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miércoles, julio 29, 2026

MENA: Cuatro tendencias políticas que moldean el panorama de las amenazas híbridas

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El Centro Europeo de Excelencia para la Contrarresta de Amenazas Híbridas (Hybrid CoE) ha publicado en marzo de 2026 el informe del analista Maxime Lebrun «MENA: Four political trends shaping the hybrid threat landscape», del que, por su interés, pasamos a realizar una pequeña reseña.

La región de Oriente Medio y Norte de África (MENA) atraviesa un período de intensas transformaciones políticas que configuran un entorno de amenazas híbridas con repercusiones directas en la seguridad europea. Este análisis examina cuatro tendencias clave identificadas en el informe Tendencias del Hybrid CoE n.º 11: la brecha creciente entre regímenes y sociedades, la escalada entre Israel e Irán, la competencia estratégica por recursos e influencia, y la erosión del derecho internacional en el conflicto israelí-palestino. Su impacto en Europa y España exige una respuesta coordinada por parte de instituciones como Europol, Frontex y la OTAN.

Introducción contextual

El MENA actúa como nexo geográfico entre Europa, África y Asia, donde convergen rutas comerciales vitales, recursos energéticos y flujos migratorios. Las crisis persistentes (desde la Primavera Árabe hasta los conflictos en Siria, Gaza y Yemen) han generado inestabilidad que trasciende de las fronteras, alimentando las amenazas híbridas como la represión transnacional, ciberataques y el uso instrumental de la migración.

Para Europa, esta región representa el flanco sur de la OTAN, con España en primera línea por su proximidad al Magreb y el Estrecho de Gibraltar. Fuentes como Europol advierten de repercusiones inmediatas en forma de terrorismo, extremismo y ciberamenazas derivadas de la crisis iraní

Análisis de fondo

La primera tendencia es la ampliación de la brecha entre regímenes y sociedades. Desde la Primavera Árabe, los gobiernos han optado por una continuidad autoritaria, con la personalización del poder (como en Arabia Saudí bajo Mohammed bin Salmán) y uso de tecnologías de vigilancia como Pegasus para reprimir las disidencias domésticas y transnacionales. Los ejemplos incluyen la detención en Arabia Saudí de ciudadanos por publicaciones pro-palestinas en redes sociales, o la represión egipcia contra diásporas en Europa. Esta dinámica fomenta traumas generacionales en sociedades que están expuestas a violencia crónica, incrementando el potencial de radicalización.

La segunda tendencia radica en la escalada entre Israel e Irán, marcada por ataques directos en abril de 2024 (tras el bombardeo israelí al consulado iraní en Damasco) y la doctrina iraní del Eje de la Resistencia, con proxies como Hezbolá, hutíes y milicias chiíes en Irak. Irán, con uranio enriquecido al 83,7% en 2023, mantiene una estrategia de disuasión irregular, pero enfrenta contradicciones internas que la debilitan. Rusia busca mediar en negociaciones nucleares para ganar influencia, complicando el equilibrio regional.

La tercera implica una competencia estratégica hostil por los recursos y la tecnología. Israel exporta soluciones de vigilancia y ciberdefensa a estados del Golfo (vía fondos soberanos como Mubadala) para avanzar en la normalización de los Acuerdos de Abraham, marginando la cuestión palestina. Infraestructuras como el Canal de Suez y el Mar Rojo se convierten en focos de contienda, con ataques disruptivos hutíes que afectan al 10-15% del comercio global. China e India compiten por los corredores económicos, elevando la volatilidad.

Finalmente, en cuarto lugar, el conflicto israelí-palestino erosiona el derecho internacional. La guerra en Gaza post-7 de octubre de 2023 ha generado precedentes de impunidad, con violaciones al derecho humanitario por ambas partes, debilitando instituciones como la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia. Esto moviliza las opiniones públicas en MENA y las diásporas europeas, fomentando narrativas de dobles raseros occidentales.

Implicaciones y riesgos estratégicos

Estas tendencias generan para las fuerzas de seguridad riesgos híbridos multifacéticos. La represión transnacional (con Irán reclutando redes criminales en Europa para atacar disidentes) amenaza la cohesión social y expone vulnerabilidades en diásporas. Frontex identifica en su Análisis de Riesgo Anual 2025/2026 el uso de la migración como arma híbrida en fronteras orientales y sureñas, con redes las criminales empleando drones y desinformación.

Legal y éticamente, la erosión normativa invita a los actores autoritarios a difuminar la responsabilidad, mientras los ciberataques (potenciados por la IA) contra las infraestructuras europeas crecen, como advierte Europol ante la crisis de Oriente Medio. Técnicamente, la proliferación de herramientas de vigilancia israelíes a regímenes iliberales amplifica las capacidades represivas, con riesgos de fuga hacia los terroristas. En España, el aumento de llegadas irregulares desde Canarias subraya la presión en gestión fronteriza.

Cuadro explicativo: las cuatro tendencias y sus vectores híbridos

Perspectiva europea y española

Europa responde mediante marcos integrados. El Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y la OTAN incorporan las amenazas híbridas del flanco sur en su Concepto Estratégico de 2022, con España impulsando el reconocimiento de la migración irregular como tal. Frontex prioriza las rutas MENA en su planificación 2025-2026, detectando abusos de los visados y vuelo de drones en fronteras aéreas.

Europol alerta de extremismo y ciberataques por la crisis iraní, recomendando contramedidas contra proxies del Eje de la Resistencia, coalición informal de fuerzas estatales y no estatales, liderada por Irán, que persigue objetivos antisionistas, antiestadounidenses y antiimperialistas en Oriente Medio.

La ONU, mediante sus resoluciones sobre el conflicto en Gaza, insiste en que todas las partes respeten las normas del derecho internacional. Sin embargo, sus esfuerzos se ven obstaculizados por vetos, sobre todo de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, que bloquean medidas vinculantes.

En España, la Estrategia de Seguridad Nacional de 2021 enfatiza la inteligencia fronteriza y la cooperación OTAN, con operaciones en Canarias y colaboración con Marruecos para mitigar flujos desde Libia y Argelia. Los instrumentos europeos de vecindad (herederos del extinto MEDA) fortalecen las capacidades magrebíes contra la radicalización.

Conclusión y prospectiva

Las tendencias en MENA no solo perpetúan inestabilidad regional, sino que proyectan vectores híbridos hacia Europa, donde la imprevisibilidad (acelerada por la multipolaridad y los avances tecnológicos) exige una vigilancia proactiva. Los escenarios futuros incluyen el resurgir islamista en Siria o escalada nuclear iraní, con Rusia explotando fisuras para contrarrestar el aislamiento ucraniano.

Las recomendaciones operativas pasan por fortalecer y actualizar los marcos legales para prevenir, detectar, perseguir y sancionar las prácticas mediante las cuales Estados autoritarios extienden su control represivo más allá de sus fronteras; monitorear la proliferación de ciberherramientas y promover una diplomacia que defienda las normas internacionales dentro de la OTAN y la UE. España, por su cercanía al Mediterráneo, debería encabezar grupos de países para estabilizar el Magreb, compartiendo inteligencia y ayudando a las sociedades a resistir mejor ante estas amenazas. Únicamente una estrategia integral que aúne todos los esfuerzos preservará la seguridad compartida.

Nota: ha de tenerse en cuenta que este informe se confeccionó antes de los ataques del 28 de febrero de 2026, de los Estados Unidos e Israel a Irán.

 

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