Nota del editor: La Abadía de Montserrat, formada por siglos de historia y peregrinaje, acogió el 8 de noviembre una jornada dedicada a la protección del patrimonio histórico y cultural organizada por Protecturi. La ubicación no es casual: se celebra en el marco de los actos conmemorativos del Milenario del monasterio, y reunió a profesionales de la seguridad, de la gestión cultural, de las fuerzas de orden público y de las tecnologías emergentes con un objetivo común: debatir, preparar y reforzar los mecanismos que garanticen la salvaguarda de los bienes patrimoniales ante amenazas nuevas y antiguas.
El programa previsto contemplaba una combinación de ponencias, mesas redondas y bloques temáticos que abordaron desde la gestión y dirección de seguridad en museos, hasta actos delictivos que afectan al patrimonio, pasando por tendencias digitales, inteligencia artificial, certificaciones, tecnologías híbridas, y riesgos específicos como los incendios en bienes culturales. Este enfoque multidisciplinar refleja la complejidad de los retos actuales para la protección del patrimonio, donde lo físico se cruza con lo tecnológico y lo organizativo.
La cobertura periodística del evento por Delta13News se traduce en una serie de informaciones que resumen lo más relevante de sus conclusiones. La de hoy es la tercera entrega de esta serie.

La premisa principal es que “la inteligencia artificial no es inteligente”, en palabras de Pierre Hurbain, sin embargo, la IA sí puede, y de hecho así será, jugar un papel imprescindible en la seguridad del patrimonio, empezando por detectar qué es falso y qué real, pero también con su cara ‘b’, porque el arte puede desarrollarse con solo unos acertados prompts y generar arte falso, del que no poco podría estar residiendo en museos de todo el mundo.
En la Mesa Redonda ‘Tendencias artísticas digitales – IA – Metodología de certificación’, durante la Jornada de Patrimonio Histórico que Protecturi celebró en la Abadía de Monserrat, Francisco de la Fuente, exdirector de Seguridad del Museo Thyssen, presentó al ponente principal, Pierre Hurbain, quien compartió sus conocimientos, en su condición de actual director de Seguridad del Ministerio de Hacienda Francia, pero con una larga trayectoria al frente o con responsabilidades en los museos de Rodin, Orsay, de Arte de la Edad Media y hasta del Louvre.
Su punto de partida, para que nadie se lleve a engaño, es que hay que tener conciencia de que “la inteligencia artificial no es inteligente, sino que es solamente máquina que puede aprender mucho más rápido que nosotros al mirar, viendo muchas informaciones, más que un ser humano, y eso nos parece inteligente, pero en realidad la inteligencia artificial carece de creatividad, pues si no se le dice lo que hay que hacer y si no se le añade datos, no va a hacer nada”.
Y aunque al final se podría ver la inteligencia artificial como una “nueva herramienta que nos permite crear arte”, lo que, a su juicio, es más relevante, y preocupante, es lo malo que puede hacerse con ella. “Como se sabe, las técnicas permiten ahora repetir obras de arte de manera muy parecida a las reales”, y, en este contexto, “la inteligencia artificial es capaz, en un momento dado, de integrar todos los datos de un artista”, de modo que “vamos a tener un nuevo rango que es más real que todos los rangos que existen”, y eso, advierte este reputado especialista, “es un problema para nosotros”.
Y lo es porque “van a aparecer en el mercado dentro de poco obras de arte que son en realidad falsas, pero que aparentan ser más reales que las que lo son en realidad”, y, aunque distinguir lo falso de lo real no es nuevo, ya falsificaban algunos monjes en la Edad Media, con la IA este trabajo de establecer lo que es de verdad y lo que no adquiere un grado de complejidad aún por determinar con precisión.
Los museos, advierte Pierre Hurbain, “están llenos de obras falsas” y explica que durante el siglo XIX hubo una producción de arte del Egipcio antiguo “enorme y se piensa que hasta un tercio de las obras presentadas en esos museos son del siglo XIX, no son de la época original”. “Así que vamos a tener también que enfrentarnos a eso con inteligencia artificial”, espeta.
En sentido contrario, saluda que la inteligencia artificial es, al mismo tiempo, una “máquina fenomenal para identificar más allá de lo que los hombres especialistas pueden hacer, porque ella sí puede crear un rango perfecto, también puede detectar si tal lienzo es realmente de tal o cual autor y si le corresponde, porque ella tiene todos los datos y nos puede ayudar también”. Así que, concluye, “vamos a asistir a una lucha entre inteligencia artificial mala y otra que nos va a permitir defendernos en contra de esa misma máquina”.
Aderezó oportunamente las explicaciones de Hurbain el propio Francisco de la Fuente, poniendo de relieve cómo la tecnología ha irrumpido en la creación del arte de un modo que hoy ya podría considerarse normal, cuando hasta no hace poco parecía algo propio de la ciencia ficción. Lo hizo en el sentido más positivo imaginable, puesto que, frente a las alteraciones que la IA puede generar, también en forma de delito, en el ámbito del arte, empezando por potenciales falsificaciones, la IA también puede ayudar a la creación en el más productivo sentido de la expresión.

Para acreditar esta feliz circunstancia, De la Fuente echó mano de un trabajo elaborado por su hija Miriam, estudiante de Animación en la Universidad Europea, en Madrid, quien, con la ayuda de la tecnología mostró el proceso de creación de una obra propia y exclusiva y el modo en el que la IA colabora para un exitoso resultado. Paradigma de los beneficios de una tecnología que también ha llegado al arte para quedarse, pero siempre bajo la tutela del ser humano, que, como en el caso de Miriam, supone la culminación de una obra propia e intransferible.



