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sábado, agosto 1, 2026

Reflexiones sobre las falsificaciones dentro del mundo del arte

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Vivimos una etapa confusa en el mundo del arte con la problemática de las falsificaciones. Estamos en la era de la comunicación, siempre conectados, siempre informados. A menudo nos llegan noticias de hechos inverosímiles: desarticulaciones de bandas de falsificadores, exposiciones con obras falsificadas elevadas a nivel de auténticas, coleccionistas que adquieren obras que no pertenecen al autor que las firma o profesionales que se dedican a la realización de réplicas que se exponen como auténticas. Estamos ante una situación insólita que nos preguntamos: ¿qué está pasando en el mundo del arte?

En realidad esta «práctica» no es ninguna novedad. En occidente se conoce desde el siglo XV. El concepto de falsificación nace cuando la obra realizada por un artista se considera algo exclusivo e irrepetible, y es sabido que durante la historia del arte las falsificaciones se consideraban como algo normal y aceptado.

Es difícil situar el origen de esa práctica. En la antigua Roma se hacían réplicas de las esculturas griegas que se consideraban famosas y se veían como originales que sustituían a la imagen griega. Incluso, en alguna ocasión, el copista firmaba con su propio nombre y lejos de considerarse una falsificación se creía que era una transmisión del arte que traspasaba la cultura a otro país.

Desconozco hasta qué punto, el número de obras de arte falsificadas y los importes que se pagan por ellas, están en equivalencia a épocas anteriores, pero no dudo en que puede haber cierto paralelismo. Lo que sí creo es que actualmente la cifra es del todo preocupante. De seguir así, no sería de extrañar que fuera más rentable dedicarse a ser falsificador que un artista creador.

Veremos si en poco tiempo, en los currículums artísticos habrá una casilla que indique la profesión: falsificador; especialidad: pintura, escultura, dibujo; experiencia: 20 años; etc.

Parece del todo surrealista, pero después de lo que estamos viendo en la información que nos llega, podemos llegar a preguntarnos: ¿por qué en algunos casos incluso el falsificador se siente satisfecho de saber que su obra está expuesta en las paredes de los coleccionistas o de los museos? Nos consta que existen artículos en los que los falsificadores enfatizan el éxito obtenido con sus obras.

Llegado al punto en que podríamos clasificar la situación de las falsificaciones como de auténtica alarma social, deberíamos plantearnos buscar una salida jurídica a esta problemática. Crear una ley que determine el procedimiento a seguir con la obra falsificada para retirarla del mercado y así evitar que entre en un circuito que la llevaría por vías difíciles de controlar.

La opción más drástica sería su destrucción. Pero esto plantearía otras cuestiones.

En estas circunstancias creo que sería decisiva una estrecha colaboración entre los expertos independientes y la participación de un grupo jurídico, para estudiar el procedimiento legal a seguir para evitar que las obras pasen de nuevo a los circuitos comerciales.

Quizás la pregunta clave sería: ¿por qué a veces algunos coleccionistas adquieren obras confiando en la persona que efectúa la operación, sin contrastar o pedir una segunda opinión, como sí sucede en los procesos donde existe la denominada “due diligence” o auditoría de compra, en beneficio del cliente?

En conclusión, podemos afirmar que existe un mercado de falsificaciones paralelo, donde los actores que participan se difuminan debido a la cantidad de intermediarios que participan, desconocidos en el mundo del arte y sin ninguna formación artística. Que este mercado paralelo es proclive al blanqueo de capital, evasión de divisas y falsificación de documentos. Y como consecuencia, las víctimas del fraude suelen encontrarse en una situación de gran indefensión, ya que las denuncias rara vez prosperan y el recorrido legal suele ser limitado.

Desde esa reflexión que comparto y desde mi dilatada experiencia, me gustaría acabar resaltando lo importante que sería la intervención de un asesor independiente, volviendo así en el concepto de la “due diligence”, que hiciera un estudio de la obra, la convalidara y de esta manera el comprador tuviera el convencimiento y la certeza de que.

No quiero obviar la labor que efectúan las fuerzas de seguridad mediante las unidades de investigación del tráfico ilícito de Bienes Culturales. El problema creo que estriba en que su tarea llega tarde, una vez se ha efectuado la transacción comercial y se hace la denuncia de la posible estafa. Generalmente ha pasado demasiado tiempo, incluso años, cuando el comprador pone de nuevo la obra en el mercado y ante una nueva expertización se da cuenta de que la obra es falsa.

Es cierto que su tarea no sólo se centra en el ejemplo que acabo de exponer, sino que es mucho más amplia ya que en ocasiones las fuerzas de seguridad detectan la presencia de obras falsificadas, permitiéndoles en estos casos, tomar la iniciativa evitando en cuanto circulen, lo que aporta confianza dentro del mercado.

José Manuel Lluent es un reputado experto en arte, fundador de Lluent Asesores y presidente de AREXPER, Asociación Europea de Expertos y Consejeros de Arte

 

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