Se consolidan así once años consecutivos de incremento del presupuesto destinado a defensa en todo el planeta. El nuevo informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) advierte de que Europa y Asia se han convertido en los principales motores de esta nueva carrera armamentística global, impulsada por la guerra de Ucrania, las tensiones en torno a China y Taiwán, la inestabilidad en Oriente Próximo y la creciente percepción de inseguridad geopolítica que atraviesa el escenario internacional.
Según los datos publicados por el instituto sueco, el gasto militar mundial aumentó un 2,9% en términos reales respecto a 2024. Aunque el crecimiento fue menor que el registrado el año anterior —cuando el aumento rozó el 10 %— SIPRI considera que la tendencia continúa siendo extraordinariamente significativa, especialmente porque se produce en un contexto de ralentización económica global, elevada inflación y creciente presión sobre las finanzas públicas de numerosos estados.
El peso del gasto militar sobre el PIB mundial alcanzó el 2,5 %, el nivel más alto desde 2009, una cifra que refleja hasta qué punto la seguridad y la defensa han pasado a ocupar un lugar prioritario en las agendas gubernamentales.
El informe identifica claramente a Europa como el principal foco del incremento armamentístico mundial. El continente elevó su gasto militar un 14 %, hasta alcanzar los 864.000 millones de dólares, registrando el mayor aumento anual desde el final de la Guerra Fría. La guerra entre Rusia y Ucrania sigue siendo el gran catalizador de esta dinámica, pero no es el único factor.
Los países europeos miembros de la OTAN han acelerado de manera masiva sus programas de rearme, en parte por temor a una expansión del conflicto y en parte por las crecientes exigencias de Washington para que Europa asuma una mayor carga financiera en materia defensiva.
La situación de Alemania simboliza mejor que ningún otro caso el cambio estratégico que atraviesa Europa. Berlín incrementó su presupuesto militar un 24 %, hasta los 114.000 millones de dólares, superando por primera vez desde 1990 el umbral del 2 % del PIB destinado a defensa. El país se ha convertido ya en el mayor inversor militar europeo dentro de la OTAN, consolidando el giro estratégico iniciado tras la invasión rusa de Ucrania. Para SIPRI, esta transformación alemana representa un cambio histórico de enorme relevancia geopolítica, ya que durante décadas Alemania había mantenido una política de contención militar debido a su pasado histórico.
Rusia, por su parte, continuó aumentando su presupuesto bélico en pleno cuarto año de guerra contra Ucrania. Moscú elevó su gasto militar un 5,9 %, hasta los 190.000 millones de dólares, situando el esfuerzo militar en el equivalente al 7,5 % de su PIB. El informe destaca que tanto Rusia como Ucrania alcanzaron niveles récord de gasto militar respecto al total de recursos públicos nacionales, una circunstancia que evidencia el enorme desgaste económico que provoca la prolongación del conflicto. Ucrania destinó cerca del 40 % de su PIB a la guerra, con un gasto total de 84.100 millones de dólares, convirtiéndose en el séptimo país del mundo con mayor inversión militar.
En paralelo, Asia y Oceanía se consolidaron como la segunda gran región impulsora del rearme global. El gasto militar aumentó allí un 8,1 %, el mayor incremento desde 2009. China continúa encabezando esta tendencia con un presupuesto de 336.000 millones de dólares, tras elevar su inversión militar un 7,4 %. Pekín suma ya treinta y un años consecutivos incrementando su gasto en defensa, dentro de una estrategia sostenida de modernización de sus fuerzas armadas y expansión de sus capacidades tecnológicas y navales.
El crecimiento militar chino no solo responde a la competencia estratégica con Estados Unidos, sino también al aumento de las tensiones en el Indo-Pacífico y a la voluntad del presidente Xi Jinping de convertir al país en una potencia militar plenamente equiparable a Washington. Diversos análisis internacionales señalan que China está priorizando cada vez más la seguridad nacional y el fortalecimiento militar incluso por encima de determinados objetivos económicos internos, en un contexto marcado por problemas estructurales de crecimiento, desempleo y crisis inmobiliaria.
Japón también protagonizó uno de los incrementos más destacados de Asia. Tokio elevó su presupuesto militar un 9,7 %, hasta los 62.200 millones de dólares, alcanzando el mayor porcentaje sobre el PIB desde 1958. Taiwán, por su parte, incrementó un 14 % su gasto en defensa, coincidiendo con el aumento de las maniobras militares chinas alrededor de la isla y el deterioro progresivo de la situación en el estrecho de Taiwán. SIPRI considera que muchos aliados asiáticos de Estados Unidos están reforzando sus capacidades militares no solo por temor a China, sino también por la incertidumbre generada sobre el compromiso estratégico estadounidense en la región.
Mientras Europa y Asia disparaban su inversión militar, Estados Unidos registró una caída del 7,5 % en su gasto en defensa, situándose en 954.000 millones de dólares. Sin embargo, SIPRI subraya que este descenso es coyuntural y está vinculado principalmente a la paralización de nuevas ayudas militares financieras a Ucrania durante 2025. De hecho, el Congreso estadounidense ya ha aprobado para 2026 un presupuesto superior al billón de dólares, y algunas previsiones apuntan a que podría alcanzar los 1,5 billones en 2027 si prosperan determinadas propuestas impulsadas por la administración de Donald Trump.
El informe también observa cambios importantes en Oriente Próximo. Israel redujo su gasto militar un 4,9 % tras la disminución de la intensidad de la guerra en Gaza después del alto el fuego alcanzado en enero de 2025. Aun así, el gasto israelí continúa siendo casi el doble del registrado antes del conflicto. Irán, mientras tanto, redujo nuevamente su inversión militar debido a sus graves problemas económicos e inflacionarios, aunque SIPRI advierte de que buena parte de los recursos militares iraníes no aparecen reflejados oficialmente porque se financian mediante ingresos petroleros extrapresupuestarios.
Otro aspecto relevante del informe es la creciente presión política y diplomática derivada del rearme global. La expansión del gasto militar europeo ha provocado ya importantes debates internos en numerosos países acerca de la sostenibilidad presupuestaria y el impacto social de estas inversiones. El propio Papa León XIV criticó recientemente el aumento del gasto militar europeo, calificándolo de “traición a la diplomacia” y alertando del riesgo de desviar recursos esenciales desde la educación y la sanidad hacia la industria armamentística.
Los investigadores de SIPRI consideran que el mundo está entrando en una nueva etapa de competencia militar estructural. Las guerras activas, las tensiones entre grandes potencias y el debilitamiento de los mecanismos multilaterales de seguridad están empujando a numerosos gobiernos a asumir objetivos de gasto militar a largo plazo. El instituto advierte además de que la creciente mezcla entre inversiones estrictamente militares y otros conceptos vinculados a “seguridad” o “defensa” podría dificultar cada vez más la transparencia y el control democrático sobre el verdadero alcance del rearme internacional.
Más allá de las cifras, el documento refleja un cambio en el clima político internacional. Tras décadas en las que gran parte del mundo occidental redujo paulatinamente sus ejércitos después de la Guerra Fría, el escenario actual apunta hacia un ciclo sostenido de militarización global. Europa vuelve a prepararse para conflictos de alta intensidad, Asia acelera su competición estratégica y Estados Unidos busca mantener su liderazgo militar frente al ascenso chino. Para SIPRI, el aumento constante del gasto militar constituye ya uno de los principales indicadores del deterioro de la seguridad internacional y de la creciente fragmentación geopolítica del sistema global.



