Que el régimen serbio simpatiza con la Federación Rusa no representa novedad alguna. Es un lazo histórico en el que une a ambas naciones. La posición de Serbia respecto a la guerra en Ucrania, el último gran acontecimiento que sacude el continente europeo, se caracteriza por un equilibrio entre su aspiración de integrarse a la Unión Europea y sus tradicionales lazos con Rusia. Pero si algo duele de quien ha llamado a la puerta de una Unión Europea muy posicionada frente a Rusia es que hay hecho suyo el argumentario y la narrativa del país invasor, rehusando hablar de guerra y hacerlo de «operación militar especial» rusa en sus comunicaciones e intervenciones.
Desde el inicio del conflicto en febrero de 2022, el gobierno serbio ha reafirmado su respeto por la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. De hecho, Serbia ha votado a favor de resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que condenan la agresión rusa y exigen la retirada de las tropas rusas de los territorios ocupados. Además, en mayo de 2022, Serbia donó 3 millones de euros en ayuda humanitaria para niños y desplazados ucranianos.
Sin embargo, a pesar de condenar la agresión, Serbia no ha impuesto sanciones contra Rusia. El presidente Aleksandar Vučić ha enfatizado la importancia de mantener la independencia en la toma de decisiones, equilibrando las presiones de Occidente y sus vínculos históricos con Moscú.
Serbia ha mantenido relaciones cercanas con Rusia, reflejadas en acuerdos de cooperación militar y energética. Por ejemplo, este mes abril de 2025, Serbia y Hungría, otro país el filo de la equidistancia, firmaron un acuerdo de colaboración militar en Belgrado, duplicando ejercicios conjuntos y fortaleciendo la cooperación técnica y en armamento.
Aunque oficialmente Serbia mantiene una postura neutral, informes indican que ha suministrado armas y municiones a Ucrania desde principios de 2023. El presidente Vučić reconoció la posibilidad de que armamento serbio haya llegado a Ucrania, señalando la complejidad de controlar el destino final de las exportaciones.
En este contexto, la dependencia energética de Serbia en empresas rusas ha generado desafíos. La refinería NIS, mayoritariamente propiedad de Gazprom Neft y Gazprom, enfrentó posibles sanciones estadounidenses. En marzo pasado, Serbia obtuvo una prórroga de 30 días para encontrar un comprador para la participación rusa y evitar sanciones que afectarían el suministro de petróleo.
Serbia, pues, busca mantener una política exterior equilibrada, apoyando la integridad territorial de Ucrania y condenando la agresión rusa en foros internacionales, mientras preserva sus relaciones con Rusia y evita imponer sanciones. Esta postura refleja su intento de navegar entre sus aspiraciones europeas y sus lazos históricos con Moscú.
En este contexto, estos días, el ministro sin cartera del Gobierno de la República de Serbia con mandato técnico encargado de la cooperación económica internacional y del ámbito de la posición social de la Iglesia en el país y en el extranjero, Nenad Popović, mantuvo un encuentro con el ministro de Desarrollo Económico de la Federación de Rusia, Maxim Reshetnikov, sobre la definición de pasos concretos para un mayor desarrollo de la cooperación y mejora de las relaciones económicas entre los dos países.
La reunión se celebró en Moscú , en el marco del trabajo continuo del Comité Intergubernamental Serbio-Ruso, que representa uno de los mecanismos más importantes para el desarrollo y la mejora de la cooperación entre los dos países en diversas áreas, según informa el gobierno serbio.
Popović , quien también es copresidente del Comité Intergubernamental Serbio – Ruso para la Cooperación Comercial , Económica, Científica y Tecnológica, enfatizó que Serbia y Rusia ya han logrado «avances significativos» en muchas áreas, incluido el comercio, la energía, la producción industrial, la agricultura y el transporte. En este marco de buena vecindad se celebraron consultas de alto nivel y se discutieron temas como la energía, la producción industrial, la ciencia, la agricultura, así como la aplicación de nuevas tecnologías.
Ambos países han establecido objetivos específicos para una «mayor cooperación» y se han considerado formas en las que ambos países puedan «fortalecer aún más los lazos económicos», dijo el ministro, enfatizando que la cooperación con Rusia representa una «asociación estratégica», especialmente en el campo de la energía. En este contexto, añadió, se está trabajando intensamente para preparar un nuevo acuerdo en este ámbito , que expira a finales de mayo de este año, «con la confianza de que Serbia firmará un nuevo acuerdo en las mismas condiciones preferenciales«.
Según el ministro serbio, este acuerdo garantizará la seguridad energética y permitirá el crecimiento «sin obstáculos» de la industria y la economía de su país. Popović recordó que el fuerte apoyo a la intensificación de la cooperación fue brindado también por los más altos líderes estatales de los dos países, ya que en una reciente conversación telefónica, los presidentes Aleksandar Vučić y Vladimir Putin destacaron la importancia del trabajo del Comité Intergubernamental Serbio-Ruso y brindaron pautas específicas para su trabajo más intensivo, con el fin de establecer relaciones más fuertes y profundas entre los dos pueblos hermanos.
Anunció que el próximo período estará dedicado a un «aumento significativo» del volumen del comercio con Rusia. La estrategia serbia es seguir mejorando las relaciones comerciales «y acercarnos a los récords alcanzados en 2022, cuando comenzó la operación militar especial» en Ucrania, apunta la comunicación oficial serbia.
Putin y Vučić, juntos en Moscú
El marco de relaciones y afecto político entre ambos países quedará refrendado en la próxima reunión entre los presidentes Putin y Vučić en la Plaza Roja el 9 de mayo, Día de la Victoria, cuando los dos líderes celebrarán juntos la victoria en la Segunda Guerra Mundial.
El Comité Intergubernamental Serbio-Ruso, con una tradición que se remonta al período de la exYugoslavia, tiene como objetivo mejorar las relaciones económicas, científicas y tecnológicas entre los dos países.
Y aun cuando a Serbia le gustaría incorporarse a la UE, no así tanto a la OTAN. Por que sí, Serbia mantiene un fuerte resentimiento hacia la OTAN debido a los bombardeos de 1999 durante la Guerra de Kosovo. Esta intervención, llevada a cabo sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, dejó cientos de víctimas civiles y una profunda huella en la memoria colectiva serbia.
A pesar de los años transcurridos, este episodio sigue influyendo en la política exterior de Serbia, su postura respecto a la OTAN y su cercanía con Rusia, que se ha posicionado como un aliado clave de Belgrado. Aunque Serbia coopera con la OTAN a nivel técnico y en misiones de mantenimiento de la paz, mantiene su neutralidad militar y ha reiterado en numerosas ocasiones que no tiene intención de unirse a la Alianza Atlántica.
Este sentimiento anti-OTAN también ha sido utilizado por el gobierno serbio para justificar su rechazo a sancionar a Rusia por la guerra en Ucrania, argumentando que Serbia no puede condenar a un país que nunca la ha bombardeado mientras mantiene relaciones con aquellos que sí lo hicieron.



