En lo que ya se califica como el movimiento militar más audaz de las últimas décadas en el hemisferio occidental, el 1.er Destacamento Operacional de Fuerzas Especiales-Delta (SFOD-D), conocido popularmente como la Delta Force, ha ejecutado una operación de alta precisión en las primeras horas de este sábado, logrando la captura del mandatario Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La intervención, confirmada por la Casa Blanca, marca un punto de no retorno en la crisis geopolítica que enfrenta a Washington y Caracas.
“Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro, quien fue capturado y trasladado en avión, junto con su esposa, fuera del país. Esta operación se realizó en colaboración con las fuerzas del orden estadounidenses. Se proporcionarán detalles próximamente. Hoy a las 11:00 a. m. habrá una conferencia de prensa en Mar-a-Lago. ¡Gracias por su atención! Presidente Donald J. Trump”.
Así reza el mensaje de Donald Trump difundido a través de su red social Truth Social hen el que confirmaba, por una parte, la autoría del ataque esta madrugada a Venezuela y, por otra, la captura del mandatario venezolano. Maduro ya habría sido trasladado fuera del espacio aéreo venezolano y se encontraría bajo custodia estadounidense para enfrentar cargos criminales relacionados con el narcoterrorismo en tribunales federales.
La mejor prueba de la detención de Maduro fue la difusión esta tarde de la imagen en la que aparece Nicolás Maduro, la que será, sin duda, una de las imágenes del año 2026. Fue el propio Donald Trump el que la hizo pública a través de su red social Truth Social. Maduro, en una foto vertical, probablemente recortada del original pro cuestiones de seguridad, se encuentra en el momento en que se produce la captura a bordo del USS Iwo Jima, según reveló el propio Trump.
El agente que está detrás de Maduro es de la agencia antidroga de los Estados Unidos, de la DEA. Maduro aparece vestido con un chándal estándar típico de personas detenidas y lleva colgando unos tapones de control auditivo. Además de eso, porta unos cascos para impedir la audición y unas gafas para, así mismo, impedir la visión- De este modo, Maduro, en su condición de detenido, no sabe ni dónde está ni oye nada’. Otra característica de la imagen es que guarda entre sus manos una botella de agua para que beba cuando le apetezca.

Esta madrugada, la capital de Venezuela, Caracas, y varias localidades cercanas como La Guaira, Miranda y Aragua, se vieron sacudidas por una serie de explosiones y detonaciones que rompieron la calma nocturna, provocando pánico entre los residentes, apagones en varios barrios y la presencia de aeronaves a baja altura sobre sectores de la ciudad. Testigos describieron el ruido de explosiones extremadamente fuertes y columnas de humo elevándose desde zonas donde se ubican instalaciones militares y civiles.
El asalto comenzó aproximadamente a las 2:00 a.m. (hora local), cuando una serie de explosiones coordinadas sacudieron puntos estratégicos de la capital venezolana, incluyendo el complejo militar de Fuerte Tiuna y las inmediaciones del Palacio de Miraflores. Según testigos y fuentes militares, el cielo de Caracas se llenó de aeronaves de última generación y helicópteros de transporte pesado, presumiblemente modelos MH-47 Chinook y MH-60 Black Hawk, operados por el 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales (SOAR), quienes trabajaron en conjunto con los operarios Delta para asegurar el perímetro y neutralizar la guardia presidencial.
La incursión no fue un hecho aislado, sino la culminación de la denominada Operación Southern Spear (Lanza del Sur). Bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico y el desmantelamiento del «Cartel de los Soles«, el gobierno de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, había incrementado su presencia naval en el Caribe en semanas recientes. Sin embargo, pocos analistas previeron una incursión terrestre directa sobre el corazón del poder chavista, diseñada específicamente para extraer al alto mando venezolano.

El Gobierno venezolano, liderado por Nicolás Maduro, emitió en un principio una declaración oficial denunciando una “agresión militar” perpetrada por el Gobierno de Estados Unidos contra territorio venezolano, acusando a Washington de haber ordenado ataques en múltiples puntos dentro del país.
Esta declaración, difundida rápidamente en medios estatales y agencias internacionales, calificaba los hechos como una violación del derecho internacional y un intento de desestabilización política. Maduro también decretó un estado de emergencia externa, ampliando sus facultades para movilizar a las fuerzas armadas y restringir ciertas libertades civiles mientras persista la “amenaza” extranjera.

El Gobierno de Venezuela denuncia «agresión imperialista»
Desde el bando venezolano, la reacción ha sido de absoluta indignación y caos. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha comparecido en una breve transmisión exigiendo una «prueba de vida» de Maduro, calificando la acción como una «gravísima violación de la soberanía nacional y un acto de piratería internacional». Por su parte, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ha instado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a activar todos los planes de defensa integral, aunque informes preliminares indican que la rapidez del ataque dejó a gran parte de la cadena de mando incomunicada.
La respuesta internacional ha comenzado a moldearse. Países de la región, entre ellos Colombia, han expresado su preocupación por la escalada y debatido en foros diplomáticos la convocatoria de reuniones de emergencia en la Organización de Estados Americanos (OEA) y las Naciones Unidas para abordar la crisis. Algunos gobiernos aliados de Maduro han condenado categóricamente los ataques, mientras que otras naciones han adoptado posturas más cautelosas, instando a la calma y al diálogo para evitar una conflagración mayor que podría tener consecuencias humanitarias, económicas y geopolíticas de largo alcance.
Es el caso de aliados estratégicos de Venezuela, como Rusia e Irán, que han emitido comunicados condenando el ataque como una «flagrante violación del derecho internacional» que podría desestabilizar toda la región. En contraste, varios países de la región mantienen un silencio cauteloso, mientras que en ciudades como Miami y Madrid se han reportado celebraciones espontáneas entre la comunidad de exiliados venezolanos.
Por su parte, España, en un comunicado oficial difundido por el Ministerio de Exteriores, afirma que «está siguiendo de cerca la situación en Venezuela, de manera coordinada con nuestros socios de la Unión Europea y los países de la región». En este contexto, asegura que, eEn permanente contacto con la Embajada y Consulado españoles en Caracas y la unidad de emergencia consular, «estamos pendientes de la situación de la colonia española en el país«.
Se agrega en la nota diplomática que el personal de la Embajada y Consulado de España en Caracas, así como sus familias, «se encuentran todos bien», al tiempo que aprovecha para hacer un «llamamiento a la desescalada y a la moderación, y a actuar siempre con respeto al Derecho Internacional y a los principios de la Carta de NN.UU.».
En este sentido, agrega el comunicado oficial, «España está dispuesta a prestar sus buenos oficios para lograr una solución pacífica y negociada a la actual crisis», en su propósito de presentarse como actor de intermediación.
Del mismo modo, subraya en la nota que España «no ha reconocido los resultados de las elecciones del 28 de julio de 2024», cuya victoria se atribuyó Nicolás Maduro, y que «siempre ha apoyado las iniciativas para alcanzar una solución democrática para Venezuela. También recuerda que ha acogido, y seguirá haciéndolo, a decenas de miles de venezolanos que han tenido que abandonar su país por motivos políticos y que está dispuesta a ayudar en la búsqueda de una solución democrática, negociada y pacífica para el país», finaliza la nota.
Delta Force: El bisturí de las fuerzas especiales
La elección de la Delta Force para esta misión no es casual. Fundada en 1977 por el coronel Charles Beckwith e inspirada en el SAS británico, esta unidad es el instrumento predilecto del Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) para misiones de «acción directa» y captura de objetivos de alto valor (HVT, por sus siglas en inglés). Su historial incluye misiones de gran calado como la Operación Causa Justa en 1989, que resultó en la captura del dictador panameño Manuel Antonio Noriega, un precedente histórico que guarda similitudes tácticas con los eventos de hoy.
Los operarios Delta, seleccionados de entre los mejores miembros de los Rangers y los Boinas Verdes, están entrenados para operar en entornos urbanos densos y bajo un secretismo absoluto. En esta ocasión, fuentes de inteligencia sugieren que el equipo de extracción utilizó tácticas de guerra electrónica para cegar los sistemas de radar venezolanos, permitiendo que los comandos llegaran a su objetivo antes de que las defensas antiaéreas pudieran reaccionar con eficacia.
El que avisa no es traidor
La escalada no surge de la nada. Desde mediados de 2025, la relación entre Estados Unidos y Venezuela ha ido deteriorándose progresivamente, con operaciones militares en el Caribe y ataques contra embarcaciones que Washington acusa de narcotráfico, así como el despliegue de grupos de combate naval en aguas cercanas a Venezuela.
Estas acciones, parte de lo que algunos analistas han denominado Operación Southern Spear, incluyen ataques a buques, drones y otras operaciones de inteligencia destinadas, según el Gobierno estadounidense, a desmantelar redes criminales que operan en la región y estarían en connivencia con estructuras del poder venezolano.
Desde Caracas, el Ejecutivo de Maduro ha sostenido una narrativa diametralmente opuesta, calificando tales acciones como intervencionistas, agresivas y con el propósito explícito de forzar un cambio de régimen en Venezuela. El presidente venezolano y sus portavoces han denunciado que Washington estaría buscando apoderarse de los vastos recursos naturales del país, especialmente las enormes reservas de petróleo y minerales, y destruir la soberanía nacional bajo el eufemismo de combate al narcotráfico y al terrorismo.
La percepción de la población venezolana en Caracas y otras ciudades ha sido de sorpresa, temor e incertidumbre. Residentes entrevistados por medios internacionales describen haber despertado sobresaltados por las detonaciones y haber visto panfletos de humo sobre instalaciones como el Fuerte Tiuna, uno de los mayores complejos militares del país. Algunos vecinos relatan escenas de familias reunidas en las calles, esperando información oficial o la confirmación de que sus seres queridos se encontraban fuera de peligro.
Ante la ausencia de cifras oficiales sobre víctimas humanas o daños materiales, las autoridades venezolanas han comenzado a contabilizar posibles bajas y daños en infraestructuras, mientras que organismos internacionales han solicitado acceso para verificar las condiciones sobre el terreno.
A esta hora, la situación en las calles de Caracas es de tensa calma. Se reportan cortes en el suministro eléctrico y bloqueos en las principales autopistas, mientras unidades de la policía militar patrullan los sectores donde se escucharon las detonaciones. El mundo observa con atención los próximos pasos de Washington, mientras la Delta Force, fiel a su lema de «profesionales silenciosos», se retira de la escena dejando tras de sí un vacío de poder sin precedentes en la nación hispanoamericana.
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