A pesar del histórico apagón del lunes 28 de abril, el Gobierno de España mantiene su compromiso de cerrar progresivamente todas las centrales nucleares del país entre 2027 y 2035, conforme al calendario acordado en 2019 con las principales compañías eléctricas y establecido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).
La central de Almaraz I será la primera en cesar su actividad en 2027, seguida por Almaraz II en 2028. El cierre definitivo de todas las plantas está previsto para 2035, con el inicio del desmantelamiento tres años después de su cese de operación.
A pesar de las presiones de las compañías eléctricas para prolongar la vida útil de las centrales, el Ministerio para la Transición Ecológica ha reiterado que no se modificarán las condiciones fiscales ni los costes de gestión de residuos, que deben ser asumidos por las empresas.
En el ámbito político, el Partido Popular ha presentado una proposición de ley para prorrogar la vida útil de las centrales nucleares, argumentando la necesidad de garantizar la autonomía energética ante la actual situación geopolítica. El debate sobre el cierre de las centrales nucleares en España, pues, continúa, con posiciones encontradas entre el Gobierno, las compañías eléctricas y diversos actores políticos y sociales.
Las centrales nucleares han sido durante décadas una fuente importante de generación de energía. Sin embargo, su seguridad sigue siendo objeto de debate, alimentado por accidentes históricos como Chernóbil (1986) y Fukushima (2011). A pesar de estas tragedias, los defensores de la energía nuclear argumentan que las tecnologías actuales y los estrictos estándares de seguridad hacen que esta fuente sea segura y confiable. Analizamos las evidencias y perspectivas respaldadas por estudios e informes recientes.

Seguridad en las centrales nucleares modernas
Las centrales nucleares de nueva generación, como las plantas de tipo III+ y IV, incorporan sistemas pasivos de seguridad que funcionan sin intervención humana ni energía externa. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), estas tecnologías reducen significativamente el riesgo de accidentes graves.
El informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE) de 2023 afirma que los reactores modernos están diseñados para soportar terremotos, tsunamis y otros eventos extremos, con múltiples barreras para evitar la liberación de material radiactivo.

El Instituto de Ingeniería Nuclear (NEI) calcula que la probabilidad de un accidente grave en una central nuclear moderna es de 1 en 10 millones por año-reactor, mucho menor que en los reactores de generaciones anteriores.
En este contexto, uno de los principales desafíos es la gestión de residuos radiactivos, que permanecen peligrosos durante miles de años. Aunque existen tecnologías para almacenarlos de manera segura, como el confinamiento geológico profundo, la implementación de estas soluciones ha enfrentado resistencia social y política.
Aunque los accidentes son poco frecuentes, su impacto puede ser devastador. El informe del Foro Económico Mundial de 2021 subraya que, aunque el número de víctimas directas de accidentes nucleares es relativamente bajo en comparación con otras fuentes de energía, los efectos a largo plazo en la salud pública y el medio ambiente pueden ser significativos.
Ahora bien, el cambio climático y el aumento de fenómenos meteorológicos extremos plantean nuevos riesgos para las plantas nucleares. Un informe del IPCC advierte que las inundaciones y las olas de calor extremas pueden afectar el funcionamiento y la seguridad de los reactores.
Un análisis del Our World in Data de 2020 muestra que la energía nuclear tiene una de las tasas más bajas de mortalidad por unidad de energía generada. En comparación, el carbón y el petróleo causan muchas más muertes debido a la contaminación del aire y los accidentes laborales.
De hecho, la energía nuclear es una fuente baja en emisiones de carbono, lo que la convierte en una herramienta importante en la lucha contra el cambio climático. Según la AIE, la Agencia Internacional de Energía, para cumplir con los objetivos de emisiones netas cero, la capacidad nuclear mundial debe duplicarse para 2050.
Con todo, y a pesar de todo, la percepción pública de la energía nuclear sigue siendo negativa en muchos países debido a los riesgos asociados. Un estudio del Pew Research Center en 2022 encontró que solo el 37% de los encuestados en Europa veía la energía nuclear como segura, a pesar de los avances tecnológicos.
En contraposición, países como Francia, donde el 70% de la electricidad proviene de la energía nuclear, cuentan con un amplio apoyo público gracias a una tradición de transparencia y estándares estrictos de seguridad.
Nadie duda, en cualquier caso, que la seguridad de las centrales nucleares ha mejorado significativamente gracias a los avances tecnológicos y los estrictos estándares internacionales. Sin embargo, persisten desafíos importantes, como la gestión de residuos radiactivos, el impacto de los accidentes y las amenazas climáticas.
Aunque la energía nuclear presenta riesgos, su baja huella de carbono y su capacidad para generar grandes cantidades de energía la convierten en una opción clave en la transición hacia un sistema energético sostenible. La clave está en equilibrar los beneficios con una gestión adecuada de los riesgos, garantizando la transparencia y el consenso público, cabe pensar.



