Esta semana, en el marco de la visita de estado del presidente estadounidense, Donald Trump, al Reino Unido, se han producido declaraciones significativas por su parte y en su encuentro con Keir Starmer, la mayor parte centradas en la guerra en Ucrania y la opinión que ahora le merece Putin al primero, al que consideraba un “amigo”, como así lo definió en distintas ocasiones anteriores.
Aunque no todos los focos estuvieron únicamente en ese conflicto, varias intervenciones han reflejado matices nuevos o al menos énfasis distintos en sus posiciones, lo que evidencia tensiones, retos de coordinación y cambios de discurso. El que Trump haya reconocido sentirse “decepcionado” con Putin, con quien no hace muchos días departía amigablemente en Alaska abre la puerta a un eventual endurecimiento de la posición de su país con respecto a Rusia. Aunque nada se ha concretado.
Donald Trump, durante la comparecencia conjunta con Starmer en Chequers tras su visita de estado, este jueves, abordó la cuestión de Ucrania en términos menos incisivos que en otras ocasiones, pero introdujo elementos nuevos de crítica al desempeño ruso. En particular, reconoció públicamente a Rusia como “agresor” en el conflicto de Ucrania. Esto marca un cambio de lenguaje notable, ya que durante largos periodos anteriores evitaba ese calificativo directo o lo modulaba mucho.
También expresó que “Putin me ha decepcionado”, lo que implica una crítica personal, no sólo política, al presidente ruso. Esa frase sugiere que Trump está dispuesto a mostrar una posición más dura, al menos verbalmente, frente a la actitud de Moscú. Pese a esos gestos de señalización, Trump no ha anunciado nuevos paquetes militares específicos para Ucrania, de momento. En cambio, parte del énfasis ha estado en otros temas de seguridad general, discursos de migración ilegal y cooperación con Reino Unido, dejando la cuestión ucraniana más enmarcada en la retórica que en anuncios concretos.
Por su parte, Keir Starmer no perdió ocasión de reafirmar el compromiso del Reino Unido con Ucrania, hacer hincapié en la necesidad de unidad entre aliados y exigir que las palabras vayan seguidas de acciones concretas. Starmer subrayó que el Reino Unido estará “siempre con Ucrania” y que la cooperación con Estados Unidos y otros aliados continuará centrada en reforzar la defensa europea, mantener la presión sobre Rusia, y asegurar que cualquier acuerdo de paz garantice la integridad territorial ucraniana.
En su intervención también enfatizó que en este momento “ya no es solo momento de hablar, sino de actuar”, dejando claro que el apoyo militar, diplomático y económico debe mantenerse, y en su caso, aumentarse, frente a la amenaza rusa. Starmer buscaba así marcar una línea de continuidad con la estrategia británica de apoyo a Ucrania, mostrando que el Reino Unido, bajo su liderazgo, no cederá en respaldos a Kiev, especialmente en lo que respecta a garantías de seguridad, cooperación militar con aliados, y coordinación en sanciones.
Sin embargo, mientras Trump parece estar adoptando un lenguaje más directo contra Rusia, no hay anuncios equivalentes de nuevos compromisos militares o financieros desde EE.UU. bajo esas declaraciones. Starmer sí apelaba ante Trump a esos compromisos como necesarios.
Con todo, que Trump haya reconocido a Rusia como agresor y haya mostrado decepción implica un cambio que podría ser bienvenido por los aliados europeos, que en repetidas ocasiones han pedido más claridad. Pero también plantea preguntas sobre si estas declaraciones serán sostenidas, traducidas en políticas internas de EE.UU. con continuidad o si se quedan en gesto diplomático.
Desde Kiev, declaraciones como las de Starmer generan confianza de continuar recibiendo apoyo. Pero también elevan expectativas de acciones concretas, más ayuda militar, mayores sanciones, garantías de que cualquier negociación sea justa y no premia al agresor. Si las expectativas no se cumplen, existe el riesgo de frustración tanto con el Reino Unido como con la comunidad occidental en general.
Avances en el frente, a favor de Ucrania
Todo esto sucedía el mismo día en que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, anunciaba que las fuerzas de su país continúan su ofensiva en el frente oriental, específicamente en la región de Donetsk, con resultados que considera significativos. Según sus declaraciones recogidas tras una visita al frente, Ucrania ha logrado recuperar siete localidades y volver a tomar el control de aproximadamente 160 kilómetros cuadrados de territorio que estaban bajo dominio ruso. Además, agregó que se han “limpiado” otras nueve localidades adicionales, elevando la superficie recuperada a más de 170 kilómetros cuadrados.

Zelenski ha subrayado que esta operación militar tiene como objetivo no solo ganar terreno físico sino también perturbar los planes rusos de lanzar una ofensiva mayor. Ha afirmado que la ofensiva rusa planeada se ha visto “privada” de su capacidad de desplegarse como anticipaban, debido al contraataque ucraniano. En cuanto a los combates, el presidente ha señalado que continúan siendo intensos en zonas como Dobropillia y Pokrovsk, puntos clave en la región de Donetsk donde Rusia había logrado avances notables en semanas anteriores.
La ofensiva ha generado también consecuencias humanas en la población civil: en la ciudad de Kostiantynivka, que está a unos 40 kilómetros de Dobropillia, un bombardeo con bomba guiada rusa dejó un saldo de cinco civiles muertos. Zelenski alertó de que las tropas rusas se acercan a tan solo 8 kilómetros del centro logístico de esta localidad, lo que subraya el riesgo para la población de zonas próximas al frente.
El anuncio de este jueves refuerza el discurso ucraniano de que su contraofensiva tiene efectos tangibles, no solo simbólicos, en el terreno. Para Zelenski y su Estado Mayor, la recuperación de territorios en Donetsk no solo recupera control físico sino también moral y estratégico, al obstaculizar las rutas de avance ruso y al demostrar la capacidad de resistencia y acción de las fuerzas ucranianas.



