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miércoles, julio 29, 2026

Cuando te crecen los enanos

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La frase completa es «Monto un circo y me crecen los enanos» y se usa para expresar que todo te sale mal, tienes muy mala suerte, o que los problemas aumentan inesperadamente cuando intentas emprender algo, aunque la expresión moderna puede resultar ofensiva y se prefiere decir «todo se me complica» o «se me tuercen las cosas«.

¿Y esto cómo se aplica al mundo del arte?

El 19 de octubre de 2025 el Louvre, museo nacional y el más visitado del mundo, antigua residencia de los reyes de Francia, fue víctima, de un robo de joyas de Napoleón Bonaparte, Napoleón III y su esposa, la emperatriz Eugenia de Montijo.

Apenas un día después del atraco al Museo del Louvre en París, las autoridades de Langres, en el departamento de Alto Marne, descubrieron la desaparición de parte del tesoro numismático expuesto en el museo Maison des Lumières.

El Museo de Historia Natural fue víctima de un robo la noche del lunes 15 al martes 16 de septiembre de 2025. Un grupo de delincuentes irrumpió en el edificio, serrando una puerta de emergencia, se dirigieron a la galería de geología y mineralogía para atacar una vitrina de seguridad que contenía varias pepitas de oro.

En la noche del miércoles 3 al jueves 4 de septiembre, unos delincuentes robaron, en apenas unos minutos, tres piezas de cerámica valoradas al menos en 6,5 millones de euros del Museo Adrien-Dubouché de Limoges.

El Museo Jacques Chirac, ubicado en Sarran (Corrèze), fue víctima de dos robos con dos días de diferencia. La mañana del domingo 12 de octubre, y durante la noche del 13 al 14 de octubre, varios delincuentes lograron entrar en el museo y robar varios objetos valiosos, entre ellos relojes y joyas, valorados en más de un millón de euros.

No vamos a mencionar todos los robos ocurridos durante los años anteriores en Francia, para no hacer esto muy extenso, pero cuando decimos que te crecen los enanos, debemos tener en cuenta que El Museo del Louvre anunció un mes después del robo el cierre al público “el tiempo que sea necesario” de la galería Campana, que alberga nueve salas dedicadas a la cerámica griega, por la “fragilidad de algunas vigas” del edificio en el ala sur, la Sully, según un comunicado. Y esto podría ser casualidad, pero resulta, que El Museo del Louvre, en París, vuelve a estar en el centro de la polémica.

El pasado 27 de noviembre, varias obras y documentos antiguos resultaron dañados tras una inundación en la biblioteca de antigüedades egipcias, provocada por la avería de una tubería, y esto ya no es casualidad, esto ya es desidia absoluta, y las autoridades Francesas ya están en modo “sálvese quien pueda”.

Como podemos ver, el problema no es de un museo, el problema es un mal enquistado desde hace años en toda Francia, y que además han preferido desoír a los expertos y personas afectadas en las diferentes instituciones de los problemas a los que se estaban enfrentando. En el caso de los documentos destruidos en la biblioteca, esto ya había sido avisado reiteradamente por personal del museo, que era conocedor de esta circunstancia.

Por lo tanto, lo que no podemos hacer es demonizar a un museo, y no sería de ninguna manera aceptable, que para salvar la cara de la ministra de cultura, se produjeran ceses en este u otro museo, tanto de su directora, que ya avisó de la precariedad de la institución, como de su Directora de Seguridad, que tiene un sobrado curriculum.

Aquí lo que hay que hacer es iniciar una política de estado que garantice desde el estudio en profundidad de sus problemas, acometer soluciones valientes y profundas, que potencien la seguridad privada siguiendo un modelo similar al de España, una colaboración estrecha entre la seguridad pública, la privada y la Seguridad Nacional para casos de catástrofe, y que todos los poderes políticos se unan en la consecución de una solución común, aunque esto último se descarta por su propia naturaleza, ya sabemos que los políticos sólo obedecen a sus intereses de partido.

Pero y cuando todo esto se está produciendo en Francia, tenemos que mirar nuestro propio ombligo, y reflexionar si nosotros estamos haciendo todo correctamente. No me cabe duda sobre la seguridad de los museos en España, como he dicho en varias ocasiones, gracias al trabajo ímprobo que todos los Directores de Seguridad de nuestros museos están haciendo, y con la confianza que depositan en ellos sus Directores, pero hay que ver si los políticos van a saber estar a la altura de los que demande la evolución de nuestra sociedad.

Empiezan a inspirar poca confianza casos como el del técnico, trabajador del Instituto de Patrimonio Cultural, que denunció daños irreversibles en 12.000 placas fotográficas del siglo XIX, la mayoría del catálogo del pionero en este arte, J. Laurent, por unas condiciones de conservación que no eran las óptimas tras unas obras y a quien el Ministerio de Cultura suspende tres años y un mes. Y eso aunque dichos daños los acreditó la Fiscalía Provincial de Madrid el pasado mes de diciembre y aunque la responsabilidad quedó extinguida para la cúpula del organismo al haber prescrito el delito.

Si a esto sumamos que el Gobierno de Pedro Sánchez asegura que no puede vetar el acceso a museos de miembros de colectivos que practican de forma reiterada el ataque a obras de arte, como Futuro Vegetal, debido a que «cualquier restricción general de acceso por motivos ideológicos» a estas instalaciones culturales «resultaría contraria a los principios constitucionales de igualdad y libertad ideológica», pues ya vamos muy mal.

Porque no se les está vetando por motivos ideológicos, sino por realizar delitos de manera continuada y anunciada. ¿Cuáles son sus motivos ideológicos? ¿Qué tiene eso que ver con la cultura? ¿Qué relación tiene el cambio climático y una obra de arte? ¿Porqué se protege a quienes delinquen contra nuestro patrimonio histórico? ¿O es que las obras de arte cuentan una historia que no les conviene a sus postulados?

Bueno, pues como podemos ver, la incultura forma parte de la cultura política de nuestros representantes. “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar».

Francisco de la Fuente es experto en protección del Patrimonio Histórico y miembro fundador de Protecturi

 

 

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