Estados Unidos ha decidido suspender su ayuda financiera a Guinea Ecuatorial, según confirmó recientemente la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Esta medida forma parte de una retirada más amplia de Estados Unidos de varios programas de financiación de ayuda humanitaria que afectan también a países como Ucrania, Irak, Colombia, Bangladesh, Etiopía y Perú.
La portavoz de la ONU, Ravina Shamdasani, expresó su preocupación por esta decisión, subrayando la necesidad de invertir más en derechos humanos en lugar de retirar ayudas.
Antes de la administración Trump, Estados Unidos era uno de los principales donantes en este ámbito. Ahora, la Oficina de Derechos Humanos está revisando su presupuesto y realizando planes de contingencia para minimizar el impacto de estos recortes, que representan aproximadamente el 10% de la misión de monitorización de derechos humanos en Ucrania.
Además, el Congreso de Estados Unidos ha restringido la ayuda extranjera a Guinea Ecuatorial debido a la clasificación del país en el informe anual de Trata de Personas.
La suspensión de fondos internacionales por parte de la administración Trump ha tenido consecuencias desastrosas a nivel mundial, según la ONU. La medida, aunque temporal y con algunas excepciones, ha paralizado proyectos, interrumpido cadenas de suministros y causado despidos en organizaciones humanitarias, particularmente en África.
La suspensión afecta a más de 300 millones de personas que dependen de la ayuda humanitaria, dejando a niños sin educación, refugiados sin sustento y mujeres sin garantías en salud sexual.
Ante esta situación, muchos gobiernos y ONG buscan alternativas, como la autosuficiencia y el financiamiento a través de impuestos específicos. Además, países como China están incrementando su apoyo para llenar el vacío dejado por Estados Unidos, aunque esto también implica una mayor dependencia económica y comercial con la nación asiática. La suspensión de la ayuda estadounidense a Guinea Ecuatorial y otros países plantea interrogantes sobre el futuro de los programas de asistencia y la capacidad de las naciones afectadas para adaptarse a esta nueva realidad.
Rusia, con un pie en la antigua provincia española
La decisión de Estados Unidos con respecto a la antigua provincia española en África coincide en el tiempo con que en los últimos meses, Rusia ha intensificado su presencia en ese país, fortaleciendo la relación entre ambos estados.
En noviembre de 2024, se informó que Rusia desplegó hasta 200 instructores militares en Guinea Ecuatorial. Estos efectivos tienen la misión de proteger al presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo y su régimen, reflejando la creciente influencia de Moscú en África Occidental.
Los instructores están entrenando a las guardias élite en Malabo y Bata, y también buscan asegurar la posición del vicepresidente Teodorín Obiang, hijo del presidente y presunto sucesor, quien ha enfrentado problemas legales internacionales.
Además, el presidente Obiang ha invitado a su homólogo ruso, Vladímir Putin, a asistir a la cumbre Rusia-África en Malabo, programada para 2026. Guinea Ecuatorial no es signatario del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, lo que permitiría a Putin visitar el país sin riesgo de ser arrestado por la orden de detención emitida en su contra por crímenes de guerra en Ucrania. Obiang destacó la histórica amistad entre Rusia y África y agradeció el apoyo ruso durante periodos de colonización y apartheid.
Sin embargo, hasta la fecha, no se ha confirmado oficialmente que Malabo sea la sede de este evento, ni se ha anunciado una fecha específica para su celebración.



