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miércoles, julio 29, 2026

Hamás se redefine en modo guerrilla en torno a Ciudad de Gaza para enfrentar la entrada del Ejército israelí

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En la mañana de este miércoles, el Ministerio de Defensa de Israel aprobó y activó la primera fase de un plan militar para ocupar Ciudad de Gaza, la mayor urbe de la Franja. Como parte de ese movimiento, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron alrededor de 60.000 órdenes de reclutamiento para reservistas y comunicaron la extensión de servicio a decenas de miles de efectivos ya movilizados.

La aprobación corrió a cargo del ministro de Defensa, Israel Katz, y se enmarca en la estrategia de lograr control “pleno” sobre la capital de facto del enclave, un objetivo que el Gobierno de Benjamín Netanyahu venía preparando desde semanas atrás. Medios y autoridades israelíes describen esta fase como el arranque operativo sobre el terreno, con fuerzas en las afueras de la ciudad e incursiones iniciales, tras varios días de movimientos previos y reubicación de unidades.

La decisión militar llega en un contexto político y diplomático extremadamente delicado. Por un lado, Hamás comunicó su aceptación de una propuesta de alto el fuego con una duración de alrededor de dos meses; por otro, el Ejecutivo israelí mantuvo la preparación de su ofensiva y condicionó cualquier pausa a un acuerdo que incluya la liberación de todos los rehenes, vivos y fallecidos.

Esta disonancia ha multiplicado las presiones internacionales para evitar una batalla urbana a gran escala en Ciudad de Gaza, al tiempo que, dentro de Israel, conviven manifestaciones a favor de un canje que cierre el frente con voces que exigen “rematar” el desmantelamiento de la capacidad militar de Hamás.

En paralelo, el Gobierno avanzó el controvertido proyecto de asentamientos en el corredor E1, cerca de Jerusalén, una decisión que varias capitales interpretan como un torpedo añadido a la solución de dos Estados.

Desde el punto de vista estrictamente militar, la operación de este miércoles se planteó como un “primer paso” para el cerco, penetración y toma de nodos clave de Ciudad de Gaza. Fuentes castrenses israelíes explicaron que la movilización de entre 50.000 y 60.000 reservistas no implica su despliegue inmediato en primera línea: muchos se incorporarán progresivamente para relevar a brigadas activas y sostener la logística de una campaña que, de culminar, podría prolongarse varias semanas.

Al cierre de la jornada, portavoces militares hablaban de control de accesos y periferias, de choques localizados con células de Hamás y de los preparativos para “la fase siguiente” de un esfuerzo mayor. Algunas de esas escaramuzas incluyeron combate cercano con milicianos que salían de túneles, uso de misiles antitanque por parte de Hamás y bajas en las FDI, aunque limitadas según la versión israelí.

El plan israelí se apoya en tres líneas de esfuerzo. La primera, el cerco operativo de la ciudad para aislarla del resto de la Franja y segmentar sus barrios en “bolsas” manejables; la segunda, la captura de infraestructuras críticas —en especial cruces viales, alturas urbanas, instalaciones eléctricas y depósitos de combustible— que permitan a las FDI dominar el terreno y mantener corredores de abastecimiento; y la tercera, la neutralización sistemática de la red de túneles que Hamás ha convertido en su columna vertebral defensiva.

De fondo, el Estado Mayor israelí insiste en que la operación persigue “desarmar por completo” a Hamás, impedir su reconstitución y crear las condiciones para una administración civil posterior que no dependa ni de Hamás ni de la Autoridad Palestina, un objetivo que, más allá del terreno, carece todavía de una arquitectura política clara.

En términos humanitarios, la perspectiva de una batalla casa por casa en la urbe más poblada del enclave desató nuevas advertencias de la ONU y de múltiples ONG sobre el riesgo de hambruna y de desplazamientos masivos sin rutas de evacuación viables. Ciudad de Gaza alberga a cientos de miles de civiles —con estimaciones que rondan el millón de residentes y desplazados— que han sufrido meses de escasez de agua, electricidad y atención médica. La infraestructura hospitalaria, ya mermada, difícilmente soportaría un asalto prolongado.

En días recientes, varias agencias denunciaron que los materiales de refugio y reconstrucción siguen sin entrar con fluidez pese a anuncios de flexibilización en los accesos, y que un nuevo pico de violencia podría colapsar la distribución de ayuda.

El frente diplomático se movió a gran velocidad a lo largo del día. Gobiernos europeos advirtieron de una “catástrofe total” si Israel lanza una operación urbana extensiva, mientras Jordania acusó al Ejecutivo de Netanyahu de “matar toda expectativa” de una salida política.

Estados Unidos, por su parte, mantuvo contactos de alto nivel para intentar reactivar una fórmula de pausa condicionada a la liberación de rehenes, en medio de un clima interno polarizado y de movimientos en organismos internacionales que han tensado aún más la relación con Israel. Aunque las capitales occidentales han reiterado el derecho de Israel a defenderse, la advertencia común fue la misma: cualquier avance en Ciudad de Gaza debe minimizar víctimas civiles y garantizar corredores de salida y entrada de ayuda, algo difícil de casar con los objetivos declarados por el Ministerio de Defensa.

En Israel, la narrativa oficial subraya que esta ofensiva es la consecuencia “inevitable” de la ruptura de negociaciones y del “engaño” de Hamás en propuestas previas, y que sólo una presión militar sostenida forzará concesiones en el dosier de rehenes. Sin embargo, la opinión pública aparece dividida: encuestas recientes muestran un apoyo considerable a un acuerdo de alto el fuego a cambio de los cautivos, al tiempo que persiste un bloque que considera inaceptable cualquier pacto que deje capacidades militares residuales a Hamás dentro de Ciudad de Gaza. Esa tensión se ha dejado sentir en protestas y contraprotestas a las puertas del Ministerio de Defensa en Tel Aviv y en otros puntos neurálgicos del país.

En el terreno, la “primera fase” de este miércoles dejó más preguntas que certezas. Israel aseguró haber consolidado posiciones en la periferia norte y oriental, intensificado la inteligencia de objetivos internos y probado rutas de entrada para blindados y zapadores; Hamás, por su parte, reivindicó ataques con misiles antitanque y presentó la dispersión de sus unidades como una ventaja para un combate prolongado de desgaste.

A partir de ahora, los indicadores a observar serán la velocidad con la que las FDI intenten cerrar el cerco, la capacidad de abrir corredores humanitarios sostenidos, la reacción de los mediadores regionales —en especial Egipto y Qatar— y, crucialmente, si el expediente de los rehenes experimenta algún desbloqueo que altere el cálculo de costes políticos en Jerusalén.

Por último, el hilo conductor del día fue la simultaneidad de decisiones que, juntas, dibujan el alcance de la apuesta israelí: llamada masiva a reservistas, extensión de servicio a quienes ya están desplegados, luz verde a una operación gradual sobre la mayor ciudad de la Franja y avance de políticas territoriales en Cisjordania que, según numerosos expertos y gobiernos, reducirían aún más el margen para una salida negociada. Si esa combinación busca arrancar concesiones aceleradas de Hamás o, por el contrario, preludia una campaña larga y sangrienta, dependerá de lo que ocurra en las próximas horas sobre el terreno y en las mesas de negociación.

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