La reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que afectó a Valencia y otras regiones de España ha reabierto el debate sobre la relación entre estos fenómenos extremos y el cambio climático. Las lluvias torrenciales, que provocaron inundaciones y dejaron daños significativos en infraestructuras y cultivos, son cada vez más frecuentes e intensas, según advierten expertos en meteorología y climatología.
Las DANAs son fenómenos meteorológicos habituales en la región mediterránea, especialmente en otoño, cuando el mar está más cálido. Sin embargo, los científicos advierten que el cambio climático está agravando su impacto. El aumento de la temperatura global, especialmente en las aguas del Mediterráneo, potencia la formación de nubes de tormenta más intensas y de mayor capacidad destructiva.
Según datos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), las temperaturas del Mediterráneo han aumentado entre 1 y 1,5 grados en las últimas décadas. Este calentamiento amplifica la evaporación del agua, proporcionando más energía y humedad para las tormentas. Como resultado, las DANAs producen lluvias más intensas en menos tiempo, lo que incrementa el riesgo de inundaciones repentinas.
En el caso concreto de Valencia, los episodios recientes han mostrado cómo las lluvias intensas superaron los 100 litros por metro cuadrado en pocas horas, desbordando ríos y anegando zonas urbanas y rurales. Los expertos del AEMET (Agencia Estatal de Meteorología) señalan que estos episodios de lluvias torrenciales, que anteriormente eran excepcionales, podrían volverse más frecuentes si no se toman medidas para mitigar el cambio climático.
Además del cambio climático, factores como la urbanización descontrolada y la falta de planificación adecuada también agravan las consecuencias de las DANAs. La impermeabilización del suelo y la ocupación de cauces naturales impiden que el agua fluya de manera adecuada, aumentando la magnitud de las inundaciones.
Los ecologistas han pedido reforzar las infraestructuras verdes, como la recuperación de humedales y la creación de espacios naturales que puedan absorber el exceso de agua. Estas medidas, junto con una mejor gestión del territorio, podrían ayudar a minimizar los daños causados por fenómenos como las DANAs.
Frente a este escenario, los expertos coinciden en la necesidad de tomar medidas inmediatas para combatir las causas del cambio climático. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, invertir en energías renovables y promover la sostenibilidad en todos los sectores son acciones imprescindibles para frenar el calentamiento global y sus efectos.
Por otro lado, las autoridades locales en Valencia ya están trabajando en la mejora de los sistemas de drenaje y en planes de emergencia más efectivos para afrontar futuros episodios de lluvias extremas. Sin embargo, los científicos insisten en que estas medidas deben ir acompañadas de acciones globales para mitigar los efectos del cambio climático a largo plazo.
El cambio climático no solo amplifica los efectos de fenómenos meteorológicos extremos como las DANAs, sino que también exige una adaptación urgente por parte de las sociedades. Valencia, al igual que otras regiones del Mediterráneo, se enfrenta al reto de implementar estrategias que combinen la sostenibilidad con la prevención y la resiliencia ante un clima cada vez más impredecible.
La culpa ya no es del cha-cha-chá, como decía la canción
En este contexto, FEDEA acaba de publicar un trabajo de Diego Rodríguez (UCM y FEDEA) en el que se ofrecen algunas reflexiones sobre la necesidad de tal estrategia y algunas sugerencias para su posible diseño.
El trabajo parte de las consideraciones recogidas en el informe de análisis de riesgos climáticos en la Unión Europea que ha realizado la Agencia Europea de Medio Ambiente, en el que se enfatiza que los efectos del cambio climático también dependerán de las concretas medidas de adaptación que se vayan poniendo en práctica. Entre ellas se encuentran las medidas estructurales para regular caudales o realizar intervenciones físicas en cauces o en áreas propensas a las inundaciones. De hecho, se indica que el informe de la Agencia Europea considera como más urgentes las inversiones necesarias para hacer frente a las inundaciones pluviales y fluviales.
En el trabajo se examina la experiencia reciente de nuestro país en materia de gestión de riesgos de inundación trabajando con el caso concreto de la cuenca del Júcar, a modo de case study especialmente relevante dadas las circunstancias. En primer lugar, el autor describe y valora muy positivamente los análisis que se realizan por parte de las demarcaciones hidrográficas para la evaluación preliminar de riesgos de inundación. Se destaca también cómo en una demarcación como la del Júcar se observa una muy notable asimetría en la distribución de riesgos entre tramos de cuenca.
En segundo lugar, el autor considera que esa evaluación sistemática de riesgos ofrece un punto de partida muy sólido sobre el que se ha construido un detallado plan de gestión del riesgo de inundación. Entre el amplio conjunto de medidas que se proponen en el plan, el autor se centra en las dirigidas a reducir la peligrosidad en las zonas inundables.
Estas medidas pueden en muchos casos ofrecer soluciones basadas en la naturaleza, pero, a juicio del autor, estas no son siempre suficientes. En ese sentido, recuerda que el informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente señala que el potencial y el rendimiento de las soluciones basadas en la naturaleza dependen en gran medida del lugar concreto en el que se implementen. De ese modo, las limitaciones físicas y la propia gravedad de los escenarios de cambio climático hacen imprescindible en muchas ocasiones acudir a soluciones estructurales basadas en intervenciones mediante infraestructuras.
A ese respecto, en el trabajo se señala que si bien las intervenciones de carácter estructural planteadas en la demarcación del Júcar cuentan con un detallado análisis coste-beneficio, como exige la propia normativa, hay serias dudas sobre su ejecución real. El autor observa, a partir del análisis de seguimiento del plan, una considerable lentitud ante la ejecución de las inversiones que el propio proceso de planificación identifica como necesarias.
Plan adaptado al cambio climático
Para impulsar una política más proactiva en el ámbito hidráulico, el autor propone la puesta en marcha de un plan nacional de adaptación de las infraestructuras hidráulicas al cambio climático financiado por un Fondo específico que se nutriría con ingresos recurrentes provenientes del establecimiento o subida de un canon de aguas y de un recargo sobre el IBI de los inmuebles situados en zonas inundables.
Se propone también aprovechar las posibilidades de financiación que ofrece la Adenda del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia para darle un fuerte impulso inicial a ese plan con una generosa dotación inicial del Fondo con cargo a los préstamos de la Adenda. Por último, se propone también revisar con urgencia la normativa para agilizar los procedimientos de evaluación ambiental y autorización de las infraestructuras necesarias para que las inversiones prioritarias se puedan acometer en plazos razonables.
A este respecto, debería tomarse como referencia la recomendación de la Comisión Europea para la aceleración de los procedimientos de concesión de permisos para los proyectos de energías renovables que contribuyen a la lucha contra el cambio climático.
El Plan propuesto debería extenderse más allá del ámbito de la gestión de los riesgos de inundación para financiar todo tipo de actuaciones hidráulicas que ayuden a mitigar los riesgos relacionados con el cambio climático. En el caso de España entre ellos se incluyen una significativa reducción de las precipitaciones medias y un aumento en su irregularidad, dos factores que contribuirán a aumentar el estrés hídrico que ya sufrimos y a dificultar la gestión de los recursos disponibles.
El informe completo se puede consultar en este enlace: “Riesgos climáticos e inversiones en infraestructuras hidráulicas: reflexiones y propuestas tras la dana de Valencia”.



