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viernes, julio 31, 2026

Protecturi (IV). José Manuel Lluent, experto en arte: “Las aseguradoras tienen un peso muy importante en el mundo del arte”

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

Nota del editor: La Abadía de Montserrat, formada por siglos de historia y peregrinaje, acogió el 8 de noviembre una jornada dedicada a la protección del patrimonio histórico y cultural organizada por Protecturi. La ubicación no es casual: se celebra en el marco de los actos conmemorativos del Milenario del monasterio, y reunió a profesionales de la seguridad, de la gestión cultural, de las fuerzas de orden público y de las tecnologías emergentes con un objetivo común: debatir, preparar y reforzar los mecanismos que garanticen la salvaguarda de los bienes patrimoniales ante amenazas nuevas y antiguas.

El programa previsto contemplaba una combinación de ponencias, mesas redondas y bloques temáticos que abordaron desde la gestión y dirección de seguridad en museos, hasta actos delictivos que afectan al patrimonio, pasando por tendencias digitales, inteligencia artificial, certificaciones, tecnologías híbridas, y riesgos específicos como los incendios en bienes culturales. Este enfoque multidisciplinar refleja la complejidad de los retos actuales para la protección del patrimonio, donde lo físico se cruza con lo tecnológico y lo organizativo.

La cobertura periodística del evento por Delta13News se traduce en una serie de informaciones que resumen lo más relevante de sus conclusiones. La de hoy es la cuarta entrega de esta serie.

José Manuel Lluent, experto en arte y autor de ‘Expolio y fraude en el arte’, pone en valor el rol que desempeñan las compañías aseguradoras en la preservación y protección del arte.  Presentado por el presidente de Protecturi, Jesús Alcantarilla, Lluent, cuya ponencia en su intervención en la Jornada de Patrimonio Histórico tituló ‘Salvar el arte: Una misión compartida’, subrayó que en este entorno, en el que los robos o falsificaciones son, por desgracia, inevitables, “las compañías de seguros al final tienen un peso muy importante para salvar el mundo del arte”.

Porque arte no es solo aquello que remueve emociones y conciencias por su belleza o su mensaje: “El mercado del arte”, que trasciende a los museos y la mera exposición pública, “solo lo mueve el valor económico y la ley, y, a veces sin importar mucho, por desgracia, el valor artístico de la obra”.

Este reputado experto ejemplifica su argumento entre veras y bromas con esta locuaz aserción: “Yo de Picasso, de verdad, nunca hubiese querido un cuadro firmado, hubiese querido un cheque bancario, porque lo que vale es la firma”.

A lo largo de su alocución, puso de relieve también la importancia de que museos y fundaciones, principales guardianes de las obras de arte en el mundo, se doten, no solo de equipos especializados propios para ampliar sus catálogos, sino también de expertos externos, que pueden representar una ayuda colateral, en no pocas ocasiones fundamental, en cualquier operación de nuevas adquisiciones.

Porque, en este contexto, subrayó por activa y por pasiva, la falsificación está al orden del día y para instituciones públicas ello puede significar un problema mayúsculo. La misión del museo, recordó, “es conservar y proteger, investigar y documentar el patrimonio y, algo que para mí es muy importante, las adquisiciones”. La mecánica en este contexto es siempre la misma: el curador propone adquisiciones y el comité de adquisiciones, que está integrado por la dirección, los curadores y expertos externos, aprueba” finalmente la operación.

Pero, cuidado, advierte, porque en este proceso el museo corre “ciertos riesgos”, como que a veces la documentación esté incompleta. Es justo el momento en el que, lamenta, la realidad es que “faltan expertos externos y esto puede producir que se adquieran obras falsas”. Porque una realidad incontestable es que “hay muchas obras falsas en un museo”.

El marco no es siempre el más depurado, a pesar de la toma de todas las cautelas posibles, porque “la falsificación hoy día es súper sofisticada”, avisa Lluent, quien pone el acento en que “los falsificadores han aprendido innovadoras técnicas científicas”, por no hablar de la inteligencia artificial, que dificultan detectar lo que es cierto de lo que no.

“Hay falta de medios y de formación. ¿Por qué? Porque la profesionalización es muy desigual·”, se lamenta este experto en arte, quien expone una realidad, que es que “no todos los museos tienen los mismos recursos, como laboratorios de análisis químicos, físicos y psicológicos, ni tampoco cuentan a veces con expertos externos. Y esto produce fraude y engaño”. Luego está lo que llama “la confianza excesiva”, puesto que es “más fácil falsificar un certificado que una obra de arte”.

Y nadie está a salvo: Estados Unidos y Rusia, países con mayor catálogo de obras de arte, “y en los que parece que todo lo tienen muy controlado, curiosamente les han llegado a colocar más de 50 obras falsas”.

Muesos, fundaciones y coleccionistas privados, tres agentes protagonistas del universo del arte en lo que tiene de guarda y custodia, de protección y preservación, y que padecen, los tres sin excepción, los problemas derivados de la falsificación. “Porque si en los museos, con todos sus equipos, pasan obras falsas, lo mismo puede pasar en cualquier parte del mercado, sea él que sea”.

Las fundaciones

En este marco, referenció Lluent el rol relevante que, sin duda, juegan las fundaciones en la preservación de las obras de arte, no solo los museos. Una fundación de un artista, por ejemplo, es una entidad sin ánimo de lucro creada para conservar y difundir el legado del artista, lo que se gestiona es el patrimonio artístico, los derechos de autor y los archivos documentales. Y todo ello debe hacerse del modo más adecuado y pertinente.

Al respecto, citó el caso de una artista desconocida, Juana Francés, de Alicante, que, gracias a una tesis que realizó Natalia Molinos y a los archivos que tenía la fundación de ella, pudo hacer, precisamente, su tesis doctoral por la que, incluso, fue premiada. Hoy, recordó, ya no es una artista tan desconocida.

La fundación, explicó Lluent en su ponencia, está formada por un fundador o herederos. A veces tiene ocasión el propio artista de poder crear su propia fundación. En todos los casos, hay un patronato que asume las máximas competencias sobre la gestión y el que, al final, ha de tomar las decisiones convenientes.

Al frente, hay una dirección o gerencia, encargada de la gestión diaria, y que toma acuerdos junto al patronato. Hay, igualmente, un departamento técnico, esencial en toda fundación que se precie, puesto que asumen la responsabilidad de la conservación de la obra del autor y posee un archivo que permite tomar información para, si llega el caso que alguien precisa crear un trabajo sobre este autor, poder suministrar lo requerido.

También se crea en el seno de la fundación un comité de expertos en la obra del artista. No obstante, está el protectorado, que es un órgano público que supervisa la fundación y cuyos objetivos principales son preservar y proteger la obra del artista, gestionar derechos de autor e imagen y difundir su pensamiento y su legado.

En este punto, explicó Lluent, “es muy importante difundir su pensamiento”, puesto que, “realmente, cuando un artista efectúa, realiza una obra, como siempre se dice, crea una obra, tiene que sentir algo interiormente para plasmarlo en la misma”. “Por eso, una obra, cuando la ves, si te gusta, lo que haces es vivir la obra, saber qué hay dentro de esa obra, qué pretendía decir el artista”, apuntó este experto.

Un aspecto fundamental del trabajo que, así mismo, debe desempeñar una fundación, es prevenir las falsificaciones y certificar la autenticidad de las obras. Para la realización de este trabajo, se cuenta con expertos externos. “Tengo mucha insistencia en indicar que sean expertos externos porque, si estás involucrado, integrado en la misma entidad, es probable que no seas tan imparcial a la hora de ver, de ejecutar o de realizar un certificado·”, advierte.

Con relación a esta cuestión, compartió con los asistentes el caso de una fundación “muy importante” que tenía obras de un autor también “muy importante”. Un coleccionista tenía obra de este autor y hubo unas personas que se interesaron en la misma. “En ese momento”, relató Lluent, “el coleccionista y las personas interesadas llegaron a un acuerdo, y la obra le fue enviada, pero el problema es que al recibirla consideraron que no era auténtica, que no era buena la obra”.

Así que, efectuaron la devolución y nombraron un gabinete de abogados. Los denunciantes que ponían en duda la autenticidad de la obra buscaron un experto que pudiera emitir un informe sobre la misma. En efecto, emitió un informe, pero al estar contratado por los perjudicados, su conclusión es que la obra era falsa. El caso terminó en un juzgado. La querella que habían presentado los supuestos engañados no era por lo civil, sino por lo penal, lo que convertía le caso en algo más serio, si cabe. “¿Y qué sucedió?”, señaló Lluent, “pues que, por suerte, el juez decidió no dar credibilidad sólo a esto, no porque no fuera bueno el experto, sino porque existía una fundación sobre el autor, a la que resolvió remitir la obra para su evaluación”.

En la fundación, sus expertos también determinan que la obra es falsa. El propietario, quien había efectuado la venta, decide contactar con un experto independiente que no tiene nada que ver ni con la fundación, ni con los compradores, ni con él m ismo, porque en el fondo no se conocían. En suma, no tenían las partes ningún vínculo personal. Este nuevo experto se pone a trabajar y, al cabo de un tiempo, cierra el tema, efectúa un informe y cuál fue la sorpresa que el resultado es que la obra era auténtica.

Llegó el juicio y la demanda de los compradores fue desestimada a la luz del informe del experto externo que daba por buena la autenticidad de la obra. El asunto, con todo, llegó finalmente al Tribunal Supremo, que, finalmente, también ratificó la validez de la obra.

Con este ejemplo, “lo que yo quería indicar es que tenemos una responsabilidad cuando se está en cierto nivel, en cierto estatus. No creo, de verdad, que fuera una negligencia por parte del experto de la fundación, pero, lamentablemente, sí creo que fue prepotencia”.

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