La seguridad nacional de Estados Unidos atraviesa una notable transformación. Después de décadas centrando gran parte de sus esfuerzos en Europa, Oriente Medio y el Indo-Pacífico, la Administración de Donald Trump ha situado nuevamente al hemisferio occidental como prioridad estratégica.
Así lo sostiene el informe El hemisferio occidental como nuevo eje de la seguridad nacional estadounidense. La National Security Strategy 2025 y la Doctrina Monroe en el siglo XXI, elaborado por la investigadora Cristina Pastor para el CEU CEFAS, que analiza cómo Washington está reformulando sus prioridades geopolíticas ante el ascenso de China y la aparición de nuevas amenazas transnacionales.
El informe se puede consultar en este enlace
El trabajo sostiene que la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 marca una ruptura con las doctrinas más globalistas de las últimas décadas y recupera, bajo nuevas formas, los principios de la Doctrina Monroe, formulada en 1823. Según el análisis, el hemisferio occidental vuelve a ser concebido como un espacio estratégico cuya estabilidad es esencial para garantizar la seguridad interna y el liderazgo internacional de Estados Unidos.
El documento interpreta esta orientación como una adaptación contemporánea del tradicional concepto de esfera de influencia, aunque aplicada ahora a un contexto caracterizado por la competencia con China.
La investigación explica que el cambio responde a dos factores principales: el ascenso de Pekín como rival sistémico y la visión política impulsada por Donald Trump bajo el principio de «America First». Frente a estrategias anteriores basadas en la promoción de la democracia, el multilateralismo o la lucha contra el cambio climático, la nueva doctrina privilegia los intereses directos estadounidenses y adopta una aproximación más pragmática y realista. La seguridad exterior y la interior aparecen cada vez más interrelacionadas, y el objetivo es asegurar un entorno regional estable y favorable a los intereses de Washington.
El informe identifica tres grandes amenazas que condicionan la estrategia estadounidense. La primera es el narcotráfico y la crisis del fentanilo. La investigación recuerda que las muertes por sobredosis asociadas a opioides sintéticos alcanzaron alrededor de 80.000 casos en 2023, una cifra superior a las bajas estadounidenses acumuladas en numerosos conflictos armados recientes. La designación de varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas ha permitido ampliar las herramientas disponibles para combatirlos, incluyendo sanciones y medidas coercitivas.
La segunda amenaza es la inmigración irregular. La Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense considera los flujos migratorios masivos como un riesgo para la cohesión social y la gobernabilidad. El documento señala que la población inmigrante alcanzó los 53,3 millones de personas en 2025 y que más de ocho millones se encuentran en situación irregular. Para la Administración Trump, el control fronterizo y la cooperación con los países vecinos se han convertido en elementos centrales de la seguridad nacional.
Sin embargo, el elemento que más espacio ocupa en el informe es la competencia con China. El trabajo destaca que el gigante asiático ha construido durante las últimas dos décadas una profunda red de relaciones económicas con América Latina y el Caribe. El comercio bilateral alcanzó aproximadamente los 518.000 millones de dólares en 2024 y China se ha convertido en el principal socio comercial de varios países sudamericanos. Brasil, México, Chile y Perú concentran la mayor parte de ese intercambio económico.
Más allá del comercio, Pekín ha desarrollado una poderosa presencia financiera. Entre 2013 y 2021, los bancos de desarrollo chinos concedieron más de 145.000 millones de dólares en préstamos a gobiernos latinoamericanos. Venezuela, Argentina, Brasil, Perú y Ecuador concentraron cerca del 90 % de esos recursos, reforzando la influencia económica y estratégica de China en la región.
Uno de los instrumentos más importantes de esta expansión es la Nueva Ruta de la Seda. Más de la mitad de los países iberoamericanos participan en esta iniciativa, que impulsa grandes proyectos de infraestructuras. El informe destaca especialmente el puerto peruano de Chancay, financiado por la empresa estatal COSCO, concebido como un nodo logístico clave para las exportaciones sudamericanas hacia Asia. Desde la perspectiva de Washington, estas infraestructuras poseen un potencial uso dual, civil y militar, lo que incrementa las preocupaciones estratégicas estadounidenses.
La dimensión tecnológica también ocupa un lugar relevante. Empresas chinas como Huawei y ZTE participan en proyectos relacionados con redes 5G, centros de datos y cables submarinos en varios países de la región. Según recoge el estudio, Estados Unidos considera que esta presencia puede implicar riesgos de ciberespionaje o proporcionar ventajas estratégicas en un hipotético escenario de confrontación internacional.
El informe señala que la importancia de América Latina para China va mucho más allá del comercio. La región alberga enormes reservas de litio, cobre y otros minerales críticos esenciales para la transición energética y el desarrollo tecnológico. Asimismo, Brasil y Argentina se han convertido en piezas fundamentales para garantizar el abastecimiento alimentario chino mediante exportaciones de soja, maíz y carne.
Frente a esta situación, Estados Unidos estaría impulsando una estrategia combinada de presión y cooperación. El documento describe una política basada en tres principios: «ser un mejor amigo para los aliados», «ser más firme con los enemigos» y «mantener la presión sobre los socios». Esta fórmula combina incentivos económicos, cooperación en seguridad, sanciones selectivas y una mayor presencia militar en áreas consideradas estratégicas.
Fuerza y más fuerza
La investigación también subraya el regreso del principio de «paz mediante la fuerza», inspirado en la doctrina de Ronald Reagan. La Administración Trump apuesta por incrementar el gasto militar y redistribuir recursos desde otros escenarios hacia el hemisferio occidental, reforzando su capacidad de disuasión y recuperando una política exterior más basada en el hard power.
En sus conclusiones, Cristina Pastor sostiene que Estados Unidos no está abandonando su liderazgo global, sino reformulándolo desde una perspectiva más pragmática. El objetivo consiste en consolidar primero un entorno regional seguro y alineado con sus intereses para proyectar posteriormente su influencia sobre el resto del mundo. La prioridad hemisférica aparece así como una condición necesaria para preservar la posición estadounidense frente a la creciente rivalidad con China.
El informe incorpora además una visión crítica desde España. Según el estudio, el desplazamiento del interés estratégico estadounidense hacia América Latina pone de manifiesto las dificultades de la Unión Europea para desarrollar una política exterior coherente y evidencia una oportunidad desaprovechada por España, que no ha sabido convertir sus vínculos históricos, culturales y lingüísticos con Iberoamérica en una influencia geopolítica sostenida.
El documento cita como ejemplos la falta de impulso al acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur o la ausencia de una estrategia consistente hacia América Latina.
La autora concluye que España necesita redefinir su política exterior desde una perspectiva más realista y orientada a los intereses nacionales. De lo contrario, advierte, el país corre el riesgo de consolidarse como un actor periférico precisamente en el espacio histórico donde tradicionalmente ha ejercido una mayor influencia



