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martes, julio 28, 2026

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Irán, la mayor ineptitud occidental

Lo que está ocurriendo en Irán no es solo otro episodio de protestas, sino el preludio de una reconfiguración geopolítica que podría alterar el equilibrio de poder en Eurasia y el mundo entero.

Esta interpretación, este análisis, en este mismo momento que estoy escribiendo, cada palabra me perturba y produce estremecimiento, tanto por la velocidad como por la importancia, de lo que está sucediendo en las protestas callejeras iraníes y por las consecuencias que pueden acarrear las acciones de occidente al mundo entero.

Este tipo de cambios en el orden global, especialmente en un país tan estratégico como Irán, no suelen ser inmediatos ni evidentes. Según el politólogo Joseph Nye, conocido por desarrollar el concepto de «poder suave» en su libro Bound to Lead (1990), la influencia de una nación no se ejerce solo por medio de la fuerza militar, sino también mediante sus valores, cultura y alianzas estratégicas. Irán es precisamente un ejemplo de esta dinámica: su resistencia a la hegemonía de las potencias occidentales y su búsqueda de autonomía, no solo han generado tensiones internas, sino que, están reconfigurando la arquitectura geopolítica global.

Irán: El Corazón de Eurasia, pieza esencial del tablero

Irán ha sido históricamente una pieza fundamental en el ajedrez geopolítico de Eurasia. La posición geográfica de Irán lo convierte en un actor clave en el cruce de rutas comerciales, de energía y de poder político entre el este y el oeste. Es conveniente mencionar a Halford Mackinder, un geógrafo británico que escribió en 1904 sobre la importancia estratégica del «Heartland», afirmaba que quien controle el corazón de Eurasia tendrá la capacidad de dominar el mundo.

Imagen: Library of the London School of Economics and Political Science

En su famoso artículo The Geographical Pivot of History (1904), Mackinder sostenía que «quien controle el Heartland, dominará las islas del mundo, y quien controle las islas del mundo, dominará el destino del mundo». Irán, situado estratégicamente en este corazón de Eurasia, no solo es un jugador regional, sino que es fundamental para controlar las rutas energéticas y comerciales hacia Europa, Asia Central y el Golfo Pérsico.

Irán es el señor del estrecho de Ormuz – Occidente requiere esa llave y la exigirá con sangre y petróleo

El control de Irán sobre el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 21% del petróleo mundial, subraya aún más la importancia estratégica de este país. The International Energy Agency (IEA) (2024) en su informe sobre la energía mundial, destacó que Irán no solo controla una de las principales rutas de tránsito de petróleo, sino que posee alrededor del 10% de las reservas de petróleo probadas del planeta. Cualquier cambio en la estabilidad de Irán tendría repercusiones en los mercados energéticos globales.

El Estrecho de Ormuz: Un pilar vital para la seguridad energética global

El Estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán, es uno de los puntos más estratégicos en el comercio energético mundial. Alrededor del 21% del petróleo mundial transita a través de este estrecho, lo que lo convierte en una de las rutas de transporte de energía más cruciales del planeta. Según la IEA (2024), alrededor de 17 millones de barriles de petróleo fluyen diariamente a través de Ormuz, lo que equivale a una sexta parte del suministro global de crudo.

Imagen: Wikideas1

El control de esta arteria vital le da a Irán, un poder significativo sobre los mercados energéticos internacionales. Cualquier intento de bloquear o interrumpir el paso por el estrecho, ya sea a través de sanciones, conflictos o provocaciones, podría provocar un aumento dramático de los precios del petróleo, afectando de manera directa a economías clave como las de China, India, y las naciones europeas.

La importancia estratégica del estrecho no solo recae en el volumen de petróleo que transporta, sino también en su ubicación geopolítica. Dada la proximidad de Irán al estrecho, cualquier inestabilidad en el país podría desencadenar una crisis global del suministro energético. En este contexto, el Estrecho de Ormuz se convierte no solo en un punto de acceso crucial para las potencias petroleras, sino también en un instrumento de poder político en manos de Irán. Como señala The Financial Times (2024), «Irán es consciente de que su control sobre el estrecho es una de las palancas más potentes de su política exterior, y no dudará en usarla para presionar a actores internacionales que desafíen su soberanía y sus intereses estratégicos».

El contexto histórico de Irán

La historia reciente de Irán está marcada por intervenciones extranjeras y revoluciones que han dado forma a la política interna y a sus relaciones internacionales. En 1953, un golpe de Estado orquestado por la CIA y el MI6 derrocó al primer ministro democráticamente elegido, Mohammad Mossadegh, – Operación AJAX[1]– tras su decisión de nacionalizar la industria petrolera iraní. Este golpe fue descrito por Stephen Kinzer en su libro All the Shah’s Men (2003), como uno de los eventos más significativos en la historia reciente de Irán, y marcó el comienzo de una era de dominio occidental en la región.

El golpe de Estado, en el que participaron tanto Estados Unidos como Reino Unido, tuvo un impacto devastador en la política interna de Irán y cimentó la posición de la monarquía del Shah Mohammad Reza Pahlavi, respaldada por las potencias occidentales. Como señaló The Guardian (2019), «El golpe de 1953 contra Mossadegh, orquestado por la CIA, ha dejado cicatrices profundas en la memoria colectiva de Irán, que aún hoy influye en la percepción del pueblo iraní hacia las potencias extranjeras.» Esta intervención extranjera desencadenó una serie de eventos que culminaron en la Revolución Islámica de 1979, que no solo derrocó al Shah, sino que transformó Irán en una República Islámica.

No fue sólo un cambio de régimen orquestado por occidente, fue el primer gran golpe al orden unipolar estadounidense en pleno corazón del Hartland de Mackinder, en esa región que el geógrafo británico identificó como crucial para el control del mundo insular y ahora en enero de 2026, vemos como las fuerzas históricas convergen una vez más en un momento de máxima atención global, pero esta vez el contexto es radicalmente diferente, esta vez Irán no está solo frente al mundo occidental, esta vez forma parte de una alianza estratégica con las dos superpotencias emergentes del siglo XXI y que han construido sistemas alternativos de comercio, finanzas y seguridad.

Este giro radical hacia el islamismo fue visto por muchos como un desafío directo al orden unipolar liderado por Estados Unidos y a la hegemonía occidental en el Medio Oriente. Para Henry Kissinger, en World Order (2014), la Revolución Islámica representó el primer gran desafío a la supremacía estadounidense en el “Heartland”, la región estratégica de Eurasia que Mackinder había identificado como crucial para el control global.

Las protestas de 2025

El resurgir de las protestas en Irán en 2025, en un contexto de crisis económica y represión política, revela el malestar social que se acumula desde hace años. Las protestas comenzaron como una reacción al aumento del costo de vida en una grave crisis económica que atraviesa Irán, pero con el transcurso de los días derivaron en un movimiento abiertamente dirigido contra el régimen con una insinuante coordinación militar, información, inteligencia, comunicación y organización, todo este escenario un tanto sugestivo para ser espontáneo sin más, incluso se ha visto a supuestos “mercenarios” con telefonía de comunicación, pese al corte de las mismas, interviniendo para avivar las protestas y llevarlas a niveles de caos para tomar control a lo que Trump subrayó públicamente: “…la ayuda está en camino…”.

Estas manifestaciones, que comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, se extendieron rápidamente a más de 100 ciudades, y son comparables en magnitud a las protestas de 2019, cuando la población también mostró su descontento por la gestión económica y las libertades limitadas.

Un caldo de cultivo perfecto que combina una economía que se desploma, el desempleo elevado y la presión de las sanciones internacionales ha creado el descontento social a los que se debe agregar el condimento extra de occidente- Ya lo vimos y mencionamos anteriormente en 1953 referenciando la operación AJAX.

Lo que estamos percibiendo es la convergencia de múltiples crisis geopolíticas, económicas, militares diplomáticas y de la información, que están desequilibrando uno de los pilares fundamentales del orden multipolar, que tanto China como Rusia, han estado erigiendo estoicamente centímetro a centímetro, paso a paso, durante la última década y media.

Pensemos en esto por un momento:  Irán no es solo otro país más en el tablero geopolítico mundial, es sin duda ninguna, el corazón pulsante que bombea la resistencia anti hegemónica de occidente, el eslabón concluyente que conecta, el poder terrestre euroasiático con las rutas energéticas del Golfo Pérsico, el custodio de Ormuz por donde transita la mitad del petróleo mundial y que mueve las economías de China, India, Japón y Corea del Sur. Es el país que junto con Rusia y China ha estado edificando próvidamente las raíces de un orden mundial alternativo al dominio atlántico.

Ningún medio occidental te lo va a contar

Ningún medio de occidente te lo dice, pero aquí viene lo que nadie está discutiendo, estas protestas comenzaron exactamente tres semanas antes de la expansión de los BRICS – ¿otra coincidencia en geopolítica? – las coincidencias no existen solo hay patrones y el patrón que emerge es trasparente como el agua para quiénes sepan leer las señales- se trata de petróleo y de la ruta de interconexión-

El hecho de que estas protestas coincidan temporalmente con la expansión de BRICS, que incluye a Irán como uno de sus miembros más recientes, no parece una concurrencia, creemos que no. De acuerdo con The Financial Times (2025), «El colapso del régimen iraní podría alterar significativamente el equilibrio de poder en la región, justo cuando el bloque BRICS está ganando terreno en su desafío al orden mundial dominado por Occidente.»

Las casualidades no existen- no en la geopolítica-  el jueves por la noche, cuando las protestas alcanzaron su pico más álgido, el gobierno iraní cortó íntegramente Internet y las comunicaciones telefónicas, esto no es una medida defensiva ordinaria, es la misma táctica que utilizó Ucrania en las primeras horas del 24 de febrero de 2022[2] cuando sabía que se avecinaba un evento de mayor dimensión,  y entonces llegó la declaración de Trump: “…si Irán mata violentamente a manifestantes pacíficos -lo cual es su costumbre- Estados Unidos irá al rescate, estamos listos y preparados…” estas palabras no fueron espontáneas fueron calculadas y pronunciadas en el momento exacto en que Irán se encuentra más endeble.

Juego del TEG[3]

Parece un juego -que no lo es en absoluto- entre las grandes potencias. Estamos asistiendo un enfrentamiento entre tres pensamientos fundamentalmente diferentes de cómo debe organizarse el poder mundial: Estados Unidos, la hegemonía en crisis terminal, lo que está ocurriendo en Irán representa una oportunidad única,   y para Trump,  con un EEUU en declive acelerado y con una economía financiarizada que no le permite competir con la industria China  que produce más acero en un mes que Estados Unidos en un año, con un predominio militar que ha sido cuestionada en sus últimas actuaciones y el establishment neoconservador que incluye figuras como Victoria Nuland, Jake Sullivan – que tampoco nadie habla y todos lo saben- y toda la camarilla que gira como un carrusel alrededor del complejo militar industrial, poniendo fichas y jugadores en las protestas iraníes, para ampliar la posibilidad de asestar un golpe decisivo a lo que ellos llaman, el eje del mal, antes de que los BRICS[4], se consolide como una alternativa real y funcional al orden occidental, basado en el dólar.

La lógica es cruelmente simple, si logran desestabilizar Irán ahora, en este momento de máxima vulnerabilidad económica, pueden romper definitivamente el triángulo estratégico Beijing- Moscú-Teherán, antes de que alcance su madurez geopolítica y se vuelva indestructible.

China ha invertido cientos de miles de millones de dólares en infraestructura iraní como parte de su gran estrategia de conectividad euroasiática estamos hablando de puertos, que compiten directamente con el puerto pakistaní Gwadar, de oleoductos, que conectarían los campos iraníes con las refinerías chinas, de líneas ferroviarias de alta velocidad, que formarían parte del corredor económico que conectaría el Mar de China Meridional con el Mediterráneo a través de Asia Central.

Irán es- literalmente- la pieza insubstituible y central del rompecabezas de la nueva ruta de la seda y eso permitiría a China acceder a Europa sin depender de las rutas marítimas controladas por la marina estadounidense. China lo sabe, Rusia lo sabe y de esto se habló en su última reunión en diciembre[5] que una intervención estadounidense directa en Irán, especialmente bajo los gritos de Trump- dispuesto a hacer que América sea grande otra vez- pero no por su diplomacia, sino mediante sus aventuras militares, las cuáles podrían desencadenar una escalada militar mundialmente peligrosa para todos, sin importar credo, nacionalidad, religión alguna, etc.

La Alianza con Rusia y China

Irán ha estado forjando vínculos estratégicos más profundos con Rusia y China, países con los cuales comparte un interés en contrarrestar la hegemonía estadounidense. En 2020, China y Irán firmaron un acuerdo de cooperación de 25 años, por un valor de $400,000 millones. El acuerdo incluye inversiones en infraestructura, energía, minería, y tecnología. Como subraya un informe de The New York Times (2020), «El acuerdo entre Irán y China no solo es una señal de colaboración económica, sino también un acto de resistencia frente a las sanciones y la presión diplomática de Occidente.»

Por otro lado, Rusia ha mantenido una relación estrecha con Irán, especialmente en el contexto de la lucha por el control de las rutas energéticas en Eurasia. The Washington Post (2024) resalta que la cooperación entre Irán y Rusia va más allá de lo económico; también se extiende al ámbito militar y político. “Rusia ve en Irán un aliado estratégico en su lucha contra la hegemonía de Occidente, mientras que Irán considera a Rusia un contrapeso vital frente a la presión internacional.»

La Guerra Híbrida: Energía y tecnología

El papel de Irán en la guerra híbrida del siglo XXI no puede subestimarse. Además de su influencia geopolítica, Irán es un actor clave en la guerra energética. La incertidumbre sobre el futuro de sus reservas de petróleo y gas podría desencadenar un aumento vertiginoso en los precios de los combustibles, lo que afectaría a economías globales como las de China, India, y la Unión Europea.

En cuanto a la guerra de información, las redes sociales están siendo utilizadas como campo de batalla, por cada video de protestas que circula en X y telegram, hay una contra narrativa promovida por bots y cuentas coordinadas. La guerra de información en el caso iraní es tan intensa como la que vimos durante las primeras semanas de la operación militar especial rusa en Ucrania. La guerra de conectividad es la menos perceptible pero posiblemente la más importante.

Irán es crucial para los proyectos de conectividad euroasiática, si Irán cae, China pierde su ruta más directa hacia Europa, Rusia pierde un aliado energético clave y Estados Unidos recupera el control sobre las rutas comerciales más importantes de Eurasia.

Estamos en un momento al que denominamos “bisagra” dónde los próximos historiadores se encargarán de mencionarla y estudiarla como que “fue el punto de inflexión que determinó si el siglo XXI sería unipolar bajo dominio estadounidense renovado o multipolar con varios centros de poder equilibrándose mutuamente”, esto estudiarán nuestros nietos.

Lo que está en juego en las calles de Teherán no es solo el futuro de la República Islámica si no la viabilidad misma del proyecto multipolar en su conjunto, China, Rusia e Irán y la construcción de las bases de un orden alternativo, creando para ello,  sistemas de pago alternativos a Swift, el desarrollo de tecnologías independientes, en semiconductores, inteligencia artificial y telecomunicaciones, sin dejar de lado,  alianzas militares como la Organización de Cooperación de Shanghái y comerciales.

De Hollywood, resulta la coordinación de las protestas iraníes, justo antes de la expansión formal de BRICS, que incluirá a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, justo cuando Trump regresa al poder con una agenda revanchista, justo cuando China está implementando la fase más ambiciosa del Belt and Road Initiative[6], no puede ser casual- en nuestra interpretación- siendo la parte más intrigante e inquietante que:  las protestas iraníes están estallando, precisamente, cuando irán había logrado sus mayores victorias geopolíticas desde ¿por qué estallan las protestas precisamente ahora? porque el éxito geopolítico de Irán había activado todas las alarmas en Washington, Tel Aviv y por extensión en las capitales europeas, que siguen siendo el protectorado del siglo XXI.

Si Irán cae, ya sea por colapso interno o intervención externa, el proyecto multipolar sufre un golpe potencialmente irremediable y China perdería su acceso terrestre más directo a Europa, Rusia, por otro lado, se hallaría aislada en Eurasia y Estados Unidos habría alcanzado romper la alianza estratégica que más amenazaba su hegemonía global.

Si Irán sobrevive a este trance, saldrá inevitablemente fortalecido y más integrado que nunca al bloque euroasiático liderado por China y Rusia, las sanciones occidentales habrán fallado una vez más, demostrando lo arcaico del modelo del poder Atlántico.

Existe una tercera opción que pocos analistas están interpretando y radica, sensatamente, que esta crisis trasmute.  Una evolución del sistema político iraní dónde pueda mantener la soberanía nacional y la tenacidad frente a la hegemonía occidental, pero, adaptándose a las nuevas realidades geopolíticas y socioeconómicas del siglo XXI, una especie de perestroika, una política aperturista preservando lo fundamental, la independencia estratégica, mientras moderniza su sistema de mercado, etc. Sería incluso, una tercera posibilidad mucho más atractiva. Ya veremos que sucede en las próximas semanas.

Conclusión

Lo que está ocurriendo en Irán es más que una lucha interna; es un punto de inflexión en la historia moderna. The Economist (2025) resumió este dilema en una frase: “Irán es la última gran barrera contra el retorno de la hegemonía estadounidense en el siglo XXI.” El desenlace de esta crisis podría decidir no solo el futuro de Irán, sino también el de la geopolítica global en la segunda mitad de este siglo.

Seguiremos analizando e interpretando cada movimiento de este escenario obscuro que nos toca vivir en tiempo real.

Después de todo, todo es geopolítica, sigamos despiertos en alerta, hoy más que nunca, ya que somos testigos de la historia que se está escribiendo día a día con la sangre derramada por petróleo y poder.

Fuentes citadas:

  • The International Energy Agency (IEA), Global Energy Review (2024).
  • The Guardian (2019), Impacto del golpe de 1953 en la memoria colectiva iraní.
  • The Financial Times (2025), Irán y su papel en el desafío global contra Occidente.
  • BBC News (2025), Protestas en Irán: un cambio profundo en el sistema político.
  • The Economist (2025), El futuro de la geopolítica global y el papel clave de Irán.
  • The Diplomat (2025), Irán: resistencia al orden occidental y posibles cambios políticos

[1] Orquestado por los Estados Unidos (bajo el nombre de TPAJAX Project[2]​ u «Operación Ajax») y el Reino Unido (bajo el nombre de Operation Boot —«Operación arranque»—)

[2] https://www.infobae.com/america/tecno/2022/02/25/preocupacion-en-ucrania-por-posible-apagon-masivo-de-internet/

[3] https://yetem.com/juegos/t-e-g-tradicional/

[4] https://www.elmundo.es/como/2025/01/21/678f4af5e85ece87458b45a9.html

[5] https://www.perfil.com/noticias/internacional/xi-jinping-y-putin-hablaron-por-telefono-sobre-la-guerra-en-medio-oriente-y-el-nuevo-orden-global.phtml

[6] https://eng.yidaiyilu.gov.cn/

Alfredo Pérez G. Püschel es analista en Geopolítica e Inteligencia, jefe de Seguridad Corporate para Argentina y Uruguay, Oficial (Res) Infantería Ejército, profesor en la Universidad J. F. Kennedy como titular de la asignatura Inteligencia Corporativa y director de seguridad, entre otras experiencias.

 

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