Desde finales de 2024 y con especial virulencia en 2025, han surgido múltiples informaciones sobre contactos y “canales” entre Washington y Moscú destinados a estudiar marcos para terminar la guerra en Ucrania sin la participación directa de Kiev. Medidas formales e informales se pusieron en marcha en este tiempo, reuniones a alto nivel, borradores de propuestas y equipos de trabajo, con el objetivo declarado de “desescalar” el conflicto y crear condiciones de seguridad en Europa.
Estas noticias han encendido alarmas en Kiev y en muchas capitales europeas porque, según lo que ha trascendido, los planteamientos contemplan concesiones territoriales y límites a la capacidad militar de Ucrania que Zelenski no ha aceptado ni negociado.
Uno de los ejes de la cobertura ha sido la publicación de un borrador descrito en algunos informes como un “plan de 28 puntos” que, en líneas generales según las filtraciones, incluiría requisitos para el repliegue o la renuncia por parte de Ucrania a ciertas zonas actualmente bajo disputa, restricciones sobre ciertas capacidades armamentísticas ucranianas y garantías de seguridad para Rusia.
El Financial Times fue de los primeros medios de gran alcance en publicar detalles sobre ese marco y en aludir a que el documento se había elaborado en estrecha comunicación entre representantes o asesores de la Casa Blanca y contactos rusos. Esos reportes precipitaron reacciones inmediatas en Kiev, que repudió cualquier acuerdo que se negocie “sin Ucrania”.
Medios como Axios y Newsweek, entre otros, han añadido apellidos y actores al relato: mencionan la participación de asesores, equipos especiales y figuras privadas que habrían actuado como intermediarios en el diseño o la transmisión de propuestas. Axios, por ejemplo, publicó un “scoop” sobre la existencia de esfuerzos secrecidos para redactar un plan en consulta con Moscú; Newsweek y otros diarios ampliaron con nombres y matices sobre cómo habría sido el trabajo (quién redactó borradores, qué partes fueron consensuadas, etc.). Estas filtraciones refrendan la hipótesis de que la dinámica no fue puramente diplomática tradicional sino que combinó canales oficiales y semioficiales.
Por su parte, agencias de noticias con presencia en la región y periódicos con cobertura continuada del conflicto, como Reuters y la Kyiv Independent, han detallado la cronología: en febrero de 2025 hubo reuniones ministeriales y contactos en Riad que dieron paso a la formación de equipos de “preparación” para conversaciones más amplias; luego vinieron gestiones en otros foros y la supuesta elaboración del marco mencionado.
Esos reportes también señalan que, si bien Estados Unidos y Rusia dialogaron sobre “cómo poner fin” al conflicto, muchas de las opciones planteadas por Moscú implican cambios fundamentales en la soberanía y la seguridad ucraniana; por eso Kiev reiteró públicamente que no aceptará acuerdos en los que no participe.
El Kremlin y la diplomacia rusa han respondido de forma ambivalente. En algunos comunicados se negó que existan “acuerdos cerrados” o se matizó que las conversaciones son preliminares; en otros momentos Moscú ha aprovechado la narrativa para presionar sobre garantías de seguridad y el levantamiento parcial de sanciones.
A su vez, gobiernos europeos y la propia Ucrania han advertido públicamente sobre los riesgos de soluciones que excluyan al país afectado, pidiendo que cualquier proceso legítimo incluya a Kiev y, en muchos casos, a actores europeos o internacionales. La combinación de filtraciones, matices oficiales y reacciones públicas ha creado un escenario de intensa incertidumbre diplomática.
Periodísticamente, las piezas clave que han alimentado el debate son investigaciones y exclusivas del Financial Times (sobre el borrador y el marco de 28 puntos), el “scoop” de Axios sobre el trabajo secreto en la Casa Blanca, reportajes de Reuters sobre la postura pública de Ucrania y la cronología de contactos ministeriales, y ampliaciones de medios como Newsweek, The Times y la Kyiv Independent que han añadido detalles sobre intermediarios, cronogramas y reacciones.
Los medios difieren en el grado de certeza y en la atribución de responsabilidades (quién redactó qué, quién filtró a la prensa, etc.), pero coinciden en lo esencial: existen contactos entre EE.UU. y Rusia para explorar soluciones, y muchas de esas exploraciones han ocurrido sin la presencia formal de representantes ucranianos.
En cuanto a verosimilitud y límites de lo que hoy se puede afirmar con seguridad: hay pruebas periodísticas (filtraciones, fuentes anónimas cercanas a los equipos, documentos de trabajo y comunicados oficiales) de que se han producido conversaciones y borradores. Sin embargo, no hay, hasta donde han publicado estas fuentes, un acuerdo definitivo firmado entre Washington y Moscú que ponga fin al conflicto ni evidencia de que Ucrania haya renunciado a su papel en la negociación.
Además, los detalles sobre cláusulas concretas del supuesto plan (qué territorios, qué plazos, qué garantías) permanecen en gran medida sin confirmar de forma pública y abierta. Por eso la comunidad internacional, y los propios periodistas, distinguen entre “informes de trabajo/borradores” y “acuerdos finales”.
Las reacciones políticas han sido inmediatas y diversas, Kiev reiteró que no reconocerá ni aceptará acuerdos negociados a sus espaldas; varios países europeos y organismos internacionales pidieron transparencia y la inclusión de Ucrania en cualquier proceso que aspire a terminar la guerra; y sectores políticos en EE.UU. y Rusia han utilizado las noticias para defender posiciones contradictorias, unos pidiendo una solución negociada rápida, otros advirtiendo contra concesiones que puedan legitimar anexiones o pérdidas territoriales.
La exclusión de Kiev supone, además de un dilema moral y legal, un problema práctico: una paz impuesta desde fuera sin el consentimiento del Estado en guerra difícilmente será estable.



