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miércoles, julio 29, 2026

La imposición de la ignorancia

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Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una creciente ola de ideales basados en la ignorancia de determinadas personas, que anteponen sus criterios personales a los de la pura lógica, solamente para tratar de justificar aquello que realizan y que no tiene justificación alguna, en aras, según ellos, de una supuesta justicia social que no se para en considerar que cualquier daño puede justificar su propia ignorancia.

Es cierto que actualmente nos acucian determinados problemas sociales de ámbito mundial que debemos tener muy en el punto de mira, pues a futuro puede crear una gran depresión social, emocional, económica y que puede suponer un cambio radical de todo lo que ahora consideramos cotidiano y dentro de los parámetros de nuestra vida.

Con ello nos referimos al calentamiento global, a la contaminación plástica y atmosférica, el hambre, los derechos humanos, etc.

Determinados grupos sociales, que se consideran activistas en pro de la consecución de soluciones para solventar dichos problemas, persiguen que se escuche sus razonamientos, y por ello tratan de conseguir la perseguida notoriedad tratando de acceder a los medios de comunicación por cualquier vía que crean oportuna.

Se sienten, además, legitimados en sus acciones considerando que su razonamiento es indiscutible y nadie puede ser contrario a este, dado que no están dispuestos a entrar en un diálogo debido a que sus propias ideas no las van a someter a la opinión pública, lo que nos indica que, no solo es una especie de dictadura ideológica, sino confirma, incluso, su propia incapacidad de diálogo, que es lo que ellos mismos solicitan.

La manera de imponer sus criterios por encima de la opinión pública actualmente es algo muy sencillo utilizando las facilidades de comunicación que nos ofrecen las redes sociales, haciendo uso de ellas. En este contexto, no tienen ningún empacho de demonizar, amenazar, ridiculizar y mentir para tratar de acallar a quien se oponga a sus ideas, aunque ello sea razonado y basado en la ciencia, llegando así a crear un fanatismo tan peligroso como todos aquellos que tanto daño han hecho a la humanidad.

Dentro de este fanatismo, y dado que en esta situación son capaces de cualquier acción que creen o tratan de hacernos creer que les legitima, están las acciones contra el patrimonio histórico que estamos viendo en los últimos días, agrediendo a obras de arte en los museos.

Dichas acciones indican claramente el grado de ignorancia que les asiste, ya que, en realidad, lo que están haciendo es lograr la indignación de los ciudadanos hacia sus postulados, pues nunca deberían apoyarse en agresiones a obras patrimonio de la humanidad.

Las obras de arte no pertenecen a un museo, ni a una ciudad ni a un país, nos pertenecen a todos, a toda la humanidad y a quienes en su día las crearon, las conservaron y las transmitieron a las generaciones futuras, quienes tienen el deber de recibirlas, estudiarlas, disfrutarlas y seguir transmitiéndolas a las generaciones venideras.

Las agresiones a las obras de arte suponen un riesgo de tal magnitud, que si se dieran cuenta en su estupidez de lo que están haciendo, se llevarían las manos a la cabeza, pero no pretendemos que tengan un mínimo de inteligencia ni de responsabilidad social fuera de sus equívocos ideales.

Las obras de arte son tan delicadas, que un simple grado de humedad, aunque esta esté protegida con un cristal, puede suponer un daño a futuro que pueda llegar a destruirla totalmente. Los museos gastan una ingente cantidad de recursos en el mantenimiento en condiciones ideales para conservar sus obras de arte, hasta tal punto que una variación de un 5% en la humedad en una sala de exposición, origina una situación de alerta máxima y la intervención inmediata para solventar esto.

La criticidad de la conservación del patrimonio histórico ya sea en museos o al aire libre, o en las propias colecciones privadas, es algo que no se cuestiona en ningún lugar del mundo, y por lo tanto, todos tenemos la responsabilidad de ayudar a que esos objetos se puedan transmitir a nuestros descendientes.

Las acciones que nos ocupan solamente están ayudando a que los ciudadanos sean conscientes de que determinados grupúsculos no pueden imponernos sus ideas tratando de dañar a aquello que amamos y que tanto nos está costando conservar, y que deben rechazar dichas acciones ignorando, demonizando y rechazando, que es lo que ellos mismos hacen, a quienes tratan de imponer sus ideas por encima de cualquier otro criterio que no les convenga.

Los museos poca defensa tienen ante este tipo de acciones, puesto que tienen la obligación de exponer sus obras de arte a los visitantes, y cuando decimos exponer, lo decimos con todas las consecuencias, porque no solo se someten a la observación de los que verdaderamente saben apreciarlas, si no también a las acciones de los ignorantes a los que nos referimos.

Con esto apelamos a la responsabilidad de los ciudadanos de todo el mundo, que rechacen este tipo de acciones e ignoren a quienes las realizan, para tratar de hacerles comprender que no hay justificación alguna a lo que hacen, y que, si quieren ser apreciados, oídos y entendidos, este no es el camino.

Francisco de la Fuente es experto en protección del Patrimonio Histórico y miembro fundador de Protecturi

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