En el contexto de la ocupación y explotación de África por parte de Europa en el siglo XIX, España tuvo la buena fortuna, a pesar de su debilidad en aquel entonces, de hacerse con el Sáhara Occidental, conocido inicialmente como Río de Oro y posteriormente como Sáhara Español. Este hecho ocurrió en noviembre de 1884, coincidiendo con la celebración de la Conferencia de Berlín, cuyo objetivo era armonizar el reparto del continente entre las potencias europeas interesadas. España obtuvo el reconocimiento de su presencia en el territorio, que abarcaba aproximadamente 280.000 km² y 1.200 km de costa atlántica, extraordinariamente diáfanos de norte a sur.
Este hecho reconocido de presencia española en el territorio fue la consolidación de lo que en su día fue la conquista de las Islas Canarias a finales del siglo XV, pues desde entonces España ha tenido presencia en la zona. Si bien es cierto que, por la ineptitud de los gobiernos españoles, la porción de terreno, que pudo llegar a los 500.000 km², se limitó a los actuales, aproximadamente la mitad, pues Francia anduvo lista y le quitó una parte del pastel a España. Al gobierno Cánovas se le pasó formalizar documentación y planos en tiempo y forma.
Este territorio y su costa disponen de inmensos recursos, entre los que se destacan las minas de fosfatos, consideradas de las más importantes del mundo, y un banco pesquero de abundancia extraordinaria. Además, cuenta con otras materias primas como petróleo, gas, hierro, cobre y uranio, entre otros. El uranio se obtiene de los fosfatos, abundantes en la zona, y actualmente explotados por Marruecos.
En 1906, durante la Conferencia de Algeciras, Francia adquirió los derechos de protectorado sobre el Sultanato de Marruecos. Para satisfacer las aspiraciones españolas, se cedió la franja norte a España. Así, hasta 1956, fecha de la independencia del territorio como Reino de Marruecos, ambas potencias europeas se encargaron de su administración y pacificación. Tras el Desembarco de Alhucemas en septiembre de 1925, las operaciones militares concluyeron, y desde entonces, las potencias responsables se dedicaron a la administración y desarrollo del Protectorado, cada una en su región asignada: el norte para España y el sur para Francia.
Con los procesos de independencia iniciados en todo el mundo al término de la Segunda Guerra Mundial, en 1956 Francia concedió la independencia a Marruecos, seguida inmediatamente por España. Desde ese momento, el Reino de Marruecos puso sus ojos y sus intereses estratégicos en la obtención del Sáhara Español como territorio propio.
Marruecos tiene una superficie de 446.550 km² y 3.800 km de costa, por lo que, si obtuviera reconocimiento a sus pretensiones sobre el Sáhara Occidental, se convertiría en un país de 726.550 km² y 5.000 km de costa. Con las riquezas del Sáhara y las suyas propias, Marruecos aspira a ser la primera potencia continental en África. Marruecos tiene 37,5 millones de habitantes. El Sáhara Occidental/Español tenía aproximadamente 75.000 habitantes en 1975 y, en la actualidad, se calculan 175.000 saharauis según la ONU, la mayoría en campos de refugiados debido a la ocupación marroquí.
Con la puesta en funcionamiento de las minas de Fos Bucraa en 1973, las apetencias sobre el territorio crecieron y los saharauis pusieron en marcha el Frente Polisario, que comenzó a hostigar la presencia española mediante atentados contra los militares españoles, basándose en una estrategia de guerra de guerrillas con base en Mauritania. Naturalmente, los saharauis no tenían fuerza ni población en número suficiente como para hacerse con el dominio del territorio, pero la situación favorecía los intereses de Marruecos, que esperaban su momento. En 1974, España promovió un partido legal pro español, el Partido de Unión Nacional Saharaui, creado para controlar la autonomía mediante la elaboración de un borrador de Estatuto de Autonomía. En 1975, España declaró su intención de facilitar un referéndum de autodeterminación y lo comunicó a la ONU, obteniendo la resolución internacional número 3458B del 10 de diciembre. Este es el famoso referéndum pendiente del que siempre se habla.

La Corte Internacional de Justicia, conocida como Tribunal Internacional de Justicia, con sede en La Haya desde 1945, es el tribunal internacional de la ONU, sucesor de la Corte Permanente de Justicia Internacional desde 1946. El 16 de octubre de 1975, emitió la siguiente opinión no vinculante acerca del estatus del Sáhara Español: “Ni los actos internos ni los internacionales en que se basa Marruecos indican, en el período pertinente, la existencia o el reconocimiento internacional de vínculos jurídicos de soberanía territorial entre el Sáhara Occidental y el Estado marroquí. Incluso teniendo en cuenta la estructura específica de ese Estado, no muestran que Marruecos ejerciera ninguna actividad estatal efectiva y exclusiva en el Sáhara Occidental”.
En esa época, la coyuntura política española era realmente mala. Francisco Franco sufrió cuatro infartos entre el 15 y el 24 de octubre de 1975 y, el 2 de noviembre, fue ingresado en el Hospital La Paz, donde fallecería en la madrugada del 19 al 20. Esta situación produjo la interinidad al frente de la Jefatura del Estado y la Comandancia de los Ejércitos de S.A.R. el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón y Borbón (este era su título entonces). Juan Carlos negoció con Kissinger la entrega del territorio a Marruecos a cambio de pleno apoyo para su Monarquía y Jefatura del Estado Español, una vez se produjera el hecho luctuoso de la desaparición de Franco.
EEUU no quería este territorio en posesión de España y su apoyo al Reino de Marruecos en esta cuestión ha sido crucial durante los últimos 50 años, al margen del Derecho Internacional y de la resolución de la ONU aceptando el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y el referéndum que a tal propósito propuso España.
Marruecos aprovechó muy hábilmente esta circunstancia, con el respaldo efectivo (no oficial) de los EEUU, para invadir la frontera septentrional del Sáhara mediante la Marcha Verde, hecho ocurrido el 6 de noviembre de 1975. Marruecos había hecho ver a los estadounidenses la conveniencia de impedir a toda costa la presencia de Argelia en el territorio saharaui, en el contexto de la Guerra Fría, pues Argelia, por entonces, se encontraba dentro de la órbita de la URSS, aunque en teoría era un país no alineado. Días después de la invasión marroquí, el 14 de noviembre de 1975, España firmó los Acuerdos de Madrid. Se estableció entonces una administración temporal tripartita constituida por España, Marruecos y Mauritania. El 27 de noviembre, la VII Bandera de la Legión entregó Esmara (importante población del norte del territorio) a Marruecos.
La ONU ha señalado que, a través de los Acuerdos de Madrid, España “no transfirió la soberanía sobre el territorio ni confirió a ninguno de los signatarios la condición de potencia administradora, condición que España, por sí sola, no podía haber transferido unilateralmente”. Por ello, para las Naciones Unidas, el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo pendiente de descolonización, cuya potencia administradora de pleno derecho sigue siendo España. Esta posición ha sido confirmada por los órganos jurisdiccionales españoles.
Desde 1976, el Frente Polisario, apoyado por Argelia, creó la República Árabe Democrática Saharaui, estado no reconocido por la ONU, pero sí por 81 países, de los que unos 30 mantienen relaciones con dicho estado. El Frente Polisario se enzarzó en una guerra de guerrillas contra Marruecos y Mauritania, y en 1979 firmó la paz con este último, pero Marruecos por su parte invadió el territorio de norte a sur y domina toda la franja costera y la zona norte de frontera con Marruecos. El Frente Polisario controla la franja este, limítrofe con Argelia, una zona pobre y desértica donde se encuentran los campamentos de refugiados de su propia población. En Tinduf sobreviven aproximadamente 170.000 saharauis, expulsados por Marruecos de la zona de ocupación, a la que accedió bombardeando a la población con napalm y fósforo blanco. Los saharauis son asistidos por ONGs y voluntarios del mundo. Es habitual el peregrinaje en verano de cooperantes españoles.
En 1991 se logró un alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, con el objeto de celebrar en 1992 el famoso referéndum, pero en términos de control absoluto de Marruecos, que ya llevaba 15 años ocupando el territorio, con presencia de hasta 180.000 militares, y con un número cada vez mayor de ciudadanos marroquíes asentados en el territorio, con lo que los partícipes en el referéndum ya no serían los originales saharauis sino toda una población añadida, favorable a los intereses de Marruecos. El referéndum no se ha celebrado (ni parece que se vaya a celebrar) y la ocupación del territorio por el vecino del norte es muy efectiva, con el apoyo de EEUU y de Francia.
Ha habido planes para acuerdos entre las partes, que no han tenido éxito, como la presencia de James Baker, ex secretario de Estado, con los Acuerdos de Houston de 1997, o el Plan Baker II de 2003. En el primer caso, el secretario general de la ONU congeló el proceso de identificación del censo con derecho a voto, y en el segundo Marruecos no aceptó la propuesta porque el censo en cuestión no respondía a sus intereses.
En 2007, Marruecos propuso una solución por vía autonómica dependiente del Reino de Marruecos y la creación de un Consejo Real para Asuntos del Sáhara, compuesto por jefes de tribu del territorio, pero esta fórmula nunca ha sido aceptada por el Frente Polisario. Esta propuesta de 2007 es la que sirve de guía a los EEUU y Francia para su apoyo a Marruecos, aceptada también por Alemania en 2021 y a la que se adhirió el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, mediante carta negociada durante meses y finalmente redactada el 14 de marzo de 2022. Esta carta no tiene visos de ser muy ortodoxa por cuanto se trata de una comunicación directa entre Sánchez y el Malik marroquí (Rey), por lo que su legalidad y capacidad de obligar al Reino de España, al margen de las resoluciones de la ONU, parece, cuanto menos, dudosa.
Debido a los acuerdos de cooperación y comercio entre Marruecos y la UE, el reino magrebí ha estado suministrando productos agrícolas y pesqueros a Europa procedentes del territorio ocupado, bajo sello marroquí. Pero recientemente, el pasado viernes 4 de octubre de 2024, una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) anuló los acuerdos comerciales de 2019 entre los 27 países de la Unión y Marruecos, alegando que el pueblo saharaui no prestó su consentimiento a dichos acuerdos. Con todo, la corte europea ha prorrogado por un año la vigencia de los acuerdos, dadas las graves consecuencias jurídicas que acarrearía la anulación inmediata de los acuerdos. Los recursos interpuestos previamente por la Comisión Europea y el Consejo de Europa ante el TJUE fueron desestimados, lo que quedó patente en la sentencia del día 4 de octubre citada.
La situación creada satisface a unos y entristece a otros, pero sin duda la UE y Marruecos se pondrán de acuerdo para la continuación de las relaciones comerciales, bajo estos u otros parámetros modificados, para ajustarse a la normativa europea, determinada mediante acción judicial. Sin duda, los acuerdos pesqueros y agrícolas con Marruecos y con los productos procedentes del Sáhara Occidental son muy importantes, pero en Europa levantan mucho revuelo debido a las condiciones de producción y calidad exigida a los operadores europeos y a los exportadores marroquíes. Este asunto no dejará de ser fuente de controversia para los próximos años.

Con todo, lo más importante que se ventila en la zona es la influencia geopolítica de los grandes operadores geoestratégicos. Francia está perdiendo su sitio en África, en algunos casos en favor de los EEUU y en otros de la penetración China/Rusia/BRICS, quienes, con su cooperación financiera, militar y comercial, están adquiriendo peso en el continente, y esta es una cuestión de verdadera importancia, dados los ingentes recursos de los que dispone África. La lista de materias primas sería interminable, pero por mencionar algunas para que se vea el interés que despierta dicho continente, citaremos el oro, los diamantes, el petróleo, las tierras raras de todo tipo, el uranio, el coltán, y muchos otros.
Otra cuestión que nos afecta directamente a los españoles, al margen del interés de Marruecos por hacerse con Ceuta, Melilla, Canarias y los peñones e islas de soberanía (Chafarinas, Alhucemas, Vélez de la Gomera, Alborán) o Perejil (de estatus incierto, al no determinarse claramente la soberanía de uno u otro país), es el tema de las aguas territoriales del Sáhara Occidental y su colisión con las que determinen las leyes internacionales como aguas territoriales de Canarias. Al margen de la riqueza del banco pesquero, se encuentra la explotación del fondo del mar, con yacimientos de petróleo bajo el agua, así como de la existencia de minerales de interés. Este asunto, con Marruecos como actor principal y con EEUU como socio prioritario del reino alauí, pone a España contra las cuerdas a la hora de defender sus derechos, pues es bien conocida la errática política exterior llevada a cabo por el Reino de España en los últimos 25 años, por no extendernos a los 50 que dura ya el conflicto con el territorio del Sáhara.
España está muy sola en África, con pocos o ningún aliado para defender sus posiciones, con una situación política interna desastrosa, con poca cohesión nacional en los asuntos de estado, con un desconocimiento profundo de la población en general sobre los asuntos de África o cualesquiera otro en el terreno internacional y con unos políticos que se han conducido desde hace muchos años, en materia exterior, impulsados por no sabemos qué extraños intereses, pero desde luego no los generales de España y de los españoles, y que nos deja en una situación verdaderamente precaria ante las apetencias de cualquier agente exterior, o ante los vaivenes de las crisis, y por supuesto, ante los intereses de nuestro vecino del Sur, que sabe perfectamente lo que quiere y sabe jugar sus cartas.
De cara a los próximos años, necesitamos mayor coherencia en nuestra acción internacional, condición necesaria para que nuestros intereses sean respetados. Desde luego, en estos momentos se dan todas las condiciones contrarias: no tenemos peso en Europa, no tenemos unas buenas relaciones con el líder de Occidente (EEUU), nuestra presencia en la OTAN parece ser unidireccional (participamos en la defensa atlántica, pero el paraguas de la OTAN no nos cubre Ceuta, Melilla o Canarias), nuestra posición con Israel parece totalmente contraria a lo que dicta el sentido común y nuestra asociación con líderes bananeros o poco democráticos es más que evidente. Nuestro liderazgo en Hispanoamérica ni está ni se le espera, e incluso Portugal nos está reclamando territorios peninsulares (Olivenza, en la raya de Portugal).
Con estos mimbres, mucho tendrán que cambiar las cosas en nuestro lar patrio para que España no salga perjudicada, como ya lo fue en el pasado, por la mala gobernanza, que en el momento actual alcanza unos límites de ineficacia e incoherencia, que quizás solo tenga sentido para los propios gobernantes, por intereses espurios que somos incapaces de determinar, pues incluso la acción de nuestros tribunales está en entredicho, ello debido a que nuestro sistema de poderes y controles (check and balances lo llaman los anglosajones), claramente no están funcionando a los niveles que se espera funcionen en una democracia de calidad.
Por Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años



