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miércoles, julio 29, 2026

Telefónica acelera su repliegue de Hispanoamérica: Así queda su negocio de seguridad y ciberseguridad

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La salida de Telefónica de Iberoamérica, con la única excepción de Brasil, constituye uno de los mayores repliegues empresariales protagonizados por una multinacional española en las últimas décadas.

Lo que durante años fue presentado como uno de los grandes motores de crecimiento del grupo se ha convertido en una operación de desinversión masiva destinada a concentrar recursos en los mercados considerados estratégicos: España, Alemania, Reino Unido y Brasil. La decisión, impulsada inicialmente en 2019 y acelerada desde la llegada de Marc Murtra a la presidencia, supone el desmantelamiento progresivo de Telefónica Hispam, la división que agrupaba todos los negocios hispanoamericanos.

La retirada se produce después de más de tres décadas de expansión en la región. Países como Argentina, Perú, Chile, Colombia, Ecuador, Uruguay o México fueron durante años piezas fundamentales del crecimiento internacional de la operadora. Sin embargo, la rentabilidad se fue deteriorando debido a una combinación de factores: elevada competencia, depreciación de las monedas locales, inestabilidad política, marcos regulatorios complejos, fuertes necesidades de inversión y un retorno insuficiente para los accionistas.

Según diversos análisis financieros, las enormes inversiones realizadas por Telefónica en la región acabaron traduciéndose en una importante destrucción de valor, lo que ha llevado al nuevo equipo directivo a ejecutar una drástica reorganización del grupo.

El presidente de Telefónica, Marc Murtra, confirmó públicamente que la intención de la compañía es abandonar completamente Hispanoamérica, con la excepción brasileña. La región aportaba alrededor del 12% de los ingresos y únicamente un 7% del beneficio operativo orgánico, unas cifras que contrastan con los mejores resultados obtenidos por las operaciones europeas y, especialmente, por Brasil.

La venta de activos se ha desarrollado a gran velocidad. Argentina fue traspasada por unos 1.245 millones de dólares; Colombia pasó a manos de Millicom; Uruguay fue vendido también a Millicom por unos 440 millones; Ecuador cambió de propietario por unos 380 millones; y Perú fue cedido prácticamente de forma simbólica debido a la compleja situación financiera de la filial. Chile siguió posteriormente el mismo camino y México también forma parte del proceso de salida. Venezuela permanece como uno de los últimos mercados pendientes debido a sus especiales circunstancias políticas y económicas.

En contraste, Brasil se ha convertido en el gran bastión iberoamericano de Telefónica. La filial Vivo representa cerca de un tercio de los ingresos del grupo y se ha transformado en un modelo de referencia gracias al crecimiento sostenido de la fibra óptica, los servicios digitales y nuevas áreas de negocio. El mercado brasileño ofrece una dimensión, estabilidad y rentabilidad muy superiores a las existentes en otros países de la región, razón por la cual el grupo ha decidido preservarlo y reforzarlo.

Pero el repliegue no afecta únicamente a las telecomunicaciones tradicionales. También alcanza a una de las áreas de mayor crecimiento en los últimos años: la seguridad digital y la ciberseguridad. A través de Telefónica Tech, la compañía había construido una sólida presencia en Iberoamérica, ofreciendo servicios de ciberseguridad gestionada, cloud, protección de infraestructuras críticas, monitorización de amenazas, respuesta ante incidentes y servicios para administraciones públicas y grandes empresas. La división tecnológica operaba especialmente en México, Chile y Colombia, donde había desarrollado equipos especializados y centros de servicios avanzados.

La reestructuración de Hispam también ha supuesto el cierre progresivo de la estructura de Telefónica Tech en la región. La propia dirección reconoció que la desaparición de Tech Hispam formaba parte del proceso de racionalización y reducción de costes. En consecuencia, las operaciones de ciberseguridad y servicios cloud en México, Colombia y Chile fueron vendidas, según distintas informaciones, a la tecnológica española Hiberus, que incorporó equipos especializados y reforzó su expansión internacional en el continente americano.

Durante años, Telefónica había logrado convertir la ciberseguridad en uno de sus negocios más prometedores. Desde centros de operaciones de seguridad (SOC) repartidos por varios países, ofrecía vigilancia permanente frente a ciberataques, protección de infraestructuras críticas, análisis forense y servicios avanzados para sectores estratégicos como la banca, las telecomunicaciones, la energía y las administraciones públicas.

El negocio estaba vinculado a Telefónica Tech, considerada una de las principales apuestas de crecimiento de la compañía. Incluso en 2026 continúa desarrollando nuevas soluciones, como la protección frente a amenazas derivadas de la computación cuántica en colaboración con IBM.

El repliegue responde también a una visión más europea impulsada por Murtra. La dirección considera que el futuro de Telefónica pasa por participar en el proceso de consolidación del sector de telecomunicaciones en Europa y por concentrar las inversiones en aquellos mercados donde puede alcanzar mayores economías de escala. El plan estratégico contempla igualmente la reducción de costes, el ajuste de plantilla y una simplificación corporativa que incluye la salida de algunos mercados internacionales y la desaparición de estructuras financieras asociadas a Hispanoamérica.

La retirada de Telefónica simboliza, además, el final de una etapa histórica. Durante más de treinta años, la multinacional española fue uno de los principales actores económicos en América Latina y llegó a convertirse en una de las empresas extranjeras con mayor presencia en la región. Sin embargo, el deterioro de la rentabilidad y las nuevas prioridades estratégicas han llevado a la compañía a cerrar un ciclo y concentrar sus recursos en mercados más rentables.

Paradójicamente, la salida se produce en un momento en el que la región experimenta un aumento de las amenazas digitales, la proliferación del cibercrimen y una creciente demanda de servicios de protección tecnológica. La región se enfrenta a problemas estructurales en materia de seguridad digital y gestión de datos, circunstancias que han convertido la ciberseguridad en uno de los sectores de mayor crecimiento económico.

Con ello, Telefónica abandona prácticamente una región donde durante décadas construyó un imperio empresarial, dejando atrás no sólo millones de clientes de telefonía y fibra, sino también una importante estructura de servicios tecnológicos y ciberseguridad que había adquirido un notable peso entre las grandes compañías y organismos públicos latinoamericanos. El grupo pretende ahora concentrar sus recursos en Europa y en el mercado brasileño, considerado por la dirección como la gran joya iberoamericana y el principal motor de crecimiento futuro.

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