La industria española de defensa se ha consolidado en los últimos años como uno de los grandes motores tecnológicos e industriales del país. El incremento del gasto militar en Europa tras la invasión rusa de Ucrania, el refuerzo de los compromisos adquiridos por los países de la OTAN y la creciente demanda de sistemas de alta tecnología han impulsado un sector que ya representa decenas de miles de empleos altamente cualificados y miles de millones de euros de facturación anual.
Sin embargo, esta actividad no se distribuye de manera homogénea por el territorio nacional. Tres comunidades autónomas concentran la inmensa mayoría del negocio: la Comunidad de Madrid, Andalucía y el País Vasco, mientras que otras regiones como Galicia, Castilla y León, Murcia, Cataluña, Navarra o la Comunidad Valenciana desempeñan papeles cada vez más relevantes gracias a empresas especializadas y a una potente red de industrias auxiliares.
La Comunidad de Madrid lidera con claridad la industria española de defensa si se atiende a los principales indicadores económicos: inversión, facturación, empleo y capacidad tecnológica. El estudio elaborado por PwC para la asociación empresarial TEDAE sitúa a Madrid como el mayor polo industrial del sector, concentrando junto con Andalucía y el País Vasco cerca del 80 % de la facturación nacional y alrededor del 81 % del empleo directo generado por las industrias de defensa, seguridad, aeronáutica y espacio.
El liderazgo madrileño se explica por la concentración de las sedes corporativas, centros de decisión, departamentos de ingeniería e instalaciones de investigación y desarrollo de las principales compañías del país.
Madrid alberga además la mayor concentración de empresas tractoras del sector. Destaca Indra, considerada la principal compañía española de tecnología para defensa, que desarrolla sistemas de mando y control, radares, guerra electrónica, simulación, ciberdefensa y soluciones digitales para los ejércitos españoles y numerosos clientes internacionales.
También tienen una fuerte implantación Airbus Defence and Space, responsable de numerosos programas aeronáuticos y espaciales; GMV, referente europeo en sistemas espaciales y navegación; Sener, con una intensa actividad en defensa y espacio; Escribano Mechanical & Engineering, especializada en estaciones de armas y sistemas electroópticos; Tecnobit, integrada en Grupo Oesía; además de numerosas empresas de ingeniería, electrónica, inteligencia artificial y ciberseguridad que suministran tecnologías críticas tanto a las Fuerzas Armadas españolas como a programas europeos y de la OTAN.
Otro de los factores que explica la posición de Madrid es que concentra buena parte de la inversión en I+D+i. La industria española de defensa es una de las más intensivas en investigación del conjunto de la economía nacional y dedica miles de millones de euros anuales al desarrollo de nuevas capacidades tecnológicas. En este ámbito, los grandes centros de ingeniería madrileños lideran programas relacionados con inteligencia artificial, sensores, satélites, comunicaciones seguras, guerra electrónica, vehículos autónomos y digitalización militar.
La segunda gran potencia industrial es Andalucía, cuyo peso se apoya en dos pilares fundamentales: la construcción naval militar y la industria aeronáutica. La región alberga algunos de los mayores complejos industriales de España vinculados a la defensa. Los astilleros de Navantia en Cádiz y San Fernando construyen fragatas, buques de acción marítima, corbetas y participan en numerosos programas internacionales, mientras que las instalaciones de Sevilla acogen una importante actividad de Airbus Defence and Space, especialmente relacionada con el avión de transporte militar A400M. A ello se suma un extenso tejido de empresas auxiliares repartidas por las provincias de Cádiz, Sevilla, Córdoba, Málaga y Granada.
La importancia de Andalucía no radica únicamente en el volumen de empleo industrial, sino también en el elevado efecto tractor que ejerce sobre cientos de pequeñas y medianas empresas dedicadas a la fabricación de componentes, mecanizados de precisión, materiales compuestos, electrónica, mantenimiento y logística. Los grandes programas navales y aeronáuticos generan una cadena de suministro que alcanza a miles de trabajadores indirectos y constituye uno de los motores industriales de la comunidad.
El tercer gran polo es el País Vasco, donde la industria de defensa presenta un perfil altamente tecnológico. Empresas como ITP Aero, especializada en motores aeronáuticos; Sener; Aernnova; y numerosos fabricantes de componentes de alta precisión sitúan a la comunidad entre las regiones con mayor capacidad exportadora del sector. La industria vasca sobresale especialmente por su elevada inversión en innovación y por el desarrollo de tecnologías de doble uso, con aplicaciones tanto civiles como militares.
Tras estas tres comunidades aparecen otros polos industriales relevantes. Galicia ocupa una posición destacada gracias a los astilleros de Navantia en Ferrol, responsables de la construcción de las fragatas F-110 para la Armada y de numerosos programas internacionales. El informe sectorial también sitúa a Galicia entre las regiones con mayor empleo específico en defensa y seguridad debido al peso de la construcción naval militar.
Región de Murcia ha reforzado igualmente su posición gracias a la factoría de Cartagena de Navantia, donde se desarrolla el programa de submarinos S-80. Según el estudio de TEDAE, la industria de defensa representa ya el 1,5 % del PIB regional, genera más de 10.600 empleos y factura alrededor de 413 millones de euros anuales, situándose como la sexta comunidad por volumen de negocio del sector.
También Castilla y León ha consolidado una presencia significativa mediante empresas especializadas en aeronáutica, fabricación de componentes metálicos, vehículos militares y sistemas industriales, mientras que Cataluña mantiene un importante ecosistema de compañías de electrónica, espacio, drones, simulación y tecnologías duales que participan en numerosos programas europeos. Navarra y la Comunidad Valenciana completan el grupo de regiones con una presencia creciente de pequeñas y medianas empresas altamente especializadas.
Desde el punto de vista del empleo, la industria de defensa constituye uno de los sectores con mayor cualificación profesional del país. Los datos de TEDAE indican que las industrias de defensa, seguridad, aeronáutica y espacio generan más de 75.000 empleos directos y más de 215.000 puestos de trabajo si se incluyen los efectos indirectos e inducidos. En el caso específico de defensa y seguridad, el empleo directo supera las 43.000 personas y el impacto total ronda los 159.000 trabajadores, concentrándose principalmente en Madrid, Andalucía y Galicia.
La elevada concentración territorial responde a la enorme complejidad tecnológica de los grandes programas militares. La fabricación de un submarino, una fragata, un avión militar o un sistema avanzado de radar requiere miles de proveedores especializados y un ecosistema industrial capaz de integrar electrónica, software, inteligencia artificial, comunicaciones, materiales avanzados, ingeniería mecánica y ciberseguridad. Esa circunstancia favorece que los principales polos industriales mantengan una posición dominante durante décadas.
Las perspectivas de crecimiento continúan siendo muy favorables. El aumento del gasto en defensa anunciado por numerosos países europeos y el desarrollo de nuevos programas comunes de la Unión Europea están impulsando nuevas inversiones industriales en España. Compañías como Indra, Navantia, Airbus, Escribano, GMV o Sener preparan ampliaciones de capacidad productiva y nuevos centros tecnológicos, lo que previsiblemente reforzará el liderazgo de Madrid, Andalucía y el País Vasco, aunque también beneficiará a regiones con importantes instalaciones como Galicia, Murcia, Castilla y León, Cataluña, Navarra y la Comunidad Valenciana. Sin olvidar a grandes como TSD, desde el corazón de Castilla-La Mancha.



