La ministra española de Defensa, Margarita Robles, lo dejaba claro hace unos días; al tiempo que anunciaba el envío de los aviones que han traído a España a los residentes nacionales en aquel país, ahora en el ojo del huracán por el enfrentamiento entre el grupo terrorista Hizbulá (o Hezbollah ) y el Estado de Israel, se mostraba convencida de que, más que nunca, era necesaria la presencia de militares españoles en la región. Nuestro analista Antonio Miguel Sánchez, en su reciente análisis titulado ‘A vueltas con Israel, Gaza y Líbano’, publicado en este diario, nos mostraba un mapa global del área en conflicto gracias a un detallado repaso histórico, social y económico, que permite entender mejor por qué se ha llegado a donde se ha llegado.
¿En qué consiste la presencia de España en un país hoy en guerra contra otro? La pregunta se la hace, sobre todo, aquel sector de la población que, por la razón que fuera, desconocía que el mayor contingente de soldados españoles destacados en el extranjero se encuentra, lo que son las cosas, en esta zona recién en guerra.
El despliegue de España en Líbano se enmarca en la misión de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL), una operación de mantenimiento de la paz establecida por la ONU en 1978 y reforzada en 2006 tras el conflicto entre Israel y Hezbollah. España ha sido un contribuyente importante a esta misión desde 2006, cuando el Consejo de Seguridad amplió el mandato de UNIFIL después de la guerra de ese año.
Entre los objetivos teóricos del despliegue español se encuentra supervisar el cese de hostilidades entre Israel y Hezbollah; asegurar la paz y la estabilidad en el sur de Líbano, en la zona cercana a la «Línea Azul», la frontera entre Israel y Líbano; apoyar al ejército libanés para que asuma el control de la región y extienda su autoridad, lo que es fundamental para evitar que grupos armados operen en la zona, y proteger a la población civil y asegurar la entrega de ayuda humanitaria. Se diría que es nada. Pero hoy, tal y como están las cosas es mucho y cuenta saber por qué seguimos y hasta qué punto son elevados, o no, los riesgos para los militares allí desplazados.
El contingente español, dentro del marco de la Brigada Multinacional Este de UNIFIL, está formado, regularmente, por entre 600 y 700 efectivos. Actualmente, hay 650. Este despliegue incluye unidades de infantería, ingeniería, transmisiones y sanidad. España también ha tenido el mando de la Brigada Este de UNIFIL en varias ocasiones.
Entre sus misiones sobre el terreno se cuentan tareas como patrullas de vigilancia y reconocimiento en la frontera entre Israel y Líbano, cooperación con las fuerzas armadas libanesas en el control de la zona y asistencia humanitaria y apoyo a la población local en áreas como educación, infraestructuras y sanidad. Todo eso se hace ahora en condiciones de extrema seguridad.
¿Ha sufrido España ataques alguna vez?
El contexto del despliegue sigue siendo complicado debido a las tensiones persistentes en la región. Aún más desde hace unos días. A pesar de los esfuerzos internacionales, la frontera entre Israel y Líbano sigue siendo una zona volátil. Los contingentes de UNIFIL, incluido el español, han sido atacados en ocasiones por grupos armados. El caso más notable fue en 2007, cuando seis soldados españoles murieron en un atentado en el sur de Líbano.
El despliegue de España en Líbano es uno de los más importantes dentro de su participación en misiones internacionales de paz, subrayando su compromiso con la estabilidad regional y el mantenimiento de la paz en Oriente Medio.
La ONU, en cuyo marco opera España, desempeña un papel clave en Líbano principalmente a través de su misión de mantenimiento de la paz UNIFIL. Esta misión fue establecida en 1978 por el Consejo de Seguridad de la ONU en respuesta al conflicto entre Israel y grupos armados en el sur de Líbano. El mandato de UNIFIL se ha ampliado y adaptado a lo largo de los años, especialmente tras el conflicto de 2006 entre Israel y Hezbollah.
Hay que decir que la ONU colabora estrechamente con las Fuerzas Armadas Libanesas para fortalecer su control en el sur del país, lo que es crucial para evitar que grupos armados operen libremente en la región. UNIFIL también desempeña un papel importante en la asistencia a la población civil afectada por el conflicto. Esto incluye proyectos en áreas como salud, educación e infraestructura.
Desde luego, Uno de los pilares del mandato de la ONU es la protección de los civiles en situaciones de conflicto o riesgo inminente de violencia, así como facilitar el diálogo y la cooperación entre las partes en conflicto, como Israel y Líbano, para reducir las tensiones y prevenir el estallido de nuevas hostilidades. El panorama ahora es delicado. A la vista está.
Porque sí, a pesar de los esfuerzos, la región sigue siendo volátil. Las tensiones entre Israel y Hezbollah persisten, y en ocasiones se han producido enfrentamientos a lo largo de la frontera, como el de ahora. Además, los ataques contra las fuerzas de la ONU y las dificultades políticas internas en Líbano complican la labor de UNIFIL.
Además de UNIFIL, la ONU también trabaja en Líbano a través de sus agencias humanitarias y de desarrollo, que abordan problemas como la pobreza, los refugiados (particularmente sirios y palestinos) y la reconstrucción del país tras conflictos y crisis económicas recientes. Unas agencias que mira con lupa el Gobierno de Netanyahu, como ya hizo en Gaza.
¿Cuál es la diferencia entre el ejército del Líbano y el grupo terrorista Hizbulá?
La diferencia fundamental entre el Ejército del Líbano y las milicias de Hezbollah radica en su legitimidad, estructura y lealtades. El Ejército del Líbano es la fuerza militar oficial del Estado libanés y está bajo el mando del gobierno central. Su misión principal es proteger la soberanía del país, defender sus fronteras y mantener el orden interno. El ejército es reconocido y apoyado por la comunidad internacional, incluidos países occidentales, como Estados Unidos y Francia, que brindan entrenamiento y asistencia.
Hezbollah, por su parte, es una organización paramilitar y un partido político chií con sede en el Líbano. Aunque tiene representación política en el parlamento libanés, sus milicias no están bajo el control directo del Estado. Hezbollah es considerado un grupo terrorista por países como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, pero cuenta con apoyo de países como Irán y Siria. Funciona de manera autónoma en muchos aspectos.
Respecto del Ejército del Líbano, su lealtad está teóricamente dirigida hacia el gobierno libanés y la defensa del interés nacional. Aunque el ejército tiene una composición multiconfesional, sufre de tensiones internas debido a las divisiones sectarias en el país. Hezbollah, pro su parte, tiene claro que su lealtad va más allá de Líbano, pues está estrechamente alineado con Irán y su ideología de la «Resistencia Islámica«. Recibe financiamiento, armamento y entrenamiento de Irán, y actúa como un brazo de la política exterior iraní en la región, particularmente en sus conflictos con Israel y en su apoyo al régimen de Bashar al-Assad en Siria.
Y, aunque el Ejército del Líbano está mejor equipado y entrenado en los últimos años, sigue siendo más débil que las milicias de Hezbollah en términos de armamento y recursos. El ejército tiene una estructura militar tradicional, pero su capacidad para operar plenamente en todo el territorio libanés está limitada por las tensiones sectarias y la influencia de Hezbollah.
Hezbollah posee un ejército paralelo altamente organizado y con gran capacidad militar. Su poder militar es mayor que el del propio ejército libanés en muchas áreas, gracias a su acceso a armamento avanzado proporcionado por Irán. Además, tiene experiencia de combate ganada en sus enfrentamientos con Israel y su participación en la guerra civil siria.
Y mientras que el Ejército del Líbano noo tiene una agenda política propia y su rol es estrictamente militar, e intenta ser una fuerza unificadora en un país profundamente dividido por líneas sectarias, Hezbollah le pasa por encima, pues no solo es una milicia, sino también un actor político clave en el Líbano, con una fuerte base de apoyo en la comunidad chií. Además de su rol militar, Hezbollah también brinda servicios sociales, educación y atención médica en las áreas bajo su control, lo que le otorga una gran influencia en la vida cotidiana de muchos libaneses.
¿Cuál está siendo la reacción, sostenida en el tiempo, del ejército libanés ante las maniobras israelíes?
La reacción del Ejército del Líbano ante las invasiones o ataques de Israel ha sido limitada y compleja debido a varios factores internos y externos. Y lo está siendo también ahora. Aunque el ejército libanés es la fuerza armada oficial del país, su capacidad para actuar contra Israel ha sido restringida por el poder de Hezbollah, la fragilidad del Estado y la necesidad de evitar una escalada que desestabilice aún más al Líbano.
Desde la invasión israelí de 1982, cuando las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ocuparon partes del sur del Líbano en su lucha contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y especialmente durante la guerra de 2006 entre Israel y Hezbollah, el ejército libanés ha mantenido un papel más bien pasivo en los enfrentamientos directos con Israel. Esto se debe en gran parte a la compleja política interna del Líbano, donde Hezbollah tiene una fuerte presencia militar y política, mientras que el ejército libanés intenta mantener la estabilidad.
Durante la guerra de 2006, el ejército libanés no participó activamente en los combates directos con Israel. En su lugar, Hezbollah fue el principal actor militar que se enfrentó a las fuerzas israelíes. Sin embargo, el ejército libanés se desplegó después del conflicto, en el sur del país, como parte de los acuerdos de alto el fuego respaldados por la ONU (Resolución 1701 del Consejo de Seguridad). Este despliegue tuvo como objetivo restaurar el control del gobierno libanés en esa región, aunque Hezbollah ha mantenido su poder en la zona.
El ejército libanés ha trabajado en cooperación con la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (UNIFIL) para supervisar el cese de hostilidades y patrullar la frontera con Israel. Sin embargo, debido a su capacidad limitada, depende en gran medida de UNIFIL para disuadir posibles agresiones o escaramuzas en la frontera.
Aunque ha habido varios incidentes fronterizos menores, como intercambios de disparos o violaciones del espacio aéreo libanés por parte de Israel, el ejército del Líbano ha reaccionado de forma contenida. El objetivo principal ha sido evitar una escalada que pudiera derivar en un conflicto mayor. Las acciones diplomáticas y la coordinación con UNIFIL y la comunidad internacional han sido los principales mecanismos del ejército para manejar estas tensiones.
Hezbollah, como fuerza paramilitar, tiene un control significativo sobre la defensa del sur del Líbano, y su capacidad militar supera la del ejército libanés en muchas áreas. Por lo tanto, el ejército ha sido reticente a entrar en conflicto directo con Israel, dejando esa responsabilidad en manos de Hezbollah, que justifica su existencia y armamento como una fuerza de «resistencia» contra Israel.
Además, el Líbano enfrenta divisiones sectarias y políticas, lo que hace que el ejército sea una institución delicada que debe mantenerse neutral para preservar la estabilidad interna. Enfrentarse a Israel de manera directa podría desatar más conflictos dentro del país.



