Los datos del ‘V Informe de Sostenibilidad sobre percepción ciudadana: creciente vulnerabilidad y fuerte sensibilización ante el cambio climático‘, de Engie España, elaborado por GAD3, reflejan un nivel de sensibilización ampliamente extendido en la sociedad española. El 73% de la población declara estar muy o bastante preocupada por el cambio climático, lo que confirma la consolidación de este fenómeno como una de las principales inquietudes públicas.
Asimismo, seis de cada diez ciudadanos consideran que el cambio climático afecta de forma significativa a su vida diaria, señalando impactos percibidos en ámbitos como las condiciones meteorológicas, el consumo energético o la disponibilidad de recursos. Estas cifras evidencian una percepción creciente de vulnerabilidad y subrayan la necesidad de avanzar en políticas de mitigación y adaptación con enfoque integral.
La ‘pertinaz’ sequía
En el último año, la percepción ciudadana identifica un incremento notable de los fenómenos meteorológicos extremos. El 88% de los españoles considera que los incendios forestales han aumentado mucho o bastante, situándose como el fenómeno cuya intensificación resulta más evidente. A continuación, se sitúan las lluvias intensas, inundaciones y episodios de lluvia torrencial (84%), así como las olas de calor (83%), en coherencia con los registros climáticos recientes.
En cuanto a los impactos asociados, la población señala como principal motivo de preocupación la disponibilidad de agua y la sequía (44%), un ámbito que se consolida como crítico para la sostenibilidad del país. Le siguen la agricultura y la producción de alimentos (37%), junto con la calidad de vida y la salud pública (35%), ámbitos donde los efectos del cambio climático se perciben como especialmente sensibles y con potenciales repercusiones a medio y largo plazo. Estas valoraciones ponen de manifiesto la necesidad de reforzar las estrategias de gestión del riesgo y adaptación frente a escenarios climáticos cada vez más exigentes.
La mitad de la población considera que la DANA o gota fría es consecuencia íntegra del cambio climático, mientras que cuatro de cada diez ciudadanos atribuyen en la misma medida los incendios forestales. En contraste, únicamente un 15% relaciona totalmente un apagón eléctrico con el cambio climático, lo que refleja una menor percepción de vínculo directo entre este tipo de incidentes y las alteraciones climáticas.
En relación con las medidas prioritarias para reducir los riesgos asociados a episodios de lluvias extremas, como la DANA registrada en octubre de 2024, la ciudadanía otorga mayor relevancia a la mejora de las infraestructuras de drenaje y los dispositivos de protección civil (41%).
Otras actuaciones señaladas como prioritarias incluyen la reordenación urbanística en áreas con riesgo de inundación (34%), así como el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana y los planes de emergencia (32%), junto con la adopción de energías renovables en el ámbito doméstico. Estas preferencias ponen de manifiesto la demanda social de soluciones estructurales y preventivas frente a fenómenos meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes.
Las soluciones que la población considera más efectivas
Siete de cada diez españoles declaran mostrar interés por estos temas, lo que confirma una percepción social consolidada sobre la relevancia del cambio climático y sus implicaciones. En el plano individual, entre quienes se plantean adoptar hábitos de vida más sostenibles, destacan como acciones prioritarias el uso más frecuente del transporte público (34%) y la mejora de la eficiencia energética en el hogar (28%). Estas respuestas reflejan una disposición creciente hacia cambios personales que contribuyan a la mitigación del impacto ambiental.
Respecto a las medidas consideradas más efectivas para combatir el cambio climático, la ciudadanía sitúa en primer lugar el desarrollo de procesos industriales menos contaminantes como vía prioritaria. Le siguen el impulso al transporte público como modo preferente de movilidad (29%) y la inversión en investigación y desarrollo de nuevas fuentes de energía limpia, entre ellas el hidrógeno verde.
El conjunto de estas valoraciones evidencia una preferencia social por soluciones estructurales que combinen innovación tecnológica, eficiencia y transformación de los modelos productivos y de movilidad.



