Frente a las costas del norte de África, entre la espuma del Mediterráneo y el rugido del Atlántico, existen varios puntos rocosos apenas habitados que guardan una relevancia geoestratégica, política y simbólica muy superior a su tamaño. Se trata de las plazas menores de soberanía española, un conjunto de islotes, peñones y rocas situadas a escasos metros o kilómetros del litoral marroquí, cuya pertenencia a España se remonta a siglos atrás, antes incluso de la creación del Reino de Marruecos como Estado moderno.
Pese a su minúsculo tamaño, su existencia sigue tensando las relaciones entre Madrid y Rabat, alimentando un conflicto latente que periódicamente resurge, como ocurrió en 2002 con el islote Perejil.
El término “plazas de soberanía” se refiere a territorios españoles ubicados en el norte de África que no forman parte de Ceuta ni Melilla, pero que, al igual que estas ciudades autónomas, se encuentran bajo soberanía española desde fechas anteriores a la independencia de Marruecos en 1956.
Jurídicamente, no están integrados en ninguna comunidad autónoma, ni tienen población civil estable, pero dependen administrativamente del Ministerio de Defensa y del Ministerio del Interior. A diferencia de Ceuta y Melilla, estas plazas no tienen estatus de ciudad ni autonomía política: son enclaves militares y estratégicos.
Los principales territorios de este grupo son:
- El Peñón de Vélez de la Gomera
- El Peñón de Alhucemas
- Las Islas Chafarinas
- El Islote Perejil (deshabitado)
Otros islotes menores como el Islote de Tierra y el Islote de Mar, junto a las Chafarinas
Peñón de Vélez de la Gomera: una fortaleza unida por la arena
Ubicado a solo 85 metros de la costa marroquí, el Peñón de Vélez de la Gomera fue conquistado por España en 1508 como base para frenar la piratería berberisca. Hoy día, una estrecha lengua de arena —formada por procesos naturales y conocida como istmo— lo une al continente africano, lo que lo convierte, técnicamente, en una península militar española con frontera terrestre con Marruecos. Allí se encuentra un pequeño destacamento militar permanente de entre 25 y 50 soldados del Ejército de Tierra, que vigilan el perímetro y controlan el paso a través del istmo.
Aunque Marruecos reclama estos territorios como parte de su integridad territorial, el peñón ha sido ocupado ininterrumpidamente por España desde el siglo XVI, salvo breves periodos. Está reforzado con sistemas de vigilancia, generadores de electricidad y agua potable, y constituye una suerte de avanzadilla militar que mantiene su relevancia como punto de vigilancia en el norte de África.
Peñón de Alhucemas: enclave militar frente a las montañas del Rif
El Peñón de Alhucemas se encuentra a unos 300 metros de la costa marroquí, frente a la bahía del mismo nombre. Forma parte de un pequeño archipiélago compuesto por tres islotes: el propio Peñón, la isla de Mar y la isla de Tierra. Su conquista data de 1559, durante el reinado de Felipe II. En la actualidad, alberga un destacamento de unos 30 soldados que rotan cada pocas semanas y que se encargan de mantener la presencia española y la vigilancia del entorno marítimo.
El peñón se ha convertido, en los últimos años, en un punto crítico por la inmigración irregular. Algunos migrantes subsaharianos intentan alcanzar estas rocas para, una vez en territorio español, ser atendidos por las autoridades y obtener asilo. El caso más conocido ocurrió en 2014, cuando un grupo de 15 personas alcanzó el islote de Tierra. Aunque no hay instalaciones civiles, el enclave está equipado con sistemas de comunicación y control militar.
Islas Chafarinas: un archipiélago militarizado entre fauna salvaje
Situadas a 48 kilómetros al este de Melilla y a solo 4 kilómetros del cabo marroquí del Agua, las Islas Chafarinas son tres islas: Isabel II (la principal), Congreso y Rey Francisco. España las ocupó en 1848, justo antes que lo hiciera Francia, que entonces controlaba Argelia. A día de hoy, las Chafarinas están habitadas exclusivamente por miembros del Ejército español (aproximadamente 30 efectivos) y por personal civil del Ministerio de Medio Ambiente, ya que se trata también de una reserva natural protegida con especies endémicas, como la gaviota de Audouin o el camaleón común.
La isla principal cuenta con una pista para helicópteros, edificaciones militares, una capilla, un aljibe y casas abandonadas de antiguos colonos. Es el único territorio de los islotes que ha contado en el pasado con presencia civil permanente, pero desde 1965 está militarizado. Aunque aisladas, las Chafarinas cumplen una función disuasoria ante cualquier intento de ocupación o movimiento migratorio irregular desde las costas cercanas.
Islote Perejil: el símbolo de la tensión
El Islote Perejil, conocido en Marruecos como Laila, es una roca deshabitada de apenas 0,15 km² situada a unos 250 metros de la costa marroquí. No tiene instalaciones permanentes ni guarnición estable, pero su importancia radica en el incidente ocurrido en julio de 2002, cuando Marruecos ocupó el islote con un pequeño grupo de gendarmes. España respondió con una operación militar (Romeo Sierra) en la que comandos españoles recuperaron el control sin disparos.
Desde entonces, Perejil no tiene presencia militar fija, pero es vigilado constantemente por patrullas marítimas y aeronaves. A pesar de su insignificancia física, se ha convertido en un símbolo de la soberanía nacional y de la fragilidad de las relaciones hispano-marroquíes, que periódicamente vuelven a agitarse.
Otras formaciones menores: islotes y escollos invisibles
Más allá de estos enclaves conocidos, existen otras formaciones menores o escollos rocosos bajo soberanía española, como el islote de los Leones, cercano a Melilla, o pequeñas rocas junto al litoral de Ceuta. Aunque no tienen guarnición ni valor estratégico inmediato, se incluyen en el catálogo de territorios históricos españoles y se encuentran bajo vigilancia del Servicio Marítimo de la Guardia Civil o del Ejército cuando es necesario.
Marruecos considera todas las plazas de soberanía como residuos coloniales, al igual que Ceuta y Melilla. Desde Rabat se argumenta que forman parte del proceso inacabado de descolonización del norte de África.
Sin embargo, España defiende que la soberanía sobre estos territorios es anterior al surgimiento del Estado marroquí moderno y que, por tanto, no forman parte del proceso de descolonización impulsado por la ONU. Además, mantiene una presencia militar firme pero discreta, consciente de que cualquier paso en falso podría tensar la relación bilateral.
Aunque carecen de valor económico y están deshabitados, los islotes y peñones frente a Marruecos son auténticas anclas de soberanía nacional en el norte de África. Funcionan como puestos de vigilancia, disuasión y control del Estrecho de Gibraltar, además de simbolizar el compromiso de España con la defensa de sus territorios históricos. En un contexto geopolítico cada vez más volátil, y con el conflicto del Sáhara Occidental como telón de fondo, estas plazas menores siguen desempeñando un papel silencioso pero estratégico en la política de defensa española.



