El Congreso de Estados Unidos ha intensificado durante 2026 la presión para que el Frente Polisario pueda ser designado como organización terrorista extranjera, una iniciativa que sitúa en el centro del debate sus presuntos vínculos con Irán, la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) y Hezbolá. La ofensiva legislativa no implica todavía que Washington haya efectuado formalmente esa designación: lo que existe son iniciativas parlamentarias destinadas a obligar a la Administración estadounidense a investigar esas relaciones y determinar si cumplen los requisitos legales para aplicar la legislación antiterrorista.
La ofensiva tiene dos vías. En la Cámara de Representantes continúa pendiente la H.R. 4119, Polisario Front Terrorist Designation Act, presentada en junio de 2025 por el republicano Joe Wilson y el demócrata Jimmy Panetta. El texto solicita al secretario de Estado que determine si el Polisario reúne las condiciones para ser incluido en la lista estadounidense de organizaciones terroristas extranjeras y contempla además posibles sanciones. La propuesta fue remitida a los comités de Asuntos Exteriores y Judicial.
A esta iniciativa se sumó en marzo de 2026 una propuesta en el Senado, la S. 4063, Polisario Front Terrorist Designation Act of 2026, promovida por los senadores republicanos Ted Cruz, Tom Cotton y Rick Scott. El proyecto plantea imponer sanciones al Polisario si se confirma que coopera con una organización terrorista vinculada a Irán. Fue presentado el 11 de marzo y remitido al Comité de Relaciones Exteriores.
La iniciativa ha continuado ganando apoyos políticos. Este pasado mes de julio se incorporaron nuevos congresistas a la propuesta de la Cámara, entre ellos los republicanos Scott DesJarlais y Matt Van Epps, según informaciones publicadas sobre la evolución del proyecto. Además, en junio se presentó una enmienda en la Cámara que vuelve a plantear la creación de un marco específico para estudiar la posible designación del Polisario en relación con organizaciones terroristas vinculadas a Irán.
La acusación central: una relación con la estructura iraní
El argumento fundamental de los legisladores estadounidenses es que el Polisario habría dejado de ser exclusivamente un movimiento armado relacionado con el conflicto del Sáhara Occidental para establecer, según sostienen, relaciones militares y operativas con la red regional de Irán.
El texto de la H.R. 4119 afirma que existen vínculos ideológicos y operativos entre el Polisario e Irán que se remontarían a la década de 1980. La propuesta menciona también informaciones según las cuales combatientes del movimiento saharaui habrían recibido entrenamiento relacionado con drones y sostiene que posteriormente aparecieron imágenes de munición de características iraníes.
Uno de los elementos que más peso tiene en el debate estadounidense es la acusación de que Irán habría proporcionado entrenamiento y vehículos aéreos no tripulados al Polisario. El propio proyecto legislativo cita una información publicada por The Washington Post en abril de 2025 sobre el supuesto entrenamiento de combatientes del Frente por parte de Irán y el suministro de drones.
La cuestión de los drones resulta especialmente relevante para Washington porque encaja en el modelo utilizado por Irán para aumentar las capacidades militares de organizaciones asociadas sin necesidad de desplegar directamente fuerzas iraníes. Los legisladores estadounidenses comparan implícitamente esta estrategia con la empleada por Teherán con otros grupos armados de Oriente Medio.
El senador Ted Cruz ha sido particularmente explícito. Al presentar su proyecto afirmó que el régimen iraní estaría intentando convertir al Polisario en una especie de «Houthis de África Occidental», acusándolo de colaborar con grupos terroristas iraníes, recibir drones de la Guardia Revolucionaria y participar en el movimiento de armas por la región. Se trata, no obstante, de la valoración política de los promotores de la iniciativa y no de una conclusión oficial de una investigación del Departamento de Estado.
El papel atribuido a Hezbolá
Otro de los elementos que aparecen en las iniciativas estadounidenses es la supuesta conexión entre el Polisario y Hezbolá, organización libanesa respaldada por Irán y designada como organización terrorista por Estados Unidos.
La H.R. 4119 recoge informaciones según las cuales tres miembros de Hezbolá habrían ejercido como instructores en los campamentos de Tinduf en 2018. El texto también identifica a uno de esos supuestos instructores como un individuo que había sido sancionado por Estados Unidos por su participación en actividades terroristas en Irak.
La propuesta legislativa pide específicamente al Departamento de Estado que investigue las relaciones, apoyo, financiación y asociaciones del Polisario con Hezbolá, la Guardia Revolucionaria iraní y el PKK, además de sus posibles vínculos con Rusia. También solicita determinar si el movimiento ha atacado deliberadamente objetivos civiles, una cuestión esencial para establecer si reúne los requisitos jurídicos para ser incluido en la lista estadounidense de organizaciones terroristas extranjeras.
Las acusaciones sobre Siria
Una segunda línea argumental se refiere a la guerra de Siria y a la presunta presencia de combatientes saharauis junto a las fuerzas de Bashar al-Assad.
Diversas investigaciones y publicaciones han sostenido que alrededor de 120 combatientes vinculados al Polisario pudieron haber sido enviados a Siria durante la guerra y encuadrados en unidades que recibían apoyo de Irán y Hezbolá. Algunas de esas informaciones sostienen que los combatientes recibieron formación en el valle de la Bekaa, en Líbano, bajo supervisión de Hezbolá.
Esta cuestión, sin embargo, debe tratarse con cautela. La evidencia pública no es concluyente y existen fuentes que han cuestionado la autenticidad o interpretación de los documentos utilizados para sostener que combatientes del Polisario participaron en el conflicto sirio. Un análisis publicado en 2026 señala precisamente que algunas de las afirmaciones sobre los 120 combatientes carecen de corroboración independiente suficiente.
Por ello, la iniciativa estadounidense es especialmente significativa: en lugar de dar por demostradas todas estas acusaciones, plantea que el Departamento de Estado investigue oficialmente las relaciones entre el Polisario y la estructura iraní.
¿Qué relación tiene Irán con el conflicto del Sáhara?
La posible conexión entre Teherán y el Polisario tiene además una dimensión geopolítica. Irán y Marruecos mantienen una relación profundamente deteriorada, y Rabat rompió relaciones diplomáticas con Teherán en 2018 acusando a Irán y a Hezbolá de apoyar al Polisario a través de su embajada en Argel. Irán rechazó las acusaciones.
La dimensión religiosa tampoco encaja de manera sencilla en el supuesto vínculo. El Polisario está compuesto mayoritariamente por musulmanes suníes, mientras que Irán es una potencia chií. Por ello, diversos análisis consideran que, si existiera una cooperación significativa, tendría un carácter fundamentalmente estratégico y militar, y no religioso. Un análisis del Jamestown Foundation ha señalado precisamente que el Polisario constituye un socio poco convencional para una estrategia iraní basada en la expansión de la influencia religiosa chií.
La lógica estratégica sería otra: presionar a Marruecos y ampliar la capacidad de influencia iraní en el norte de África y el Sahel. Para Teherán, una relación con un actor armado situado en una región geográficamente alejada de Oriente Medio podría formar parte de una estrategia de expansión de redes indirectas.
Un cambio importante para la política estadounidense hacia el Sáhara
La iniciativa congresual adquiere mayor relevancia porque Estados Unidos reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, en el contexto del acuerdo por el que Marruecos normalizó sus relaciones con Israel. Esa decisión convirtió a Washington en uno de los principales respaldos internacionales de la posición marroquí.
La eventual inclusión del Polisario en la lista de organizaciones terroristas supondría, por tanto, un cambio cualitativo respecto al tratamiento tradicional del conflicto. El movimiento dejaría de ser contemplado exclusivamente desde la perspectiva del enfrentamiento entre Marruecos y el independentismo saharaui y pasaría a ser analizado también como un posible componente de las redes de seguridad vinculadas a Irán.
No obstante, el Polisario no ha sido designado hasta ahora por Estados Unidos como organización terrorista extranjera. Las iniciativas legislativas pretenden precisamente que el Ejecutivo determine si existen pruebas suficientes para hacerlo. La H.R. 4119 continúa formalmente como proyecto introducido y no convertido en ley.
El asunto presenta así dos dimensiones enfrentadas. Para los congresistas estadounidenses que impulsan la legislación, las presuntas conexiones con Irán, Hezbolá, drones y redes de transferencia de armas constituyen indicios suficientes para someter al Polisario a una investigación antiterrorista. Para quienes cuestionan esa interpretación, las acusaciones mezclan hechos, informes de inteligencia no públicos y evidencias cuya autenticidad o alcance todavía no han sido establecidos de manera independiente.
La decisión final, por tanto, dependerá de si el Departamento de Estado estadounidense puede acreditar que el Frente Polisario ha mantenido una cooperación suficientemente directa con organizaciones terroristas designadas o ha desarrollado actividades que permitan encuadrarlo jurídicamente como organización terrorista extranjera. Si Washington llegara a esa conclusión, las consecuencias serían importantes: sanciones financieras, restricciones de viaje, persecución de redes de financiación y mayores dificultades para cualquier interlocución internacional con dirigentes del movimiento.
La iniciativa representa, en cualquier caso, un nuevo frente de la creciente rivalidad entre Estados Unidos, Marruecos e Irán en el espacio norteafricano, y coloca al conflicto del Sáhara Occidental dentro de un marco más amplio: el de la pugna estadounidense contra las redes regionales de influencia de Teherán.



