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miércoles, julio 29, 2026

La metamorfosis de la disuasión: navegando las sombras de la guerra híbrida

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«La disuasión en la era híbrida exige una metamorfosis estratégica: de la fuerza bruta a la inteligencia cultural, la cohesión interinstitucional y la gestión astuta de las interdependencias, para no convertir la búsqueda de la paz en una invitación a la agresión».

El desafío de la disuasión en la era híbrida

La seguridad internacional se enfrenta a un desafío sin precedentes: las amenazas híbridas. Este fenómeno complejo y multifacético ha redefinido el panorama estratégico global, difuminando las líneas entre la paz y la guerra y desafiando las concepciones tradicionales de la disuasión. Estas amenazas, que operan en un espectro amplio y a menudo ambiguo, abarcan desde campañas de desinformación y ciberataques sofisticados hasta la manipulación económica y la instrumentalización de flujos migratorios. Su característica principal es la explotación de las vulnerabilidades inherentes de las sociedades modernas, impactando no solo en la esfera militar, sino también en los ámbitos político, social, económico y tecnológico. La interconectividad global, si bien es un motor de progreso, también ha abierto nuevas avenidas para que actores estatales y no estatales ejerzan influencia y coerción de maneras sutiles, negables y, a menudo, devastadoras, sin cruzar el umbral de un conflicto armado convencional.

En este contexto dinámico, la teoría de la disuasión, históricamente anclada en la capacidad militar y la amenaza de represalias, se muestra cada vez más insuficiente. Las amenazas híbridas operan deliberadamente por debajo del umbral de un conflicto armado tradicional, buscando efectos acumulativos que eviten una atribución clara y una respuesta contundente. Esta ambigüedad inherente dificulta enormemente la aplicación de los pilares clásicos de la disuasión: comunicación, capacidad y resolución. La pregunta central es: ¿cómo disuadir eficazmente a un adversario cuando su identidad es incierta, sus acciones son fácilmente negables y sus objetivos son difusos y multifacéticos, a menudo buscando desestabilizar en lugar de conquistar directamente? La falta de un adversario claramente identificable y de un casus belli tradicional complica la formulación de una respuesta proporcionada y efectiva, dejando a menudo a los estados en un dilema estratégico.

Es en este escenario de incertidumbre y evolución donde el informe «Turning strategy into praxis: Lessons in hybrid threat deterrence» (Hybrid CoE Paper 25, agosto de 2025), de Viktorija Rusinaitė, emerge como una contribución fundamental. Basado en un análisis riguroso y en las lecciones aprendidas de ejercicios de mesa de disuasión realizados por el Centro de Excelencia para Contrarrestar Amenazas Híbridas (Hybrid CoE) entre 2020 y 2023, este documento ofrece una perspectiva actualizada sobre cómo adaptar la disuasión a las complejidades del actual entorno de seguridad.

El informe no solo diagnostica las deficiencias de los enfoques existentes, sino que también propone un marco ajustado, articulado en tres lecciones fundamentales, para fortalecer la capacidad de los estados y las alianzas frente a estos desafíos persistentes. Este artículo explora en profundidad estas lecciones, proporcionando un análisis crítico y recomendaciones prácticas dirigidas a profesionales de la defensa, la inteligencia y la seguridad que buscan navegar con éxito en la intrincada red de las amenazas híbridas y desarrollar estrategias de disuasión más robustas y adaptativas. La comprensión de estos principios es vital para la formulación de políticas de seguridad que no solo reaccionen ante las amenazas, sino que las anticipen y las disuadan proactivamente.

Lección 1: la transformación de «una sola habitación» – el imperativo del enfoque de todo el gobierno

La primera lección del informe del Hybrid CoE resalta una verdad ineludible en la lucha contra las amenazas híbridas: la disuasión efectiva es un esfuerzo colectivo que trasciende las fronteras institucionales tradicionales. La metáfora de «una sola habitación» encapsula la necesidad crítica de que todos los actores relevantes –desde los ministerios de defensa, asuntos exteriores, economía y energía, hasta las agencias de inteligencia, las fuerzas y cuerpos de seguridad, las entidades de ciberseguridad, los operadores de infraestructuras críticas, el sector privado y la sociedad civil– colaboren de manera fluida, coordinada y sinérgica. Las amenazas híbridas, por su propia naturaleza, no respetan las divisiones burocráticas; de hecho, explotan precisamente las brechas, los silos de información y la falta de coordinación entre diferentes dominios y jurisdicciones.

Un ciberataque a la infraestructura energética, por ejemplo, puede tener implicaciones directas para la seguridad nacional, la estabilidad económica, la salud pública y la confianza ciudadana, requiriendo una respuesta que integre capacidades técnicas, legales, diplomáticas, de comunicación estratégica y de gestión de crisis. La complejidad de estos ataques exige una respuesta igualmente compleja y multifacética, que solo puede lograrse a través de una colaboración interinstitucional profunda y sostenida.

La fragmentación de la respuesta es, quizás, la mayor vulnerabilidad que un adversario híbrido puede explotar. Si los profesionales de diferentes ministerios y agencias no se reúnen regularmente, no comparten información de inteligencia de manera oportuna y contextualizada, no comprenden las capacidades y limitaciones de los demás, y no desarrollan estrategias conjuntas y coherentes, cualquier esfuerzo de disuasión estará gravemente comprometido y, en última instancia, condenado al fracaso. El informe enfatiza que la efectividad de las estrategias de disuasión depende intrínsecamente de «quién está en la habitación», es decir, de la inclusión de una diversidad de perspectivas, conocimientos especializados y capacidades operativas. Esto implica no solo la presencia física de representantes de diversas entidades, sino una verdadera integración de pensamiento, planificación y acción, donde las prioridades y los recursos se alineen hacia un objetivo común. La disuasión en la era híbrida ya no es solo una cuestión militar; es una cuestión de resiliencia nacional y societal que exige una movilización integral de recursos, conocimientos y voluntades políticas, reconociendo que cada componente de la sociedad tiene un papel que desempeñar en la defensa contra estas amenazas insidiosas.

Un enfoque de todo el gobierno (“Whole-of-Government approach”) implica ir mucho más allá de la mera cooperación interdepartamental superficial o ad-hoc. Requiere la creación de mecanismos robustos y permanentes de coordinación, plataformas seguras y eficientes de intercambio de información en tiempo real, y una cultura organizacional que fomente activamente la colaboración horizontal y la eliminación de barreras burocráticas y de información. Esto puede manifestarse en la formación de células de crisis interinstitucionales con autoridad para tomar decisiones rápidas y vinculantes, el desarrollo de planes de contingencia conjuntos que abarquen múltiples escenarios y dominios, o la realización de ejercicios de simulación complejos que involucren a todos los actores relevantes, desde el nivel estratégico hasta el táctico.

La ausencia de esta integración no solo debilita la capacidad de respuesta de un estado, sino que también envía una señal de debilidad, desunión y falta de cohesión al adversario, invitándolo a continuar con sus acciones desestabilizadoras y a explotar las fisuras detectadas. La disuasión en la era híbrida es, en esencia, una prueba de la capacidad de un estado para actuar como una entidad unificada, coherente y ágil frente a un espectro de amenazas cada vez más complejo, entrelazado y dinámico. La inversión en esta integración no es un gasto, sino una inversión crítica en la seguridad y la estabilidad a largo plazo de la nación, garantizando que la suma de las partes sea mayor que sus componentes individuales en la defensa contra la agresión híbrida.

Lección 2: los peligros del enredo – navegando las dependencias mutuas con discernimiento estratégico

La segunda lección fundamental que emana del informe del Hybrid CoE introduce el concepto de enredo (“entanglement”). Esta noción se presenta como una estrategia alternativa o complementaria a la disuasión tradicional, basada en la premisa de que la creación de dependencias mutuas entre actores –ya sean económicas, políticas, tecnológicas o culturales– puede disuadir a cualquiera de las partes de emprender acciones hostiles. La lógica subyacente es que la interconexión de intereses eleva los costos de un conflicto para todos los involucrados, fomentando así la paz y la estabilidad al hacer que la agresión sea una opción menos atractiva y más perjudicial para el propio agresor. En un mundo globalizado, donde las cadenas de suministro son intrincadas y las economías están profundamente interconectadas, la idea de que la interdependencia puede ser un baluarte contra la guerra ha ganado tracción, especialmente en círculos académicos y políticos que abogan por la integración económica como vía para la seguridad colectiva.

Sin embargo, el informe del Hybrid CoE no se limita a celebrar las virtudes del enredo, sino que advierte con perspicacia sobre los «peligros del enredo«, sugiriendo que su aplicación debe ser profundamente matizada y adaptada al tipo específico de adversario al que se busca disuadir. Esta distinción es crucial para evitar errores estratégicos que podrían tener consecuencias catastróficas, transformando una herramienta potencialmente útil en una vulnerabilidad explotable. La efectividad del enredo como herramienta de disuasión depende, por tanto, de una evaluación rigurosa y continua de la naturaleza, las intenciones y el comportamiento del actor opuesto, así como de su percepción de los costos y beneficios asociados a la interdependencia.

Con adversarios normativos o estados más pequeños, aquellos que operan dentro de un marco de reglas internacionales reconocidas, que tienen intereses claros en la estabilidad del sistema global y que valoran su reputación y su integración en la comunidad internacional, el enredo puede ser, de hecho, una estrategia prometedora y eficaz. En estos casos, la interdependencia económica, por ejemplo, puede actuar como un poderoso disuasivo.

La amenaza de perder los beneficios derivados de la cooperación comercial, la inversión extranjera o el acceso a mercados y tecnologías, o de sufrir daños económicos significativos como resultado de sanciones o interrupciones en las cadenas de suministro, puede ser un factor determinante en la toma de decisiones. La lógica es que un actor racional, que prioriza la estabilidad económica, el crecimiento y el bienestar de su población, evitará acciones que pongan en peligro sus propios intereses a largo plazo y su posición en el orden internacional. La diplomacia económica y la integración en organizaciones multilaterales pueden, bajo esta perspectiva, ser herramientas de disuasión tan potentes como las capacidades militares, al crear una red de intereses compartidos que hace que la agresión sea mutuamente destructiva.

No obstante, el informe subraya con vehemencia que el enredo puede ser profundamente contraproducente cuando se aplica a adversarios grandes y agresivos que no se adhieren a las normas internacionales, que tienen una visión revisionista del orden mundial o que priorizan objetivos geopolíticos o ideológicos por encima de la estabilidad económica o el respeto a las reglas. Para estos actores, las dependencias mutuas no son necesariamente percibidas como un freno a la agresión, sino, paradójicamente, como una vulnerabilidad a explotar. Un adversario con una mentalidad de confrontación puede ver la interdependencia como una palanca para ejercer presión, chantajear o incluso desestabilizar a sus oponentes, utilizando la dependencia de otros como un arma estratégica.

La historia reciente ofrece ejemplos contundentes de cómo la dependencia energética de Europa de Rusia se convirtió en una herramienta de coerción geopolítica, demostrando que una interdependencia económica, lejos de disuadir, puede transformarse en una peligrosa arma en manos de un actor agresivo y sin escrúpulos. En tales escenarios, el enredo no solo falla en su propósito disuasorio, sino que puede empoderar al agresor, otorgándole una influencia indebida sobre las políticas y decisiones de los estados dependientes, comprometiendo su soberanía y su capacidad de respuesta.

Por lo tanto, la aplicación de estrategias de enredo requiere un análisis de inteligencia excepcionalmente profundo y continuo del adversario. Es fundamental comprender sus valores fundamentales, sus intereses estratégicos, su umbral de riesgo, su voluntad de adherirse a las normas internacionales y su capacidad para absorber costos. Este discernimiento estratégico es esencial para evitar lo que el informe describe como «invitar a un zorro al gallinero», es decir, transformar una supuesta fortaleza –la interdependencia– en una debilidad estratégica que el adversario puede explotar. La clave reside en comprender que la interdependencia no es inherentemente benigna o disuasoria por sí misma; su valor disuasorio es contingente a la naturaleza y las intenciones de los actores involucrados.

La política de seguridad debe, por tanto, ser capaz de diferenciar entre aquellos con quienes la interdependencia puede construir puentes de paz y aquellos con quienes solo crea cadenas de vulnerabilidad. La diversificación de las dependencias, la reducción de la vulnerabilidad estratégica y el desarrollo de capacidades de resiliencia autónomas son, en este sentido, componentes esenciales de una estrategia de disuasión robusta en la era híbrida, permitiendo a los estados maximizar los beneficios de la interconexión mientras minimizan sus riesgos inherentes.

Lección 3: el problema de evitar la escalada – conciencia de sesgos y cultura en la disuasión

La tercera lección del informe del Hybrid CoE aborda una de las complejidades más sutiles y, a menudo, subestimadas en la disuasión de amenazas híbridas: el problema de evitar la escalada y la influencia de los sesgos culturales. Esta lección propone un enfoque equilibrado en el uso de la imposición de costos (hacer que las acciones hostiles sean más caras para el adversario) y la negación de beneficios (impedir que el adversario logre sus objetivos), elementos fundamentales de la disuasión. Sin embargo, enfatiza que la efectividad de estas tácticas está intrínsecamente ligada a una profunda conciencia cultural del adversario y a la capacidad de reconocer y mitigar los propios sesgos en la toma de decisiones.

El informe destaca que una comprensión cultural insuficiente del adversario puede llevar a una percepción distorsionada de la situación y a la adopción de enfoques perjudiciales. Un ejemplo claro de esto es la tendencia a evitar la escalada a toda costa. Si bien la prudencia es una virtud en la gestión de conflictos, una obsesión por evitar la escalada puede ser contraproducente en el contexto de las amenazas híbridas. Los adversarios híbridos a menudo operan en una zona gris, buscando provocar sin cruzar umbrales que justifiquen una respuesta contundente. Si la parte disuasoria se muestra excesivamente reacia a escalar, incluso en respuesta a provocaciones significativas, puede ser percibida como débil o indecisa, lo que envalentonaría al adversario a intensificar sus acciones. La evitación de la escalada, en este escenario, se convierte en un factor que facilita, en lugar de disuadir, la agresión.

Además, los sesgos culturales pueden nublar el juicio y llevar a interpretaciones erróneas de las intenciones y capacidades del adversario. Por ejemplo, la suposición de que todos los actores comparten un marco normativo común o una lógica racional similar puede ser un error fatal. Un adversario con una cosmovisión diferente, que valora la confrontación o la humillación del oponente más que la estabilidad o el beneficio económico, no responderá a los mismos incentivos o desincentivos. El informe ilustra cómo la falta de una comprensión cultural adecuada puede llevar a una «conciencia situacional distorsionada» y a la implementación de «enfoques perjudiciales».

Esto incluye la sobreestimación de la eficacia de ciertas medidas o la subestimación de la determinación del adversario. Para una disuasión efectiva, es imperativo ir más allá de las propias lentes culturales y esforzarse por comprender la lógica interna, los valores, las motivaciones y las vulnerabilidades del adversario. Esto implica invertir en inteligencia cultural, análisis de comportamiento y una constante autoevaluación para identificar y corregir los propios sesgos. Solo así se puede diseñar una estrategia de disuasión que sea verdaderamente relevante y efectiva para el actor específico al que se enfrenta, logrando un equilibrio delicado entre la firmeza y la flexibilidad, y evitando que la búsqueda de la paz se convierta en una invitación a la agresión.

La disuasión, en su esencia, es un ejercicio de comunicación estratégica que busca influir en el cálculo de costo-beneficio de un adversario. Sin embargo, este cálculo no es universal; está profundamente arraigado en la cultura, la historia, la ideología y la percepción del riesgo de cada actor. Un actor que valora la reputación de fuerza y la resistencia ante la presión externa más que la prosperidad económica, por ejemplo, no será disuadido por las mismas amenazas económicas que podrían funcionar con otro. La historia está plagada de ejemplos donde la falta de comprensión cultural ha llevado a errores de cálculo estratégicos, desde la Guerra de Vietnam hasta conflictos más recientes en Oriente Medio.

La imposición de costos, ya sean económicos, militares o diplomáticos, debe ser calibrada no solo en función de la capacidad del disuasor, sino también de la sensibilidad y el umbral de dolor del disuadido. De manera similar, la negación de beneficios debe apuntar a aquello que el adversario realmente valora y busca obtener a través de sus acciones híbridas.

La conciencia de los propios sesgos es igualmente crítica. Los decisores políticos y los analistas de inteligencia a menudo caen en la trampa del «espejo», asumiendo que los adversarios piensan y actúan de manera similar a ellos. Esta tendencia a proyectar la propia racionalidad puede llevar a subestimar la voluntad de un adversario de asumir riesgos o a malinterpretar sus señales. La «evitación de la escalada» es un sesgo particularmente peligroso en el contexto híbrido, ya que puede llevar a una parálisis decisional o a respuestas insuficientes que, lejos de disuadir, invitan a una mayor agresión.

El informe del Hybrid CoE sugiere que la solución radica en un proceso continuo de aprendizaje y adaptación, donde la inteligencia cultural se integre plenamente en la formulación de la estrategia de disuasión. Esto implica no solo recopilar datos sobre el adversario, sino también desarrollar una capacidad analítica para interpretar esos datos a través de su propia lente cultural, y no solo la nuestra. Solo así se puede construir una disuasión que sea robusta, creíble y, lo más importante, efectiva en el complejo tablero de ajedrez de las amenazas híbridas.

Reflexiones finales: hacia una disuasión adaptativa y resiliente

Las amenazas híbridas representan un desafío persistente, insidioso y evolutivo para la seguridad global, exigiendo una reevaluación profunda y una recalibración constante de las estrategias de disuasión. El informe del Hybrid CoE, a través de sus tres lecciones fundamentales, ofrece una hoja de ruta invaluable y pragmática para adaptar la teoría y la práctica de la disuasión a esta nueva y compleja realidad. La síntesis de estas lecciones apunta inequívocamente hacia un modelo de disuasión que es, ante todo, adaptativo, multidominio, acumulativo y específicamente diseñado para el actor.

En primer lugar, la necesidad imperante de un enfoque de todo el gobierno (Lección 1) subraya con claridad que la seguridad nacional ya no puede ser responsabilidad exclusiva y aislada de las instituciones militares o de inteligencia. Por el contrario, exige una orquestación compleja y una integración sin fisuras de capacidades civiles y militares, públicas y privadas, para construir una resiliencia integral que sea capaz de resistir, absorber y contrarrestar eficazmente los ataques híbridos. La agilidad en la toma de decisiones y la implementación de respuestas, la solidaridad inquebrantable entre aliados y socios, y la capacidad de atribución clara, rápida y oportuna son elementos cruciales que emergen de esta necesidad de cohesión y coordinación.

Sin una atribución efectiva, la disuasión se convierte en un ejercicio en la oscuridad, ya que resulta imposible aplicar costos o negar beneficios a un adversario anónimo o negable. La solidaridad, por su parte, no solo amplifica la capacidad de respuesta colectiva, sino que también envía un mensaje inequívoco de unidad y determinación al adversario, elevando el umbral de riesgo percibido. La agilidad, finalmente, permite una adaptación rápida y flexible a las tácticas cambiantes y a menudo impredecibles del adversario, evitando que las estrategias de disuasión se vuelvan obsoletas antes de ser implementadas.

En segundo lugar, la cautela y el discernimiento en el uso del enredo (Lección 2) nos recuerdan una verdad fundamental en la estrategia: no todas las herramientas o estrategias son universalmente aplicables o beneficiosas. La interdependencia, si bien puede ser un factor estabilizador y un constructor de paz con actores que comparten un interés genuino en el orden internacional basado en reglas y en la estabilidad mutua, se convierte en una peligrosa vulnerabilidad cuando se trata con adversarios revisionistas, agresivos o aquellos que operan bajo una lógica de suma cero. La disuasión efectiva, por lo tanto, exige un análisis de inteligencia excepcionalmente matizado y continuo de las motivaciones profundas, los valores fundamentales y las lógicas operativas del adversario. Este discernimiento estratégico permite a los estados y alianzas calibrar sus respuestas, diversificar sus dependencias y evitar caer en trampas estratégicas que podrían ser explotadas en su contra, comprometiendo su autonomía y su seguridad a largo plazo. La clave no es evitar la interconexión, sino gestionarla de forma inteligente, minimizando las vulnerabilidades y maximizando las oportunidades de disuasión.

Finalmente, la advertencia perspicaz sobre los sesgos culturales y la evitación de la escalada (Lección 3) es un llamado urgente a la introspección crítica y a la sofisticación analítica en la formulación de la política de seguridad. La tendencia humana a proyectar las propias normas, valores y racionalidades sobre el adversario, o a priorizar la desescalada a expensas de una respuesta firme y proporcionada, puede socavar gravemente la credibilidad y la efectividad de la disuasión. Una comprensión profunda y empática de la cultura estratégica del adversario, junto con una autoconciencia crítica de los propios sesgos cognitivos y culturales, es esencial para diseñar estrategias que sean percibidas como creíbles, coherentes y, en última instancia, efectivas por aquellos a quienes se busca disuadir. Esto implica un equilibrio delicado entre la imposición de costos y la negación de beneficios, ajustado meticulosamente a la psicología, los cálculos de riesgo y los umbrales de dolor del actor específico. La disuasión no es un acto unidireccional; es un diálogo estratégico complejo que requiere comprender al otro en sus propios términos.

Concluyendo, la disuasión de amenazas híbridas no es una tarea sencilla ni estática; es un proceso dinámico y continuo que exige una evolución constante de las estrategias, una inversión sostenida en capacidades multidominio y una cooperación sin precedentes entre una amplia gama de actores, tanto dentro como fuera del ámbito gubernamental. El objetivo primordial no es solo prevenir ataques, sino también restringir el espacio de acción del adversario, aumentar significativamente los costos asociados a sus operaciones y minimizar el impacto devastador de sus campañas. La seguridad en el siglo XXI dependerá, en última instancia, de nuestra capacidad colectiva para integrar estas lecciones de manera efectiva, transformando la estrategia en una praxis resiliente y proactiva frente a un entorno de amenazas en constante cambio y cada vez más impredecible.

Llamada a la acción

Ante la complejidad y la naturaleza multifacética de las amenazas híbridas, la pregunta fundamental que debe guiar a los profesionales de la defensa, la inteligencia y la seguridad es: ¿Estamos realmente preparados, como naciones y como alianzas, para enfrentar estos desafíos de manera integral, adaptativa y con la visión estratégica necesaria? La implementación de un enfoque de todo el gobierno, la evaluación crítica y matizada de las estrategias de enredo, y la superación consciente de los sesgos culturales no son meras recomendaciones teóricas o aspiraciones idealistas, sino imperativos operacionales y estratégicos para la supervivencia y la prosperidad en el siglo XXI. Es hora de trascender las estructuras tradicionales, romper los silos burocráticos y fomentar una cultura de colaboración, agilidad, pensamiento crítico y aprendizaje continuo. La seguridad de nuestras naciones y sociedades, la estabilidad de nuestras instituciones democráticas y la protección de nuestros valores fundamentales dependen, más que nunca, de nuestra capacidad para adaptarnos, innovar y actuar de manera unificada frente a la agresión híbrida.

Referencias

Rusinaitė, V. (2025). Turning strategy into praxis: Lessons in hybrid threat deterrence (Hybrid CoE Paper 25). European Centre of Excellence for Countering Hybrid Threats. Disponible en: https://www.hybridcoe.fi/publications/Hybrid-CoE-Paper-25-Turning-strategy-into-praxis-web.pdf

 

 

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1 COMENTARIO

  1. Excelente, como siempre. A bote pronto se me ocurre que los estados gamberros y tradicional o potencialmente agresores tienen ventaja sobre los que prefieren el apaciguamiento. Este último se ha mostrado siempre como nefasto. Si un estado de ley y orden y de cumplimiento del derecho internacional quiere estar a salvo de estas injerencias, no solo debe coordinar todos los recursos; debe fomentar el concepto de excelencia en la formación de su masa poblacional por un lado, debe liberarse de prejuicios buenistas por otro, también debe identificar correctamente las posibles amenazas y posibles alianzas y debe abstenerse de practicar la demagogia en política exterior. La identificación correcta de posibles atacantes más la práctica de alianzas con los socios adecuados y la puesta al día de conocimiento y medios se me antoja crucial. Me pregunto si nuestro liderazgo nacional está capacitado para un análisis correcto y desapasionado de la situación.

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