El teniente general Miguel Ballenilla, director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), afirmó este martes que en el contexto geopolítico actual las sociedades contemporáneas están asistiendo a “una marcha hacia un mundo más violento”, frente al que Europa debe perfilar cuál será su papel en este nuevo marco.
Así se expresó en su intervención en las jornadas ‘Hacia la autonomía estratégica de Europa. Tecnologías en un nuevo escenario global’, organizadas por la Fundación Círculo de Tecnologías para la Defensa y la Seguridad,
El mundo, argumentó, ha cambiado, hasta el punto de que basta ver un mapamundi chino para comprobar que la vieja Europa apenas resulta visible, esquinada a la izquierda, mientras que el nuevo escenario, el Indo-Pacífico, ha sustituido al Mediterráneo y al Atlántico sobre los que durante siglos giró un mundo creado a imagen y semejanza, o mejor dicho, deseo, de unas civilizaciones hoy por menos que en standby, las europeas.
Hasta Estados Unidos, recordó Ballenilla, mira al nuevo marco indopacífico y ha dejado el marco Atlántico, el que une a Estados Unidos con Europea empezando por la OTAN, no siendo cosa de Donald Trump, como alguien pudiera pensar, pues ya desde el gobierno Barack Obama este aliado de Europa reenfocó sus prioridades en las proximidades de su principal y potencial competidor, China.
“Esas normas que el mundo se dio en 1945 por parte de las fuerzas hegemónicas de su tiempo”, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, explicó el director del CESEDEN, “hoy ya no sirven para gestionar un mundo infinitamente más complicado”.
El teniente general Ballenilla admitió que la violencia actual en el mundo “alcanza récords con respecto a 1945” y prueba de ello son los reciente conflictos en Gaza o la presente guerra entre Ucrania y Rusia, que están siendo “profundamente destructivas”. Solo en Ucrania se cuentan medio millón de bajas, cifras que no se conocían “desde la Segunda Guerra Mundial”. Pero es que, además, se lamentó, “el número de misiones de paz en el mundo se están reduciendo. Es decir, hay una marcha hacia un mundo más violento”, sentenció.
Un mundo que va camino de la desmultilateralización, que asiste a una descomposición de los grandes foros de acuerdo, como la Organización Mundial de Comercio, que lleva paralizada varios años. “El número de transacciones comerciales en el G-20, que están sometidas a aranceles u otro tipo de restricciones nacionales, aumenta de 2 a 4 billones de dólares en un año y el 20% de las transacciones comerciales del G-20 están sometidas a medidas restrictivas o proteccionistas”. En suma, “se ha producido una disminución del comercio internacional”.

Otro foro es el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde permanentemente se producen vetos cruzados y en cuyo marco “no hay forma de sacar resoluciones adelante. No hay acuerdos con los grandes temas”, denunció.
Es un tiempo, además, de “desoccidentalización”: “Ya no somos el faro del mundo. La cultura europea, la forma de entender el mundo europeo que iluminó el mundo, está desapareciendo”. Por ejemplo, Francia ha sido expulsada de Sahel; desde el sur global ya no se tiene a Europa como referente. Se están desvinculando, de forma que toman sus propias decisiones”. Es más, añade, “consideran que los problemas de Europa son del mundo, pero que sus problemas no son los de Europa, con lo cual el reproche es permanente. Una desdemocratización”, avisa.
En este contexto, resulta llamativo que en solo los dos últimos años el número de autocracias en el mundo ha aumentado por encima del de las democracias. Así, el 72% de la población mundial vive en regímenes autocráticos, en tanto que el número de democracias liberales, “lo más selecto de ese ranking de democracias”, se ha reducido desde 2009 de 45 a 29.
“Y no lo olviden”, clamó el responsable del CESEDEN: “Los regímenes más pacíficos son las democracias liberales porque dependen de la decisión de sus ciudadanos”, mientras que “los más violentos y agresivos son las autocracias, de ahí que nos dirigimos a un mundo más violento”, reiteró.
“Ya no hay un solo centro, como hemos tenido hasta hace apenas unos años, que era Estados Unidos: Ahora nos dirigimos a un sistema multipolar, policéntrico”, con Estados Unidos, China y Rusia a la cabeza, “donde el centro puede variar en función de cómo jueguen esas potencias”.
La Europa que queremos
En este sentido, “si hay 3 potencias que compiten por sus intereses, que son distintos y con lógicas distintas”, este experto formuló la pregunta del millón: “¿A qué quiere jugar Europa?”. A su juicio, “Europa tiene que decidir qué juego quiere llevar para la defensa de sus intereses, de nuestra democracia liberal, de nuestra seguridad y de nuestros valores”.
Al respecto, reiteró que, si durante el siglo XX fue el Atlántico Norte el centro del mundo, ahora lo es el Indo-Pacífico, entre otras razones porque alberga a más de la mitad de la población mundial, porque 19 de las 30 megaciudades se ubican en esta área; porque representa el 47% del PIB y sigue creciendo; porque más de la mitad de las manufacturas mundiales están en la nueva región de influencia y porque el 40% del gasto mundial también, además de reunir a 4 potencias nucleares, las mayores y más potentes armadas del mundo, y donde, por si fuera poco con lo señalado, el 65% de las patentes también se concentran allí.

Pero es que, además, la región presenta un liderazgo indiscutible en semiconductores, baterías e inteligencias artificiales. “Es decir, de las materias o tierras raras, Indonesia, China y Australia dominan el níquel, litio y tierras raras. Pero es que, además, también el 60% del comercio marítimo, 9 de los 10 megapuertos mundiales están allí y el 70% del tránsito energético mundial pasa por el Estrecho de Madagascar”. Las cifras son poco menos que apabullantes.
Entre tanto, avisó el teniente general Ballenilla, Europa, no solo ya no es el centro del mundo, sino que debe acometer desafíos regionales frente a los que, poco menos, que está ya sola. Una inestabilidad que rodea a Europa y ante la que Estados Unidos, nuestro antaño inquebrantable aliado, ya ha avisado que, “fundamentalmente, es nuestro problema” y nos dice: “Oigan, que mi problema está ahora en el tablero global y yo me voy al Indo-Pacífico”, como así ha hecho.
¿Cuáles serían esos problemas que Europa debe enfrentar? La cifra nos da una idea: El 50% de las muertes por atentados terroristas se están produciendo en el Sahel, “pero es que, además, ese vacío occidental lo ha ocupado Rusia militarmente y China comercialmente”, lo que les da la “llave maestra de aumentar la inestabilidad a través del sur de Europa”.
El segundo frente es Oriente Medio, donde, por ejemplo, los hutíes representan una amenaza que puede poner en riesgo nada menos que el 30% del comercio mundial que lo atraviesa y que es fundamentalmente dirigido hacia Europa. A eso se suma la secular inestabilidad que representa el problema palestino o Irán, “que nadie cree que vaya a renunciar a ser potencia nuclear”.
Luego está Rusia y Ucrania, la “amenaza convencional más tangible para Europa”, y un nuevo actor, el Ártico. “¿Y dónde está Europa? Pues Europa está todavía en el sueño kantiano de la paz perpetua, al que yo no renuncio, porque creo que para interpretar el presente geopolítico hay que usar el realismo, pero hay que planificarlo desde el idealismo. No podemos renunciar a nuestros valores y debemos de buscar esa paz kantiana”. Pero se puede buscar la paz kantiana, concluyó, “sin renunciar a defender nuestros intereses, nuestras libertades y nuestra democracia”.



