En 1919 el llamado Tratado de Versalles puso fin a la I Guerra Mundial. Esta semana, la localidad francesa, famosa en todo el mundo por acoger el palacio más representativo de la extinta monarquía francesa, volvió a acoger la firma de un documento de paz, el que sobre papel rubricaba por parte de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, el fin provisional de la guerra que ha enfrentado a este país con Irán, que ya lo hizo antes pero electrónicamente.
Trump estampaba su firma aprovechando su estancia oficial en Francia, donde se reunió el G7, y donde eligió el Palacio de Versalles como escenario para ratificar el memorando de entendimiento que pone fin a meses de enfrentamiento entre Washington y Teherán. «Está firmado, lo firmé en Versalles», declaró el mandatario estadounidense al ser preguntado por la prensa, en el marco de un acto celebrado en presencia del presidente francés, Emmanuel Macron, y del secretario de Estado, Marco Rubio.
El memorando, compuesto por 14 puntos y fruto de una intensa mediación liderada por Pakistán con el respaldo de varios países de Oriente Próximo, establece un cese inmediato de las hostilidades y abre un periodo de sesenta días para negociar un acuerdo definitivo sobre las cuestiones más sensibles entre ambos países, especialmente el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones internacionales.
Entre las medidas incluidas figuran la reapertura del estrecho de Ormuz, vital para el comercio mundial del petróleo, el levantamiento gradual del bloqueo naval impuesto por Estados Unidos y la liberación de activos iraníes congelados en el extranjero. Además, Washington se compromete a impulsar un ambicioso plan de reconstrucción económica valorado en unos 300.000 millones de dólares.
La firma en Versalles se produjo después de que la ceremonia inicialmente prevista en Suiza fuera cancelada debido a discrepancias internas en Irán. Según diversas fuentes diplomáticas, las partes optaron por formalizar el pacto mediante un intercambio de firmas a distancia, aunque Trump quiso escenificar personalmente la rúbrica durante una cena oficial en Francia.
El acuerdo representa el primer entendimiento de esta naturaleza entre ambos países desde la revolución iraní de 1979 y ha sido recibido favorablemente por los líderes del G7 y por los mercados financieros, que reaccionaron con una moderada caída de los precios del petróleo ante la expectativa de una normalización de las exportaciones y de la navegación en el golfo Pérsico. No obstante, persisten las incógnitas sobre el futuro del programa de misiles iraní y sobre el papel de Israel, que ha mostrado reservas respecto al alcance del pacto.



