Los líderes del G7 concluyeron este martes en la localidad francesa de Évian-les-Bains una de las jornadas más importantes de la cumbre anual del grupo de las principales economías industrializadas, marcada por la guerra en Ucrania, la situación en Oriente Medio y las tensiones comerciales y energéticas derivadas de los conflictos internacionales. Aunque no estaba prevista una gran declaración conjunta final, los participantes lograron acercar posiciones en varios asuntos clave y escenificaron una imagen de unidad en torno a algunos de los principales desafíos geopolíticos del momento.
El principal resultado político de la reunión fue el respaldo conjunto a Ucrania. Los líderes del G7, incluido el presidente estadounidense Donald Trump, reafirmaron su apoyo a la soberanía e integridad territorial del país y coincidieron en la necesidad de incrementar la presión sobre Rusia para impulsar negociaciones de paz. Entre las medidas estudiadas figura la posibilidad de endurecer las sanciones sobre las exportaciones energéticas rusas, especialmente las relacionadas con el petróleo, una vez se estabilice la situación en el estrecho de Ormuz.
La presencia del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, centró buena parte de la jornada. Zelenski mantuvo encuentros con varios líderes occidentales y participó en una sesión dedicada exclusivamente a la guerra. Según fuentes diplomáticas, los dirigentes occidentales trasladaron al mandatario ucraniano su voluntad de seguir reforzando la defensa antiaérea del país y de mantener la presión económica sobre Moscú.
Uno de los aspectos más destacados fue el cambio de tono mostrado por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien calificó de «muy buena» su reunión con Zelenski y afirmó que Rusia debería avanzar hacia un acuerdo de paz. Aunque evitó comprometerse públicamente con nuevas sanciones inmediatas, sus declaraciones fueron interpretadas por varios líderes europeos como una señal positiva respecto a la implicación de Washington en la búsqueda de una salida negociada al conflicto.
La situación en Oriente Medio constituyó el segundo gran eje de debate. Los mandatarios analizaron las consecuencias del reciente acuerdo preliminar anunciado entre Estados Unidos e Irán, que busca poner fin a meses de enfrentamiento militar y abrir una nueva fase de negociaciones. Los países europeos expresaron cautela ante el pacto y plantearon la necesidad de garantizar que cualquier acuerdo definitivo impida el desarrollo de armas nucleares por parte de Teherán. Al mismo tiempo, los participantes abordaron medidas para asegurar la reapertura y normalización del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el suministro energético mundial.
La cumbre también sirvió para debatir cuestiones económicas relacionadas con la competencia industrial de China, el suministro de minerales estratégicos, la inteligencia artificial y la seguridad tecnológica. Aunque persistieron discrepancias sobre algunos mecanismos de cooperación económica y comercial, los líderes coincidieron en la necesidad de reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades en sectores considerados críticos para las economías occidentales.
Fuera del recinto de la cumbre, miles de manifestantes participaron en protestas contra el G7 y contra las políticas económicas de las grandes potencias. Algunas movilizaciones derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y en actos vandálicos, lo que obligó a reforzar las medidas de protección en varias zonas próximas a Évian y a la vecina ciudad suiza de Ginebra.



