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miércoles, julio 29, 2026

La inmigración en España no ha producido grandes desajustes en los mercados laborales locales, según un estudio

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La inmigración ha sido en las últimas décadas uno de los motores más profundos de transformación social y económica en España. Según datos de Naciones Unidas, la población mundial residente fuera de su país natal superó los 300 millones en 2024, y la europea ya se acerca al 13% del total del continente.

En España, el salto ha sido extraordinario: el número de extranjeros residentes ha pasado de apenas 800.000 en 1990 (alrededor del 2% de la población) a casi 9 millones en 2024, lo que representa el 18,5% del total nacional. Este cambio ha puesto en el centro del debate público y académico el efecto de la inmigración sobre el mercado laboral, especialmente en lo referente al empleo y salarios de los trabajadores nativos.

Un estudio firmado por Ismael Gálvez-Iniesta y publicado por Fedea hace una revisión en profundidad sobre las mejores metodologías y la evidencia más reciente en el caso español, a partir de una pregunta clave: ¿Cómo influye la inmigración en el empleo de los ciudadanos nacidos en España? La respuesta, lejos de ser unívoca, está determinada por numerosos factores económicos, institucionales y demográficos, y sigue arrojando resultados matizados según el periodo analizado y la metodología utilizada.

El análisis arranca recordando que la teoría económica tradicional describe la inmigración como un aumento de la oferta de trabajo, lo que podría provocar una presión a la baja en los salarios, especialmente si el capital (maquinaria, instalaciones…) no se ajusta en el corto plazo. En ese contexto, cabría esperar un efecto negativo sobre los ingresos de los trabajadores nativos y un beneficio inmediato para los empresarios y propietarios del capital.

Sin embargo, la realidad ha demostrado ser mucho más matizada. Los modelos más recientes y la literatura internacional insisten en introducir factores como la rigidez salarial (salarios difíciles de bajar), las diferencias en cualificaciones, la complementariedad entre trabajadores y la capacidad de atracción de innovación que traen nuevos inmigrantes. Por ejemplo, no es lo mismo el impacto de la llegada de trabajadores poco cualificados que la de ingenieros o investigadores, ni tampoco sus efectos sobre distintas regiones y sectores de la economía.

Metodológicamente, el informe distingue dos grandes enfoques: el estructural —que parte de modelos teóricos con simulaciones contrafactuales— y el empírico, que explota la variabilidad geográfica y sectorial de la inmigración para medir su impacto real sobre el empleo y los salarios.

Resultados: efectos moderados, positivos en algunos momentos y matices según el grupo afectado. La revisión demuestra que en España, de acuerdo a los enfoques estructurales, la inmigración tiende a ejercer cierta presión en los salarios y el empleo de los trabajadores menos cualificados, pero que el impacto agregado es en general moderado o incluso positivo.

Los modelos de equilibrio general aplicados a nuestro país evidencian que la inmigración ha favorecido el aumento del empleo total y del bienestar medio, especialmente cuando la llegada de inmigrantes coincide con flujos predominantemente jóvenes y con altas tasas de participación laboral.

Para el caso español, estudios clave como los de Amuedo-Dorantes y De La Rica (2013), que cita Gálvez-Iniesta, encuentran que, asumiendo que nativos e inmigrantes no son perfectamente intercambiables, el efecto negativo sobre los salarios de los trabajadores autóctonos se reduce significativamente. Además, la inmigración genera beneficios netos para la economía, aunque estos se distribuyen de manera desigual.

Durante la Gran Recesión, en el 2008, modelos dinámicos aplicados por Izquierdo et al. (2010) y Gálvez-Iniesta (2024) muestran que la inmigración reciente ayudó a amortiguar el impacto negativo de la crisis sobre el empleo, mitigando la subida del paro que se habría producido si no hubieran llegado nuevos trabajadores, y facilitando el ajuste del mercado laboral.

En cuanto a los enfoques empíricos, los resultados también indican efectos poco significativos, e incluso en ocasiones positivos, sobre el empleo y los salarios de los nativos. Un análisis espacial sugiere que la inmigración no ha producido grandes desajustes en los mercados laborales locales; de hecho, la especialización sectorial de los inmigrantes en ramas como la construcción, el comercio y los servicios domésticos ha permitido absorber el aumento de la mano de obra poco cualificada sin menoscabar las condiciones laborales de la mayoría de los nativos.

Curiosamente, la última evidencia recogida por el propio Gálvez-Iniesta y que cubre datos hasta 2024 a partir de la Encuesta de Población Activa, revela que el efecto de la inmigración sobre el empleo nativo depende fuertemente del contexto económico. En el periodo 2005-2013, justo antes y durante la crisis, el efecto fue positivo o neutro. Sin embargo, entre 2014-2024 —fase de recuperación y nueva expansión inmigratoria— los efectos se tornan ligeramente negativos, aunque su magnitud sigue siendo limitada y no uniforme entre todos los grupos laborales.

El futuro del debate: especialización, innovación y ajuste en el mercado de trabajo

El informe concluye que el impacto de la inmigración sobre el mercado de trabajo español es dinámico y responde a cambios coyunturales, al ciclo económico y a la composición de los flujos migratorios. Los efectos negativos suelen centrarse en los trabajadores nativos con cualificaciones y experiencia similares a los de los inmigrantes recientes, pero al mismo tiempo se generan dinámicas de complementariedad y especialización que pueden beneficiar al conjunto de la economía.

Los datos actualizados refuerzan la idea de que la inmigración, bien gestionada y acompañada por políticas educativas y laborales adecuadas, puede contribuir a la productividad, la innovación y la sostenibilidad de las cuentas públicas en un país como España, envejecido y necesitado de mano de obra y talento. Las diferencias halladas a lo largo de los distintos periodos analizados subrayan la importancia de examinar los datos con cautela y de sostener el debate sobre inmigración en evidencia empírica, lejos de posiciones alarmistas y sin fundamento, según refiere el autor.

El artículo completo, publicado por Fedea, se puede descargar aquí: “Inmigración y mercado de trabajo: revisión y evidencia para España“

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