La Unión Europea intensificó durante 2025 la compra de tierras raras, uno de los grupos de materias primas más estratégicos para la industria tecnológica, la transición energética y la defensa. Tras el fuerte retroceso registrado el año anterior, las importaciones comunitarias de estos minerales críticos crecieron un 17,1 %, hasta alcanzar las 15.100 toneladas, mientras que las exportaciones aumentaron un 21,1 %, situándose en las 6.700 toneladas.
Los datos, publicados por Eurostat, reflejan la creciente importancia que adquieren estos elementos químicos en un contexto marcado por la competencia internacional por asegurar el acceso a recursos considerados esenciales para las economías del futuro.
El incremento del comercio no solo se produjo en volumen, sino también en términos económicos. El valor de las importaciones ascendió un 23,2 % respecto a 2024, hasta situarse en 124,9 millones de euros, mientras que las exportaciones alcanzaron prácticamente la misma cifra, 124,7 millones de euros, tras experimentar un crecimiento del 29,9 %. La evolución pone de manifiesto que la demanda internacional de tierras raras continúa aumentando al mismo tiempo que se incrementa su valor estratégico en los mercados mundiales.
Las denominadas tierras raras constituyen un conjunto de 17 elementos químicos —los quince lantánidos, además del escandio y el itrio— cuya importancia económica ha aumentado de forma extraordinaria durante la última década. Aunque su nombre pueda sugerir escasez absoluta, muchos de estos minerales existen en cantidades relativamente abundantes en la corteza terrestre. El verdadero desafío reside en que su extracción, refinado y procesamiento se encuentran altamente concentrados en un reducido número de países, lo que convierte su suministro en uno de los principales riesgos para las economías industrializadas.
La relevancia de estos materiales responde a su carácter prácticamente insustituible en numerosas tecnologías de alto valor añadido. Las tierras raras forman parte de la fabricación de teléfonos móviles, ordenadores, discos duros, pantallas, baterías recargables y equipos de telecomunicaciones. También resultan imprescindibles para el desarrollo de equipos médicos avanzados, como resonancias magnéticas, bisturíes láser y determinados tratamientos oncológicos, además de desempeñar un papel fundamental en sectores industriales de elevada intensidad tecnológica.
Su importancia adquiere una dimensión aún mayor en ámbitos considerados estratégicos por la Unión Europea. Las tierras raras son componentes esenciales en la fabricación de motores para vehículos eléctricos, turbinas eólicas, paneles energéticos, sistemas de almacenamiento eléctrico y otras tecnologías necesarias para avanzar hacia la neutralidad climática. Asimismo, desempeñan un papel decisivo en la industria aeroespacial y de defensa, donde se emplean en sistemas de guiado de misiles, comunicaciones por satélite, radares, sensores, estructuras aeronáuticas y equipos electrónicos de uso militar.
China y sus tierras raras
Los datos de Eurostat ponen de relieve la fuerte dependencia exterior que mantiene la Unión Europea respecto a estos minerales críticos. China continúa siendo, con amplia diferencia, el principal proveedor comunitario de tierras raras. Durante 2025 suministró el 46,8 % del total importado por la UE, equivalente a unas 7.100 toneladas. El liderazgo chino confirma la posición dominante que mantiene el país asiático tanto en la extracción como, especialmente, en las fases de refinado y procesamiento industrial, donde concentra una parte muy significativa de la capacidad mundial.
El segundo proveedor de la Unión Europea fue Rusia, responsable del 25,9 % de las importaciones, con aproximadamente 3.900 toneladas. La presencia rusa resulta especialmente significativa por producirse en un contexto de tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Ucrania y de las sucesivas rondas de sanciones económicas impuestas por Bruselas. Aunque muchas restricciones afectan a distintos sectores industriales, determinados minerales estratégicos continúan formando parte del comercio internacional debido a la dificultad de sustituir rápidamente determinados suministros.
Malasia ocupó la tercera posición entre los socios comerciales de la Unión Europea, aportando el 23,1 % del volumen importado, unas 3.500 toneladas. Mucho más alejados aparecen Japón y Estados Unidos, que representaron únicamente el 1,6 % y el 0,9 % de las importaciones comunitarias, respectivamente. La distribución confirma la elevada concentración geográfica del suministro mundial y la limitada diversificación de las fuentes de abastecimiento disponibles para la industria europea.
Esta dependencia constituye una de las principales preocupaciones estratégicas de las instituciones comunitarias. La Comisión Europea considera las tierras raras una de las materias primas críticas para garantizar la autonomía industrial del continente y reducir la vulnerabilidad frente a posibles interrupciones del suministro. La pandemia, la guerra de Ucrania y las crecientes tensiones comerciales entre las principales potencias han acelerado la preocupación por asegurar cadenas de suministro más resilientes y menos expuestas a riesgos geopolíticos.
Precisamente, durante los últimos años Bruselas ha impulsado diversas iniciativas destinadas a reducir esa dependencia. La aprobación de la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales (Critical Raw Materials Act) persigue aumentar la extracción, el procesamiento y el reciclaje de minerales estratégicos dentro del territorio comunitario, así como diversificar los acuerdos comerciales con nuevos países productores en África, América Latina, Australia y Canadá.
El crecimiento registrado en 2025 también refleja la aceleración de la transición energética y digital. La expansión de la movilidad eléctrica, la instalación de parques eólicos, el desarrollo de infraestructuras de energías renovables y el despliegue de nuevas tecnologías de inteligencia artificial y computación avanzada están multiplicando la demanda mundial de minerales considerados críticos. Diversos organismos internacionales prevén que el consumo de tierras raras continúe creciendo de forma sostenida durante las próximas décadas como consecuencia de la electrificación de la economía.
No obstante, el incremento del comercio también plantea importantes desafíos medioambientales. La extracción y refinado de tierras raras requieren procesos industriales complejos que pueden generar importantes impactos ecológicos si no se aplican elevados estándares ambientales. Esta circunstancia explica por qué buena parte del procesamiento mundial continúa concentrándose en países con una larga tradición minera y una importante capacidad industrial, aunque la Unión Europea pretende impulsar progresivamente una producción más sostenible dentro de sus fronteras.
Para la industria europea, asegurar el acceso estable a estos minerales se ha convertido en un factor determinante para mantener su competitividad internacional. Fabricantes de automóviles eléctricos, empresas de energías renovables, productores de semiconductores, compañías aeroespaciales y la propia industria de defensa dependen cada vez más de un suministro continuo de tierras raras para garantizar la continuidad de sus procesos productivos.
Los datos publicados por Eurostat confirman, en definitiva, que las tierras raras han dejado de ser un recurso reservado al ámbito minero para convertirse en uno de los activos más estratégicos de la economía global. El aumento simultáneo de las importaciones y de su valor económico refleja la creciente competencia internacional por asegurar el acceso a unos minerales que serán decisivos para la innovación tecnológica, la transición energética, la autonomía industrial y la seguridad de la Unión Europea durante las próximas décadas.



