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miércoles, abril 17, 2024

Napoleón Bonaparte, ¿genio visionario o loco tirano?

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Napoleón Bonaparte, el líder motivador, que supo llevar a Francia a un  expansionismo territorial nunca antes conocido, siempre ha sido unos de los personajes más fascinantes de nuestra historia moderna. El hombre que parecía capaz de conquistar el universo, tal y como en otro momento lo hicieran Julio César o Alejandro Magno. Cuentan que después de aquella noche del 12 de agosto de 1799 en la que decidió pasarla en el interior de la gran pirámide de Giza, y sin ninguno de sus hombres, Napoleón no volvió a ser el mismo. Su trayectoria como militar, cónsul y finalmente emperador nos han arrojado datos de su personalidad sin duda complejos.

En este artículo quiero hacer ese análisis, como siempre, desde el punto de vista grafológico. Nuestro personaje de leyenda, convertido en mito, dejó innumerables muestras escritas de su grafismo, tanto de ámbito militar como familiar y otras mas pasionales dirigidas a su gran amor, Josefina; producto todo ello de una actividad mental permanente y un afán por dejar escritas todas y cada una de sus ideas. Esta ingente cantidad de muestras nos han permitido también conocer un carácter cambiante y evolutivo en relación también a su deterioro anímico como consecuencia de sus derrotas finales hasta el mismísimo desgaste de su vida y fallecimiento en la isla de Santa Elena.

Es una de las escrituras con mayor agitación de las que tenemos conocimiento. Su fluidez y agilidad en la ejecución del trazo, junto a la unión de las letras en su parte alta corresponde con una genialidad intelectual, una mente activa con una gran facilidad para conexionar ideas, ocurrente y con razonamiento lógico. Por otra parte las formas gráficas se desarticulan, las ideas le brotan a una velocidad descontrolada, sin tregua. El grafismo se dispara, su margen izquierdo se ensancha, las palabras aparecen hiperligadas y desaparecen los espacios entre ellas. Todo lo cual denota esa violencia, impaciencia, precipitación e intrepidez propias del Emperador.

Su estado de ánimo oscilaba en una dualidad de pasión, energía y frenesí imparables, propios de un hombre glorioso y mítico que chocaba, en ocasiones, con el otro Napoleón, el hombre sencillo, a veces triste y abatido, sensible, incluso poeta, de trato cercano. Estos cambios extremos en el ánimo es lo que los psicólogos han denominado “trastorno bipolar”  porque comportan altos y bajos emocionales. Sin embargo, en él podemos concluir que padecía un trastorno monopolar, un estado maníaco, que no le permitía parar esa agitación mental. Muchas son las fuentes que afirman que dormía a penas unas horas y es característica de un perfil maníaco el hecho de que estos sujetos necesitan pocas horas para descansar, tras las cuales sus energías se renuevan de manera sorprendente.

Aunque podríamos analizar multitud de muestras y rasgos gráficos, en este artículo quiero presentarte algunos ejemplos que nos dejan las más claras evidencias de esta personalidad ambivalente y agitada, sus cambios en la autovaloración y de estados de ánimo que le acompañaron durante toda su vida.

Observemos, pues, su firma de 1795, año en que comienza su ascenso militar. Es una firma legible, clara y de fuerte presión que muestra seguridad en su personalidad. Llama la atención la irregularidad en el tamaño de las letras que forman la firma y muy especialmente en el óvalo que forma la letra “a”, que representa el yo, y que no solo reduce su tamaño sino que cae de forma violenta, como síntoma de inseguridad, para después elevarse bruscamente uniéndose a la letra siguiente en un intento de querer despegar. Otro de los rasgos característicos en esta firma es la barra de la letra “t”, inclinada fuertemente a la derech a como signo inequívoco de obstinación.

Grafología Napoleón BonaparteLa siguiente firma pertenece a 1805, año en el que Napoleón derrotó a los ejércitos rusos y austriacos en la Batalla de Austerlitz. Denota esta firma un estado de agitación nerviosa considerable que se reflejan en todas las letras. El entusiasmo y frenesí extremos denominado maníaco quedan patentes en un movimiento vertical y vibrante del grafismo.

La siguiente muestra corresponde a una escritura agitada, disparada y sacudida y pertenece a 1814, año en el que se sucedieron una serie de acontecimientos no favorables para el emperador que concluirían con su abdicación. Es una escritura invasora, con margen izquierdo creciente. La fuerte presión del grafismo, junto con la velocidad rápida y la inclinación son los rasgos mas acusados y evidentes de una personalidad con energía y capacidad para tomar decisiones de manera vehemente, con prisa, precipitación y una impaciencia habitual en él, provocada por una intensa actividad. Llama la atención su firma, previa al texto, lo cual revela su enfado y mal estar permanente. Aquí, además, es evidente su hipersensibilidad, falta de estabilidad, un carácter irritable, difícil y apasionado.

Las dos ultimas firmas que pertenecen al mismo año, sin embargo, son mucho más sencillas, con ausencia de letras y notablemente menos presionadas, sin fuerza, consecuencia de una derrota y desgaste de una vida dedicada al trabajo. Además se aprecian interrupciones gráficas que pudieran indicar alguna patología o problema de salud, no solo a nivel físico sino también emocional. Su grafismo desde su destierro en la isla de Elba refleja un horrible deterioro y decaimiento del ánimo.

Por el tamaño reducido de su escritura no se aprecia rasgo alguno de vanidad o narcisismo, característica que confirma la personalidad de un hombre sencillo y modesto y que choca con el afán de grandeza que se le ha adjudicado.

A pesar de las deformaciones o alteraciones que sufrió el grafismo de Napoleón a lo largo de toda una intensa vida, de la misma manera que sucede si analizamos la propia, el carácter esencial, el fondo, permaneció siempre inalterable.

¿Genio visionario o loco tirano?. En mi opinión ambas cosas no son incompatibles. A pesar de sus conquistas y expansionismo territorial y como explicó D. José Ortega y Gasset, Napoleón dirigió España como al resto de Europa una agresión y la sostuvo durante algún tiempo, sin embargo, no llegó propiamente a mandar ni un solo día.

Por Elsa Alonso, grafóloga y perito calígrafo.

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