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miércoles, julio 29, 2026

A vueltas con Gibraltar

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Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Contexto histórico

En 1309 Alonso de Guzmán conquista Gibraltar para las armas de Fernando IV de Castilla “El Emplazado”, nieto de Alfonso X “El Sabio”, pero los tiempos aún eran precoces para una conquista definitiva, pues Castilla entró durante el siglo XIV en su período de guerras civiles que prácticamente duraron 100 años y no se resolvieron hasta la llegada de los Reyes Católicos. Por ello los benimerines la recuperaron para el Islam en 1333 y los nazaríes la toman en 1374. Tras varios cambios de mano entre granadinos y castellanos, la toma definitiva se produce en 1462. Alonso de Arcos, alcaide de Tarifa, se hace cargo de la plaza en nombre del Duque de Medina Sidonia. El paso de señorío a plaza de realengo lo efectúan los Reyes Católicos en 1501.

En el contexto de la Guerra de Sucesión Española de 1701 – 1713, el 1 de agosto de 1704 la escuadra anglo-neerlandesa al mando del Príncipe de Hesse-Darmstadt, uno de los jefes austracistas y del almirante George Rooke —con 10.000 hombres, 1.500 cañones y apoyada por un batallón de 350 soldados catalanes austracistas— llegó a Gibraltar y en pocos días rindieron la plaza, para lo que tomaron como rehenes mujeres y niños. Rooke se la jugó al alemán y tomó la plaza para Inglaterra “en nombre de la Reina Ana” por lo que pudiera pasar. Unos 4.000 habitantes del lugar abandonaron el asentamiento y se repartieron en Los Barrios, Algeciras y San Roque. Todos ellos terminarían fundando el 21 de mayo de 1706 la «Muy Noble y Más Leal Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar» y así reza todavía.

moutanin and city scenery

Por acuerdos del Tratado de Utrecht, España perdió Gibraltar y entregó la isla de Menorca a Gran Bretaña, la cual fue devuelta a España por el Tratado de Amiens en 1802, después de varias intentonas y cambios de mano durante el siglo XVIII, cuando incluso llegó a estar en poder de Francia en 1756 y recuperada de nuevo por Gran Bretaña en 1763 (Tratado de París que puso fin a las llamadas Guerras Coloniales y a la Guerra de los Siete Años). En 1782 la recupera España por acuerdos con Francia, pero los británicos la toman de nuevo en 1798 hasta 1802.

A lo largo del siglo XVIII hubo varios intentos para recuperar el peñón, y así en 1718 hubo ofertas de devolución durante el reinado de Jorge I que no fueron aceptadas por la Corte de Madrid al interferir con intereses españoles en Italia. En 1727 hubo otro serio intento frustrado en 1728, mediante una operación militar con 25.000 efectivos, pero la falta de una flota potente y los intereses italianos de Isabel de Farnesio, segunda esposa de Felipe V, dejaron el intento en nada. Pero el más serio tuvo lugar bajo el reinado de Carlos III en el contexto de la Revolución Americana de 1776 – 1783. En 1779 se puso sitio a la plaza e incluso se intentó rendir por hambre, pero el Tratado de París que confirmaba la independencia norteamericana dejó a España con Menorca en sus manos, que ya la tenía desde 1782 y con Honduras, pero siempre sin Gibraltar.

En el contexto de las guerras napoleónicas, los británicos destruyeron la línea fortificada de Gibraltar en 1810, con permiso de los españoles (origen de La Línea de la Concepción) para evitar que cayera en manos francesas, y en el contexto de epidemias, supuestas o reales de 1814-15, 1829 y 1854 los británicos se hicieron con el itsmo. El Reino Unido concedió carta de colonia a su plaza militar en 1830 y por ellos el estatus cambió para la plaza según su tenedor, nunca aceptado por España. El Reino Unido estableció así una línea geoestratégica con Malta y Chipre que llegaba hasta Suez y enlazaba con su ruta a la India, por lo que la colonia se convirtió en pieza importante del tablero político. En 1908 los británicos construyeron la verja, que dejó la tierra de nadie en su poder. En 1921, Gibraltar se estableció  como Ayuntamiento y esto ha proporcionado a su población su identidad.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial se comenzó la construcción del aeropuerto que fue inaugurado en 1949.

Por Anónimo – [1], Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=126782219
En los juegos malabares que tuvo que hacer Franco para evitar la invasión germana o la angloamericana durante el conflicto y preservar la neutralidad española, el Gobierno tuvo que realizar varias fintas. Entre ellas autorizar una supuesta operación de toma de Gibraltar a los Nazis (Operación Félix) o prometer al Premier británico Sir Winston Churchill que España no tomaría la plaza ni se lo permitiría a Alemania. Este comportamiento tuvo recompensa, pues los británicos nunca pretendieron derribar a Franco en serio tras la conflagración.

Tras la Segunda Guerra Mundial

En 1968, muy al final de la posguerra subsiguiente a la Segunda Guerra Mundial, y en el contexto de la descolonización global de todos los territorios del planeta administrados por potencias vencedoras, la resolución 2429 de la XVIII Asamblea General de Naciones Unidas pedía a Reino Unido -como potencia administradora- que pusiera fin a la situación en Gibraltar antes del 1 de octubre de 1969.

Ante la falta de acuerdo con los británicos, ya en 1966 se habían cortado las comunicaciones telefónicas con España y en 1969 se cerró la verja.

 

Tras la muerte de Franco, la desaparición de su régimen y el advenimiento de la democracia, el Gobierno socialista de Felipe González decidió la apertura para acelerar la incorporación de España a las Comunidades Europeas, entre ellas la económica, y este movimiento ha permitido una prosperidad inigualada al peñón, que da empleo también a 15.000 residentes en el Campo de Gibraltar pues desde14 de diciembre de 1982 los habitantes de ambos lados pudieron cruzar de nuevo.

La plaza se ha convertido en paraíso fiscal, casino, fuente de contrabando de tabaco y quién sabe si de otras materias más etéreas y continúa siendo la piedra en el zapato de los españoles, como siempre desde 1704.

El Brexit

Los diversos avatares y gobiernos no han conducido a ningún lado y ninguno de los acuerdos de buena voluntad entre el Reino Unido y España han concluido nada sobre la descolonización pendiente desde las resoluciones de la ONU en la década de 1960.

Reproducimos el texto del artículo 10 del Tratado de Utrecht para entender mejor la posición y los derechos del Reino de España en la cuestión gibraltareña:

Artículo X. El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno.

Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra.

Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvecina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos o de las naves surtas en el puerto.

Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarían al fisco, y presentada queja de esta contravención del presente Tratado, serán castigados severamente los culpados.

Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”.

De este texto se deducen tres condiciones que enmarcan la cesión, según el Real Instituto Elcano explica perfectamente en su página oficial: (1) se define el territorio cedido como la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, sin plazo de tiempo, pero “sin jurisdicción alguna territorial”; (2) no se permite la “comunicación abierta con el país circunvecino por tierra”, salvo para el abastecimiento en caso de necesidad; y (3) España tiene un derecho a “redimir” la ciudad de Gibraltar, es decir, recuperar su soberanía, en caso de que Gran Bretaña quiera “dar, vender o enajenar de cualquier modo” su propiedad.

Una vez producido el Brexit, el estatus de Gibraltar cambió respecto a la UE, y por lo tanto respecto a comunicaciones con España, por lo que ha sido necesario alcanzar un acuerdo entre el Reino Unido, la Unión Europea y España; las dificultades de entendimiento definitivas entre los británicos y Madrid son del todo punto imposibles por ahora, pues mientras los británicos afirman que no impondrán a la población de Gibraltar ninguna decisión sobre su soberanía o enajenación que no esté refrendada por los llanitos, el Gobierno Español se ampara en el artículo 10 del Tratado de Utrecht y en las diversas resoluciones de la ONU que instan al Gobierno Británico a proceder a la descolonización.

El acuerdo más reciente entre España, el Reino Unido y la Unión Europea sobre Gibraltar, alcanzado este mes de junio, marca un cambio histórico en la relación con el Peñón tras el Brexit.

Los puntos clave del acuerdo son:

  • Eliminación de la Verja: Se suprimen los controles físicos en la frontera terrestre entre Gibraltar y La Línea de la Concepción, facilitando el tránsito diario de más de 15.000 personas.
  • Controles fronterizos duales: Los controles de entrada y salida se trasladan al puerto y aeropuerto de Gibraltar. España se encargará de los controles Schengen, mientras que Gibraltar mantendrá sus propios controles internos.
  • Unión aduanera y fiscalidad: Se establecen principios para una futura unión aduanera entre la UE y Gibraltar, incluyendo medidas para evitar distorsiones fiscales, especialmente en productos como el tabaco.
  • Cooperación judicial y policial: Se refuerza la colaboración entre autoridades españolas y gibraltareñas en materia de seguridad y justicia.
  • Sin impacto en la soberanía: El acuerdo no modifica las posiciones jurídicas sobre la soberanía del territorio, pero busca mejorar la convivencia y prosperidad compartida.

Este pacto ha sido calificado como “histórico” por sus impulsores, aunque también ha generado críticas políticas dentro de España.

Las diversas oportunidades que ha tenido España de apretar al Reino Unido en la cuestión de la descolonización y la soberanía se han visto frustrados una y otra vez. El Reino Unido ha cometido toda clase de tropelías en el peñón, además de apropiarse del itsmo y construir el aeropuerto. Mediante el volcado de firmes en piedra traídos desde España, el peñón no ha cesado de ganar territorio al mar, ampliando sus parcelas urbanizables. Del mismo modo el puerto ha disfrutado de una ampliación tras otra.

No olvidemos que Gibraltar es originalmente y sobre todo una fabulosa base militar, naval y aérea, desde la que se procede a controlar el tráfico del Estrecho y que permite a los barcos británicos de todo tipo atracar, respostar, reparar y abastecerse. Y que sus submarinos nucleares entran en dique seco a su placer para operaciones de mantenimiento y reparación, con los riesgos que ello conlleva para toda la zona.

Conclusiones

El Reino Unido tiene costes con Gibraltar, por lo que le gustaría desprenderse del peñón, que los asentamientos han convertido en colonia, pero sin perder su base militar. Proponen un referéndum de autodeterminación a la población con las opciones independencia, integración en el Reino Unido, integración en España. Esto choca frontalmente con el artículo 10 del Tratado de Utrecht y España nunca lo admitirá.

Los gibraltareños aspiran a mantener el estado actual de cosas o a independizarse bajo el paraguas británico, lo que les reporta beneficios como paraíso fiscal por un lado y la cobertura de un potente aliado militar por otro. La vecindad con el Campo de Gibraltar les proporciona mano de obra, bienes y servicios y están encantados de su pertenencia al entorno británico, pues actúan a capricho en todos los frentes. Hasta 15.000 personas del vecino entorno entran diariamente a trabajar en la plaza. Curiosamente, los problemas de inmigración que afectan a toda Europa, a ellos no les afecta.

España tiene como hoja de ruta la recuperación del peñón, para lo que se guía por el artículo 10 del Tratado de Utrecht: el sitio queda a perpetuidad en manos de la Corona británica, que si decidiera enajenarlo, tendría como primer postor su propietario original, la soberanía española.

Los británicos no quieren perder su base militar, los gibraltareños no quieren ser españoles y los españoles no tienen fuerza para modificar el estatus, por lo que su única opción es la negociación sine die con los británicos.

Resultado

El Reino Unido ha resuelto su pertenencia a la Unión Europea mediante el Brexit, pero ha conseguido que el peñón siga comunicado con Europa y mantenga sus privilegios como paraíso fiscal, al mismo tiempo que sigue disponiendo de su base militar. Nada ha cambiado para ellos.

Gibraltar sigue como estaba, ahora algo intervenido en fronteras exteriores por cuerpos de seguridad españoles, en términos similares al espacio Schengen pero básicamente nada cambia para ellos, e incluso hacen desaparecer la verja, que tantos quebraderos de cabeza les causaba cuando las autoridades españolas se ponían duras a la hora de cruzarla. Están en el mejor de los mundos, cometiendo sus tropelías urbanísticas habituales (ganar terreno al mar, que no es suyo) y disponiendo de todos los recursos humanos y materiales que España les proporciona.

España, rodeada de enemigos o malos vecinos, es siempre la perdedora de todo lo que ocurre en relación con este capítulo. Salvo el empleo de los 15.000 vecinos del Campo de Gibraltar que entran y salen a diario de la colonia, el resto son quebraderos de cabeza.

La política de España con Gibraltar ha sido errática, no menos que lo ha sido con Marruecos, Israel, Francia, USA o las repúblicas de Hispanoamérica, los campos habituales de juego de la acción de Exteriores en el mundo.

Una administración socialista, a decir de todos los medios de comunicación presuntamente corrupta (algunos utilizan el término mafia y la UCO en su último informe nos dice que se trata de una organización criminal de la que todavía desconocemos el conjunto de tentáculos) está atada de pies y manos para diseñar y llevar a cabo una acción exterior, sujeta a intereses espurios.

Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Antonio M.S.

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