29.8 C
Madrid
viernes, julio 31, 2026

España y los judíos: una historia de reencuentros ¿en peligro otra vez?

Debe leer

Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

La relación entre España y el pueblo judío está marcada por siglos de convivencia, ruptura y, más recientemente, intentos de reconciliación. Desde el esplendor sefardí en la Edad Media hasta la traumática expulsión de 1492, la historia común ha oscilado entre la riqueza cultural compartida y la exclusión. En tiempos modernos, el Estado español ha dado pasos significativos hacia la recuperación de ese legado, especialmente con la Ley de Nacionalidad para sefardíes. Sin embargo, en el contexto político actual, surgen interrogantes sobre si ese proceso está en riesgo. ¿Puede la memoria histórica ser sostenida cuando la política exterior y el discurso público parecen alejarse de ella?

En las últimas décadas, España ha mostrado un claro interés institucional por reconciliarse con una parte olvidada de su historia: la de los judíos expulsados en 1492. Uno de los gestos más significativos fue la aprobación de la Ley 12/2015, que ofrecía la nacionalidad española a los descendientes de los sefardíes, sin necesidad de renunciar a su ciudadanía original. Esta medida, más allá de su aplicación práctica, fue vista como un acto de justicia histórica y un intento de restaurar vínculos culturales y emocionales rotos hace más de cinco siglos.

Este proceso de reencuentro, sin embargo, podría estar entrando en una fase de incertidumbre. Las recientes decisiones y declaraciones del actual gobierno español respecto al conflicto en Oriente Medio han generado preocupación en sectores de la comunidad judía, tanto dentro como fuera del país. De hecho, Israel retiró su embajador en 2023. En este contexto, surge una pregunta crucial: ¿Está en riesgo la relación entre España y el pueblo judío con el actual gobierno?

Antecedentes históricos

  • Presencia judía en la Península Ibérica desde época romana.

La presencia judía en la Península Ibérica se remonta, según diversas fuentes históricas y arqueológicas, a la época romana. Ya en los primeros siglos de nuestra era existían comunidades judías asentadas en distintas ciudades hispanorromanas, dedicadas al comercio, la artesanía y la vida intelectual. Estas comunidades, aunque pequeñas, lograron integrarse en el tejido urbano y social, conservando sus prácticas religiosas en relativa paz bajo el dominio romano, que reconocía oficialmente el judaísmo como una religión lícita. Este temprano arraigo marcó el inicio de una presencia continua y significativa que se desarrollaría con fuerza en los siglos posteriores.

  • Edad Media: florecimiento cultural y tensiones religiosas.

Durante la Edad Media, la presencia judía en la Península Ibérica alcanzó una de sus etapas más brillantes, especialmente en el contexto de Al-Ándalus. Las comunidades judías prosperaron en ciudades como Córdoba, Toledo o Granada, donde destacaron en campos como la medicina, la filosofía, la astronomía y la poesía. Figuras como Hasday ibn Shaprut, Yehuda Ha-Leví o Maimónides son ejemplos del altísimo nivel intelectual alcanzado por los sefardíes en estos siglos. Sin embargo, este florecimiento cultural convivió con momentos de inestabilidad y creciente presión religiosa. A medida que los reinos cristianos avanzaban en la Reconquista, las comunidades judías comenzaron a ser objeto de restricciones, segregación y violencia. En el siglo XIV se intensificaron las tensiones, con episodios como los pogromos de 1391, que forzaron a muchos judíos a convertirse al cristianismo o huir. Esta combinación de esplendor y persecución caracteriza la ambivalente experiencia judía en la Edad Media española.

  • La expulsión de 1492 por los Reyes Católicos.

El punto de inflexión definitivo en la relación entre la monarquía hispánica y los judíos llegó en 1492, cuando los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, firmaron el 31 de Marzo el Edicto de Granada, también conocido como el Edicto de Expulsión . Este decreto obligaba a todos los judíos que no aceptaran convertirse al cristianismo a abandonar los territorios de la Corona antes del 31 de julio de ese mismo año.

Por Emilio Sala – [2], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3019607
Se estima que entre 40.000 y 50.000 personas se vieron forzadas al exilio, dejando atrás sus hogares, bienes, sinagogas y redes comunitarias. Otras fuentes indican que pudieron ser más de 100.000, aunque sin mucho fundamento pues muchos se las arreglaron para regresar. Aquellos que decidieron quedarse bajo la presión del decreto pasaron a formar parte de los llamados “conversos” o “cristianos nuevos”, muchos de los cuales fueron posteriormente perseguidos por la Inquisición bajo sospechas de practicar el judaísmo en secreto. Esta expulsión supuso la ruptura más profunda y duradera entre España y el pueblo judío, y marcó el inicio de una diáspora sefardí que llevó el recuerdo de Sefarad —nombre hebreo para España— a lugares tan distantes como Marruecos, el Imperio Otomano, los Países Bajos o América.

  • El exilio sefardí y su memoria persistente.

Tras la expulsión de 1492, los judíos sefardíes emprendieron caminos de exilio hacia diversas regiones del Mediterráneo, Europa y posteriormente América. Muchos encontraron refugio en el Imperio Otomano, donde fueron bien recibidos y pudieron preservar su identidad cultural y religiosa. Otros se establecieron en Marruecos, Italia, los Países Bajos, y más tarde en regiones de Hispanoamérica y el Caribe, formando comunidades activas que, a pesar del paso de los siglos, mantuvieron viva la lengua judeoespañola (ladino), las tradiciones litúrgicas y la memoria de Sefarad, su tierra ancestral.

Esa memoria persistente se expresó en canciones, refranes, rituales y en una identificación clara con España, aunque fuera ya una patria perdida. Para muchas familias sefardíes, el recuerdo de la expulsión nunca se borró, y la añoranza por lo que fue se transmitió de generación en generación. En cierto modo, los sefardíes conservaron una imagen idealizada de la España medieval, al mismo tiempo que no olvidaban la injusticia del destierro. Esta conexión emocional, cultural y simbólica con España siguió viva a lo largo de los siglos, lo que haría especialmente significativo cualquier intento futuro de reconciliación por parte del Estado español.

La relación entre España y los judíos tiene raíces milenarias. Desde la época romana, comunidades judías florecieron en la península ibérica, particularmente durante la dominación visigoda y, más notablemente, durante el período andalusí, cuando muchos judíos sefardíes alcanzaron altos niveles de desarrollo intelectual, económico y cultural. Sin embargo, este esplendor fue seguido por siglos de creciente intolerancia religiosa bajo los reinos cristianos, culminando en el edicto de expulsión de 1492 firmado por los Reyes Católicos, que obligó a los judíos a convertirse o exiliarse.

Durante siglos, la presencia judía en España fue oficialmente inexistente, aunque muchos conversos (criptojudíos) continuaron practicando su fe en secreto. Sin embargo, ya en el siglo XX, se produjeron señales tempranas de una posible reconciliación. En la década de los años 20 del pasado siglo, bajo el reinado de Alfonso XIII, se promulgaron disposiciones legales que permitían a los judíos sefardíes solicitar la nacionalidad española, como un reconocimiento del vínculo histórico y cultural que los unía con España. Aunque estas leyes se aplicaron de forma limitada y algo ambigua, representaron un gesto pionero y simbólico hacia la reparación histórica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, y pese a la ambigüedad general del régimen franquista frente al nazismo, algunos diplomáticos españoles destacados —como Ángel Sanz Briz en Hungría— jugaron un papel crucial en la protección de judíos perseguidos por el régimen nazi. Sanz Briz, conocido como el «Ángel de Budapest», logró salvar a más de 5.000 judíos sefardíes otorgándoles pasaportes o documentos que los reconocían como ciudadanos españoles, basándose precisamente en su supuesto origen sefardí.

Por Mr. Tickle – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3278672

Aunque estas acciones no fueron una política oficial del régimen franquista, sí fueron toleradas y han sido recordadas como actos de humanidad en un periodo marcado por la indiferencia internacional ante el Holocausto. Estas acciones de ayuda al pueblo judío tienen su reconocimiento en las comunidades judías y en el seno de las propias autoridades del Estado de Israel tras la declaración de su independencia en 1948.

La reconciliación moderna

  • La transición democrática y la restauración de relaciones con Israel (1986).

Con la transición democrática iniciada tras la muerte de Franco en 1975, España inició un proceso profundo de apertura política y social, que también incluyó una revisión de su política exterior y su memoria histórica. En este contexto, en 1986, España estableció relaciones diplomáticas plenas con el Estado de Israel, un hecho histórico que marcó el fin de décadas de aislamiento y distanciamiento en este ámbito. Este paso simbolizó no solo un reconocimiento diplomático, sino también una voluntad de normalizar y fortalecer los lazos con la comunidad judía a nivel internacional.

Este acercamiento fue acompañado por diversas iniciativas culturales y educativas orientadas a recuperar el legado sefardí y a fomentar el respeto por la diversidad religiosa y cultural dentro de España. La apertura democrática y la adhesión a valores como los derechos humanos y la convivencia plural sentaron las bases para una nueva etapa en la relación entre España y los judíos, basada en el reconocimiento mutuo y la cooperación.

  • Iniciativas culturales y diplomáticas para recuperar el legado sefardí.

Además del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel, España ha impulsado diversas iniciativas culturales y diplomáticas para recuperar y poner en valor el legado sefardí. Programas educativos, exposiciones, festivales y rutas turísticas centradas en la herencia judía han proliferado en ciudades como Toledo, Córdoba o Girona, donde las huellas de la presencia sefardí siguen siendo palpables. Estas acciones no solo promueven el conocimiento histórico y el turismo cultural, sino que también fomentan el diálogo intercultural y la convivencia.

En el ámbito diplomático, España ha colaborado con organizaciones internacionales y comunidades sefardíes para fortalecer los lazos con los descendientes de aquellos judíos expulsados. Estos esfuerzos culminaron en la promulgación de la Ley 12/2015, que, como ya se ha apuntado, facilitó la obtención de la nacionalidad española a los sefardíes, simbolizando un acto de reconocimiento y reparación histórica sin precedentes. Aunque la ley fue celebrada globalmente, su implementación mostró ciertas dificultades administrativas y críticas respecto a los requisitos y plazos establecidos. A pesar de ello, miles de sefardíes aprovecharon esta oportunidad para solicitar la nacionalidad, fortaleciendo así los lazos con España y renovando un sentimiento de pertenencia a su historia común.

  • Impacto positivo en las relaciones internacionales y en la memoria histórica.

La promulgación de la Ley 12/2015 y las diversas iniciativas culturales y diplomáticas en torno al legado sefardí han tenido un impacto notable tanto en las relaciones internacionales de España como en la construcción de su memoria histórica. A nivel global, esta ley fue recibida como un gesto de justicia y reparación que fortaleció los vínculos de España con comunidades judías de todo el mundo, especialmente en países como Turquía, Marruecos, Estados Unidos y América Latina, donde existe una importante diáspora sefardí. Además, contribuyó a mejorar la imagen internacional de España como una nación comprometida con la reconciliación y el respeto a la diversidad cultural.

En el plano interno, estas iniciativas han ayudado a recuperar la memoria histórica del pueblo judío en España, promoviendo el reconocimiento de su influencia y legado en la cultura, la ciencia y la sociedad españolas. La Ley 2015, junto con los programas culturales, han facilitado un diálogo intercultural que enriquece el presente y sienta las bases para una convivencia plural y respetuosa.

El contexto actual: ¿retroceso o continuidad?

  • Composición y orientación ideológica del gobierno actual.

España está regida por una coalición heterogénea de partidos con fines y propósitos muy diversos, que condicionan continuamente la agenda y sobre todo la acción del gobierno, al tener todos sus componentes y especialmente los que no están presentes en el gabinete, tal disparidad de objetivos.

Esta orientación también ha generado tensiones, especialmente en relación con su política exterior. Por ejemplo, en el contexto del conflicto entre Israel y Gaza, el Gobierno ha adoptado una postura crítica hacia las acciones de Israel.

  • Posturas hacia Israel y el conflicto palestino-israelí.

La orientación crítica del actual gobierno español ha generado tensiones, especialmente en materia de política exterior. En particular, la postura adoptada respecto al conflicto entre Israel y Gaza ha sido percibida como crítica hacia las acciones del Estado israelí, lo que ha provocado reacciones diversas tanto dentro de España como en la comunidad internacional. Esta situación ha generado inquietud en sectores de la comunidad judía, que temen que la retórica oficial pueda impactar negativamente en la relación histórica entre España y el pueblo judío. Estas tensiones plantean preguntas sobre la estabilidad y el futuro del vínculo de España con sus ciudadanos sefardíes y con Israel.

  • Declaraciones, gestos diplomáticos o medidas polémicas.

En los últimos meses, ciertas declaraciones y gestos diplomáticos del gobierno han generado controversia. Por ejemplo, el Ejecutivo español ha manifestado su preocupación por el bloqueo israelí a la ayuda humanitaria en Gaza, llegando a anunciar que solicitará a la Corte Internacional de Justicia un pronunciamiento sobre esta cuestión. Esta postura, aunque alineada con su compromiso por los derechos humanos, ha sido interpretada por algunos como una crítica directa a Israel, generando malestar en sectores de la comunidad judía y aliados internacionales. Asimismo, algunas declaraciones de miembros del gobierno y apoyos parlamentarios a movimientos críticos con Israel han suscitado debates sobre el equilibrio que España mantiene entre su tradición histórica sefardí y su política exterior contemporánea.

  • Impacto de estas políticas en la comunidad judía local y en la imagen internacional de España.

Las políticas y posturas críticas del gobierno respecto a Israel han tenido un impacto sensible en la comunidad judía residente en España. Muchos miembros de esta comunidad han expresado preocupación por un posible aumento de la tensión social y el riesgo de estigmatización, temiendo que la crítica política pueda derivar en prejuicios o antisemitismo. Al mismo tiempo, estas posturas han generado debates internos sobre la identidad y el papel de los judíos en la sociedad española contemporánea.

En el plano internacional, la imagen de España también se ha visto afectada. Si bien algunos sectores valoran el compromiso del gobierno con los derechos humanos y la justicia internacional, otros observadores critican que estas políticas podrían erosionar la tradicional relación histórica de España con el pueblo judío y dificultar la cooperación diplomática con Israel y comunidades sefardíes alrededor del mundo. En suma, estas tensiones ponen a prueba el delicado equilibrio entre la memoria histórica, la política actual y la convivencia social.

Opinión de la comunidad judía e internacional

  • Reacciones de instituciones judías en España y en el extranjero.

Las reacciones de las instituciones judías, tanto en España como en el extranjero, han sido diversas y reflejan la complejidad del momento. Organizaciones judías españolas, como la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE), han manifestado su preocupación por la creciente polarización generada por la política exterior del gobierno, instando al Ejecutivo a mantener un diálogo abierto y equilibrado que no afecte negativamente a la convivencia ni a la imagen de la comunidad judía en España. En el ámbito internacional, algunas organizaciones sefardíes han valorado positivamente las iniciativas culturales y la Ley de Nacionalidad, pero han mostrado inquietud por las recientes tensiones políticas y la retórica crítica hacia Israel, que podrían poner en riesgo la relación histórica y cultural que mantienen con España.

Estas posturas llaman a la prudencia y al respeto mutuo, subrayando la importancia de que la política exterior y las decisiones gubernamentales no perjudiquen los vínculos de amistad y cooperación entre España y las comunidades judías en todo el mundo.

  • Posición del Estado de Israel ante los últimos acontecimientos.

La postura del gobierno israelí frente a las críticas y acciones diplomáticas de España ha sido firme y, en ocasiones, confrontativa. En respuesta a las declaraciones del presidente Pedro Sánchez, quien calificó a Israel como un «Estado genocida» debido a su actuación en Gaza, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel convocó al embajador español en Tel Aviv para expresar su desaprobación .

Además, en febrero de 2025, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, sugirió que países como España deberían aceptar a los palestinos desplazados de Gaza. Esta propuesta fue rechazada rotundamente por el gobierno español, que reiteró su compromiso con una solución de dos Estados y subrayó que Gaza debe ser parte del futuro Estado palestino .

Estas tensiones se intensificaron cuando España anunció su intención de reconocer a Palestina como Estado soberano, lo que llevó a Israel a ordenar la suspensión de los servicios consulares españoles a los palestinos en Jerusalén .

  • Riesgos de antisemitismo indirecto o simbólico.

Aunque España no registra un aumento significativo de antisemitismo explícito, las tensiones derivadas de la política exterior crítica hacia Israel pueden traducirse en formas más sutiles de antisemitismo indirecto o simbólico. Esto incluye discursos que, aunque no atacan directamente a los judíos como grupo, pueden reforzar estereotipos negativos o generar un clima de sospecha y desconfianza hacia la comunidad judía. Por ejemplo, la confusión entre las críticas al gobierno israelí y la comunidad judía en general puede alimentar prejuicios y provocar una estigmatización injusta.

Expertos en convivencia y derechos humanos alertan sobre la importancia de diferenciar entre críticas legítimas a políticas estatales y expresiones antisemitas, para evitar que se normalicen discursos que afecten la seguridad y la integración de los judíos en la sociedad española. Mantener una comunicación cuidadosa y promover la educación intercultural son claves para minimizar estos riesgos y preservar la convivencia plural.

Conclusión

  • Balance entre los avances históricos y los desafíos actuales.

La relación entre España y la comunidad judía ha experimentado notables avances a lo largo de las últimas décadas, desde el reconocimiento y la reparación histórica plasmados en la Ley de Nacionalidad para sefardíes, hasta la recuperación cultural y diplomática del legado judío en España. Estos logros han permitido fortalecer los lazos con las comunidades sefardíes de todo el mundo y fomentar un diálogo intercultural enriquecedor dentro del país.

Sin embargo, estos avances conviven hoy con importantes desafíos. Las tensiones derivadas de la política exterior del actual gobierno, la crítica a Israel y las reacciones que esta postura genera en la comunidad judía y en el ámbito internacional ponen en riesgo la estabilidad de esa relación. Asimismo, los posibles riesgos de antisemitismo indirecto subrayan la necesidad de mantener una actitud equilibrada, respetuosa y consciente de la complejidad histórica y social. En definitiva, España se encuentra en un momento crucial para consolidar sus avances sin perder de vista los retos que enfrenta, en aras de preservar una convivencia plural y una memoria histórica compartida.

  • Desventajas para España de una postura anti israelí, teniendo en cuenta la calidad de dicho país como socio occidental y líder en patentes y tecnología punta.

Adoptar una postura crítica o percibida como antiisraelí puede acarrear para España varias desventajas estratégicas y económicas. Israel es reconocido internacionalmente como un líder en innovación tecnológica, especialmente en áreas como la ciberseguridad, la biotecnología y las energías renovables, sectores en los que España podría beneficiarse mediante la cooperación y el intercambio tecnológico. Mantener buenas relaciones con Israel facilita acuerdos comerciales, colaboración en investigación y acceso a tecnologías de punta que pueden impulsar la competitividad española.

Además, como socio clave dentro del bloque occidental, Israel también cumple un papel relevante en materia de seguridad y geopolítica, especialmente en un contexto internacional marcado por desafíos globales como el terrorismo y la estabilidad regional. Una postura antiisraelí podría dificultar la colaboración en estos ámbitos y afectar la posición de España en alianzas estratégicas occidentales. Por tanto, el equilibrio en la política exterior hacia Israel es fundamental para preservar no solo la dimensión histórica y cultural, sino también los intereses económicos y geopolíticos de España.

Por otra parte, Israel es socio preferente de Estados Unidos en prácticamente todos los campos de cooperación internacional. Significativamente, en el militar, tecnológico, inteligencia e I+D. Al mismo tiempo estos dos países mantienen extraordinarias relaciones con Marruecos, nuestro incómodo vecino del sur de nuestra geografía. Es de vital importancia para los intereses de política exterior de España mantener buenas relaciones con los países mencionados, y muy concretamente con ambos, pues la brecha que se nos abre sumando a la lista de nuestras malas relaciones a estos dos líderes mundiales (uno es líder del mundo libre, el otro es líder de patentes, inteligencia e innovación, además de líder militar de primerísimo orden) causaría inevitables estragos a nuestro país en el mundo. No debemos olvidar que EE.UU. y España son socios fundamentales en el desarrollo y porvenir de la Hispanidad, y en este terreno también saldríamos perjudicados.

  • Llamamiento a la responsabilidad institucional y a mantener el espíritu de reconciliación.

En un contexto de complejidad política y social, es fundamental que las instituciones españolas actúen con responsabilidad y sensibilidad para preservar la histórica relación con la comunidad judía. Mantener vivo el espíritu de reconciliación, expresado en iniciativas como la Ley de Nacionalidad para sefardíes y los programas culturales de reconocimiento, es un compromiso ineludible para fortalecer la cohesión social y la pluralidad que definen a España hoy. Las autoridades deben procurar que las decisiones políticas y diplomáticas no socaven este legado ni fomenten divisiones o estigmatizaciones, sino que promuevan el diálogo, el respeto mutuo y la cooperación entre todas las comunidades.

Solo a través de una política equilibrada y consciente, que reconozca tanto la memoria histórica como los desafíos presentes, España podrá asegurar un futuro donde la convivencia intercultural florezca y se consolide la amistad con las comunidades judías nacionales e internacionales.

  • Reflexión final: la historia no puede olvidarse ni repetirse.

La historia de la relación entre España y los judíos es un testimonio de encuentros, rupturas y reconciliaciones que marcan profundamente la identidad del país. Ignorar ese pasado o permitir que se repitan errores sería un acto de olvido y una condena para las futuras generaciones. España tiene la oportunidad y la responsabilidad de aprender de su propia historia para construir un presente y un futuro en los que la diversidad cultural, la justicia y la convivencia sean pilares fundamentales. Solo así podrá garantizar que los vínculos históricos con la comunidad judía se mantengan sólidos y que nunca más se repitan las heridas del pasado.

Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Antonio M.S.

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puede consultar nuestra Aviso Legal y Política de Privacidad