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miércoles, julio 29, 2026

Jordi Sandalinas (analista de Delta13News): «La luna no es de nadie»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

El regreso del ser humano a la Luna más de medio siglo después de las misiones Apolo responde a una compleja combinación de factores políticos, económicos y tecnológicos que han redefinido por completo la exploración espacial. Así lo explica el profesor y analista de Delta13News, Jordi Sandalinas, en declaraciones a Televisión Española, donde contextualiza el renovado interés internacional por el satélite terrestre en el marco de una nueva carrera espacial global.

Desde 1972, cuando concluyó el programa Apolo, la presencia humana en el espacio se ha mantenido de forma continua, pero desplazada hacia la órbita terrestre, en gran parte debido a decisiones estratégicas que priorizaron otras misiones y proyectos.

Según Sandalinas, tras el final de la carrera lunar entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el foco se trasladó hacia el desarrollo de programas como los transbordadores espaciales y, posteriormente, hacia la construcción de la Estación Espacial Internacional (EEI), fruto de un acuerdo intergubernamental firmado en 1998.

Este proyecto permitió mantener la actividad humana en el espacio de forma sostenida, aunque en un entorno más cercano a la Tierra. Sin embargo, accidentes como el del transbordador Columbia en 2003 evidenciaron los riesgos inherentes a la exploración espacial y contribuyeron a replantear prioridades. Ahora, con la previsión de desmantelar la EEI en torno a 2030-2031, el programa Artemis emerge como el relevo natural, orientado a establecer una presencia humana más allá de la órbita terrestre y, en particular, en la Luna.

El análisis de Sandalinas pone el acento en una cuestión clave: la gobernanza del espacio. Aunque existe un marco jurídico internacional, como el Tratado del Espacio Exterior de 1967 o el Tratado de la Luna de 1979 —ratificado por un número limitado de países—, la propiedad de los cuerpos celestes sigue siendo un asunto abierto.

La Luna no es de nadie”, resume el experto, aunque matiza que sí existen principios que regulan su exploración y explotación. Entre ellos destaca el de no apropiación, que impide a los Estados reclamar soberanía sobre territorios extraterrestres. Sin embargo, el debate se intensifica cuando se trata de la extracción de recursos, un terreno en el que las interpretaciones legales permiten que los materiales obtenidos puedan ser considerados propiedad de quienes los extraen.

Este punto resulta especialmente relevante en el contexto actual, marcado por el creciente interés en los recursos lunares. Sandalinas destaca el potencial del Helio-3, un isótopo escaso en la Tierra que podría utilizarse en procesos de fusión nuclear, así como la existencia de grandes reservas de agua en forma de hielo en cráteres lunares.

Estos recursos no solo tienen valor científico, sino también estratégico, ya que podrían facilitar la creación de combustible y el sostenimiento de futuras bases humanas. Además, minerales como el escandio o el itrio tendrían aplicaciones clave en la industria tecnológica y aeroespacial, configurando un escenario económico que el analista califica como “billionario o incluso trillonario”.

La dimensión económica de esta nueva carrera espacial se ve reforzada por la entrada de actores privados. Figuras como Elon Musk o Jeff Bezos han impulsado proyectos que compiten y colaboran al mismo tiempo con las agencias estatales, redefiniendo el equilibrio tradicional del sector. Para Sandalinas, esta participación abre interrogantes sobre la equidad y el acceso a los recursos, pero también acelera el desarrollo tecnológico. “Muchas innovaciones derivadas de la exploración espacial han tenido aplicaciones directas en la vida cotidiana”, recuerda, subrayando el impacto positivo que puede tener esta inversión en ámbitos como la medicina o las comunicaciones.

En paralelo, el experto sitúa la exploración lunar como un reflejo de las tensiones geopolíticas terrestres. Si durante la Guerra Fría la competencia enfrentaba a Estados Unidos y la Unión Soviética, hoy el protagonismo lo comparten Washington y Pekín. China, en alianza con Rusia, desarrolla su propio programa de exploración lunar, mientras que Estados Unidos lidera el programa Artemis junto a decenas de países aliados. Esta dualidad configura un escenario de competencia estratégica que trasciende lo científico y se inscribe en una lógica de poder global.

Uno de los elementos más determinantes en esta nueva fase es el coste del acceso al espacio. Sandalinas destaca que transportar un kilogramo de material desde la Tierra puede costar alrededor de un millón de dólares, mientras que hacerlo desde la Luna reduciría el coste a unos 3.000 dólares. Esta diferencia convierte al satélite en una plataforma clave para futuras misiones, no solo hacia Marte, sino también para el establecimiento de estaciones en el espacio cislunar. En este sentido, la Luna se perfila como un nodo logístico esencial en la arquitectura espacial del futuro.

La posibilidad de establecer colonias lunares, aunque aún incipiente, forma parte de los planes a medio plazo de varias potencias. Estados Unidos, a través del programa Artemis, cuenta con el respaldo de más de 60 países, mientras que China y Rusia avanzan en su propia hoja de ruta.

Los avances en robótica, comunicaciones e inteligencia artificial permiten hoy plantear escenarios que hace medio siglo resultaban inviables. “Tenemos herramientas que antes no existían”, señala Sandalinas, aludiendo a la capacidad de desarrollar sistemas autónomos que faciliten la construcción y mantenimiento de infraestructuras en entornos hostiles.

No obstante, el experto advierte de los dilemas éticos que plantea esta nueva carrera espacial. La inversión de enormes recursos en la exploración lunar contrasta con problemas persistentes en la Tierra, como los conflictos armados, el hambre o la crisis climática. Este contraste alimenta el debate sobre las prioridades globales, aunque Sandalinas recuerda que uno de los principios fundamentales del derecho espacial es que las actividades en el espacio deben beneficiar a toda la humanidad.

En definitiva, el regreso a la Luna no es solo una cuestión tecnológica, sino un fenómeno que integra dimensiones políticas, económicas, jurídicas y éticas. Las declaraciones de Jordi Sandalinas dibujan un escenario en el que la exploración espacial vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional, impulsada por una combinación de rivalidad geopolítica, interés económico y ambición científica. La misión Artemis, en este contexto, no solo representa un hito histórico, sino el inicio de una nueva era en la relación de la humanidad con el espacio.

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