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jueves, julio 30, 2026

2026–2027: Mundo al límite. Multipolaridad, guerra híbrida y posible colapso del orden mundial

Debe leer

Tensión permanente, rivalidades estratégicas y zonas grises de confrontación internacional

Open Source Intelligence Report. Strategic Analysis (OSINT-P)

El trabajo académico original puede descargarse en este enlace:

ARTÍCULO DE MARTÍN GONZÁLEZ

 

Disclaimer doctrinal

El presente análisis se elabora conforme a los estándares de inteligencia estratégica empleados por la OTAN y la Unión Europea, utilizando exclusivamente fuentes abiertas verificadas y marcos doctrinales reconocidos. No constituye una evaluación clasificada ni refleja una posición política, institucional u oficial del autor en su condición de analista de inteligencia, seguridad y defensa.

Introducción

El sistema internacional en 2026 se encuentra inmerso en un paradigma de competencia estratégica prolongada (protracted strategic competition), caracterizado por el desgaste del orden liberal posterior a 1945 y la consolidación de una multipolaridad conflictiva. Desde una perspectiva realista estructural, aunque desde perspectivas liberales (e.g., Keohane, 1984), las instituciones podrían adaptarse, esta evolución refleja tanto la redistribución del poder material como el debilitamiento de las normas que sostenían el statu quo (Waltz, 1979; Gilpin, 1981; Mearsheimer, 2014). El entorno de seguridad contemporáneo es multidominio, no lineal y sistémicamente interconectado, conforme al marco de threat-based deterrence establecido por la OTAN (NATO, 2022).

La disuasión clásica, diseñada para escenarios binarios, resulta insuficiente frente a dinámicas de coerción progresiva, guerra híbrida y operaciones en zona gris (Gray Zone Warfare) (Hoffman, 2007; U.S. Department of Defense [DoD], 2023). La zona gris se define doctrinalmente como el espacio competitivo situado por debajo del umbral del conflicto armado convencional, pero por encima de la cooperación rutinaria, caracterizado por ambigüedad, negación plausible y gradualismo coercitivo (U.S. Joint Chiefs of Staff, 2023). Tal como advierte Sun Tzu, “cuando ellos creen que estás lejos, estás cerca; cuando creen que estás cerca, estás lejos”, subrayando la centralidad de la ambigüedad estratégica en el ejercicio del poder contemporáneo (Sun Tzu, 2005/2017).

La creciente inestabilidad estructural se ve reforzada por la incapacidad de las instituciones multilaterales para actuar como amortiguadores de crisis. La ONU, la UE y la CPI, pilares normativos del orden internacional posterior a 1945, muestran en la práctica limitaciones significativas en términos de disuasión, mediación y coerción frente a conflictos de alta intensidad (Barnett & Finnemore, 2004; Bosco, 2014). Esta pérdida de funcionalidad genera un incentivo perverso: los actores revisionistas perciben que pueden operar impunemente y prolongar conflictos sin asumir costes materiales relevantes.

El análisis de este informe se centra en los principales focos de fricción global, concebidos como subsistemas regionales interdependientes (Buzan & Wæver, 2003), cuyas interacciones producen efectos estratégicos de segundo y tercer orden, amplificando riesgos de escalada, normalización de la coerción y conflicto prolongado.

La comprensión de estas dinámicas exige un enfoque multidominio y sistémico que integre tanto las dimensiones militares y cibernéticas como las geoeconómicas, ideológicas y normativas.

La innovación principal de este análisis radica en integrar:

  1. Una perspectiva prospectiva hasta 2027, basada en tendencias históricas verificables y escenarios plausibles.
  2. La sistematización de los riesgos de escalada en múltiples dominios (militar, económico, cibernético, ideológico).
  3. La incorporación de IA, ISR persistente y global commons como factores que comprimen el tiempo estratégico y modifican la eficacia de la disuasión.

En este contexto, el presente informe ofrece una evaluación rigurosa y verificable, utilizando únicamente fuentes abiertas (OSINT) y marcos doctrinales reconocidos, con citación precisa y referencias contrastables, permitiendo tanto la replicabilidad académica como la utilidad para análisis estratégicos.

  1. La Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Tras 1945, el sistema internacional quedó estructurado en torno a una configuración bipolar dominada por Estados Unidos y la Unión Soviética, lo que condicionó decisivamente el diseño institucional de la ONU, en particular el funcionamiento del Consejo de Seguridad.

El derecho de veto se concibió como un mecanismo de estabilidad entre grandes potencias, pero en el contexto actual se ha convertido en un instrumento de bloqueo que paraliza la acción colectiva incluso ante crímenes masivos.

La siguiente tabla presenta los componentes estructurales centrales de la ONU, destacando aquellos elementos que condicionan su capacidad de acción en escenarios de seguridad internacional.

Tabla 1

Estructura Central de la ONU

Componente Descripción Relevancia Estratégica
Asamblea General Órgano deliberativo con representación universal. Sus resoluciones no son vinculantes. Permite medir consensos globales, pero carece de capacidad coercitiva.
Consejo de Seguridad Integrado por 5 miembros permanentes con veto y 10 no permanentes. Núcleo decisorio en materia de paz y seguridad; su diseño genera bloqueos sistemáticos.
Secretaría General Encabezada por el secretario general; ejecuta mandatos y coordina agencias. Actor diplomático clave, pero con margen político limitado por los Estados miembros.
Corte Internacional de Justicia Órgano judicial principal; resuelve disputas entre Estados. Herramienta jurídica relevante, aunque dependiente de la voluntad estatal para acatar fallos.
ECOSOC Coordina políticas económicas y sociales. Espacio de cooperación técnica, con impacto indirecto en seguridad y gobernanza.

Nota: elaboración propia propia basada en Barnett & Finnemore (2004) y United Nations (1945, 1948).

Aunque la ONU fue concebida como un sistema de seguridad colectiva, su arquitectura responde a una correlación de poder propia de la posguerra mundial, no del entorno multipolar contemporáneo.

El uso sistemático del veto por parte de los miembros permanentes ha impedido la adopción de medidas coercitivas efectivas en conflictos como Siria, Ucrania, Gaza o Irak, entre otros muchos, relegando la acción internacional a resoluciones no vinculantes de la Asamblea General (United Nations, 1945; Bosco, 2014).

A. Operaciones de mantenimiento de la paz

Las operaciones de peacekeeping fueron diseñadas para estabilizar conflictos tras un alto el fuego, pero la combinación de mandatos restrictivos, reglas de enfrentamiento ambiguas, dependencia de la voluntad política de los Estados y falta de medios adecuados ha generado fracasos paradigmáticos (Dallaire, 2003; Masten, 2004).

Los casos de Ruanda (1994) y Bosnia–Srebrenica (1995) ilustran de forma empírica esta disfunción. En ambos escenarios, la presencia de fuerzas internacionales sin mandato robusto ni respaldo político efectivo generó una falsa expectativa de protección para la población civil, con consecuencias catastróficas.

Tanto el genocidio de Ruanda como la masacre de Srebrenica evidencian que la mera presencia física de cascos azules no garantiza protección si el mandato y la voluntad política son insuficientes (Paris, 2004; Bellamy et al., 2010).

La siguiente tabla sintetiza los principales patrones observados en las misiones de paz, identificando factores que condicionan su eficacia, así como los escenarios donde han mostrado limitaciones.

Tabla 2

 Misiones de Paz: Desempeño, Patrones y Limitaciones

Dimensión Descripción Impacto Operativo Ejemplos / Patrones Observados
Mandatos restrictivos Mandatos poco claros o sin autorización para el uso robusto de la fuerza. Incapacidad para proteger civiles o contener actores armados. Ruanda (1994); Srebrenica (1995); República Centroafricana (fases iniciales).
Dependencia de tropas aportadas por Estados La ONU no tiene ejército propio; depende de contribuciones voluntarias. Variabilidad en calidad, disciplina y capacidad de despliegue. Tropas con entrenamiento desigual; retrasos en despliegues críticos.
Limitaciones logísticas Infraestructura insuficiente, falta de movilidad aérea y recursos limitados. Respuesta lenta ante escaladas de violencia. Sudán del Sur; Mali; RDC.
Entornos de alta amenaza Presencia de grupos armados no estatales, terrorismo o crimen organizado. Misiones expuestas a ataques directos y pérdida de control territorial. MINUSMA (Mali); MONUSCO (RDC).
Interferencia política de Estados anfitriones Gobiernos que restringen movimientos, información o cooperación. Reducción de la eficacia y pérdida de neutralidad percibida. Etiopía (Tigray); Myanmar; Siria.
Expectativas desalineadas La comunidad internacional espera resultados políticos que exceden el mandato militar. Frustración, desgaste reputacional y percepción de ineficacia. Haití; Kosovo; Bosnia postconflicto.
Falta de coordinación interagencial Dificultades para integrar esfuerzos entre agencias de la ONU y actores externos. Respuestas fragmentadas y duplicación de esfuerzos. Crisis humanitarias complejas; reconstrucción postconflicto.

Nota: elaboración propia.

B. Conflictos contemporáneos

En Somalia (1993), Siria (2011–2021), Ucrania (desde 2014, intensificada en 2022) e Israel-Gaza (2023–actualidad, con alto el fuego frágil desde octubre 2025). A enero 2026, Gaza enfrenta ruinas y desplazamientos, con prohibiciones israelíes a grupos de ayuda. El patrón se repite: la ONU mantiene presencia humanitaria y diplomática, pero carece de capacidad para imponer un alto el fuego duradero o disuadir a los actores armados. En términos estratégicos, la organización ha transitado de un actor central de gobernanza a un foro declarativo sin capacidad de ejecución (Bosco, 2014).

El conflicto Israel-Palestina (Gaza 2023–actualidad) tiene sus raíces en el sionismo político de finales del siglo XIX, la partición de Palestina en 1947–48 tras el mandato británico, la Nakba (expulsión y ulterior éxodo de ~750.000 palestinos) y las sucesivas guerras árabe-israelíes. La ocupación de Cisjordania y Gaza desde 1967, la expansión de asentamientos y el bloqueo de Gaza desde 2007 crearon las condiciones para la radicalización y el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 (Mearsheimer, 2014; Freedman, 2013).

  1. La Unión Europea (UE)

La Unión Europea representa un caso singular: posee una enorme capacidad económica, regulatoria y diplomática, pero carece de los instrumentos coercitivos que definen a una potencia estratégica clásica. Su diseño institucional responde a un proyecto de integración económica y normativa, no a una lógica de poder duro. (Manners, 2002; Tocci, 2020). La siguiente tabla analiza la estructura de la UE, identificando sus órganos centrales y el impacto de su arquitectura institucional sobre la eficacia operativa y la respuesta a crisis contemporáneas.

Tabla 3

 Estructura Central de la Unión Europea

Componente Descripción Relevancia Estratégica
Consejo Europeo Integrado por los jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros y presidido por un presidente permanente. Define las orientaciones y prioridades de la UE. Máxima instancia de decisión política; establece agendas estratégicas y políticas exteriores, pero no ejecuta directamente acciones militares ni coercitivas.
Consejo de la Unión Europea

(Consejo de ministros)

Representa a los gobiernos de los Estados miembros según áreas sectoriales. Sesiones legislativas y coordina políticas. Núcleo operativo de coordinación intergubernamental; relevante para políticas exteriores y de seguridad común, aunque sujeto a consenso entre miembros.
Parlamento Europeo Cuerpo legislativo elegido por sufragio directo; codecide leyes y presupuesto junto con el Consejo. Permite legitimación y control presupuestario; influye indirectamente en capacidad estratégica a través del financiamiento de políticas exteriores y defensa.
Comisión Europea Órgano ejecutivo encabezado por el presidente; propone legislación, ejecuta decisiones y administra programas. Motor de integración política y económica; implementa políticas estratégicas, pero depende del mandato político del Consejo y Parlamento.
Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) Actúa como diplomacia europea, coordinando delegaciones y jefaturas de misión en el exterior. Instrumento diplomático y de coordinación internacional; capacidad limitada de coerción directa; influencia creciente en conflictos internacionales y gestión de crisis.
Agencia Europea de Defensa (EDA) Coordina cooperación en defensa, investigación y capacidades militares entre Estados miembros. Facilita desarrollo de capacidades militares comunes; incrementa autonomía estratégica europea, aunque sin autoridad coercitiva sobre Estados miembros.
Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) Órgano judicial que interpreta legislación comunitaria y garantiza su aplicación uniforme. Instrumento jurídico clave; asegura cumplimiento normativo, sin facultades coercitivas sobre defensa o política exterior.
Alto Representante de la UE para Política Exterior y Seguridad Común (PESC) Coordina política exterior, defensa y seguridad común; representa a la UE en el exterior. Rol diplomático central en articulación estratégica; limitado por consenso intergubernamental y capacidades militares concretas.
Fondo Europeo de Defensa y PESCO Instrumentos financieros y de cooperación militar para proyectos conjuntos y capacidades estratégicas. Refuerza integración industrial-militar y autonomía estratégica; impacto concreto depende de voluntad política de los Estados miembros y financiación sostenible.
Banco Europeo de Inversiones (BEI) Proporciona financiación a proyectos estratégicos, incluida infraestructura crítica y transición energética. Facilita resiliencia económica y seguridad estratégica indirecta; influencia indirecta sobre la estabilidad regional y global.

Nota: elaboración propia, combinando análisis de instituciones de la UE (Council of the EU, 2025; European External Action Service, 2024; EDA, 2023).

La UE es una potencia normativa (Manners, 2002), capaz de influir mediante regulación, comercio y diplomacia multilateral, pero sin ejército plenamente integrado, cadena de mando unificada ni capacidad autónoma de proyección de fuerza. La defensa sigue siendo competencia soberana de los Estados miembros, y cualquier acción militar requiere unanimidad y coordinación con la OTAN.

En Ucrania, el Sahel e Israel–Gaza, la UE ha demostrado ser indispensable en sanciones, apoyo financiero y asistencia humanitaria, pero su incapacidad para desplegar fuerza bajo bandera propia la convierte en un gestor de consecuencias, no de crisis. Este déficit estructural ha sido reconocido en la Brújula Estratégica de la UE, que identifica la incapacidad de actuar de forma autónoma en escenarios de alta intensidad como una vulnerabilidad central (European Union, 2022; Tocci, 2020). La tabla que incorporamos a continuación evalúa la Unión Europea, destacando su capacidad frente a conflictos híbridos, geoeconómicos y tecnológicos.

Tabla 4

Limitaciones y Tensiones Críticas de la Unión Europea.

Dimensión Descripción Impacto Puntos de fricción asociados
Fragmentación intergubernamental Decisiones por consenso entre Estados miembros. Respuestas lentas ante crisis externas. Ucrania; Sahel; Mediterráneo; Indo-Pacífico.
Dependencia de aliados Limitada autonomía militar y estratégica respecto a EE. UU. y OTAN. Dificultad en operaciones coercitivas independientes. Ucrania; Ártico; defensa de SLOCs.
Capacidades militares dispares Diferencias en gasto, equipamiento e interoperabilidad. Riesgo de ineficacia en despliegues conjuntos. PESCO; misiones en África; defensa marítima.
Recursos financieros limitados Presupuesto restringido para defensa y seguridad. Imposibilidad de sostener despliegues prolongados. Misiones de paz; despliegues navales; ciberseguridad.
Instrumentalización política Estados priorizan intereses nacionales sobre comunes. Bloqueos en sanciones o acciones estratégicas. Sanciones a Rusia; diplomacia Oriente Medio.
Dependencia tecnológica Necesidad de proveedores externos en IA, semiconductores y vigilancia. Vulnerabilidad frente a coerción geoeconómica. Indo-Pacífico; ciberespacio; infraestructura crítica.
Gobernanza fragmentada Mandatos superpuestos entre agencias y tratados. Ineficiencia y duplicación en decisiones estratégicas. PESCO, EDA, SEAE; misiones civiles-militares.
Coordinación en crisis Protocolos insuficientes de despliegue y alerta. Retraso ante agresiones híbridas; menor disuasión. Ucrania; Sahel; ciberataques; Global Commons.
Desinformación externa Campañas de actores estatales y no estatales. Erosión de confianza pública y cohesión interna. Rusia y China; elecciones; presión sobre UE y OTAN.
Autonomía normativa limitada Requiere consenso para normas y sanciones. Debilidad para imponer decisiones coercitivas. Ucrania; Venezuela; África Occidental; Indo-Pacífico.

Nota: elaboración propia, basada en análisis de EEAS (2024), EDA (2023), Council of the EU (2025), NATO Review (2023).

  1. La Corte Penal Internacional (CPI)

La CPI, creada en 1998 mediante el Estatuto de Roma, representa el intento más ambicioso de institucionalizar la responsabilidad penal individual por crímenes internacionales (International Criminal Court, 1998). Sin embargo, desde la perspectiva de inteligencia, su eficacia está limitada por tres factores: ausencia de poder coercitivo, falta de adhesión universal y dependencia de la cooperación estatal (Bosco, 2014; Cryer et al., 2019).

Tabla 5

Corte Penal Internacional: Estructura y Relevancia Estratégica

Componente Descripción Relevancia Estratégica
Asamblea de Estados Parte Reúne a todos los Estados firmantes del Estatuto de Roma; aprueba presupuesto y decisiones administrativas. Determina dirección política y recursos; capacidad coercitiva limitada fuera de Estados miembros.
Oficina del Fiscal Encargada de investigar y enjuiciar crímenes de guerra, genocidio y crímenes de lesa humanidad. Actor clave en accountability; depende de cooperación estatal para detenciones y pruebas.
Sala de Primera Instancia y de Apelación Jueces independientes que dictan sentencias y resuelven apelaciones. Garantiza legalidad y procedimientos justos; eficacia condicionada por cumplimiento estatal.
Registro Gestiona documentación, evidencia y comunicación de causas. Facilita transparencia y procedimiento, pero no tiene poder coercitivo directo.
Oficina de Cooperación y Asistencia Jurídica Coordina con Estados miembros y terceros actores para ejecución de órdenes de detención y apoyo logístico. Su eficacia depende de voluntad política de los Estados; vulnerabilidad frente a actores no cooperantes.

Nota: elaboración propia a partir de Estatuto de Roma (1998) y reportes oficiales de la CPI (2024).

La no adhesión de grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y China genera una justicia internacional selectiva, con escasa capacidad disuasoria. El caso del primer ministro israelí, Netanyahu ilustra de forma clara esta limitación estructural: la CPI puede emitir órdenes de detención, pero carece de mecanismos para ejecutarlas sin cooperación estatal (International Criminal Court, 1998, arts. 86–89).

Los precedentes de Ruanda (1994) y Darfur (2003–2008) refuerzan este patrón: incluso acusados de genocidio pueden evadir la justicia internacional durante años si cuentan con respaldo político (Dallaire, 2003; Cryer et al., 2019). La CPI opera, así, como un mecanismo declarativo, no como un instrumento efectivo de contención, reforzando la vulnerabilidad del orden multilateral ante actores revisionistas (Freedman, 2013).

Por lo expuesto, la interacción entre ONU, UE y CPI evidencia un patrón común: fueron concebidas para un orden cooperativo y normativo, no para la multipolaridad conflictiva caracterizada por coerción progresiva, guerra híbrida y escaladas tecnológicas simultáneas. La ausencia de un árbitro global con autoridad efectiva permite que prosperen la guerra híbrida, la impunidad selectiva y la cronificación de los conflictos, consolidando la lógica de confrontación sistémica detectada en los escenarios prospectivos 2026–2027 (Horowitz, 2023; Mearsheimer, 2014).

  1. Actores y Correlación de Poder Global

Esta disfunción institucional se refleja en la correlación de poder global, como se detalla en la siguiente tabla.

Tabla 6

Actores y Correlación de Poder

Actor / Bloque Capacidad e Influencia Intereses Estratégicos Focos de Tensión Asociados
Estados Unidos Superpotencia militar, económica y tecnológica; miembro permanente con veto. Mantener liderazgo global, preservar orden liberal, contener rivales estratégicos. Rivalidad con China; tensiones en Oriente Medio; bloqueo en resoluciones sobre Israel–Palestina.
China Potencia emergente con proyección global; veto en el Consejo. Expansión económica, soberanía territorial, multipolaridad favorable a sus intereses. Mar de China Meridional; Taiwán; alineamiento con Rusia en vetos clave.
Rusia

(ex URSS)

Potencia militar nuclear; veto; influencia en espacios postsoviéticos. Preservar esfera de influencia, contrarrestar a la OTAN, evitar condenas. Ucrania; Siria; uso sistemático del veto para bloquear sanciones.
Francia y Reino Unido Potencias europeas con veto; influencia diplomática y militar limitada pero estable. Defensa del orden multilateral, intereses en África y Oriente Medio. Tensiones por intervenciones militares; divergencias con EE. UU. y China en resoluciones.
Potencias Medias (India, Brasil, Sudáfrica, Turquía, Japón) Creciente peso económico y regional; buscan mayor representación. Reforma del Consejo de Seguridad; autonomía estratégica. Competencia regional; frustración por falta de reformas.
Bloques Regionales

(UE, Liga Árabe, UA, ASEAN)

Capacidad de coordinación variable; influencia indirecta. Estabilidad regional, agendas económicas y de seguridad. Conflictos internos; posiciones divergentes que diluyen su peso en la ONU.
Actores No Estatales

(ONG, empresas, grupos armados)

Influencia creciente en agendas humanitarias, climáticas y de seguridad. Incidir en políticas globales, visibilidad, legitimidad. Interferencia en conflictos; presión sobre Estados; impacto en sanciones y misiones.

     Nota: elaboración propia.        

Desde el Sur Global, potencias medias como India, Brasil y Sudáfrica, junto con bloques como la Unión Africana (UA), perciben el orden liberal como un sistema heredado del colonialismo y la Guerra Fría que perpetúa desigualdades, lo que bloquea reformas en el Consejo de Seguridad que darían mayor voz a regiones subrepresentadas.

Esta frustración por los vetos sistemáticos de los P5 (miembros permanentes) mina la legitimidad de la ONU, incentivando alianzas alternativas como los BRICS, cuya declaración de Río 2025 enfatiza cooperación Sur Global y reformas multilaterales, sin posicionarse uniformemente contra el orden liberal.

En la siguiente tabla podemos apreciar los conflictos primarios más relevantes de alta intensidad en el que se recoge el foco de tensión, la región, el impacto, la probabilidad, la tendencia, el dominio y la fuente.

Tabla 7

Conflictos primarios de alta intensidad

Foco de tensión Región Impacto estratégico Probabilidad 2026–2027 Tendencia 6 / 12 / 24 meses Dominio Fuente doctrinal
China–Taiwán Indo-Pacífico Muy alto Media-Alta Alta / Muy alta / Muy alta Convencional, ciber, económico RAND Corporation (2023)
Rusia–Ucrania Europa Oriental Muy alto Alta Alta / Alta / Media Convencional, energético, ciber IISS Global Strategic Trends (2024)
Israel–Irán Oriente Medio Alto Alta Alta / Media / Media Proxy, misiles, híbrido CSIS; Schelling (1966)

Nota: elaboración propia.

Esta tabla describe los focos de tensión con impacto moderado y probabilidad media de escalada, caracterizados por conflictos híbridos, económicos y militares limitados.

Tabla 8

Conflictos secundarios de mediana intensidad

Foco de tensión Región Impacto estratégico Probabilidad 2026–2027 Tendencia 6 / 12 / 24 meses Dominio Fuente doctrinal
Sahel África Occidental Alto Media Media / Media / Media Irregular, proxy, humanitario Kaldor (2012); (US AFRICOM, 2024)
Corea del Norte Asia Oriental Alto Media Media / Alta / Alta Nuclear, híbrido, ciber U.S. Department of Defense (DoD, 2023)
Guerra comercial EE. UU.–China–UE Global Alto Media Alta / Media / Media Económico, geoeconómico Blackwill & Harris (2016)
México–EE. UU. (incidentes navales) América del Norte Medio Media Media / Alta / Media Militar limitado, seguridad fronteriza OSINT

Nota: elaboración propia.

  1. Escenarios Regionales

5.1. Oriente Medio

Oriente Medio ha entrado en una fase de ruptura del equilibrio regional, marcada por el colapso del modelo de disuasión indirecta basado en actores proxy. La ofensiva de Hamás en 2023 y la respuesta israelí activaron un entorno de escalada en cascada (cascade escalation environment, CSIS, 2024), que culminó en una guerra directa de 12 días entre Israel e Irán en junio 2025, con ataques a instalaciones estratégicas y misiles de largo alcance, aunque las tensiones persisten en 2026, sin escalada inmediata.

Es de consideración la doctrina israelí de Campaign Between Wars (CBW / MABAM), orientada a degradar capacidades enemigas mediante acciones preventivas limitadas, manteniendo el conflicto por debajo del umbral de guerra abierta (Inbar & Shamir, 2017).

El conflicto evoluciona hacia una confrontación interestatal latente de alta intensidad, con implicaciones regionales sistémicas. Estados Unidos mantiene apoyo a Israel desde una lógica de hegemonía selectiva (Kupchan, 2012; Posen, 2014), priorizando intereses inmediatos sobre arquitectura regional. Arabia Saudí y EAU actúan como potencias estabilizadoras defensivas.

La inclusión del dominio marítimo como factor crítico es sustancial: Mar Rojo, Bab el-Mandeb y Golfo de Adén se han convertido en puntos de disrupción de SLOCs mediante ataques hutíes, con impacto en comercio global y seguridad energética (CSIS, 2024).

Clausewitz (1989) recordaba que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, reflejando cómo la acción militar se entrelaza con los objetivos estratégicos y diplomáticos regionales (p. 87).

5.2. Rusia y Ucrania

La guerra Rusia-Ucrania se origina en la disolución de la URSS (1991), la expansión de la OTAN hacia el este (percibida por Moscú como amenaza existencial), la Revolución Naranja (2004) y especialmente la Revolución del Maidán (2014), que derrocó al presidente prorruso Yanukóvich, cuestión que precipitó la anexión rusa de Crimea y la guerra en Donbás (2014-2022), escalando a invasión a gran escala en febrero de 2022.

La guerra en Ucrania se ajusta al patrón de conflicto prolongado de alta intensidad bajo umbral OTAN-Rusia, conforme a doctrina aliada. Rusia consolida control territorial y Ucrania mantiene negación apoyada externamente. A enero 2026, el conflicto continúa con ataques de drones de manera continuada (más de 200 en Año Nuevo) y presión rusa en el sur, sin resolución inminente.

A esto se suma, por una parte, el concepto de “war of attrition industrial”, donde la capacidad de producción de munición, drones y sistemas ISR es tan decisiva como las maniobras tácticas (Gilli & Gilli, 2023) y, por otra, la dimensión espacial: satélites, ISR comercial y sistemas como Starlink se han convertido en infraestructura crítica de combate, difuminando la frontera civil-militar.

La alineación ruso-china-iraní-norcoreana configura un ecosistema revisionista informal. Freedman (2013) enfatiza: “la estrategia contemporánea es acumulativa, no decisiva”, explicando la prolongación del conflicto sin resolución final.

5.3. China y Taiwán

El conflicto entre China–Taiwán se originan en la guerra civil china (1945–1949), cuando los nacionalistas (KMT) derrotados se refugiaron en Taiwán, proclamando la República de China (ROC). La República Popular China (PRC) considera a Taiwán una provincia rebelde inseparable, mientras que la isla evolucionó hacia una democracia de facto independiente, especialmente tras la democratización de los años 1990.

El Estrecho de Taiwán constituye el principal punto de estrés del sistema internacional. China despliega una estrategia de coerción progresiva multidominio, coherente con escenarios de fait accompli descritos por RAND (2022). A enero 2026, China realiza ejercicios simulando bloqueos, pero sin invasión o bloqueo real, aumentando la fricción, sin escalada inmediata.

Se incorporan escenarios de quarantine o customs blockade como opción preferente frente a una invasión directa, reduciendo costes políticos y militares iniciales (RAND, 2023).

Taiwán adopta una doctrina de defensa asimétrica y resiliencia societal (porcupine strategy), incrementando costes de agresión sin escalar. Además, los semiconductores (TSMC) constituyen un objetivo estratégico central dentro de la lógica de interdependencia armamentizada (Farrell & Newman, 2019).

Como advierte Sun Tzu, “la suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin luchar” (Sun Tzu, 2005), reflejando la estrategia de presión gradual y normalización de políticas de hechos consumados.

5.4. Estados Unidos

La política exterior de Estados Unidos durante la administración de Donald Trump, en su segundo mandato iniciado en 2025, se ha caracterizado por una retracción selectiva de los compromisos multilaterales y un aumento deliberado del uso de coerción directa contra actores considerados estratégicamente problemáticos. Este enfoque se alinea con el concepto de transactional primacy, definido por el Center for Strategic and International Studies como un paradigma en el cual la primacía estadounidense se ejerce mediante decisiones tácticas orientadas a maximizar beneficios inmediatos, aun a costa de reducir la previsibilidad estratégica y la cohesión con aliados tradicionales (CSIS, 2023). Desde la perspectiva del realismo estructural, esta lógica corresponde a la premisa de que «el poder es la única moneda que importa en la política internacional» (Mearsheimer, 2014, p. 27), justificando acciones unilaterales, demostraciones de fuerza y la imposición de hechos consumados.

Un ejemplo paradigmático es el ataque aéreo contra embarcaciones clasificadas como narcocargo en el Pacífico/Caribe en enero de 2026, con múltiples fallecidos y tensiones diplomáticas regionales (no confirmadas como mexicanas en fuentes OSINT; parecen vinculadas a rutas venezolanas/Tren de Aragua). Aunque presentado como medida de seguridad interna contra el narcotráfico transnacional, constituye una violación de la soberanía estatal y del principio de no intervención, estableciendo precedentes peligrosos para el uso unilateral de la fuerza armada (UNODC, 2026).

En el ámbito económico, la estrategia se ha materializado mediante aranceles escalonados, fragmentación de cadenas de suministro y securitización de sectores tecnológicos críticos como la inteligencia artificial, semiconductores avanzados y tecnologías de doble uso. Los controles de exportación entre 2023 y 2025 y estrategias de friend-shoring muestran un viraje hacia bloques económicos fortificados, como confirma la OECD (2023), corroborando que la economía se ha convertido en un instrumento estratégico de poder estatal (Blackwill & Harris, 2016, p. 113).

La integración de estos instrumentos de política económica y de seguridad permite facilitar la aplicación selectiva de sanciones y restricciones, sin necesidad de recurrir a conflictos abiertos.

El uso de operaciones externas también refleja condicionantes internos: la aprobación presidencial de Trump se estabilizó alrededor del 40 % hacia finales de 2025 (Reuters/Ipsos, 2025; Pew Research Center, 2025), evidenciando polarización política y descontento ciudadano, lo que pudo influir en despliegues militares en el Caribe para consolidar una narrativa de liderazgo firme ante un electorado fragmentado, especialmente en el contexto del ciclo electoral intermedio de 2026. Este patrón subraya la interacción entre factores internos y geoestratégicos, donde la inteligencia doméstica y la manipulación de fake news modulan prioridades externas.

Por ello, la convergencia de transactional primacy, coerción económica, unilateralismo operativo y condicionantes internos configura un entorno internacional más volátil, donde la fuerza recupera centralidad y las normas internacionales pierden efectividad, incrementando riesgos de escalada regional y debilitando alianzas tradicionales (CFR, 2025). Desde la perspectiva de inteligencia geoestratégica, este enfoque exige vigilancia continua de indicadores (INTEL) para anticipar pivotes tácticos que podrían desencadenar crisis sistémicas.

5.4.1. Ártico y Groenlandia

El Ártico se consolida como un espacio central de disuasión ampliada, conforme al DoD Arctic Strategy (U.S. Department of Defense, 2024). Su control permite proyectar poder estratégico más allá de las fronteras nacionales y asegurar rutas marítimas emergentes debido al deshielo, así como los recursos naturales críticos de la región. Este dominio fortalece la influencia económica y militar frente a capacidades A2/AD desplegadas por Rusia y al avance chino en acceso dual. Groenlandia, por su parte, es considerado un activo crítico, ofreciendo plataformas avanzadas de vigilancia, alerta temprana y despliegue de fuerzas en el Atlántico Norte, lo que refuerza la seguridad de los global commons y proyecta influencia frente a rivales revisionistas (U.S. Department of Defense, 2022).

Además, el dominio submarino adquiere relevancia estratégica: cables de comunicación, gasoductos e infraestructura crítica bajo el mar se convierten en objetivos de sabotaje no atribuible, incrementando la capacidad de disuasión y la presión geoeconómica sin recurrir a conflictos declarados (NATO, 2024). Este control submarino se complementa con el dominio espacial y las órbitas polares, esenciales para vigilancia, alerta temprana y gestión de la velocidad de escalada de conflictos, reforzando la anticipación estratégica sobre adversarios y la protección de activos críticos.

En conjunto, el Ártico, Groenlandia, el dominio submarino y el espacial constituyen un sistema integrado que permite a Estados Unidos maximizar su capacidad de disuasión, proyectar poder y asegurar los global commons, consolidando ventajas frente a actores revisionistas sin necesidad de confrontación abierta (NATO, 2025; U.S. Department of Defense, 2024).

5.4.2. Venezuela

Venezuela constituye un conflicto híbrido persistente de elevada relevancia geoestratégica, donde convergen coerción económica, presión militar limitada, operaciones de influencia y disputas por la legitimidad internacional (U.S. Southern Command, 2024).

Tradicionalmente, estas dinámicas se desarrollan por debajo del umbral de guerra declarada, generando inestabilidad estructural crónica típica de escenarios híbridos, en los que las fronteras entre paz y conflicto armado permanecen ambiguas para maximizar la flexibilidad operativa.

Las acciones unilaterales de alta intensidad, particularmente con fuerzas militares regulares o de élite, evidencia que la política de hechos consumados está desplazando el conflicto hacia confrontación convencional selectiva, aun sin declaración formal de hostilidades. Este viraje no elimina la naturaleza híbrida, pero eleva el umbral de violencia y reduce la ambigüedad estratégica, acercando ciertas acciones a dinámicas de guerra interestatal clásica. La inteligencia cibernética (CYBINT) ha facilitado infiltraciones en redes venezolanas, potenciando la precisión de intervenciones externas y erosionando la ciberdefensa del régimen.

La dimensión híbrida persiste en la superposición de sanciones económicas y financieras, restricciones al comercio de petróleo, campañas de desinformación, presencia de asesores militares extranjeros y confrontaciones indirectas, todos orientados a debilitar la gobernanza sin asumir los costos plenos de una intervención abierta.

La recurrencia creciente de operaciones cinéticas de alta precisión introduce una tensión estructural entre lo híbrido y lo convencional, con implicaciones sistémicas para el orden internacional, incluyendo la proliferación de tácticas similares por parte de otros actores globales.

Geopolíticamente, Venezuela adquiere un valor estratégico al servir como plataforma logística y política para actores extrahemisféricos, especialmente Rusia e Irán, cuya cooperación militar, energética y tecnológica (incluyendo transferencias de armamento y respaldo diplomático) inserta al país en la competencia sistémica global, convirtiéndolo en un punto de fricción proxy en el hemisferio occidental (Real Instituto Elcano, 2025).

La integración de inteligencia cubana y, por ende de la Rusa, en la seguridad nacional potencia la resiliencia del régimen y dificulta operaciones occidentales de influencia interna.

La dimensión humanitaria y migratoria, con un éxodo superior a 7 millones desde 2015 (UNHCR, 2025), genera presiones en países vecinos y justifica narrativas de intervención humanitaria que enmascaran fines geoestratégicos.

La actuación estadounidense sigue una lógica de hechos consumados escalonados, combinando presión económica, interdicciones selectivas, operaciones de fuerzas especiales y acciones cinéticas de precisión, sustentadas en la narrativa del combate al narcotráfico transnacional (OAS, 2025). En este marco se inscribe la operación Southern Spear, orientada al desmantelamiento del Cartel de los Soles, que culminó en la captura del presidente Nicolás Maduro y de Cilia Flores por el 1.er Destacamento Operativo de Fuerzas Especiales Delta (SFOD-D), confirmada por la Casa Blanca en enero de 2026.

Aunque no constituye el eje estructural del conflicto, representa un salto cualitativo en el uso de la fuerza, incorporando elementos convencionales en el targeting directo de un jefe de Estado, bajo pretexto de seguridad interna. La ausencia de declaración de guerra confirma la tendencia contemporánea a normalizar la acción militar antes de la legitimación jurídica, erosionando principios internacionales de soberanía y no intervención (International Crisis Group, 2026).

Doctrinalmente, la combinación de ambigüedad híbrida y acción convencional refleja tradiciones estratégicas que privilegian engaño, opacidad y manipulación de percepciones. Como señala Sun Tzu, «toda guerra se basa en el engaño» (2005, p. 87), principio que en Venezuela se materializa mediante proxies, operaciones encubiertas, campañas de influencia y golpes cinéticos directos, diseñados para generar incertidumbre estratégica.

La cohesión del estamento militar venezolano sigue siendo el factor crítico de estabilidad; su fragmentación podría precipitar un cambio de poder con repercusiones regionales en seguridad, alineamientos y flujos de petróleo.

Venezuela se consolida como un escenario de transición estratégica, donde un conflicto inicialmente híbrido incorpora progresivamente rasgos convencionales, reconfigurando el uso de la fuerza en el hemisferio occidental. Desde la perspectiva de inteligencia geoestratégica, este panorama exige un control integral de indicadores (OSINT, IMINT) para anticipar escaladas que puedan involucrar a potencias extra regionales y alterar los equilibrios hemisféricos.

5.5. Sahel

El conflicto en el Sahel surge de la combinación de debilidad estatal crónica post-independencia (1960s), rebeliones tuareg (desde 2012 en Mali), proliferación de grupos yihadistas (AQMI, JNIM, Estado Islámico) tras la caída de Gadafi en Libia (2011) y factores agravantes como cambio climático, disputas por recursos y gobiernos corruptos.

El Sahel encarna guerra irregular prolongada, donde yihadismo, colapso estatal y contratistas militares convergen. La región es un espacio de competencia indirecta entre potencias, con alto impacto humanitario.

5.6. India y Pakistán

El conflicto India-Pakistán tiene origen en la partición de 1947, cuando el principado de Cachemira (de mayoría musulmana pero gobernado por un maharajá hindú) quedó en disputa. Las guerras de 1947-48, 1965 y 1999 (Kargil), junto con la nuclearización de ambos países (1974 India, 1998 Pakistán), convirtieron Cachemira en el principal foco de riesgo de escalada nuclear.

El equilibrio nuclear indo-pakistaní es intrínsecamente inestable, agravado por capacidades hipersónicas y cibernéticas, reduciendo tiempos de decisión (IISS, Military Balance, 2025). Clausewitz: “la guerra no es un acto aislado sino un acto político completo, un instrumentum regni”, recordando la interdependencia entre política y disuasión nuclear (Clausewitz, 1989).

En este punto, a ningún analista ha de escapársele que, es imprescindible considerar el impacto de capacidades hipersónicas y cibernéticas, reduciendo tiempos de decisión y aumentando riesgo de escalada inadvertida (IISS, 2025/2026).

5.7. Corea del Norte

La capacidad de “segundo golpe” fortalece la disuasión de supervivencia del régimen, respaldada por el alineamiento estratégico con Moscú y Pekín y por canales de diplomacia alternativa que reducen su vulnerabilidad a ataques preventivos.

La península coreana sigue siendo un punto caliente de fricción global, mientras que la dinámica genera un efecto demostración sobre el régimen de no proliferación nuclear (IAEA, 2024).

La combinación de capacidades de segundo golpe, alianzas y diplomacia alternativa complejiza la contención, aumentando la necesidad de vigilancia y  control permanente a través del adecuado análisis de señales débiles, así como la evaluación de riesgos integrales de escalada regional y global.

  1. La inoperancia del multilateralismo: ONU, UE y CPI
  • ONU: el veto estratégico paraliza la acción de los cascos azules, haciendo que despliegues en Ruanda (1994), Siria (2011–2021), Ucrania y Gaza sean principalmente simbólicos y de efecto limitado.
  • UE: potencia normativa sin ejército propio ni policía internacional; depende de la OTAN para la ejecución coercitiva.
  • CPI: justicia sin mecanismos de cumplimiento; líderes como el primer ministro israelí, Netanyahu, no reconocen su jurisdicción, y sus aliados no ejecutan ni obedecen sus órdenes. Freedman advierte que “cuando los mecanismos de gobernanza no pueden castigar la fuerza, la fuerza se convierte en la norma” (Freedman, 2013).

PERORATIONES

El mundo de 2026 ha cruzado un umbral crítico, aún en fase de consolidación. La ejecución por parte de Estados Unidos de la Operación Southern Spear, culminando con la captura del presidente Nicolás Maduro y la degradación directa de las capacidades estatales venezolanas, constituye un evento de alto impacto sistémico. Más allá de su dimensión regional, la operación se inscribe en una tendencia más amplia: la progresiva adopción, por las grandes potencias, de una política de hechos consumados como instrumento central de acción estratégica.

Este patrón (observable previamente en la actuación rusa en Ucrania, implícito en la postura china respecto a Taiwán y anticipado en enfoques utilitarios sobre territorios estratégicos como Groenlandia) no responde a una convergencia ideológica, sino a una lógica compartida: alterar la realidad sobre el terreno a una velocidad superior a la capacidad de reacción del sistema internacional, imponiendo una nueva normalidad difícil de revertir diplomática o jurídicamente.

Desde esta perspectiva, la seguridad jurídica internacional no se colapsa abruptamente, pero sí se reconfigura. Deja de operar como límite efectivo de la acción estatal para transformarse en una variable de coste diferido, gestionable en función de la resiliencia económica, el control de la narrativa y la cohesión aliada. La vulneración del marco legal internacional pasa así, de ser un subproducto indeseado, para convertirse en un recurso estratégico, explotado mediante la velocidad, la ambigüedad inicial y el control del ritmo de escalada.

La falta de emulación inmediata tras la intervención en Venezuela refleja un cálculo estratégico de actores revisionistas, aunque refuerza la percepción de que operaciones rápidas y selectivas pueden ejecutarse con costes políticos iniciales asumibles, dejando abierta la posibilidad de replicación futura.

Este precedente se articula en tres dimensiones interdependientes, cuya evolución determinará su impacto general:

  1. Deterioro del marco jurídico internacional, no por desaparición normativa, sino por su creciente instrumentalización selectiva, lo que debilita la disuasión basada en reglas.
  2. Riesgo exponencial de imitación estratégica, condicionado por la evaluación comparativa de costes y beneficios por parte de otras potencias.
  3. Presión sobre la estabilidad regional y global, a través de la inestabilidad cronificada debido al incremento de los flujos migratorios, la reconfiguración de redes ilícitas y las dinámicas proxy.

Estas dinámicas interactúan de forma acumulativa, aumentando la volatilidad del actual orden mundial, incluso en ausencia de escaladas abiertas. La incertidumbre se consolida así, como variable dominante del entorno geoestratégico, más por saturación paulatina que por rupturas.

La gestión permanente de crisis multidominio incrementa la probabilidad de escaladas por error de cálculo más que por intención deliberada.

Los conflictos en zona gris, así como los global commons privilegia la imposición de hechos consumados bajo el umbral de guerra y revela una cohesión aliada pragmática, selectiva y no automática.

La acumulación de “microincidentes” y acciones ambiguas provoca fatiga disuasoria, destruyendo gradualmente la credibilidad de las líneas rojas, mientras la lentitud de los mecanismos multilaterales limita la contención desde el inicio.

Los esfuerzos de transición gestionada en Venezuela intentan evitar un colapso inmediato, pero la inestabilidad prolongada, la legitimidad cuestionada y la activación de dinámicas proxy siguen siendo riesgos significativos.

La proyección 2026–2027 sugiere la normalización de conflictos híbridos persistentes (Indo-Pacífico, Europa, Ártico y hemisferio occidental), donde la interacción entre focos eleva el riesgo de escaladas involuntarias con impactos desproporcionados.

La intervención en Venezuela podría reconfigurar las dinámicas de poder regional que obligará a muchos países latinoamericanos a revaluar sus estrategias acelerando una geopolítica en transición.

Desde la inteligencia geoestratégica, la política de hechos consumados es aplicable como marco analítico, como conjunto de indicadores de alerta temprana y como variable de riesgo global, integrando OSINT, IMINT, CYBINT, ECONINT y HUMINT para anticipar pivotes tácticos y señales débiles.

Las implicaciones estratégicas se mantienen:

  • La disuasión efectiva dependerá crecientemente de la resiliencia societal y económica, la continuidad funcional y la capacidad de absorción del impacto.
  • Europa deberá avanzar hacia una autonomía operativa gradual, asumiendo escenarios de apoyo aliado selectivo.
  • El Indo-Pacífico continuará condicionando la seguridad euroatlántica mediante coerción geoeconómica, tecnológica y militar.
  • La gobernanza global muestra límites estructurales para gestionar crisis simultáneas, desplazando la seguridad hacia arreglos por bloques y potencias, más que a instituciones universales.

La principal fuente de riesgo proviene de la acumulación de tensiones en el mundo, donde la escalada no responde a decisiones deliberadas de las grandes potencias, sino a la saturación de conflictos y a acciones coercitivas ambiguas dentro de un “orden” global marcado por una fricción permanente, resultado de la incapacidad colectiva para sostener un equilibrio débil y cada vez más inestable.

Referencias

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BRICS. (2025). Rio de Janeiro declaration: Strengthening Global South cooperation. http://brics.br/en/documents/presidency-documents/250705-brics-leaders-declaration-en.pdf

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Dorn, S. (2025, December 30). Trump ends 2025 with worse approval ratings than this point in his first term and Biden’s. Forbes. https://www.forbes.com/sites/saradorn/2025/12/30/trump-ends-2025-with-worse-approval-ratings-than-this-point-in-his-first-term-and-bidens/

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Freedman, L. (2013). Strategy: A history. Oxford University Press. https://global.oup.com/academic/product/strategy-9780199325157

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Reuters/Ipsos. (2025, August 18). Trump approval holds at 40%, lowest level of his term: Reuters/Ipsos poll finds. Reuters. https://www.reuters.com/world/us/trump-approval-holds-40-lowest-level-his-term-reutersipsos-poll-finds-2025-08-18/

Sun Tzu. (2005). The art of war (S. B. Griffith, Trans.). Oxford University Press. (Original work ca. 5th century BCE)

Thakur, R. (2020). The United Nations, peace and security: From collective security to the responsibility to protect (2nd ed.). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781108762671

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U.S. Department of Commerce. (2023–2025). Export controls on advanced semiconductors, AI systems, and dual-use technologies [Regulatory updates]. Bureau of Industry and Security.

U.S. Southern Command. (2024). Posture statement of U.S. Southern Command before the 118th Congress. U.S. Department of Defense.

ANEXO 1. GLOSARIO DE TÉRMINOS

Tabla A.1

Glosario de terminología específica

Término Definición sintetizada y rigurosa
A2/AD

(Anti‑Access/Area Denial)

Estrategia para negar acceso y libertad de maniobra a fuerzas adversarias mediante misiles, defensa aérea, naval o submarina.
Accountability Responsabilidad penal o política por violaciones graves del derecho internacional, perseguida por mecanismos como la CPI.
Actores revisionistas Estados que buscan alterar el statu quo internacional mediante coerción o acciones directas (Rusia, China, Irán).
Ambigüedad estratégica Mantener incertidumbre sobre intenciones o respuestas para dificultar la planificación del adversario y evitar escaladas.
Autonomía estratégica Capacidad de un actor (UE) para actuar en seguridad y defensa sin depender de aliados externos.
BRICS Bloque de potencias emergentes que promueven un orden alternativo al liberal occidental.
Campaign Between Wars

(CBW / MABAM)

Doctrina israelí de operaciones preventivas limitadas para degradar capacidades enemigas sin llegar a guerra abierta.
Cascade Escalation Environment Entorno donde acciones ofensivas generan reacciones acumulativas que amplifican el conflicto.
Coerción progresiva

(Progressive Coercion)

Estrategia de presión gradual que incrementa costes al adversario sin cruzar el umbral de guerra abierta.
Competencia estratégica prolongada

(Protracted Strategic Competition)

Rivalidad sostenida entre grandes potencias sin conflicto total, con desgaste multidominio.
Customs Blockade / Quarantine Bloqueo parcial de rutas comerciales como forma de coerción sin recurrir a invasión directa.
Disuasión clásica Prevención de agresiones mediante amenaza creíble de represalias.
Disuasión basada en amenazas (Threat‑Based Deterrence) Estrategia que combina demostración de poder y amenaza creíble para impedir acciones adversarias.
Disuasión nuclear frágil Equilibrio nuclear inestable debido a tecnologías hipersónicas, ciberataques y tiempos de decisión reducidos.
Disuasión por negación Impedir el éxito de una agresión aumentando sus costes y dificultades operativas.
Dominios multidominio Ámbitos interconectados de confrontación: militar, cibernético, espacial, económico, informativo e ideológico.
Fait accompli Acción rápida que altera el statu quo antes de que el adversario pueda reaccionar.
Fatiga disuasoria Pérdida progresiva de credibilidad de amenazas o líneas rojas debido a la saturación de microincidentes o acciones ambiguas que debilitan la efectividad de la disuasión.
Geoeconomía coercitiva Uso de instrumentos económicos como herramientas estratégicas para influir en decisiones políticas o de seguridad.
Global commons Espacios comunes o globales fuera de jurisdicción nacional (aguas internacionales, Ártico, espacio, ciberespacio).
Guerra de atrición industrial

(War of Attrition Industrial)

Conflicto donde la capacidad industrial y logística determina la ventaja más que las maniobras tácticas.
Guerra híbrida Combinación de medios convencionales, irregulares, cibernéticos, económicos e informativos para lograr objetivos sin guerra declarada.
Guerra irregular Conflicto asimétrico protagonizado por actores no estatales mediante guerrilla, terrorismo o insurgencia.
Instrumentalización política del multilateralismo Uso selectivo de organismos internacionales para legitimar intereses nacionales.
Indicadores de alerta temprana Señales observables (narrativas, movimientos administrativos, silencios aliados) que anticipan pivotes tácticos, riesgos sistémicos o acciones estratégicas.
ISR

(Intelligence, Surveillance, Reconnaissance)

Capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que proporcionan información en tiempo real.
Microincidente Evento de baja intensidad o visibilidad que, acumulado, puede desestabilizar la credibilidad de la disuasión y aumentar la probabilidad de escalada sistémica.
Multipolaridad conflictiva Sistema internacional con múltiples potencias compitiendo simultáneamente sin hegemonía dominante.
Nakba Término palestino para el éxodo masivo de 1948 durante la creación del Estado de Israel.
Negación plausible

(Plausible Deniability)

Capacidad de negar responsabilidad en acciones agresivas, facilitando operaciones en zona gris.
Orden liberal posterior a 1945 Sistema internacional basado en instituciones multilaterales, normas democráticas y hegemonía estadounidense.
OSINT

(Open Source Intelligence)

Inteligencia obtenida exclusivamente de fuentes abiertas verificadas.
P5 Miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU con derecho de veto.
Peacekeeping Operaciones de la ONU para estabilizar conflictos tras un alto el fuego, con mandatos limitados.
Porcupine Strategy Defensa asimétrica basada en resiliencia societal y militar para elevar los costes de agresión.
Potencia normativa Actor que influye mediante normas, regulación y diplomacia blanda más que por poder militar.
Proxy Actor intermediario utilizado por un Estado para confrontar indirectamente a rivales.
Quarantine / Customs Blockade Medida coercitiva que bloquea selectivamente rutas comerciales bajo pretextos sanitarios o aduaneros.
Realismo estructural Teoría que explica el comportamiento estatal por la distribución del poder en un sistema anárquico.
Resiliencia societal Capacidad de una sociedad para resistir presión militar, económica o tecnológica manteniendo funciones esenciales.
Securitización de cadenas de suministro

Friend‑shoring

Reubicación de cadenas críticas hacia aliados para reducir dependencia de actores hostiles.
SLOCs

(Sea Lines of Communication)

Rutas marítimas esenciales para comercio y energía global.
Sur Global Conjunto de países en desarrollo que buscan mayor representación en el sistema internacional.
Transacción primaria

Transactional Primacy

Prioridad en influencias tácticas y acuerdos transaccionales sobre compromisos estratégicos prolongados.
Transición gestionada

(Managed Transition)

Proceso político-militar temporal para mantener control territorial, cooperación con actores del antiguo régimen y limitar colapso inmediato tras intervención.
Umbral del conflicto armado Límite entre competencia rutinaria y guerra convencional abierta.
War by Other Means Concepto que describe la geoeconomía como extensión de la guerra mediante instrumentos no militares.
Zona gris

(Gray Zone Warfare)

Espacio entre paz y guerra donde predominan ambigüedad, coerción gradual y negación plausible.
Zone of Competition /

Interdependencia Armamentizada

Integración de competencia militar, económica y tecnológica con objetivos estratégicos.

 

Martín González y Santiago, Doctor en Medicina, Seguridad y Derecho; Dr. h.c. Criminología. Investigador (UFP-C y UI-1) y Profesor Universitario (UFPC), Analista de Inteligencia y Seguridad

 

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