EEUU y Canadá.

La historia de los pantanos del franquismo es bien conocida, y como dato curioso, de las 10 presas más grandes de España, una fue terminada por la República en 1935, otras 8 fueron obra del período franquista (1939-1975) y la décima comenzó en 1970 y terminó en 1989, el pantano de La Serena en la provincia de Badajoz.

Regresando a la política interior, exterior y de seguridad, condicionada por la coyuntura internacional, los progresos aliados en Europa a partir del día D (6 de Junio de 1944, desembarco en Normandía) no dieron respiro al régimen, pues abrigados por los éxitos angloamericanos, el PCE puso en marcha sus movimientos armados de la época, el maquis. Hubo una intentona por el Valle de Arán de cierta importancia (entre 4.000 y 7.000 españoles armados acudieron al llamamiento, de un total de 13.000 sobre suelo francés), pero el gobierno español puso en la frontera unidades del Ejército, la Legión, Policía y Guardia Civil, y la intentona terminó en fracaso. Posteriormente el maquis estuvo activo de modo intenso entre 1945 y 1947 con pequeñas partidas en el interior, al abrigo de los montes, y el régimen los trató como delincuencia armada, terminando con ellos sobre el terreno o mediante detenciones con su correspondiente juicio. Estas partidas dejaron definitivamente de estar activas hacia 1957 o 1958.

El mayor peligro venía de la idea fundacional de una sociedad de naciones, que finalmente se denominó ONU (Organización de las Naciones Unidas), nacida de la Carta del Atlántico de 1941 y de las conferencias de Teherán (finales de Noviembre de 1943), Yalta (principios de Febrero de 1945) y Postdam (entre 17 de Julio y 2 agosto de 1945), muy próximo a Berlín, que había capitulado el 8 de mayo. Por la Conferencia de Dumbarton-Oaks de agosto a octubre de 1944 quedó redactada la carta fundacional de las Naciones Unidas. Los dueños del mundo, USA, URSS y UK diseñaron el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial y el franquismo tenía todas las de perder en un primer momento. Tanto monárquicos de Don Juan de Borbón como el Frente Popular (muy dividido) en el exterior creían llegado su momento. De ahí la intentona del Valle de Arán de los comunistas o el Manifiesto de Lausana de Don Juan, de 19 de marzo de 1945, en el que rompía oficialmente con el franquismo, que era un régimen inspirado en la potencias del Eje, que estaban vencidas en dicha fecha, a falta de su rendición definitiva un par de meses más tarde. Carrero recibió con disgusto este Manifiesto, pues era monárquico convencido y sabía que esta acción apartaba a Don Juan de la sucesión.

En cuanto a USA, no tenía una idea clara de cuál sería la mejor solución para España, URSS quería que Franco saliera del poder (había sido derrotada en España en 1936-1939 y había sufrido a la División Azul en terreno propio en 1941-1943) y el Imperio Británico sabía que no había una solución de reemplazo inmediata para el régimen de Franco. Estaba agradecida por no haber sufrido la toma de Gibraltar, permaneciendo el Mar Mediterráneo abierto durante toda la contienda y consideraba que Franco no era peligroso sino para los propios españoles. Ni monárquicos, sin apoyo popular, ni izquierdas, de infausto recuerdo por las chekas y crímenes de la guerra, y sobre todo, por su afiliación comunista, eran del agrado de Churchill. Por otra parte, los angloamericanos no querían poner tropas en la península para cambiar el régimen, porque ninguna de las soluciones posibles, monarquía o república, tenía respaldo popular. Por lo que el franquismo quedó como un interrogante a resolver en el futuro. Como sabemos, las ideas del régimen al respecto eran “orden, unidad y aguantar”.

El 12 de Diciembre de 1946 la resolución 39 de la ONU recomienda aislar a España de los foros internaciones y retirar las representaciones diplomáticas en Madrid. El 13 del mismo mes los embajadores abandonan España (no todos pues Argentina, el Vaticano y Portugal permanecen en sus puestos)  y el país quedó sujeto a cuarentena política, comercial y de todo orden. Francia cerró su frontera. Fueron tiempos complicados, pero a 30 de Abril de 1946 España había conseguido un crédito de Argentina por un montante de 350 millones de pesos para compra de suministros, por 3 años, recibiendo del país amigo 400.000 toneladas de trigo en 1947 y 300.000 en 1948, y adicionalmente 120.000 toneladas de maíz y 100.000 más en los mismos períodos. Esta ayuda sacó a España del mal paso y en los años sucesivos se pudo incluso retirar la cartilla de racionamiento, que desapareció en 1952.

Una cuestión importante de estos años fue la operación (Plan Marshall) puesta en marcha por USA para recuperar las dañadas economías europeas que habían quedado en el bando occidental tras la guerra. URSS y su zona de influencia quedaron excluidos por expreso deseo de los comunistas, que no querían endeudarse con el socio americano. Durante un período de 4 años y por una suma total de 13.000 millones de dólares, Inglaterra con 26 %, Francia con 18 %, y la nueva Alemania Occidental con 13 % fueron los agraciados con los créditos para su recuperación. Hasta un total de 18 países recibieron cantidades del plan. En Asia también pusieron en marcha este tipo de iniciativas, y así Japón gozó de nueva Constitución a partir de 1952 y comenzó su milagro económico, similar a los de la época en Europa, con Francia, Italia, Alemania y Reino Unido como principales protagonistas. A pesar del abandono de los embajadores, la situación cambia radicalmente en 1947 y sobre todo en 1948: la Guerra Fría hace patente lo acertado del vaticinio de los máximos mandatarios españoles sobre futuras alianzas, la frontera española con Francia queda abierta el 9 de febrero de 1948, Franco hace declaraciones al New York Times sobre el interés mutuo de bases norteamericanas en España, y el servicio exterior de España, con su adscripción al catolicismo, hace ver a los países de habla hispana que el enemigo no es España, sino el comunismo. Innumerables personalidades americanas, todos recibidos por Franco, hacen presencia en España: congresistas, hombres de negocios, diplomáticos, militares…la Guerra Fría había dado la vuelta al panorama y España ya no era vista como en 1945 y 1946. Ahora era un firme aliado, vencedor del comunismo, único país que lo había logrado.

En 1948 la Administración Truman propone a España sumarse al Plan Marshall, a cambio de cierta tolerancia religiosa hacia confesiones cristianas no católicas. Franco solicita opinión al Vaticano, que la demora sine die, por lo que este primer intento de relación financiera hispano-norteamericana fracasa. Por esta época Carrero trabaja sin denuedo en todos los frentes, el principal, sin duda, la asociación militar con los Estados Unidos. La apuesta católica sin fisuras de España y su anticomunismo posicionan al país de un modo muy distinto a como era visto durante la Segunda Guerra Mundial, debido a la nueva amenaza comunista global: China está a punto de constituir su República Popular bajo la dirección de Mao (1º de Octubre de 1949) y la URSS ya supone, junto con sus países satélites del Este de Europa, una amenaza real global para los intereses occidentales, puesta de manifiesto en el bloqueo de Berlín de 1948, resuelto mediante el famoso puente aéreo.

El 7 de mayo de 1949 una nueva resolución de la ONU modifica la 39, de 12 de Diciembre de 1946, dejando a los países miembros entera libertad para resolver sus cuestiones diplomáticas con España según sus propios intereses. La resolución 386 de 4 de Noviembre de 1950 anula la número 39. Así y todo, Estados Unidos no presenta a su nuevo embajador hasta 1951. Los embajadores vuelven a España y el camino para la incorporación a la ONU queda expedito, hecho que tendrá lugar en 1955. Desde el momento de la apertura de la embajada USA se intensifican las relaciones para la cooperación militar, proponiendo USA a España la integración de sus fuerzas en la OTAN, creada en 1949, bajo mando americano. Los españoles optan por una relación militar de tipo bilateral, pues Europa no ha aceptado aún al régimen como socio, a pesar de diferentes acuerdos firmados, de tipo comercial, cultural y otros. Por ejemplo, Dinamarca empieza a enviar turistas a Marbella en los años 1947-1948 y el turismo se consolida durante los años 50s en España como fuente imprescindible de ingreso de divisas.

Carrero es el encargado de los acuerdos militares y en 1953 se firman los citados, cediendo para su uso las bases aéreas de Zaragoza, Torrejón y Morón y la marítima de Rota. Para 1963 las bases, en teoría de uso conjunto, estaban plenamente operativas.

Otro importante hito de firmas internacionales fue la actualización del concordato con el Vaticano, también en 1953, en la que España se declara católica de hecho y de derecho, con importantes concesiones para Roma, a cambio de muy pocas para España, entre ellas el derecho de entrada bajo palio en los templos del Jefe del Estado. Concesión meramente protocolaria, sin ningún efecto en otros ámbitos.

(Agradecimientos a www.todoavante.es por la hoja de servicios del Almirante Carrero)

(A Javier Tusell por Carrero, la eminencia gris del régimen de Franco, Temas de Hoy, 1993)

Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

*Puedes leer el primero de los artículos sobre Carrero Blanco aquí

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