El Clúster de la Industria de Defensa es una entidad orientada a reforzar la base tecnológica e industrial vinculada a la defensa de España y a impulsar una mayor cooperación entre las empresas del sector. Entre sus objetivos se encuentran atraer nuevas compañías, promover la colaboración y las sinergias empresariales y facilitar que las empresas españolas puedan concurrir con mayor capacidad a grandes programas nacionales e internacionales.
La organización también apuesta por potenciar la investigación y el desarrollo tecnológico en el ámbito de la defensa, especialmente en áreas con aplicaciones duales capaces de generar beneficios para el conjunto de la sociedad. A ello suma la promoción de la Cultura de Defensa, la mejora del reconocimiento social de la industria y el apoyo puntual a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Civil, configurando un espacio de cooperación entre el tejido empresarial, la innovación tecnológica y las instituciones vinculadas a la seguridad y la defensa. Conversamos en Delta13News con su presidente, Manuel Vila.
Manuel, le quiero preguntar por el aumento de gasto militar en Europa tras la invasión rusa en Ucrania, y que está reconfigurando el sector de la defensa de la industria. En este marco, ¿cómo está posicionada la industria española dentro de este nuevo ciclo de inversión en defensa?
Hemos ido dando pasos y desde luego estamos mucho mejor de cómo estábamos, sin embargo, estamos al inicio del camino. Sin presupuesto es muy difícil poder planificar, y no hablamos ya de no tener un marco financiero a largo plazo, que es una cosa en la que se deberían poner de acuerdo las principales fuerzas parlamentarias para asegurar que los lamentables sucesos que estamos viviendo, no solo en Europa, sino en el mundo, no perjudiquen la defensa de España en un momento determinado.
Iniciado el camino, queda mucho por recorrer y, desde luego, no estamos en la mejor posición, básicamente por la falta de conciencia de cultura de defensa que tiene la sociedad española y que, evidentemente, repercute en las decisiones que toman los políticos. Empresas como Indra, Navantia, Airbus…, en la parte que le corresponde a España, están ganando peso en proyectos europeos.
¿Qué papel real juega España en los grandes programas industriales de defensa del continente?
Estamos en la media. Somos muy peleones en este aspecto y en concursos de todo tipo, no solo en defensa, la presencia de las empresas españolas es mayor que el peso que nos correspondería en función del volumen que tenemos de industria de defensa en relación con nuestros competidos estratégicos, llamémoslo así. En conjunto, estamos bien posicionados, aunque se podría hacer mucho más. Ahora bien, corremos el riesgo, en un momento determinado, de integración de empresas europeas con españolas, donde el volumen relativo hace que cualquier fusión sea para nosotros, lamentablemente, una absorción por parte del más grande al más pequeño. En este sentido, hay una preocupación de las pequeñas y medianas empresas de que en este salto, las grandes, como Indra, Escribano… todas las grandes dejen al margen a las pymes, que, por cierto, representan, como todo el mundo sabe, el 90% de la industria.
¿Qué riesgo supone esto?
La verdad es que no hay riesgo de que las empresas que tratan y contratan directamente con el Gobierno dejen de lado a las empresas pequeñas especializadas, entre otras razones, porque las necesitan. Al final, son integradores de tecnologías que se crean en empresas más pequeñas, pequeñas y medianas. Por lo tanto, ese riesgo no existe. Lo que sí lamento es que las pymes tecnológicas duales son, al final, subcontratistas de esas grandes empresas, lo que genera en las primeras la incapacidad de poder tener contacto directo con las Fuerzas Armadas a las que nunca van a vender directamente.
Pero una realidad incontestable es que las pymes necesitas conocer qué necesidades tienen las Fuerzas Armadas para reconducir inversiones, plantear proyectos de I+D-i, y ese interés es mutuo porque estas deben conocer qué se cuece en el caldo de las pymes, de la verdadera industria innovadora que hay en España, más allá de lo que le cuentan sus interlocutores directos que son esas grandes empresas. Por lo tanto, la cortina que inevitablemente impide la visión de lo que hay detrás tiene que ser corrida para que las Fuerzas Armadas tengan ese contacto directo con las pymes.
¿Qué opinión tiene de una eventual fusión de grandes empresas españolas para generar un modelo como el de Thales en Francia, Rheinmetall en Alemania o Leonardo en Italia? ¿Lo ve necesario para afrontar mejor este tiempo tan competitivo en la industria internacional de la defensa?
Probablemente, lo ideal sería tener una gran empresa de esas características, pero dado que no la tenemos, lo que no se puede hacer es crearla artificialmente. El crecimiento tiene que ser orgánico. No se puede pretender crear un campeón nacional, como se les llama, de la nada. Nadie que no se haya dedicado a fabricar submarinos por el mero hecho de que se decida a un nivel político que lo va a hacer, podrá hacerlo.
En ese caso en concreto tenemos a Navantia. Nadie se plantea que un portaaviones lo pueda hacer cualquier otra empresa, y, sin embargo, ocurre lo mismo con Airbus y con los cazas. En el terreno terrestre, donde no hay un campeón nacional, tenemos que aprovechar esa circunstancia para crear procesos competitivos que permitan el crecimiento orgánico de posibles consorcios del más diverso tipo. Porque al final, la competencia no deja de abusar del ingenio de las empresas en general y de convertir los productos en más competitivos para el bien, tanto de las Fuerzas Armadas como del bolsillo de aquellos que pagamos impuestos.
La Unión Europea impulsa una mayor autonomía estratégica. Recientemente, el Parlamento Europeo aprobó por mayoría crear un espacio común de defensa. ¿Hasta qué punto la industria europea puede reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos sin perder competitividad?
Puede hacerlo si se consigue un mercado único europeo, para lo cual la única manera que se me ocurre es que haya una bolsa única de la Unión Europea. No una bolsa en Berlín, otra en París y otra en Madrid. De esa manera las empresas serán realmente europeas y cada vez lo serían más con el paso de los años. Así mismo, no existirían las suspicacias que tenemos ahora, así como los miedos de integrarnos con empresas que son muchísimo más grandes que las nuestras por la falta de inversión que hemos tenido en las últimas décadas. Inevitablemente.
Por lo tanto, ese objetivo común de todos los europeos sería factible. Además, se permitiría el libre uso de esas tecnologías por parte de las Fuerzas Armadas de cada uno de los países, que es otro objetivo fundamental que hemos de tener en España.
¿En el corto y medio plazo, cuál cree que serán los sectores clave de la industria de defensa europea donde se concentrará la innovación y la inversión? Irán, por ejemplo, ha destacado por los drones. ¿Cuál es nuestra fortaleza?
Tecnologías hay muchísimas, desde nuevos materiales a computación cuántica, donde, por cierto, todavía se está un poco en pañales y hay un margen de mejora espectacular. Lo que se tiene que cuidar es precisamente ese caldo de cultivo que suponen las pequeñas y medianas empresas que, fundamentalmente, nacen con una idea, con la ilusión de sacarla adelante, con el sueño de ir creciendo poco a poco. Por eso, repito, no pueden estar ocultas, bajo la alfombra de los integradores, sino que han de tener cierta visibilidad para que orienten su esfuerzo a las necesidades reales de defensa que tiene España. Contestando a su pregunta, cualquiera de esas tecnologías es el futuro. Y como nadie tiene una bola de cristal, pues no se puede destacar una sobre otras. Hay que tener un ojo encima de todas porque nadie conoce qué tecnología va a ser la que dentro de 15 años nos permita seguir gozando de la libertad que ahora disponemos.



