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miércoles, julio 29, 2026

Sánchez muestra su «orgullo» por el boicot a la Vuelta mientras la policía carga contra manifestantes en Madrid

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El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en un mitin político celebrado este domingo en el Pabellón de Deportes de la Universidad de Málaga, en el que se ondearon a partes iguales banderas palestinas, españolas y andaluzas, manifestó su admiración y «orgullo» por las protestas pro-palestinas y contra Israel expresadas durante la Vuelta Ciclista a España.

«España hoy brilla como ejemplo y como orgullo«, dijo en su intervención, donde añadió que el país es «ejemplo ante una comunidad internacional» que, aseguró, «ve cómo España da un paso al frente en la defensa de los derechos humanos«.

Agregó, entre aplausos y vítores de los presentes, su «orgullo de ver un país tan plural como el nuestro, tan diverso en lo territorial como el nuestro, pero que, sin embargo, nos ponemos todos de acuerdo en una causa justa que son los derechos humanos». «Así que vivan los derechos humanos y viva el pueblo español. Digámoslo con orgullo y con ejemplo, que es lo que somos ante el mundo», sentenció.

Casi coincidiendo en el tiempo, unidades de antidisturbios de la Policía Nacional se vieron obligadas a cargar en la céntrica Plaza de Callao, en el corazón de Madrid, contra los manifestantes que rompieron violentamente las barreras del perímetro de seguridad. El pelotón debía haber cruzado por el lugar, pero fue imposible debido a estos graves incidentes, a pesar de que la convocatoria era pacífica en origen.

Una de las reacciones más destacadas fue la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien en su perfil en X lamentó que «cuando el presidente de la Nación», en alusión a Pedro Sánchez, «jalea el boicot contra la Vuelta Ciclista a España, en su propia capital, se convierte en responsable directo de cada altercado que se produzca. Tanto de si se para la carrera como si hay una sola agresión. ¡Qué daño a nuestro deporte y a nuestro país!», espetó.

La 21ª y definitiva etapa de la Vuelta a España 2025, con salida desde Alalpardo y prevista llegada a Madrid, debía culminar en Cibeles tras un circuito urbano. Sin embargo, lo que se presentaba como el broche de oro de esta edición, un episodio tradicional de celebración deportiva, derivó en caos y en la suspensión parcial de la etapa a causa de múltiples protestas en apoyo al pueblo palestino, en concreto de la Franja de Gaza que gobierna Hamás. Manifestantes, pancartas, banderas y obstáculos se interpusieron en el recorrido, generando cortes y enfrentamientos intermitentes con la policía.

Imagen: @BDSMadrid en X

En distintos puntos del tramo final, especialmente en zonas céntricas y emblemáticas de Madrid como la Gran Vía, Cibeles y Atocha, los manifestantes bloquearon el paso de los ciclistas, volcaron vallas de contención, lanzaron objetos al asfalto e intentaron interrumpir el trazado. Las protestas estaban dirigidas fundamentalmente contra el equipo Israel-Premier Tech, cuya implicación en la carrera ha sido foco de polémica y protesta en numerosas etapas anteriores.

La organización, presionada por la inseguridad creciente y las interrupciones constantes, decidió detener la etapa. En efecto, los ciclistas llegaron a un punto donde ya no era viable continuar con la seguridad necesaria. Las fuerzas de seguridad, desplegadas en gran número, más de 1.100 agentes de la Policía Nacional y unos 400 de la Guardia Civil, con apoyo de unidades antidisturbios, helicópteros, escuadrones de movilidad, etc., intentaron contener los accesos, despejar barricadas y reinstaurar el paso, pero las tensiones superaron lo previsto.

Este suceso no ocurrió de forma aislada. A lo largo de las etapas previas ya se registraron protestas significativas con carácter similar, algunas obligando a neutralizar etapas o modificar recorridos. Por ejemplo, en la etapa 11 en Bilbao la carrera se suspendió a tan solo tres kilómetros de la meta por manifestaciones que cortaban el paso. También en la etapa 16 la llegada en Mos se vio comprometida por protestas propalestinas y hubo que acortar el recorrido cerca del final.

La organización del evento, autoridades municipales y Gobierno habían anticipado estas movilizaciones y preparado dispositivos extraordinarios de seguridad. También se instaló un gran operativo policial, considerado uno de los mayores para un evento deportivo en la ciudad en tiempos recientes, comparable en nivel al usado durante la Cumbre de la OTAN. Sin embargo, este operativo resultó en fracaso, a la luz de los acontecimientos.

Además, la organización recortó la etapa final en cerca de 5 kilómetros, eliminando el paso por Aravaca y evitando atravesar zonas problemáticas. Esa modificación, junto con restricciones de tráfico, cortes de calles y movilización ciudadana, revelaba que ya había indicios de que la tensión social alcanzaría un punto crítico.

El vencedor oficial de la Vuelta fue finalmente Jonas Vingegaard, aunque el cierre de la etapa en Madrid no pudo celebrarse como se acostumbra: podium con público, ceremonia formal, aplausos multitudinarios… todo se vio empañado por el ambiente tenso, las protestas y la intervención policial.

Para los organizadores, este episodio plantea varios retos: el equilibrio entre derecho a manifestación y seguridad en eventos masivos; la necesidad de planes de contingencia cuando se celebran pruebas deportivas de gran visibilidad; y las implicaciones para la imagen del evento y del país en el exterior, pues la Vuelta tiene una audiencia global. Más allá, emerge la pregunta de hasta qué punto los organizadores deportivos pueden aislarse de conflictos políticos, sociales o internacionales, cuando ciertos equipos, ciertas causas o determinados símbolos se convierten en focos de protesta.

Público, espectadores, ciudadanos de Madrid han vivido un domingo distinto al habitual, no solo por lo deportivo, sino por la convulsión en la calle. El tráfico se vio alterado, el transporte público sufriendo retrasos, ciudadanos atrapados, calles cerradas, y tensiones crecientes entre manifestantes y fuerzas del orden. Para muchos, este tipo de incidentes expone la vulnerabilidad de la seguridad ciudadana en eventos multitudinarios, y la tensión entre libertad de expresión y orden público.

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