Por Fernando Montoya Cerio, presidente de AIMCSE, Asociación Internacional de Miembros de Cuerpos de Seguridad y Emergencias
Los flujos migratorios irregulares, ante la imposibilidad del adecuado control, están poniendo en jaque las Estrategias de Seguridad Nacional de diferentes países de la Unión Europea, con especial relevancia los de sus fronteras en el arco mediterráneo. A nadie se le escapa que este es un tema, con muchas aristas, y controvertido, que requiere soluciones urgentes y coordinadas; las enormes pérdidas de vidas humanas en el mar Mediterráneo, en su tránsito a Europa, nos lo exige.
También son muchos los europeístas que, sin rubor, han calificado la migración irregular como la piedra angular de la Unión Europea y, a la vez, que podría estar en juego el futuro de Europa. Lo cierto es que cada día, en suelo europeo, existe mayor aversión hacia este fenómeno tan antiguo como la existencia del hombre. Europa, se siente rehén de los países de tránsito de los migrantes, que solicitan fuertes contraprestaciones económicas, y de otro orden, para cerrar el paso a la inmigración irregular.
El fenómeno migratorio no es un hecho aislado que tome vida en este siglo XXI. Si nos acercamos a la historia, constatamos que es un acontecimiento que hunde sus raíces desde la antigüedad, casi desde la misma existencia del hombre, en la que se desplazaban de un lugar a otro en busca de mejores climas, mejores territorios de caza, mejores tierras y más productivas o simplemente en busca del bien por excelencia, el agua.
Más tarde, ya asentados, buscaban, a través de las conquistas, su propia expansión de poder generándose grandes desplazamientos humanos. Pero quizás, la primera afluencia masiva podría situarse en la época del descubrimiento de América; en el año 1.820 la proporción de migrantes libres era del 20% frente al 80% de pocos años después allá por el año de 1.840. La combinación de incitaciones, coacciones y de políticas permisivas podrían ser el origen de estos movimientos, lo que podría recordarnos al fenómeno actual.
La segunda, tras la segunda guerra mundial, que generó acomodos a millones de desplazados que huían de la guerra más devastadora que se ha conocido hasta el momento actual.
Si ponemos el foco en los orígenes de la inmigración actual, debemos de situarnos, de forma obligada, en el continente africano, continente de inigualable belleza con una flora y una fauna única y que hizo esbozar a Lewis la siguiente frase: «cuando voy a África, soy sacudido hasta el núcleo».
Podría afirmarse que África, con sus 54 países, la mayoría procedente de descolonizaciones europeas cuenta con un pasado inacabado, con un presente, que, tratando de encaminarse hacia la excelencia, no llega a ser perfecto y con un futuro que se conjuga en condicional por los abundantes factores externos que la perturban.
Por otra parte, los medios de comunicación internacionales no ayudan mucho al presentar a África como un continente generador de conflictos, de amenazas, de retos, de inseguridades, de pandemias y de terrorismo generalizado. Sin embargo, es mucho más; es un continente que se esfuerza por encontrar el sitio que le corresponde en el contexto internacional y en sus órganos representativos, como Naciones Unidas, a cuyas puertas ha llamado en reiteradas ocasiones con nula receptividad por parte de este organismo que se entiende debe de contar con las representaciones nacionales adecuadas y no sólo atendiendo a su PIB sino también, por ejemplo, a su población actual y futura a corto plazo y en eso África es campeona.
También son muchos los males que aquejan al continente: guerras no cicatrizadas, atentados terroristas, contrabando de armas, huida de capitales y su flujo ilícito, enfermedades (poca red hospitalaria), degradación medioambiental (explotación indiscriminada de sus recursos), elementos que influyen de forma directa en su desarrollo económico, seguridad regional y salud de los africanos.
Pero conviene no olvidar una cosa: a nadie, independientemente del ciudadano del país que sea, le gusta emigrar, cambiar su modo de vivir del lugar en el que nació y creció, para emprender un viaje hacia lo desconocido, hacia países con lenguas y costumbres diferentes y con un grado de acogida, en muchas ocasiones cuestionable. El africano trata de migrar de sus pueblos hacia las ciudades más cercanas de su aldea, después hacia las alejadas, a continuación, hacia los países limítrofes y como último recurso, hacia Europa.
Los antecedentes anteriores podrían poner de manifiesto alguno de las razones por las que el ciudadano africano ha iniciado una emigración, casi masiva., convirtiéndose, la mayor parte, en migrantes irregulares que se ponen en manos de mafias que trafican con personas, con ellos.
Analizando la vía Canarias, lo primero que resulta, cuando menos chocante, es la gran distancia que los migrantes tienen que recorrer en sus frágiles embarcaciones: una media de 1.500 kilómetros, desde sus orígenes. Esto podría indicarnos la existencia de buques nodriza, de mayor tamaño, cuya misión es acercarles a las costas canarias para soltarles después. Una mafia que trafica con seres humanos, como se hiciera en otros tiempos atrás.
Respecto a la vía Libia, con destino a las costas italianas (isla de Lampedusa en particular donde desembarcan a migrantes a los que han cobrado la cantidad de 1.500 euros por persona), ya lo dijo Muhammad el Gadafi: «el día que yo desaparezca, el tapón de Libia dejará de serlo». Cierto, y así ha sido; sin duda había otras prioridades inconfesables y, mantenerlo con vida, no era una de ellas.
Lo cierto es que la cantidad de migrantes que están llegando a las fronteras marítimas de la Unión Europea, supera, con mucho, el propio número de habitantes del primer suelo que les acoge y que, al tratarse de oleadas muy numerosas, no se favorece, e incluso impide, la adecuada y necesaria identificación del migrante: no se sabe quién está entrando en suelo europeo.
Llegados a este punto, cabe hacernos una o varias preguntas:
- ¿Se puede impedir, limitar y, en definitiva, controlar, el tráfico ilegal de personas?
- ¿Con qué herramientas cuentan los países, de forma individual y la Unión Europea, en general, como Organización?
Desde fechas muy lejanas, la UE ha tratado de fijar a las personas, y futuros migrantes, en sus países de origen, a través de fuertes ayudas económicas, lo que ha resultado un rotundo fracaso: al final, las sumas de dinero acababan en las manos de gobiernos que no lo hacían llegar a los necesitados; pérdida de tiempo y de dinero, dinero que es de todos los contribuyentes europeos.
Sin duda, la construcción de fábricas, favorecer el entramado empresarial de cada país, que generen empleo y estabilidad poblacional sería una buena medida pero que suele chocar con los gobiernos con los que se deben de fijar las condiciones y eso no es tarea fácil. Queda la de control de mafias, difícil también cuando, en ocasiones pueden llegar a contar con la aquiescencia o similar de los propios gobiernos que los amparan o al menos no persiguen.
Así las cosas, se podría decir que, a la Unión Europea, tras sus políticas de migración fracasadas, sólo le queda una línea de acción: La de organizar ella sola su propio caudal migratorio y todo en un momento en el que en Europa surge un descontento cada vez mayor, y creciendo a velocidad de crucero, contra la población migrante. Armonizar o hacer de la necesidad virtud parece ser lo que ha obligado a las autoridades comunitarias a ponerse de acuerdo en un tema que constituye la piedra angular de las políticas individuales de cada país componente de la Unión Europea.
Pacto migratorio de la Unión Europea. A examen.
Tras años de zozobra, y rumbos equivocados, parece que la Unión Europea ha trazado un camino, un largo camino, que tendrá que recorrer cada país miembro. Deberá de armonizar pareceres tan dispares como los que han exhibido, durante la negociación del pacto, los países del norte y este, con las exigencias de los países más afectados. Primero se debe de reconocer si existe un problema y luego poner los medios para solucionarlo; esto es el verdadero caballo de batalla dentro de la Unión Europea. Se presume que podría entrar en vigor a mediados de este año 2024 aunque precisa el Visto Bueno de la Euro cámara y de los 27 países que componen la Unión Europea.
Además, es la propia Agenda 2030 la que está impulsando el movimiento de personas, lo que dificulta, aún más, la toma de decisiones.
Es por ello, que la Unión Europea, a través de este pacto migratorio, ha tratado de evitar que se resquebraje la propia Unión en un aspecto tan relevante; la mayor fragilidad/vulnerabilidad de Europa sería dejar el control de sus fronteras bajo supervisión de cada país; podría afectar de forma directa al acuerdo de Schengen.
Un ejemplo de actuación individual, en este ámbito, es el acuerdo que Italia tiene firmado con Túnez, para evitar movimientos de migrantes irregulares, por importe de 1.000 millones de euros y que, parece ser, que su resultado ha sido escaso, y que ha propiciado que la Unión Europea se sienta rehén del mismo. También tiene otro acuerdo con Albania con el mismo fin.
El objetivo principal de este pacto, que empezó a gestionarse allá por el año 2015, con ocasión de los conflictos en Siria, Afganistán e Irán, parece ser, establecer un marco común desde la llegada hasta la aceptación o denegación de la solicitud de protección internacional del migrante.
Como objetivos derivados, se han trazado comportamientos para facilitar la deportación de los solicitantes de asilo rechazados y para evitar/limitar la entrada en bloque de migrantes irregulares. En palabras de la presidenta en funciones de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, «es un desafío europeo que requiere soluciones europeas» y añade más, respecto a su significado: Europa decidirá quién viene a la UE y quién puede quedarse y NO LOS CONTRABANDISTAS, lo que parece reconocer la existencia de mafias que trafican con personas.
Establece como rutas más focalizadas, y a las que hay que prestar más atención, la del Mediterráneo Oriental, que incluye Turquía, Grecia, Chipre y Bulgaria, la del Mediterráneo Occidental y de África Occidental y la del Mediterráneo Central que se encamina a través de Italia y los Balcanes.
Según Fernando López Aguilar, participante español en la confección del Pacto, se busca la responsabilidad compartida y la solidaridad vinculante. En definitiva, la Unión Europea ha conformado un pacto migratorio que tiende a endurecer las condiciones de recepción y asilo de los migrantes.
Puntos más relevantes sobre los que pivotará el Acuerdo:
a) Tras las reivindicaciones de los países del sur de Europa, hace hincapié en el principio de SOLIDARIDAD. En el año 2023, y sólo a través de las islas canarias, llegaron a Europa cerca de 40.000 migrantes irregulares, lo que constituye un reto más que apreciable para una isla, en este caso El Hierro, que ha llegado a recibir más personas que habitantes tiene, sobrepasando las capacidades que dispone en todos los ámbitos asistenciales . Esta iniciativa choca frontalmente con los países del centro y este de Europa.
b) La Unión Europea, se ha comprometido a acoger y reubicar aproximadamente a unos 30.000 solicitantes de asilo. Nudo gordiano de este punto es que la mayor parte de la inmigración irregular no cabe bajo el concepto de ASILO y la pregunta es qué hacer con ellos.
c) No se han fijado cuotas obligatorias, que se harán en función de la población de cada país y de su PIB.
d) Se enuncian como medidas de solidaridad, la reubicación, las contribuciones financieras y las medidas alternativas de solidaridad, que es más bien como un saco donde, por falta de definición, podría caber cualquier cosa /iniciativa.
e) Los Estados miembros, que no quieran acoger, podrán pagar la cantidad de 20.000 euros por persona rechazada y el dinero se destinará a proyectos para hacer frente a las posibles situaciones de crisis, que no define cuáles son con claridad, que pudieran atravesar el estado miembro o terceros países. No deja de sorprender que se ponga cifras a las vidas de los migrantes.
Estamos ante la disyuntiva, de nuevo, de que países ricos puedan liberarse del principio de solidaridad establecido, por el pago de un canon, lo que se está condenando, de facto, a los más pobres a acogidas masivas con lo que eso significa para la población, costumbres y vida de estos países; algo así como: Europa traslada el problema a determinados países cuando lo que Europa se está jugando no es una cuestión monetaria sino su propia existencia tal y como hoy la entendemos.
f) A la vez, se rebaja la definición de edad de un menor, que pasa de 14 a seis años, algo clave para el tratamiento migratorio.
g) También se endurecen los controles fronterizos y lo relativo a las devoluciones. Se establece un control previo que puede durar hasta siete días.
h) Respecto a la solicitud de asilo, se establece un procedimiento común entre todos los Estados Miembros, y no tiene por qué tramitarla el primer país europeo por donde entra el emigrante y este no podrá elegir el país al que dirige su solicitud.
Conclusiones
La llegada de este pacto sobre la migración y asilo ha visto su luz cuando la situación en algunos países de la Unión Europea, los de su frontera sur, han levantado la voz al verse sobrepasados en el tratamiento y control de los migrantes que estaban desembarcando en sus costas. Ha costado mucho tiempo, ocho años, hacerles comprender a los países del norte de Europa que es un problema que tarde o temprano les podía afectar también a ellos ya que una vez que entran en suelo comunitario tienen libertad de movimientos.
Tras el fracaso de la política europea de fijar a los posibles migrantes en sus países respectivos, y millones de euros malgastados, que son de todos los europeos, este pacto se adivina como un nuevo intento para frenar la inmigración ilegal a la que muchos países europeos, les ha llegado a colmar la paciencia.
El fenómeno migratorio está considerado como el de mayor fragilidad/vulnerabilidad para la Unión Europea; es un reto al que conviene hacer frente, de forma inmediata.
Prospectiva
No es fácil entrever el futuro de un Pacto que, en breve, empezará su andadura y que tendrá que soportar muchas presiones, sobre todo de los miembros del norte y centro de la Unión Europea.
En definitiva, está lleno de intenciones, a las que la Unión Europea nos tiene acostumbrados, pero que, en su realización, en su puesta en marcha a la hora de descender al detalle, suele quedarse, de forma total o parcial, en el camino.
Quedan cabos sueltos, quizás no enunciados, para evitar que algunos países veten las medidas, pero que en algo tan delicado deberían de concretarse, no darse a la libre interpretación.
Así pues, no se ve de fácil ni de inmediata aplicación cuando desde ya, se están produciendo acontecimientos que rayan, según el Pacto, las condiciones de crisis.
Nuevamente, va a depender, en mucho, de las voluntades de los gobiernos de los países componentes de la Unión Europea; Europa debería de ser más valiente en sus normas y acciones si de verdad quiere mantener una Europa como hoy, todavía, la conocemos, pero que va avanzando rápidamente hacia lo previsible: está en juego el futuro de Europa.
En consecuencia, un análisis riguroso de este fenómeno nos situaría en el pesimismo si bien este pacto es un primer paso que, sin dudarlo, tendrá que ser sometido a seguimiento y revisiones prácticas para adecuarse a la situación cada momento.



