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martes, julio 28, 2026

La corrupción traspasa fronteras: La UE como campo de minas

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Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

El antecedente británico que dio lugar al Brexit

Margaret Thatcher, primera ministra británica entre 1979 y 1990, marcó un antes y un después en la relación del Reino Unido con la Comunidad Europea. Su firme oposición a la creciente integración política de Bruselas sembró las bases del euroescepticismo que décadas más tarde desembocaría en el Brexit.

En su célebre discurso de Brujas de 1988, Thatcher advirtió contra el riesgo de construir una “superestructura europea” que, según ella, amenazaba la democracia y la identidad de los Estados nación. “No hemos liberado a Europa para que se nos imponga otra forma de dominación”, afirmó ante un auditorio que escuchaba con atención sus palabras.

Imagen: Marion S. Trikosko

La líder conservadora defendía la cooperación económica y el libre comercio, pero rechazaba cualquier paso hacia una unión política más profunda. Su batalla por el llamado “cheque británico”, que redujo la aportación del Reino Unido al presupuesto comunitario, fue otro símbolo de su enfrentamiento con Bruselas.

Incluso tras dejar Downing Street, Thatcher mantuvo su discurso crítico. En 1996 arremetió de nuevo contra la burocracia europea y pidió a los conservadores británicos que volvieran a los principios de la derecha pura: menos impuestos, menos gasto público y más soberanía.

Hoy, muchos analistas ven en aquellas advertencias el germen del Brexit. Para unos, Thatcher defendió con firmeza los intereses británicos; para otros, debilitó la posición del Reino Unido en Europa. Lo cierto es que su legado sigue vivo en cada debate sobre la relación entre Londres y Bruselas.

La postura británica frente a Bruselas, defendida con firmeza desde los años setenta, se intensificó con la llegada de Margaret Thatcher al poder en 1979. El Reino Unido apenas llevaba siete años dentro de la Comunidad Europea cuando la líder conservadora comenzó a cuestionar abiertamente el rumbo de la integración.

Thatcher no solo anticipó lo que décadas más tarde sería el Brexit, sino que lanzó duras críticas contra la organización comunitaria. Consideraba que la Comunidad Europea —convertida en Unión Europea tras el Tratado de Maastricht de 1992— se había transformado en un “panal de altos funcionarios” y en un “almacén de políticos en retiro dorado”, con un gasto de fondos que, desde su perspectiva, resultaba desmesurado e injustificado.

Su discurso, impregnado de advertencias contra el exceso de burocracia y el despilfarro presupuestario, supuso un verdadero punto de inflexión en la relación entre Londres y Bruselas. Para Thatcher, la soberanía nacional debía imponerse frente a cualquier tentativa de centralización política en Europa. Y, en el trasfondo de su mensaje premonitorio, latía el temor a la corrupción y al uso indebido de los fondos comunitarios.

Breve historia de la Gran Coalición europea

Desde las primeras elecciones al Parlamento Europeo en 1979, la política comunitaria ha estado marcada por la hegemonía de los dos grandes grupos: el Partido Popular Europeo (PPE) y los Socialistas y Demócratas (S&D). Aunque la Unión Europea no cuenta con un “gobierno” en el sentido clásico, la cooperación entre estas dos fuerzas ha funcionado como una gran coalición parlamentaria informal que ha asegurado mayorías estables y el reparto de los principales cargos institucionales.

Durante las décadas de 1980 y 1990 los socialdemócratas dominaron varias legislaturas, pero a partir de 1999 el PPE se consolidó como el grupo más numeroso. Desde entonces, el pacto tácito con los socialistas ha marcado la agenda legislativa y la elección de presidentes de la Comisión y del Parlamento.

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El Tratado de Maastricht de 1992 reforzó el papel de la Eurocámara, aumentando la necesidad de consensos entre ambos bloques. En las últimas cinco legislaturas, el PPE ha mantenido la primera posición en escaños y los socialdemócratas la segunda, garantizando juntos la estabilidad institucional frente al avance de fuerzas más radicales.

En las elecciones de 2024, el PPE volvió a imponerse con 185 escaños frente a los 137 del S&D. Ursula von der Leyen fue confirmada como presidenta de la Comisión gracias al apoyo de socialistas y liberales, consolidando de nuevo la fórmula de cooperación que ha caracterizado la política europea durante más de cuatro décadas.

Así, Europa lleva más de cuarenta años gobernada por un consenso bipartidista que, aunque informal, ha sido decisivo para el rumbo que lleva marcado la UE desde hace tanto tiempo.

Corrupción en Europa: un mapa de influencias externas y casos emblemáticos (2004–2025)

La corrupción en Europa no es un fenómeno aislado ni homogéneo. Aunque los países del norte mantienen índices de transparencia elevados, el continente ha experimentado un deterioro sostenido en la percepción de la corrupción durante las dos últimas décadas. El Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional muestra que, por primera vez en más de diez años, Europa Occidental y la Unión Europea han retrocedido en sus puntuaciones.

Este retroceso coincide con la creciente influencia de actores externos como Rusia, China y redes transnacionales africanas o de otras regiones, que han encontrado en sectores estratégicos —energía, telecomunicaciones, defensa, infraestructuras o agroalimentación son algunos de ellos— un terreno fértil para ejercer presión.

El mapa de la corrupción y la influencia externa

Los países europeos se dividen en tres grandes bloques:

  • Norte y Escandinavia (Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega): mantienen puntuaciones superiores a 70 en el IPC, con baja percepción de corrupción. Sin embargo, enfrentan riesgos en telecomunicaciones y energía, especialmente por la penetración de proveedores tecnológicos chinos y la dependencia histórica de hidrocarburos rusos.
  • Europa Occidental (Alemania, Francia, Países Bajos, Portugal, España, Italia): con puntuaciones entre 56 y 78, muestran vulnerabilidades en sectores de obra pública, defensa y energía. La pandemia de COVID-19 abrió grietas en los sistemas de contratación, generando fraudes en suministros sanitarios.
  • Europa Central y del Este (Polonia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Balcanes): con puntuaciones entre 40 y 59, son más vulnerables a la captura institucional y a la influencia directa de Rusia en energía y de China en telecomunicaciones.

Los sectores más expuestos son:

  • Telecomunicaciones (Huawei y otros proveedores): riesgo de dependencia tecnológica y lobby en estándares de 4G/5G.
  • Energía (Gazprom, Rosneft): contratos de suministro y transporte con cláusulas opacas y dependencia geopolítica.
  • Obra pública e infraestructuras: sobrecostes, concesiones llave en mano y baja competencia efectiva en puertos, aeropuertos, carreteras y ferrocarriles.
  • Defensa: adquisiciones estratégicas con fuerte presión de lobby y riesgo de puertas giratorias.
  • Agroalimentación y logística: cadenas de suministro expuestas a intermediarios y controles aduaneros laxos.

Casos emblemáticos por país (2004–2025)

Alemania

  • Siemens (2006–2008): uno de los mayores escándalos corporativos de sobornos globales, con multas multimillonarias y reformas de compliance.
  • Wirecard (2019–2020): fraude contable que destapó fallas de supervisión financiera.
  • Volkswagen “Dieselgate” (2015–): manipulación de emisiones, fraude regulatorio con impacto global.
  • Contratos COVID (2020–2021): investigaciones por sobrecostes en material sanitario.

La figura de Ursula von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea y exministra de Defensa alemana, ha estado marcada por episodios que han suscitado intensos debates sobre transparencia y gestión pública. Aunque nunca ha sido condenada judicialmente por corrupción, su paso por el Ministerio de Defensa en Alemania y su papel en la negociación de contratos europeos han sido objeto de escrutinio político y mediático.

El caso de las consultoras en Alemania

Durante su mandato como ministra de Defensa, Von der Leyen impulsó una política de externalización de servicios hacia consultoras privadas. El Bundestag abrió una comisión de investigación en 2019 para esclarecer si se adjudicaron contratos millonarios sin los debidos controles y si existió una red de conexiones personales que favoreció a determinadas empresas. La dirigente compareció ante los diputados en 2020, defendiendo la necesidad de recurrir a expertos externos para modernizar el ejército alemán. Sin embargo, la oposición denunció irregularidades en los procesos de contratación y la falta de transparencia en la gestión de recursos públicos.

El borrado de los teléfonos móviles

Uno de los episodios más controvertidos fue la eliminación de datos de un teléfono móvil considerado clave para la investigación parlamentaria. El dispositivo, que podía contener comunicaciones relevantes sobre los contratos adjudicados, fue “borrado” antes de ser entregado a la comisión. Von der Leyen declaró públicamente que se enteró del borrado “por la prensa” y aseguró que “no tiene nada que ocultar”. Pese a ello, el incidente alimentó las sospechas de obstrucción y debilitó la confianza en su disposición a colaborar con el proceso.

Controversias en Bruselas

Ya en su rol como presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen ha enfrentado nuevas críticas. La prensa ha señalado el llamado “Pfizergate”, relacionado con la negociación de contratos de vacunas contra la COVID-19, y el “PieperGate”, por la creación de un puesto de Enviado Especial para pymes con un proceso de nombramiento cuestionado. Estos episodios han reforzado la percepción de que su gestión se mueve en la frontera entre la política institucional y prácticas poco transparentes, aunque nuevamente sin derivar en sanciones judiciales.

Entre la política y la percepción pública

El caso de Von der Leyen ilustra cómo la frontera entre responsabilidad política y responsabilidad penal puede ser difusa. Mientras que las investigaciones parlamentarias en Alemania y las críticas en Bruselas han puesto en duda su estilo de liderazgo, ninguna instancia judicial ha dictado sentencia en su contra. La eliminación de datos de sus teléfonos móviles y las polémicas sobre contratos han dejado una huella en la opinión pública, que exige mayor transparencia en las instituciones europeas. En un contexto de creciente desconfianza hacia las élites políticas, estos episodios se convierten en munición para sus detractores y en un desafío para su credibilidad.

Ursula von der Leyen sigue siendo una figura clave en la política europea, pero las sombras de su pasado en Alemania y las controversias recientes en Bruselas acompañan su trayectoria. Más allá de las acusaciones, el debate se centra en la necesidad de reforzar los mecanismos de control y transparencia en las instituciones que ella misma dirige.

Defensora a ultranza de la Gran Coalición PPE-S&D que la mantiene y protege a ella como Presidente Presidenta de la Comisión Europea, ocupa el cargo desde el 1 de diciembre de 2019 y en el que fue reelegida en 2024 para un segundo mandato. No quiere ni oir hablar de Patriots ni de la serie de partidos conservadores que cuestionan su gestión al frente de la Comisión. Puede que sus días estén contados, pues Patriots y los partidos emergentes van tomando el poder en muchos países de la UE, uno tras otro. Francia será determinante en el futuro de von der Leyen.

Francia

  • Airbus (2008–2015, acuerdo 2020): sobornos internacionales en defensa y aeronáutica.
  • Lafarge (2013–2014): financiación ilícita en Siria, con procesos judiciales en Francia y EE. UU.
  • Alstom: prácticas corruptas en contratos internacionales de energía e infraestructuras.
  • Areva/UraMin (2007–): adquisición minera con irregularidades en valoración.

Nicolas Sarkozy, presidente de Francia entre 2007 y 2012, se ha convertido en el primer exmandatario del país en cumplir penas de prisión por corrupción y financiación ilegal de campañas. Su trayectoria política, marcada por el ascenso fulgurante y el estilo combativo, ha quedado eclipsada por una sucesión de juicios que han terminado por sellar su caída.

Imagen: Por Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España

El caso de los fondos libios

La investigación más explosiva contra Sarkozy se centró en la campaña presidencial de 2007. La justicia francesa examinó si el régimen de Muamar el Gadafi financió de manera ilegal la candidatura que lo llevó al Elíseo. En septiembre de 2025, el tribunal dictó sentencia: cinco años de cárcel por asociación ilícita, al considerar probado que sus allegados buscaron apoyo económico en Libia. Sarkozy calificó la decisión de “escandalosa” y denunció una persecución política, pero la condena marcó un hito en la historia judicial francesa.

El escándalo Bygmalion

La campaña de 2012 también estuvo bajo la lupa. El llamado caso Bygmalion reveló un sistema de facturación falsa para ocultar el exceso de gasto electoral. En noviembre de 2025, el Tribunal Supremo confirmó la condena: seis meses de prisión firme por financiación ilegal. Aunque la pena puede cumplirse bajo arresto domiciliario, el fallo consolidó la imagen de un expresidente atrapado en sus propios excesos.

Condenas previas

El historial judicial de Sarkozy no se limita a las campañas. En 2021 fue condenado por corrupción y tráfico de influencias, tras intentar obtener información privilegiada de un juez a cambio de favores. Esa sentencia ya lo había situado en el centro de la polémica, anticipando el desenlace que hoy lo coloca tras las rejas.

Impacto político y social

La acumulación de procesos contra Sarkozy ha generado un terremoto político en Francia. Para sus críticos, sus condenas son la prueba de una corrupción sistémica en las élites; para sus seguidores, un ejemplo de “caza de brujas” judicial. Más allá de las interpretaciones, el caso Sarkozy simboliza la firmeza de la justicia francesa al aplicar las normas de financiación electoral y lucha contra la corrupción, incluso al más alto nivel.

Nicolas Sarkozy, que en 2007 encarnaba la renovación política francesa, cierra 2025 convertido en un símbolo de la caída de las élites por corrupción. Sus condenas por los fondos libios y el caso Bygmalion lo han llevado a prisión, sellando un capítulo oscuro en la historia reciente de Francia.

Italia

  • MOSE Venecia (2014–2017): corrupción en megaproyecto hidráulico, con condenas a políticos y empresarios.
  • Mafia Capitale (2014–2017): red criminal que capturó contratos municipales en Roma.
  • Expo Milano (2013–2015): licitaciones amañadas en obras públicas.
  • ENI/Shell OPL245 (2011–2021): presunta corrupción en Nigeria; absolución en Italia, litigios internacionales.

La imputación de Federica Mogherini, ex Alta Representante de la Política Exterior de la Unión Europea, no es un caso aislado ni un simple error administrativo. Es el síntoma de una enfermedad más profunda: la fragilidad ética de las instituciones europeas frente al poder y la gestión de recursos públicos.

Imagen: Unión Europea

Mogherini, durante años presentada como el rostro joven y renovador de la diplomacia comunitaria, encarna ahora la contradicción de una Europa que exige transparencia a sus socios internacionales mientras tropieza en su propia casa. El hecho de que la Fiscalía Europea la acuse de fraude y corrupción en el manejo de fondos comunitarios destinados a la formación de diplomáticos, golpea directamente la credibilidad de Bruselas en un momento en que la confianza ciudadana está bajo mínimos.

Este escándalo no se limita a una persona. Revela la opacidad de los mecanismos internos de la UE, donde instituciones académicas como el Colegio de Europa se convierten en espacios de poder con escasa rendición de cuentas. Que Mogherini y otros altos cargos, como el diplomático italiano Stefano Sannino, estén bajo sospecha, debería ser una llamada de atención: la diplomacia europea no puede seguir funcionando como un club cerrado de élites que se vigilan entre sí con indulgencia.

La Unión Europea se enfrenta a un dilema: ¿puede seguir proclamando valores de integridad y buen gobierno mientras sus propios dirigentes son investigados por corrupción? La respuesta no está en los comunicados oficiales ni en las promesas de colaboración con la justicia, sino en la capacidad real de reformar sus estructuras internas y garantizar que los fondos públicos se gestionen con la misma transparencia que se exige a los Estados miembros.

El caso Mogherini es más que un escándalo personal. Es un espejo roto que refleja las grietas de la diplomacia europea. Y como todo espejo roto, obliga a mirar de frente las imperfecciones que antes se prefería ignorar.

España

  • Gürtel (2004–2018): macrotrama de comisiones ilegales y financiación política, con condenas a empresarios y dirigentes.
  • Caso Nóos (2006–2018): condena a Iñaki Urdangarin por contratos públicos irregulares.
  • ERE Andalucía (2001–2019): desvío de fondos públicos, con condenas a expresidentes autonómicos.
  • Púnica (2014–2023): contratos amañados en reputación online y servicios públicos.
  • Caso Koldo (2020–2024): fraude en compras de mascarillas durante la pandemia.

La corrupción política en España no entiende de calendarios. Desde 2017, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha tenido que afrontar varios procesos judiciales que, a día de hoy, siguen abiertos o pendientes de juicio oral. El PSOE acumula una serie de casos, con 1.176 millones de euros implicados y numerosas piezas aún en fase de instrucción.

  • Caso ERE de Andalucía Aunque la sentencia contra los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán ya es firme, el macroproceso se fragmentó en decenas de piezas separadas. Varias de ellas siguen abiertas en los tribunales andaluces, pendientes de juicio oral. Se investigan ayudas sociolaborales concedidas de forma irregular durante años.
  • Caso Koldo / Ábalos (2019–2025) El exministro de Transportes José Luis Ábalos y su exasesor Koldo García están imputados por un entramado de comisiones ilegales en contratos públicos. En noviembre de 2025, el Tribunal Supremo ordenó su ingreso en prisión provisional ante el riesgo de fuga. La Audiencia Nacional ha reclamado al PSOE el desglose de pagos en metálico realizados entre 2017 y 2024, en el marco de una pieza separada que investiga descuadres detectados por la Guardia Civil.
José Luis Ábalos, en el primer gobierno de Pedro Sánchez. Imagen: Ministerio de la Presidencia.
  • Fondos de formación y FAFFE En Andalucía y otras comunidades, continúan abiertas investigaciones sobre el uso indebido de fondos destinados a la formación de desempleados. Algunas piezas han sido archivadas, pero otras siguen en instrucción y podrían derivar en juicio oral.
  • Tramas locales y autonómicas Diversos ayuntamientos y gobiernos autonómicos socialistas han sido objeto de investigaciones por adjudicaciones irregulares, urbanismo y contratación pública. Aunque muchos casos se han cerrado, otros permanecen abiertos y pendientes de resolución.

Impacto político

El PSOE insiste en su política de “tolerancia cero” con la corrupción, subrayando que colabora con la justicia y que el partido como tal no está imputado en las causas. Sin embargo, la sucesión de escándalos desde 2017 ha erosionado su imagen pública y ha dado munición a la oposición, que acusa al Gobierno de Pedro Sánchez de estar rodeado de casos judiciales.

Foto: Moncloa

Lo que viene

En los próximos meses, se esperan avances en las piezas separadas del Caso ERE, nuevas decisiones judiciales sobre el Caso Koldo/Ábalos, y posibles aperturas de juicio oral en causas locales. El desenlace marcará no solo el futuro judicial de los implicados, sino también la credibilidad política del PSOE en un contexto de creciente desconfianza ciudadana. Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE y hombre de confianza de Pedro Sánchez, fue enviado a prisión provisional en junio de 2025 por el Tribunal Supremo en el marco del caso Koldo. Pasó casi cinco meses en la cárcel de Soto del Real acusado de cohecho, tráfico de influencias y pertenencia a organización criminal, y salió en libertad en noviembre de 2025 tras un informe de la Guardia Civil que reforzó los indicios en su contra.

Dos procesos distintos, pero igualmente delicados, afectan a su esposa, Begoña Gómez, y a su hermano, David Sánchez Pérez-Castejón, ambos investigados por presuntas irregularidades que han abierto grietas en la credibilidad del Ejecutivo.

En 2024, la Fiscalía Europea y un juzgado de Madrid iniciaron diligencias contra Begoña Gómez por tráfico de influencias y corrupción en los negocios. La investigación se centra en sus vínculos con empresas que obtuvieron contratos y ayudas públicas mientras ella dirigía el máster de Transformación Social Competitiva en la Universidad Complutense. Entre las sociedades bajo escrutinio figuran Innova Next (Grupo Barrabés) y Globalia, beneficiarias de adjudicaciones en las que supuestamente pudo influir. Gómez ha declarado como investigada y niega cualquier irregularidad. El procedimiento sigue sub judice, en fase de instrucción, sin que se haya dictado apertura de juicio oral.

El hermano del presidente, músico de profesión, fue contratado como coordinador de actividades de los conservatorios de la Diputación de Badajoz. La acusación sostiene que el puesto fue creado “a medida” y sin cumplir requisitos legales, con la connivencia del presidente de la Diputación, Miguel Ángel Gallardo. En abril de 2025, la jueza Beatriz Biedma cerró la instrucción y procesó a 11 investigados, entre ellos David Sánchez, por prevaricación administrativa y tráfico de influencias. El juicio oral está fijado para febrero de 2026, salvo nuevos incidentes procesales.

La coincidencia de ambos procesos ha generado un fuerte impacto mediático y político:

  • La oposición acusa al PSOE de nepotismo y corrupción institucional.
  • El Gobierno insiste en que se trata de investigaciones en curso y recuerda que no hay condenas firmes.
  • Analistas señalan que el desgaste por estos casos se suma a otros escándalos recientes, como el caso Koldo, y puede erosionar aún más la imagen pública del Ejecutivo.

El caso Begoña Gómez y el caso David Sánchez colocan a la familia del presidente en el centro de dos procesos judiciales de gran repercusión. Aunque ambos están aún en fase de instrucción o pendientes de juicio oral, su evolución marcará el clima político en los próximos meses y podría convertirse en un símbolo de la crisis de credibilidad institucional que atraviesa el PSOE.

Conclusión: Desde 2017, el PSOE ha afrontado un mosaico de causas de corrupción que siguen vivas en los tribunales. Aunque Pedro Sánchez no está imputado, su partido carga con procesos que aún esperan juicio oral y que podrían condicionar la política española en los próximos años.

Polonia

  • Amber Gold (2012): esquema piramidal financiero, con condenas por fraude.
  • Sławomir Nowak (2013–2020): sobornos en proyectos de carreteras en Ucrania.
  • Contratos energéticos (2004–2022): renegociaciones por dependencia del gas ruso.
  • Pegasus (2017–2021): polémica por adquisiciones de software de vigilancia.

Naturalmente, en todas partes se tuestan habas; sin embargo, en este análisis hemos decidido incluir únicamente a los grandes países de la Unión Europea: Alemania, Francia, Italia, España y Polonia, que en conjunto suman unos 300 millones de habitantes de los 450 millones totales. Hemos querido acotar las referencias a la corrupción a estos cinco Estados para no extendernos sin límite. Es evidente que en los otros veintidós países, que reúnen alrededor de 150 millones de habitantes, se reproducen los mismos patrones de corrupción, pero su estudio habría requerido mayor tiempo y espacio. Por ello, hemos preferido limitarnos a los líderes demográficos, pues representan dos tercios de la población y del PIB de la Unión, además de responder a una necesidad de concisión en el análisis.

Patrones comunes y lecciones

  1. Obra pública e infraestructuras: sobrecostes y concesiones opacas son recurrentes; la transparencia contractual y auditorías independientes son clave.
  2. Energía: la dependencia de hidrocarburos rusos ha sido un vector de influencia; diversificación y trazabilidad de beneficiarios reales son esenciales. En España existe una grave trama relacionada con hidrocarburos procedentes de Rusia, Venezuela y otros países, pendiente de investigación.
  3. Telecomunicaciones: la penetración de proveedores chinos en redes críticas exige evaluaciones de ciberseguridad y límites regulatorios. Huawei destaca como factor clave.
  4. Defensa: adquisiciones estratégicas requieren comités de ética y control parlamentario para evitar puertas giratorias.
  5. Pandemia COVID-19: la urgencia abrió ventanas para fraudes en suministros sanitarios en toda Europa, evidenciando la necesidad de plantillas contractuales y controles previos de intermediarios. En España el “caso mascarillas” está en plena investigación.

Conclusión

Europa enfrenta un dilema: mantener altos estándares de transparencia mientras gestiona la presión de actores externos en sectores estratégicos. Los casos de corrupción entre 2004 y 2025 muestran que incluso países con buena puntuación en el IPC no están inmunes a fraudes corporativos, lobby opaco o dependencia tecnológica y energética. La lección es clara: la corrupción no es solo un problema interno, sino también un fenómeno transnacional que requiere cooperación europea, transparencia radical y vigilancia constante en sectores críticos.

La importancia de la permanencia en el poder europeo de la Gran Coalición PPE/S&D es clave en la inmensa mayoría de los casos de corrupción que salpican la UE con fondos europeos. Una gran renovación en los fines y en los métodos se hace necesaria para reconducir el gasto europeo y también la interminable corrupción que genera. Los vientos del cambio se aproximan. Y deberán ser potentes para solucionar el presente estado de cosas.

Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Antonio M.S.

 

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