La cancelación ha existido siempre, a gusto del relator
En el Antiguo Egipto existía una práctica conocida como «damnatio memoriae», que consistía en borrar el recuerdo de una persona eliminando su nombre e imágenes de monumentos, columnas, obeliscos y otros registros. Esta acción era una forma de castigo extremo, ya que los egipcios creían que la existencia en el más allá dependía de que el nombre de una persona fuera recordado y pronunciado. Al borrar su nombre, se condenaba a esa persona al olvido eterno, tanto en la vida terrenal como en la espiritual.
Un ejemplo famoso es el caso de Hatshepsut, una faraona que gobernó con gran éxito, pero cuyo hijastro, Tutmosis III, ordenó eliminar muchas de sus inscripciones y representaciones tras su muerte. Otro caso notable es el de Akenatón, el faraón que promovió el culto al dios Atón; tras su muerte, sus sucesores intentaron borrar su legado y restaurar las tradiciones religiosas anteriores.
Esta práctica no solo tenía implicaciones espirituales, sino también políticas, ya que permitía a los nuevos gobernantes consolidar su poder y reescribir la historia a su favor.
El ostracismo en la Antigua Grecia era un mecanismo político utilizado principalmente en Atenas durante el siglo V a.C. para proteger la democracia de posibles amenazas. Su nombre proviene de los «óstraka», fragmentos de cerámica en los que los ciudadanos escribían el nombre de la persona que querían desterrar.
El proceso comenzaba con una votación en la asamblea popular para decidir si se debía realizar un ostracismo ese año. Si se aprobaba, los ciudadanos escribían el nombre del individuo en los óstraka, y la persona con más votos era exiliada durante diez años. Curiosamente, el exiliado no perdía su ciudadanía ni sus propiedades, y podía regresar después del período de destierro.
El ostracismo no siempre se usaba como castigo por delitos, sino como una medida preventiva contra figuras políticas que se consideraban demasiado poderosas o con ambiciones tiránicas. Sin embargo, también podía ser influenciado por rivalidades políticas o populismo.
La damnatio memoriae de los egipcios fue también una práctica en la Antigua Roma que consistía en borrar el recuerdo de una persona considerada enemiga del Estado o indigna de ser recordada. Aunque el término es moderno, su significado literal es «condena de la memoria«. Esta medida implicaba eliminar nombres, imágenes y cualquier referencia a la persona en monumentos, inscripciones y documentos oficiales.
Un ejemplo famoso es el caso de Publio Septimio Geta, cuyo hermano y asesino, el emperador Caracalla, ordenó borrar su memoria tras su muerte. Otro caso notable es el de Domiciano, un emperador cuya memoria fue condenada tras su asesinato debido a su impopularidad.
La damnatio memoriae, como en el caso egipcio, no solo tenía un impacto simbólico, sino también político, ya que permitía a los nuevos gobernantes consolidar su poder y reescribir la historia. Sin embargo, su efectividad era limitada, ya que borrar completamente el recuerdo de figuras prominentes era casi imposible. Como solemos decir, al final se acaba sabiendo todo.
La leyenda negra española es una visión historiográfica que presenta a España de manera negativa, destacando supuestas atrocidades, intolerancia y opresión, especialmente durante la conquista de América y la Inquisición. Este concepto surgió en el siglo XVI como parte de una propaganda antiespañola promovida por potencias rivales como Inglaterra y los Países Bajos. Aunque contiene elementos de verdad, muchas de las acusaciones fueron exageradas o distorsionadas para desacreditar al Imperio español y justificar acciones en su contra.
La leyenda negra española se construyó a partir de varios eventos históricos que fueron exagerados o distorsionados por los rivales de España para desacreditarla. Algunos de los principales eventos que contribuyeron a esta narrativa incluyen:
- La conquista de América: Las denuncias de Bartolomé de las Casas en su obra Brevísima relación de la destrucción de las Indias describieron las atrocidades cometidas contra los pueblos indígenas, lo que fue aprovechado por potencias protestantes como Inglaterra y los Países Bajos para criticar la colonización española.

De Murales_Rivera_-_Ausbeutung_durch_die_Spanier_1.jpg: Wolfgang Sauberderivative work: ecelan (talk) – Murales_Rivera_-_Ausbeutung_durch_die_Spanier_1.jpg, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=10206680 - La Inquisición Española: Este tribunal religioso fue presentado como un símbolo de intolerancia y crueldad, especialmente en la propaganda de países protestantes que buscaban desacreditar el catolicismo español.

- La rivalidad con otras potencias europeas: Durante los siglos XVI y XVII, España era una superpotencia, lo que generó envidia y hostilidad por parte de Inglaterra, Francia y los Países Bajos. Estos países difundieron relatos negativos para justificar sus propias acciones políticas y militares.
- La imprenta y la propaganda: La invención de la imprenta permitió la difusión masiva de panfletos, grabados y libros que exageraban los aspectos negativos de las acciones españolas, como los grabados de Theodor de Bry que ilustraban supuestas atrocidades en América.

Estos eventos no solo moldearon la percepción de España en su época, sino que también dejaron un legado que persiste en ciertos discursos históricos.
La leyenda negra española es un fenómeno único en su contexto, pero no está sola en la historia de narrativas negativas dirigidas hacia naciones. Otros países también han enfrentado percepciones similares, aunque con matices distintos:
- Francia: Durante el siglo XVIII, la Revolución Francesa y los excesos de la guillotina generaron una «leyenda negra» que presentaba a los franceses como violentos y caóticos. Esta imagen fue promovida por monarquías europeas que temían la expansión de las ideas revolucionarias.
- Inglaterra: La colonización británica también ha sido objeto de críticas, especialmente por su trato hacia los pueblos indígenas en América del Norte, Australia y la India. Aunque no se le llama «leyenda negra», las narrativas sobre el imperialismo británico destacan aspectos de explotación y opresión.
- La idea de una «leyenda negra» sobre los Países Bajos no es tan conocida como la española, pero también existen relatos que critican episodios históricos de los holandeses. Durante su época colonial, los Países Bajos estuvieron implicados en prácticas como la esclavitud y la explotación de recursos en lugares como Indonesia, Surinam y Sudáfrica. Estas acciones han sido objeto de críticas y se han señalado como ejemplos de abuso y opresión. En el contexto de la Guerra de los Ochenta Años, también se ha debatido sobre las tácticas empleadas por los rebeldes holandeses, como el uso de propaganda para demonizar a sus enemigos, especialmente a España. Algunos historiadores han señalado que esta propaganda no solo exageraba las atrocidades españolas, sino que también ocultaba las propias acciones violentas de los holandeses. De hecho, esta guerra tiene más de conflicto civil entre partidarios de su señor natural, el Duque de Borgoña (nuestro Felipe II, después Felipe III y finalmente Felipe IV) y los partidarios de la casa Orange-Nassau, pero la presencia de los Tercios para hacer frente a la contienda nos convierte a los españoles en los chivos expiatorios, máxime cuando la historia se cuenta siempre a gusto del vencedor. Nos han acusado tanto de cometer atrocidades y violaciones a lo largo de esa guerra, que los modernos investigadores han buscado “el gen español” en los actuales ciudadanos del país, descendientes de los de aquella época. Tal gen no existe, científicamente probado.
- Alemania: Tras las dos guerras mundiales, Alemania enfrentó una narrativa negativa centrada en los crímenes del nazismo. Aunque esta percepción tiene bases históricas, también ha influido en cómo se ve a Alemania en el contexto internacional.
Lo que distingue a la leyenda negra española es su origen en la propaganda de potencias rivales, como Inglaterra y los Países Bajos, durante el auge del Imperio Español. Estas narrativas se difundieron ampliamente gracias a la imprenta y se centraron en eventos como la Inquisición y la conquista de América. En comparación, las «leyendas negras» de otros países suelen estar más vinculadas a eventos específicos o períodos históricos concretos.
En la Unión Soviética, la reescritura de la historia fue una práctica común utilizada como herramienta política para consolidar el poder del régimen y controlar la narrativa oficial. Esto se lograba a través de la manipulación de archivos, la censura de documentos históricos y la eliminación de referencias a figuras o eventos que ya no eran políticamente convenientes.
Por ejemplo, durante el gobierno de Stalin, se modificaron fotografías históricas para eliminar a personas que habían caído en desgracia, como León Trotsky. Además, los libros de texto escolares y las enciclopedias se actualizaban constantemente para reflejar la versión oficial de los eventos, que a menudo cambiaba según las necesidades políticas del momento.
La hemeroteca también jugó un papel crucial en este proceso. Los periódicos y revistas eran revisados y, en algunos casos, reeditados para borrar menciones a individuos o ideas que habían sido condenados por el régimen. Esta práctica no solo buscaba controlar la percepción del pasado, sino también moldear la memoria colectiva de la sociedad soviética.
Aunque no se utiliza el término «leyenda negra» de manera formal para describir a los Estados Unidos, sí existen narrativas críticas que resaltan aspectos negativos de su historia y política. Estas narrativas suelen centrarse en temas como el colonialismo, la esclavitud, las intervenciones militares en otros países y el impacto del capitalismo global. Por ejemplo, las críticas hacia las intervenciones en América Latina durante el siglo XX, como en Chile o Guatemala, han generado percepciones negativas en ciertas regiones.
Además, el trato hacia los pueblos indígenas y la esclavitud en los siglos XVIII y XIX son capítulos oscuros que han sido objeto de análisis crítico tanto dentro como fuera del país. Estas narrativas, aunque no se etiquetan como «leyenda negra», comparten similitudes con el concepto en cuanto a su enfoque en los aspectos más controvertidos de la historia de una nación. El “Apartheid”, tras la época de la esclavitud, fue un período que abarcó 100 años, hasta 1964, cuando el presidente Lyndon B. Jhonson firmó el Acta de los Derechos Civiles, que eliminaba cualquier forma de discriminación entre razas en la joven nación transoceánica.
España y su mala conciencia autoinducida
En el caso de España, da la impresión de que nos persiguen todos los males. Nos venden mercancía averiada desde fuera. Pero la adquirimos de inmediato, como si se tratara de ofertas de mercadillo: buena, bonita y barata. Los intelectuales, primero ilustrados, después afrancesados y más tarde liberales, divididos entre progresistas y moderados, pasaron el siglo XIX idolatrando los logros y las culturas extranjeras, mientras ignoraban o desdeñaban la propia. Así, una nación con logros impresionantes acumulados a lo largo de veinte siglos se veía reducida a un solar patrio, poco menos que yermo de eventos propios que merecieran reconocimiento.
Y no es que andemos escasos: Hispania fue romanizada tras 250 años de esfuerzos ímprobos por parte de Roma para afianzar su dominio en nuestro solar patrio. La Galia, por ejemplo, fue conquistada en tan solo diez años. A cambio de vino, aceite, plomo, oro y todo cuanto se les ocurrió exportar a la Ciudad Eterna, dejaron su legado, transformando a la vieja Iberia en parte esencial de la almendra de su dorado imperio. Junto con Italia, conformamos el núcleo duro de su vasta creación. Hispania se romanizó tanto que llegó a ser una con Roma. Los mejores aurigas, escritores, filósofos y emperadores vieron por primera vez la luz en esta esquina del Occidente Mediterráneo. El legado arquitectónico romano es impresionante, comparable únicamente al de la propia Italia, y su labor como transmisores de cultura constituye la base de lo que somos. Somos Roma, en su versión hispánica.
La diócesis hispana, conquistada por los visigodos y convertida en el Reino de Toledo en el año 586, fue contraparte, durante más de dos siglos, del Imperio Romano superviviente de Constantinopla. Esto permitió mantener un equilibrio en las antiguas zonas occidentales del Imperio y en el mar Mediterráneo durante más de esos dos siglos, proporcionando el tiempo necesario para el surgimiento del Sacro Imperio en el corazón de Europa. Tras la caída del Reino Visigodo en manos del Islam en 711 – 718, la Germania franco-alemana tomó el relevo junto al Pontífice de Roma, lo que permitió el desarrollo de la Europa de la Edad Media. Las Cruzadas, que comenzaron en Europa en 1095 con el grito de ¡Dios lo quiere!, proclamado por el papa Urbano II durante el Concilio de Clermont, llevaban casi cuatro siglos de actividad en la antigua Hispania romana y goda. Para entonces, los cristianos peninsulares, que habían iniciado su resistencia desde una pequeña gruta en Covadonga, ya habían alcanzado el Tajo. Aquella Hispania había logrado contener al Islam, impidiendo que Europa fuera conquistada e islamizada.

La Hispania visigoda, tomada por el Islam, nunca se resignó a perder su credo y cultura. En el año 718, inició una empresa que se extendería por ocho siglos: la Reconquista, logrando finalmente liberarse del yugo musulmán. De hecho, Hispania fue una de las pocas regiones del mundo ocupadas por sarracenos que consiguió revertir un destino que en otras latitudes ha sido irreversible. La Hispania peninsular siempre tuvo como motor la memoria permanente de los hispanorromanos, quienes acogieron a los godos y los integraron como parte de su propio ser. Este impulso jamás abandonado culminó en 1492 con la conquista de Granada, evento que se erigió como contraparte a la caída de Constantinopla en 1453. Su impacto en el mundo cristiano fue tal que el Papa otorgó a nuestros monarcas el título de Reyes Católicos.
La continuación de la recuperación hispana bajo la Unión de los Reinos de Isabel y Fernando dio lugar a la conquista de las Islas Canarias y al Descubrimiento de América. La Hispanidad representa la obra de exploración y civilización más grande de la Historia de la Humanidad. Es la proyección universal de la romanización, una empresa de difusión cultural sin parangón en veinte siglos. El Imperio Español de la Monarquía Hispánica contó con el Sol a su servicio durante 24 horas al día por más de tres siglos, y su magna obra global ha dado como fruto una comunidad de 600 millones de hispanohablantes y un credo con más de 2.300 millones de seguidores, de los cuales 1.400 millones son católicos. Todo, gracias a España.
Dicho todo esto, y siendo objetivamente una de las naciones más importantes del último milenio, sin duda la más influyente en la cultura occidental, nos negamos a reconocer nuestros méritos. Los desconocemos y mostramos una tendencia a ocultar y desmerecer todo lo bueno que hemos creado, renegando de ello, restándole valor e impidiendo su conocimiento y legado a las nuevas generaciones.
Los actuales gobernantes tienen en mente dar a conocer España a los escolares a partir de Fernando VII, que como bien ha aclarado Luis del Pino en su reciente obra «Yo, el difamado», es una novela histórica que presenta una autobiografía apócrifa de dicho personaje, conocido como el «rey felón». Este monarca ha sido uno de los más criticados en la historia de España, descrito con calificativos como cobarde, retrógrado y tramposo. Sin embargo, el autor busca equilibrar esta visión excesivamente negativa al basarse en fuentes primarias, como cartas y documentos oficiales, para desmentir algunas afirmaciones y destacar aspectos menos conocidos de su figura.
El libro reconstruye eventos clave como la Conjura de El Escorial, la invasión napoleónica y el enfrentamiento con los liberales de Cádiz, todo ello en un contexto lleno de conspiraciones y alta política. Es un intento de ofrecer una perspectiva más matizada sobre un personaje histórico complejo.
Partiendo de este punto, con una historia que comienza con una falsificación (y por tanto con la cancelación) del propio personaje inaugural de la asignatura, dejamos atrás la conquista romana de Hispania, la Romanización, el Reino Visigodo, la Invasión Musulmana, la Reconquista, el Descubrimiento de América, el Imperio Español, la Hispanidad, el Despotismo Ilustrado e, incluso, la Revolución Francesa. Nos vemos reducidos, sin memoria, a un colectivo sin historia ni recuerdos, sin anclas en nuestro pasado —glorioso o no—, sin memoria colectiva, sin identidad y sin una razón para proyectarnos hacia el futuro como un pueblo.
Un pueblo que, en la labor propia de una nación civilizada y civilizadora, tiene una misión como portador de una forma de ser, de hacer y de ver la vida, siendo un ejemplo que podría inspirar a otros a mejorar. Nos arrebatan la esencia misma de ser españoles: unos seres humanos despiertos y atrevidos que supieron seguir sobre el azul del mar el caminar del sol hasta alcanzar el Nuevo Mundo. Nuestra gigantesca creación, que nos sitúa como base y vértice de una pirámide universal sin igual en la historia del mundo, pierde su lugar. Sin América, sin la Hispanidad y sin nuestra exploración de la esfericidad del planeta, no somos nada. Esa sí que es una cancelación descomunal.

Todo ello como preludio de lo que ya llevamos haciendo varios siglos. Nos autoflagelamos porque nos han convencido de que somos poco menos que inútiles, cuando no una pesada carga para el progreso. Nuestra gesta heroica del 2 de Mayo, levantamiento del pueblo de Madrid contra la perfidia francesa que dio lugar a la Guerra de la Independencia, que hemos celebrado durante muchos años como fiesta nacional, la cancelamos y ha quedado reducida a fiesta de la Comunidad de Madrid; hecho extraordinario, pues Napoleón desplegó en suelo patrio un contigente de 350.000 soldados, que sufrieron a los naturales y a los británicos durante 6 años, sus esfuerzos en Europa quedaron debilitados por la “úlcera española” como él mismo la definió y finalmente lo abocaron a sucesivas derrotas en España y en Moscú, Leipzig y finalmente Waterloo. Cuando realmente España no tenía intención de enfrentarse al Emperador y era aliada desde hacía mucho tiempo. Desde 1796 tenía firmado el Tratado de San Ildefonso, por lo que los franceses podía perfectamente cruzar la península para hacerse con Portugal, pero el control de España era innecesario, pues ya lo tenían.
Estamos sufriendo un revisionismo fatal. Mientras otros países celebran sus gestas (Pearl Harbour, Desembarco en Normandía, Día de la Victoria en Europa, dia de la Patria el 4 de Julio en USA o el 14 de Julio en Francia, Derrota Nazi en Rusia), nosotros cancelamos las nuestras.
Ya lo hicieron hace años con el monumento en Melilla a Franco. Que fue por su entrada tras el Desastre de Annual en 1921, durante la Restauración. Era de cuando Franco ya era Franco pero todavía no era ¡Franco, Franco, Franco! La estatua de Francisco Franco en Melilla fue erigida en 1978. Representaba a Franco como comandante de la Legión durante la Guerra del Rif, antes de su etapa como dictador. Sin embargo, esta estatua fue retirada en febrero de 2021, siendo la última estatua pública de Franco en España. Cancelado Franco y cancelada la ocasión.
En 2020 la efeméride correspondía a la Legión Española, que fue fundada por José Millán-Astray en 1920. Su objetivo era crear un cuerpo militar de élite inspirado en la Legión Extranjera Francesa, con soldados profesionales y un fuerte espíritu de unidad. Inicialmente se llamó «Tercio de Extranjeros» y tuvo un papel destacado en conflictos como la Guerra del Rif. Este cuerpo, admirado por el conjunto de la nación española y partícipe como cuerpo expedicionario en innumerables operaciones de Naciones Unidas y de otros organismos como fuerza de paz o de interposición en diferentes conflictos, fue ninguneado y olvidado en su centenario, oportunamente gracias al COVID-19. A efectos de nuestro gobierno, cancelado el recuerdo y cancelada la ocasión.
Este años 2025 se conmemora el Desembarco en Alhucemas, que tuvo lugar el 8 de septiembre de 1925 y es considerado un hito en la historia militar moderna. Fue una operación conjunta entre España y Francia durante la Guerra del Rif, que marcó el inicio del fin de este conflicto. Aquí detallamos algunas claves importantes:
- Innovación militar: Fue el primer desembarco anfibio moderno que combinó el uso de tanques, apoyo aéreo y naval. Participaron 13,000 soldados españoles, junto con fuerzas francesas, y se utilizaron tanques Renault FT-17 y Schneider CA1, además de una flota de aviones y barcos.
- Estrategia y liderazgo: La operación fue liderada por el general Miguel Primo de Rivera y el mariscal Pétain y ejecutada por el general José Sanjurjo. Entre los oficiales destacados estuvo Francisco Franco, quien comandó las tropas de la Legión. Pétain recomendó el generalato para Franco y así se convirtió en el oficial general más joven de Europa.
- Impacto psicológico y táctico: La operación sorprendió a las fuerzas rifeñas lideradas por Abd el-Krim, debilitando su resistencia y consolidando la posición española en el norte de África.
- Relevancia histórica: Este desembarco sirvió como modelo para operaciones anfibias posteriores, incluyendo las de la Segunda Guerra Mundial, particularmente el Desembarco en Normandía, cuyo comandante Eisenhower estudió minuciosamente la operación conjunta francoespañola, que le sirvió como referente.
En Marruecos y en España, es inveterada la tendencia a analizar estos acontecimientos con ojos contemporáneos, en lugar de situarse en el contexto de la época. España entró en Marruecos como resultado de decisiones tomadas en la Conferencia de Algeciras de 1906, un auténtico caramelo envenenado ofrecido por los intereses de las grandes potencias. El Imperio Británico ya controlaba Gibraltar y no deseaba que el Imperio Francés extendiera su influencia al otro lado del Estrecho. Así, siguiendo su costumbre de “divide y vencerás”, maniobró para que España asumiera el papel de potencia protectora en la Zona Norte de Marruecos, alejando a Francia de este punto estratégico.

Francia y España lograron pacificar el país, estableciendo pautas de desarrollo mediante inversiones y esfuerzos tanto civiles como militares. Erradicaron los intentos separatistas de las tribus del Rif y proporcionaron al Sultán una independencia impecable y ejemplar en 1956. Sin embargo, no podemos celebrar ni recordar que el Reino de Marruecos existe, en parte, gracias al Desembarco de Alhucemas, ya que seríamos acusados de colonialismo. Cuando, en realidad, deberían ser ellos quienes mostraran gratitud, recibiéndonos como anfitriones y expresando su reconocimiento. España, por su parte, se acompleja y cancela los eventos planeados para este año, con el fin de no incomodar al vecino del turbante.
Nos volverá a suceder en 2041 con la 250.ª Blau, la División Azul, relegada al olvido y escondida en un armario. Si cualquier otra nación participante en la Segunda Guerra Mundial hubiese contado con una unidad así sobre el terreno, Spielberg habría rodado 30 películas o creado una serie épica al respecto. Pero nosotros, los quijotes de siempre, seguimos disparándonos en el pie y avergonzándonos de nuestra historia y de nuestra identidad como nación, sin motivo alguno que lo justifique. Así, nos resignamos a que se nos conozca únicamente por el sol, los toros, la paella y el chiringuito de Pepe en la playa.
Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años




Como siempre, extraordinario y brillante artículo, subrayando los complejos y debilidades reiterados de los españoles a lo largo de la historia, incrementados de forma preocupante y notoria en las últimas décadas.
Las frases, citas y palabras resaltadas con negrita, engrandecen aún más, si cabe, el objetivo que entiendo persigue el articulista.
También me congratuló el que se haya utilizado el término «quijotismo», al que personalmente me he referido en ocasiones con amigos y que alguna vez me han criticado.
Por todo ello, enhorabuena y muchas gracias. Es un placer y una suerte tener la oportunidad de poder leer estos artículos tan certeros y bien documentados.
Muchas gracias Maximiliano por su interés, que agranda el nuestro por ofrecer con el tiempo los mejores analistas. Un abrazo.